Introducción:
En el ejemplar del 28 de enero de
1957 de Life en español, número por
cierto íntegramente dedicado al tema de la
mujer norteamericana, la autora de uno de sus artículos
se mostraba preocupada porque ésta no aprovechaba
las múltiples ventajas, privilegios y libertades
de los que ya por entonces disfrutaba la mujer. A
lo largo de todo el número de Life y en muchos
otros posteriores se insiste en la necesidad de que
esta mujer de la posguerra se convierta en algo diferente:
"Hay un sinnúmero de ciudades y pueblos
que estarían dispuestos a dar a la mujer-escribe
dramáticamente la autora- la oportunidad de
ponerse a la cabeza de todo género de actividades
necesarias y productivas: en lo docente , lo social,
lo político y lo religiosos..." Pero sutilmente
el artículo desliza la certidumbre de que existe
un profundo malestar en la mujer, una insatisfacción
de base que la tortura: por ejemplo refugiarse en
el consumismo desenfrenado, la elevada estadística
de consultas psiquiátricas de la mujer, el
aumento del alcoholismo femenino, son indicadores
muy inquietantes. La autora del artículo intuye
que en esa insatisfacción de la mujer se esconde
una enorme energía que se resiste a ser encauzada
correctamente.
Es por estos años que la mujer norteamericana
comienza a mostrarse como un modelo de mujer. Este
número citado de Life también advierte
que. "Cuando se habla de la enorme masa de 60
millones de mujeres que hay en los EE.UU. se alude,
primero, a dos cosas: su posición en la sociedad
y su apariencia física. En cuanto a la posición...la
norteamericana tiene una posición única
en la sociedad: puede viajar sola, manejar automóvil,
gastar el dinero de la casa, dirigir organizaciones
y competir con el hombre en todos los terrenos. Por
apariencia física se entiende no una belleza
innata sino el atractivo que proviene de estar bien
arreglada, limpia y aliñada, con cosméticos
bien seleccionados, derecha la costura de las medias,
las facciones no muy lindas disimuladas o retocadas
para sacar de ellas el mejor partido posible y, en
general luciendo el conjunto de todo ello de modo
que revele el deseo de agradar, tanto en su calidad
de mujer, como en su condición de ser humano..."
(1)
Siempre me impresionó en este artículo
de Life que una autora ya anciana perfilara con tanta
claridad el contorno y las metas de la nueva mujer
que se concretaría en los años '60.
es que durante aquellos años, y al calor de
una decidida expansión económica, se
monta todo un dispositivo compuesto de consejos, ejemplos
de vida, imágenes cinematográficas,
difundiendo en todo momento no sólo por el
cine de Hollywood sino también por revistas
de lata difusión como Life, o las específicamente
femeninas como Claudia y Femirama o programas de televisión
como "Buenas Tardes .Mucho gusto" o "mujeres
a la hora del té".
Esta nota pretende llevar a cabo un limitado estudio
de este dispositivo que, en forma silenciosa pero
con una extraordinaria eficacia, va conformando a
partir de la consigna básica de una nueva libertad,
un rígido entretejido de reglas efectivas para
dar forma a un nuevo código de conducta, originando
así a un personaje diferente: nada menos que
la mujer moderna.
LOS AÑOS
'60
 |
No es fácil describir
los años '50 y '60 y todo lo que significaron
para aquellas personas que, siendo mayores
o pequeños, pudieron disfrutarlos.
Casi se podría afirmar que fue el único
momento histórico durante el cual era
posible la felicidad. Al menos se contaba
con la acción del dispositivo ya mencionado
que incitaba a alcanzarla, y hasta incluso
daba la receta.
|
De la mano de una prosperidad económica
que tenía al ser humano como medio y como fin,
se logró tal dinámica social que quien
no gozó de sus beneficios habrá sido
sin duda por haber opuesto un poco de resistencia.
Quién había vivido en la indigencia
prosperaba en el comercio, quién había
padecido de una infancia humilde de adolescente accedía
a la escuela secundaria e incluso universitaria con
relativa comodidad. La mujer se incorpora masivamente
y ya sin prejuicio alguno al trabajo, no sólo
en las fábricas sino en los empleos de clase
media como secretaria ejecutiva, o variadas tareas
en oficinas cada vez más elegantes y acogedoras.
Comenzó a ser frecuente observar como jovencitas
de aspecto agradable superaban una infancia llena
de privaciones para convertirse en jóvenes
triunfadoras en contacto con sectores económicamente
más elevados, y con la posibilidad incluso
de viajar a otras latitudes merced a sus nuevos empleos.
Es decir, fue una época también de gran
movilidad social y que tanto el cine como la televisión
se encargaron de acercar y difundir todo un universo
de sensaciones. Por otra parte, la estabilidad económica
y los buenos salarios estimularon el consumo hasta
casi el paroxismo de la felicidad. Incluso la excitación
del consumo significó un nuevo problema de
nervios.

Era pues esperable que en este bullicioso proceso
de molecularización, con nuevos contactos físicos
entre las personas, los personajes sociales (mujeres,
hombres, niños, así como homosexuales,
matrimonios, familias, pero también el barrio,
la escuela, etc.) sufrieran profundas modificaciones.
LA MUJER,
UNA NUEVA IMAGEN
Conviene señalar que
todo el dispositivo, casi con monotonía,
apuntó a la creación de una
nueva mujer. Se enterraba a la mujer victoriana
y se creaba a una mujer concordante con el
nuevo mundo de posguerra. Se apuntó
a crear, en principio, una nueva imagen.
|
 |
Por ejemplo, en revistas femeninas,
en programas de televisión o en el cine, es
decir por todos lados, comienza a hablarse en relación
a la mujer con palabras como libertad, naturalidad,
flexibilidad o personalidad. Se promueve un nueva
mujer y para ello se observa la preocupación
creciente por garantizar la libertad. Por ejemplo,
aprovechando la imagen de las actrices de cine las
revistas femeninas promovían una actitud de
mayor libertad y desprejuicio: Un reportaje a la actriz
Julie Christie destaca su fuerte personalidad: "ferozmente
independiente- explica el artículo en una revista
Femirama de 1966-, muchas de sus actitudes, así
como su forma de vestir, lo demuestran. Durante la
filmación en España del Dr. Zivago vivió
aparte del equipo, sólo se trató con
gente joven y su ropa no respondía a los cánones
de las "estrellas"...no se maquillaba y
su cabello rubio caía lacio sobre los hombros".
Sin ningún prurito moral confiesa vivir con
su novio Donald Bessant, un pintor inglés de
24 años y con una amiga en su cómodo
departamento del barrio de West Kensington, y por
el momento no piensa casarse. Y respecto concretamente
a las relaciones sexuales prematrimoniales la nota
periodística no tiene pudor en transcribir
esta opinión de la aún muy joven Julie
Christie:"Si una está enamorada de alguien
con quién existe una gran comprensión
física y espiritual, hay que tener el suficiente
criterio como para saber conservarlo..."
Sólo una generación anterior, éstas
declaraciones, aún proviniendo de una actriz
de fama internacional, eran impensables. Con todo,
no implican despreciar el matrimonio sino más
bien dotarlo de una nueva lógica que garantice
su solidez.
Todo el artículo muestra a Julie Christie dueña
de su vida, decidiendo libremente sobre su trabajo
y sobre sus amistades, sin dejarse encandilar por
las cifras astronómicas que los productores
cinematográficos le ofrecen a veces. Las referencias
a su infancia también la describen como una
persona tempranamente desprejuiciada: la echaron de
un colegio religioso por contar cosas soeces a una
compañera, cosa de la cual no se arrepiente.
Luego de este episodio sus padres la enviaron a vivir
a Francia a casa de unos amigos de la familia. Allí,
explica la actriz, comenzó realmente a vivir.
"Creo, dice, que hasta entonces ni siquiera existía".
Pero en contacto con esas personas tan diferentes,
en Francia "de pronto me encontré viviendo
en el mundo maravilloso de una gran familia, muy intelectual
y sofisticada en sus conceptos de la vida... yo, que
estaba acostumbrada al estiramiento de la vida inglesa,
al principio me sentía muy desgraciada, extrañaba
mi hogar. Pero después todo comenzó
a cambiar: tenía fiestas, bailes y conocí
a muchachos franceses más atractivos e inteligentes
que los ingleses..." Y subraya la nota que el
lema de la actriz es:"Haz lo que quieras en el
momento que quieras, diviértete, no te importe
nada" (2)
Ava Gardner es otro modelo. Una nota de la revista
Claudia la muestra llevando una vida de vértigo
extremo:"...Ava lleva todo cuanto hace a extremos
casi imposibles...vive con la mayor intensidad posible".
En este otro caso, cuando decidió vivir en
España,- delata la nota- su reducido grupo
de amigos comentó: "-Allí va Ava,
sin dejar nada a su espalda y sin ninguna meta donde
dirigirse" y más adelante el artículo
comenta: "Desde que Ava fue mayor de edad se
diría que todos sus actos son una constante
rebelión a las restricciones y convencionalismos
a que fue sometida en su niñez" (3).
Pero si en los años '50 y algunos de los '60
tuvieron un prototipo de mujer libre y desprejuiciada
ese fue Marilyn Monroe. Luego de comentar el avance
de la mujer norteamericana en cuanto a libertades
y predominio social, un número de la revista
Claudia de 1957 enfatiza la importancia que ha tenido
el cine en la formación del gusto y los ideales
colectivos del momento. Citando un reciente estudio
sociológico explica que para "comprender
algo de nuestro tiempo y conocer cuales fueron nuestros
deseos conscientes y, sobre todo, inconscientes, tendrán
que recurrir-...- al precioso material constituido
por las películas de mayor éxito..."
y segura el artículo que el ideal actual de
mujer para todo hombre norteamericano es Marilyn Monroe
y la describe con las siguientes cualidades: "El
aspecto exterior es el de la muchacha deportiva, sin
prejuicios, segura de sí misma, que repite
en edición moderna la valentía, el espíritu
de iniciativa y de independencia de las mujeres de
los pioneros, con el agregado de todos los elementos
que los tiempos y el progreso del gusto de ambiente
norteamericano han añadido, Hollywood mediante,a
la figura de la mujer ideal" y menciona al respecto
el sex appeal de Mae West, la ternura de Mary Pickford
y una pizca de "vamp" con la sueca Greta
Garbo.
Como en los casos de Julie Christie y ava Gardner,
la infancia de Marilyn estuvo restringida por una
educación puritana y sexófoba a la que
la actriz también supo reaccionar; "Nace
en una pequeña ciudad de provincia- explica
la nota-, y es educada por una vieja tía que
la aterroriza con su exagerado puritanismo mezclando
versículos de la Biblia a todo pensamiento
y a todo acto del día". Marilyn se casa
justamente para liberarse de esa vida, pero fracasa.
Con la guerra se emplea en una fábrica de aviones
y ,-continúa la nota-: " Los inevitables
comentarios de los compañeros de trabajo sobre
la "barnizadora curvilínea", coadyuvaron
seguramente de manera decisiva en desplazar la manera
de pensar y de querer de Marilyn": Así
nace una nueva mujer: sexy, despreocupada, vital,
pero que sabe lo que quiere, ya que cansada del rol
monótonamente erótico al que la condenan
los empresarios del cine se inscribe en el Ars Studio
para asignarle un nuevo rumbo a su vida. "Ahora-
continua la nota-, descubrimos en Marilyn a la mujer
norteamericana, a la dependiente directa y sin incertidumbres
de la mujer de los pioneros que, tras un breve lapso
de forzada sumisión, reempuña la carabina
y su independencia. Y hace lo que se le antoja..."
(4)
Y siempre insistiendo en las conveniencias de una
mayor libertad, independencia y desprejuicio, las
revistas femeninas describen a las mujeres de otras
latitudes. Por ejemplo la revista Femirama incluía
en todas sus entregas una sección especial
en la que describía a la mujer según
los países y las culturas. Si bien estos artículos
no parecen muy serios en cuanto a su rigurosidad sociológica,
importan por constituir un ejemplo de esta verdadera
incitación a la libertad de la mujer. Tanto
la mujer estadounidense (5), como la mujer escandinava
(6) o la mujer francesa (7) coinciden en un punto:
desentumecer a la mujer, despojarla de ese armazón
riguroso de la educación recibida en la infancia
para acceder a una personalidad más libre e
independiente.
Sin embargo, toda esta libertad que se estimula parece
no obstante, estar sujeta a ciertas limitaciones.
Por ejemplo, observando la evolución en la
prédica de estas revistas femeninas, esa libertad
y esa independencia parecen circunscribirse al verano.
Incluso, es en las entregas correspondientes a los
meses de verano en las que más se insiste en
la libertad. Y dentro de la estación del verano,
la playa parece ser el lugar ideal para ponerla de
manifiesto: "Estamos de vacaciones. La ciudad
está ahora lejos y olvidada, y lejanas están
también las obligaciones que no nos permiten
dedicar mucho tiempo al cuidado de nuestra persona.
Ahora podemos dormir hasta las diez, podemos revolucionar
las horas del desayuno y almuerzo, podemos pasar la
tarde jugando a la canasta, tenemos la posibilidad
de hacer lo que queramos..."
1 |
 |
Esta libertad del verano, con todo lo que tiene de
distensión y tiempo libre, parece significar
una nueva oportunidad para que la mujer vuelva su
atención sobre sí misma, como así
también significa, sutilmente, una ocupación
del tiempo.
Más que de nuevas libertades, se trata de un
llamado a ocupar el tiempo en un riguroso cuidado
personal para lograr, en todo momento, la mejor imagen:
"Bueno- explica la revista Claudia en 1958-,
¿por qué no aprovechamos para crearnos
nuestro propio "tipo estival". Desde ahora,
el cuidado de la piel, los tonos del maquillaje, el
perfume, todo deberá entonar con la nueva estación
y la atmósfera especial que nos rodea".
Es preciso abocarse al estudio de la piel, averiguar
si se tiene piel seca, o grasa, o acneica, y a partir
de este descubrimiento, elaborar una firme estrategia,
invirtiendo horas del día o de la noche para
superar los defectos o disimularlos. Pero, en definitiva,
todo ese hatajo de consejos, pautas, opiniones, constituye
un dispositivo para que la mujer, lejos de abandonarse
a los placeres del verano, jamás se olvide
de sí misma, nunca se desconcentre de un cuidado
de sí que la mantenga en todo momento en una
agradable tensión: "Elija una crema o
una suave loción protectora de los rayos solares
que usará extendiéndola cada mañana
antes de salir y que volverá a aplicar cada
vez que tenga la sensación de resecamiento...",
incluso, durante las horas de reposo en el hotel,
debe limpiar la piel con una crema suave o un aceite
lubricante. Las horas para tomar sol también
se hallan condicionadas por el tipo de piel, o la
edad. Pero igualmente, es preciso atender el cuidado
de las uñas, el maquillaje de los ojos y los
párpados, que variará radicalmente si
es de día, si es de noche, si se es una mujer
joven o ya se ha pasado la barrera de los cuarenta.
La mujer nunca, pero nunca, debe olvidar que el tono
de la sombra debe armonizar con el tipo y el color
de la piel, ni que el delineado de los ojos dependerá,
sobre todo, de la hora del día (8)
Y todo ello se debe a que esta libertad de la que
tanto se va a hablar durante los años'60 de
ninguna manera significa el descontrol. Más
bien se apunta a hacer triunfar cierta corrección
de la personalidad, y, en definitiva, una nueva racionalidad.
Por ejemplo cómo debe comportarse la mujer
que camina sola por la calle. Un artículo de
la revista Femirama es bien explícito: "Vaya
sola o acompañada, la mujer debe adoptar siempre
por la calle una actitud reservada...", lo que
significa no sólo que no molestará a
los demás transeúntes "sino que,
en general, se abstendrá de llamar la atención"
Y deberá observar escrupulosamente las siguientes
reglas: no correr, salvo extrema necesidad, tampoco
caminar con pereza, detenerse en cada comercio o distraída
por sus propios pensamientos. Tampoco arrastrará
los pies por la acera, ni taconeará de modo
llamativo ni avanzará en zigzag. No fumará
aunque muera de ganas , no llevará atuendos
excéntricos, ni escotes exagerados, ni peinados
aparatosos, ni "pantalones" (sic). Mostrándose
en todo momento ordenada es decir, nada de cabellos
sueltos, maquillaje corrido o medias torcidas.
No debe mirarse en las vidrieras de los comercios.
Nos e arreglará las medias ni detendrá
a peinarse o a retocarse los labios. No llevará
las manos en los bolsillos, ni a la espalda como Napoleón,
sino simplemente una mano al costado del cuerpo y
la otra sujetando el bolso.
Si por un buen motivo debe detenerse en un comercio
o un semáforo, evitará apoyarse en un
solo pie. No moverá el bolso juguetonamente,
ni lo hará oscilar como un péndulo.
Naturalmente, tampoco deberá cantar, silbar,
reír, gesticular ni hablar sola."
No volverá la cabeza para observar el vestido
de otra mujer ni para presenciar la discusión
de dos automovilistas ni fijarse en los hombros de
algún joven apuesto. "Aunque sea muy curiosa,
la mujer debe disimularlo cuando va por la calle".
Y si es importunada por un "Donjuan al acecho,
ignorará su presencia. Se limitará a
continuar caminando como si fuera sorda y ciega":
Si el donjuan es demasiado audaz, tratará de
esquivarlo entrando en un comercio, un banco o una
biblioteca. Y si aún insiste, le advertirá
secamente que va a solicitar la intervención
de un policía. Dicho en un tono firme, tranquiliza
el autor, esta amenaza suele ser eficaz.(9)
Es decir que toda aquella libertad que se predica
se encierra (digámosle así) dentro de
un nuevo equilibrio dado por una particular administración
de las emociones de la mujer. Siguiendo el tema de
la mujer sola en la calle, Femirama aconseja a la
mujer cuando aborda un taxi. "Tengamos presente
que al llamar un taxi corremos el peligro de ( movidas
por la prisa y la excitación) incurrir en inconveniencias
reñidas con los buenos modales. No olvidemos,
pues, que no hay que gritar desatinadamente ni gesticular
de manera ostentosa". Y prosigue "...Una
vez en el coche, no hay que dejarse caer en el asiento;
no se lanzan gritos de alivio ni suspiros de extenuación;
hay que sentarse con compostura, cerrar sin golpear
demasiado la portezuela y saludar al conductor...
Si el chofer no conoce la dirección que le
indicamos, no hay que mostrar desagrado; será
mucho mejor darle las instrucciones necesarias o dejarle
que consulte tranquilamente la guía urbana..."
No se espolea al chofer a correr como un condenado
y cuando la mujer deba dirigirse a él siempre
debe ser con cortesía aunque le parezca que
está alargando el recorrido, o la importune
con su verborragia o insulte a otros automovilistas..."(10).
En igual sentido, los consejos para saber como comportarse
en la mesa rebelan esa intención de acostumbrar
a la mujer a dominar sus impulsos. Femirama advierte
que cuando se está en casa ajena el único
reloj que cuenta es el de la dueña de casa,
ella es quien se sienta primero en la mesa y la que
da comienzo a la comida, y ella será también
quien disponga cuándo nos podemos levantar
de la misma. No se apoyan los codos sobre la mesa
ni se estiran las piernas ni se debe restrepar en
la silla. No se fuma entre un plato y otro, no se
deja la ceniza en el vaso ni en el plato ni en el
pocillo de café. No se sopla la sopa para enfriarla
ni se rebaña la salsa que ha quedado en el
plato. No se llena exageradamente el plato ni se dejan
sobras en él, pero tampoco hay que hacer desaparecer
hasta la última migaja o gota de salsa. Tampoco
se debe comer hasta la última fibra del hueso
del pollo. No se toman bocados demasiado grandes,
ni se introduce uno sin antes haber tragado el anterior.(11)
A medida que la mujer se adentra en el mundo, a medida
que va conquistando nuevos espacios, su libertad más
bien va siendo recortada en función de un complejo
efecto de proporción. Así se la pretende
libre en la playa, contenida en la Iglesia, eficiente
en el trabajo, atenta en la casa. Siempre observando
el delicado equilibrio del "justo medio",
vale decir, el punto emocional por el cual la mujer
se ve obligada a avanzar sobre las pasiones y observar
permanentemente su conducta. Lo que los griegos llaman
"Enkrateia", o sea esa tensión de
la mirada sobre los propios actos que garantiza el
control del deseo. Por ejemplo, al abordar el tema
de la mujer en el baile, ámbito en que solía
jugar un rol importante la sexualidad, Femirama insiste
en el cuidado de ese equilibrio. Por tanto, explica
la nota, " no es de buen gusto manifestar una
excesiva afición...pero tampoco hay que referirse
a él con menosprecio": Es preciso asistir
a un baile nada más que por el simple placer
de disfrutar de un pasatiempo; "recuérdese,
en todo caso, que la corrección en el baile
es una cuestión de medida y compostura"(12).
Del mismo modo, el aspecto de la mujer, su efecto
de belleza, también guardaba relación
con la armonía y la proporción. Refiriéndose
a la mujer francesa, Femirama escribe: "La naturaleza
ha hecho a la mujer francesa esbelta, pero no escuálida;
ágil, pero no nerviosa, ni demasiado alta ni
demasiado baja; y con una gracia y una delicadeza
tan particulares que le permiten transformarse con
el cambio de las estaciones" (13).
Naturalmente, eran aconsejables la libertad, la desinhibición,
el desprejuicio, en definitiva, el derrumbe de la
mujer victoriana, pero para adquirir una nueva armonía,
un nuevo efecto de belleza, un nuevo equilibrio. Componentes
todos de otro aspecto muy mencionado en el dispositivo
de la mujer moderna. El aspecto de la personalidad.
Se insiste en que la mujer ya no vive a la sombra
del hombre, por tanto debe esforzarse por situarse
en el centro de la pinta y en el punto de mayor luz,
por lo que se hace necesario que se vista de pie a
cabeza con el armazón de algún tipo
de personalidad.
La revista Claudia, en 1963, definía de este
modo la personalidad: luego de mencionar que muchas
mujeres se consideran a sí mismas sin personalidad,
escribe: "...son también numerosas las
que se lamentan de tener el busto pequeño,
la nariz demasiado grande o diez kilos de más
de los debidos"; sin embargo subraya que "poseer
una personalidad significa lucir, impunemente, un
pecho casi plano, una gran nariz o llevar con garbo
diez kilos demás. En una palabra- explica-:
personalidad significa ser uno mismo, con toda simplicidad
y libertad. La personalidad es lo natural. Es preferible
ser a aparentar...". (14)
A lo largo de todo el dispositivo se reitera la consigna
de que la mujer puede ser la artífice de su
propio ser. Sin embargo, al mismo tiempo se la atiborra
de consejos, opiniones, ejemplos, para encausarla
hacia una determinada imagen. En 1960, la revista
Claudia abordaba así el tema de la personalidad
y el maquillaje. La personalidad romántica
posee una mirada lánguida, las cejas deben
tender a descender ligeramente hacia los lados. Los
ojos deben tener un corte perfectamente horizontal,
y el dibujo, ejecutado con lápiz oscuro, contribuye
a acentuar la regularidad de la forma, haciéndolos
parecer más distantes uno del otro. Para ello
se deben depilar las cejas hacia la nariz. Por el
contrario, para transformar el rostro de una mujer
fatal hay que eliminar la prolongación lateral
de las cejas, extirpando los pelitos con pinzas y
rehaciendo el arco más realzado y corto con
el lápiz marrón. Además, con
la base líquida oscura, se sombrea la parte
baja de las mejillas, oscureciendo una zona triangular
bien esfumada. El color de los labios dibujados con
línea clásica y suave, debe ser de tono
medio. "...En el dibujo de los ojos radica la
mayor diferencia entre ambos maquillajes. Las dos
líneas marrones que subrayan el nacimiento
exterior de las pestañas no se encuentran,
en la mujer fatal, sino que siguen paralelas..."
Para la personalidad romántica las cejas se
depilan en el centro, el arco se pinta para levantarlo.
Los ojos se pintan con lápiz marrón
y con el cepillito embebido en sombra oscura. El trazo
interno de los ojos debe ser tenue para crear la ilusión
de estar más separados. Para dar con el aire
de mujer fatal, es preciso depilar el extremo de las
cejas, el ojo se concluye de manera suave, la sombra
se dibuja sólo en el centro del párpado,
con el color marrón o verde profundo.
La personalidad ingenua -prosigue la nota- es ideal
para la mañana, la personalidad "vamp",
en cambio, conviene más a la noche. La ingenua
conviene que maquille que maquille el arco de las
pestañas con una línea irregular. "La
sombra en los párpados superiores se ha distribuido
en un trazo que termina en alto, hacia los lados..."
Para el aire "vamp"las pestañas forman
un ángulo marcado. El dibujo del contorno del
ojo se inicia en lo bajo, para concluir en una suave
colita ascendente hacia la sien. También los
labios son más remarcados y evidentes. Para
realzar la boca en el tipo "vamp" es necesario
exagerar el trazo del contorno, que es distinto del
tono del lápiz labial..." Ciertas mujeres
deberán disimular la nariz larga o los ojos
saltones o el maxilar prominente. En ese caso conviene
disponer de sombra marrón muy diluida y aplicarla
en las zonas donde los lineamientos son más
marcados.
Entonces, el problema de la personalidad, la naturalidad
y la identidad se termina resolviendo con la creación
de una máscara que la mujer puede intercambiar
según la ocasión, la hora del día,
el estado de ánimo o las simples preferencias.
Para ello se anima a la mujer a un estudio serio de
sí misma frente al espejo: "...Para determinar
cual es el maquillaje más apto para su rostro
- se escribe en Claudia de 1858-, pruebe todos delante
del espejo, pacientemente. Recuerde que basta atenuar
un tono los tonos de los colores para adaptarlo a
cada hora del día... Recuerde, finalmente,
que los tonos fuertes del día son apenas visibles
con la luz artificial, que los desvanece". Para
el aire romántico, el rojo de las mejillas
debe extenderse en medallón. El de la mujer
fatal, la zona de la sombra debe obtenerse usando
un fondo denso y oscuro. Para atenuar la línea
del maxilar en el maquillaje ingenuo, el rojo de las
mejillas va en ángulo agudo. Y en el "vamp",
la sombra del maxilar debe ser ancha y oscura"
(15).
La frase "una cosa es la libertad y otra cosa,
muy distinta, es el libertinaje" fue muy popular
en los años '50 y '60; se reproducía
por televisión, se la enseñaba en las
escuelas, se la escuchaba en la calle. Toda esa época
apeló al equilibrio, al justo medio, para que
la mujer, que venía reclamando mayores libertades,
no traspasara la barrera de las pasiones. O sea, una
nueva "Enkrateia", ese vigilar los propios
actos con miras a la creación de una nueva
mujer.
Por
Marcelo M. Benítez.
mail@icarodigital.com.ar
REFERENCIAS:
Todos los números que se hallan
entre paréntesis a lo largo del texto remiten
a las siguientes fuentes consultadas. Ninguna implica
aclaraciones o precisiones, todas ellas especifican
el ejemplar de donde se extrajo la cita por si algún
lector desea consultar la fuente completa: