Apuntes del contraolvido.
Existen dos Cubas: la creada para la
exportación y la auténtica, la que pugna por ser integralmente
una república.
La primera, convierte
el drama en pintoresquismo caribe, con sargentos ascendidos
a generales y presidentes fantásticamente ricos que
viven en el exilio fomentando revoluciones. La Cuba
que escribe Habana con v, para mejor identificación
por los extranjeros que van a bailar la rumba, y que
sólo tiene voz de maracas y bongó. La Cuba de los
carteles de compañías aéreas con bailarines color
habano danzando semidesnudos alrededor de una palmera.
La Cuba que sólo se concibe libre, mezclada con Coca-Cola
y con clima tropical acondicionado para turistas que
hablan inglés.
Y existe la otra Cuba: la que logró a fuerza de actos
heroicos y escándalo sobre cadáveres destrozados,
saltar la muralla de bolsas de azúcar y mostrar al
mundo entero que las estridencias del cha cha cha
no lograban tapar sus gritos de indignación. Que la
isla de Martí era ocupada por un pueblo que luchaba
violenta y tenazmente por recuperar lo que había ganado
al ganar su independencia. Que había logrado que su
revolución no fuera una revolución más en el Caribe,
sino que se convirtiese en el símbolo de lo que puede
la voluntad de ser libre, sobre la maquinaria opresora
de una dictadura.
No obstante, había que averiguar qué se escondía, si
algo se escondía, detrás de ese formidable movimiento.
Contra todas las previsiones, a pesar de las violentas
represiones, superando el terror sembrado con prodigalidad
de asesino millonario, la revolución cubana no podía
ser sofocada y archivada. Los hombres, encabezados
por Fidel Castro, se habían mantenido demasiado tiempo
en el campo de batalla y la publicidad que había logrado
su lucha era lo suficientemente profusa, como para
despertar sospechas.
Confieso que salí de Buenos Aires llenos de dudas. Mi
opinión sobre Batista estaba formada, por supuesto.
Pero había que averiguar quiénes eran los que trataban
de voltearlo y a qué intereses respondían.
La única forma de saberlo, de despejar los interrogantes
que siempre dejaban abiertos los cables de las agencias
noticiosas, de conocer si realmente la causa del Movimiento
26 de Julio merecía la adhesión de quienes querían
la libertad en Latinoamérica, era ir hasta Fidel Castro
y plantearle claramente las preguntas que nos hacíamos
aquí.
Los argentinos queríamos saber quién era el hombre que
encabezaba la revolución en Cuba, qué era el movimiento
26 de Julio, qué aspiraciones tenía y quién lo financiaba.
Queríamos saber si las balas que se disparaban contra
Batista eran pagadas en dólares o en rublos o en libras
esterlinas. O si se daba en Latinoamérica la desconcertante
excepción de que una revolución en marcha hacia el
triunfo no fuese financiada por el propio pueblo.
J.R.M.
Este texto constituye el prefacio que Jorge Ricardo
Masetti - sus iniciales al término del texto expresan
la autoría - escribió para su libro “Los que luchan
y los que lloran”.
El texto es escrito luego de una profunda vivencia experimentada
por Masetti en su viaje a Cuba. El objetivo de este
viaje será, como puntualiza Rodolfo Walsh en el prólogo
al libro, desmesurado. Desmesurado por falta
de contactos, por recursos escasos. Un objetivo excesivo
para un reportero de Radio El Mundo. Un objetivo
que contiene en sí el germen de la sospecha. Un periodista
que, ante el discurso convergente de todas las agencia
de noticias, duda, quiere componer su propio cuadro
de situación, quiere ser testigo presencial de un
proceso de gran trascendencia para el Sur de América
y el Caribe. Masetti es periodista, y sabe que la
mejor manera de despejar las dudas sobre lo que ocurre
en ese país del Caribe es convirtiéndose en un observador
participante del proceso revolucionario desarrollado
en Cuba. Masetti desea investigar, develar qué es
lo que realmente ocurre, pero al mismo tiempo tiene
preconceptos, prejuicios, un bagaje de opinión formado
por el flujo de información desplegado por los cables
de las agencias de noticias, y también, por un contexto
político en el ámbito nacional bastante confuso: el
gobierno electo de Frondizi, tras el estado de sitio
vigente desde 1943. Gobierno que luego desmantelará
la celebración del levantamiento del estado de sitio
imponiendo el plan CONINTES y, desde la óptica de
muchos, entregando el petróleo nacional al poder multinacional.
Sirva el ejemplo como dato: La revista Mayoría,
que había resistido la llamada Revolución Libertadora,
llegó a su fin con el gobierno de Frondizi cuando
ésta informó sobre la guerrilla del comandante Uturunco,
en el norte de la Argentina.
Masetti sospecha, pero sin embargo escribe: había
que averiguar qué se escondía, si algo se escondía,
detrás de ese formidable movimiento... Mi opinión
sobre Batista estaba formada, por supuesto. Pero había
que averiguar quiénes eran los que trataban de voltearlo
y a qué intereses respondían... La única manera de
saberlo, de despejar los interrogantes... era ir hasta
Fidel Castro y plantearle claramente las preguntas
que nos hacíamos aquí...

En el capítulo VII de su libro se encuentra expresada
la intención del por qué del viaje de Masetti a Cuba:
“-¿Y cómo se te ocurrió venir hasta aquí,
a reportear a Fidel? (Pregunta del capitán Paco).
- Existe, con respecto a la revolución cubana,
un gran misterio - les dije - que aún no ha sido develado.
Un gran misterio guardado celosamente por las agencias
informativas y por los grandes diarios que se nutren
con sus noticias. Y así, mientras toda Latinoamérica
odia a Batista, no se decide a apoyar a Fidel Castro,
porque no saben quién es, qué quiere, ni quién lo
apoya. Y porque no sabe quiénes son ustedes.
Les
conté que algunos consideraban a la revolución cubana
instrumento de Estados Unidos - lo que recibieron
con el asombro con que hubiesen asistido al parto
de una mula - y al ejército de Fidel Castro, integrado
por jóvenes pudientes que jugaban a la guerra. Les
dije que era habitual leer en los diarios la noticia
de que “ los rebeldes cubanos volaron un tren de pasajeros”
sin aclarar si el tren de pasajeros estaba ocupado
o no, o si ese “tren de pasajeros” era utilizado para
el transporte de tropas. Noticias de ese tipo - insistí
- daban la impresión de que Fidel Castro no era otra
cosa que un asesino terrorista...”.
Así, la sospecha y la duda, lanzan a Jorge Ricardo Masetti
hacia un profundo proceso de transformación subjetiva.
Después de haber entrevistado a Fidel Castro y al
Che Guevara en Sierra Maestra, y de haber experimentado
el desarrollo y los avatares de la revolución Cubana
- fruto de estos acontecimientos es su reportaje-libro,
en palabras de Walsh: “la mayor hazaña en la historia
del periodismo individual” - Masetti ya no será
aquel reportero de Radio El Mundo.
En el capítulo XV
del libro, Masetti escribe:
“Un día más que me hubiese quedado y mis
reportajes habrían tenido que esperar un tiempo bastante
prolongado antes de llegar a Buenos Aires. No obstante,
lamenté no estar presente en las que creí serían acciones
en gran escala. Afortunadamente, no tuve que arrepentirme,
porque el ataque que los batistianos habían preparado
durante meses y para el que habían adiestrado oficiales
en los Estados Unidos, duró cuatro días, en los que
sufrieron los reveses más severos que habían tenido
hasta entonces.
La gente de Bayamo me recibió con la cordialidad
de las dos ocasiones anteriores y con la misma eficiencia,
organizaron el traslado a Santiago de Cuba. Esa noche,
con mi portafolio lleno de libros y mi identificación
italiana, tomé el avión de las doce rumbo a la Habana.
Algunas de las mujeres que viajaban en la misma máquina,
llevaban ocultas mis cintas grabadas.
Estaba
sentado en el avión que ya carreteaba rumbo a Buenos
Aires. (...) Me ajusté el cinturón de seguridad, sin
dejar de apretar contra mí el impermeable en cuyo
bolsillo, había deslizado en el último segundo, las
cintas grabadas y las películas fotográficas. Por
la ventana del avión me parecía ver todavía, las caras
asombradas de los que me habían acompañado en el intento,
teniendo la absoluta seguridad de que fracasaría.
(...)
La Habana se fue quedando abajo,
atrás, pequeña, con sus rascacielos y su cimbreante
malecón. Creí que una vez fuera de ella, sin policías
secretos, ni chivatos ni agentes del FBI debajo de
las alfombras, me sentiría alegre, satisfecho. Pero
no era así. Me encontré dentro de mí con una extraña,
indefinible sensación de que desertaba...
La máquina había dejado de trepar y un cartel
me indicó que podía quitarme el cinturón de seguridad
y fumar. Apreté con fuerza un tabaco entre los dientes.
Debajo, seguía desdibujándose Cuba, en el verde fuerte
de la cordillera de la Maestra. Ahí quedaba el ejército
de niños hombres que celebraba a gritos y carcajadas
la llegada de un fusil o una ametralladora; Cayo Espino
con su chico muerto y sus casas agujereadas; El Dorado,
con Guillermo revolcándose en el suelo calculando
la última bala; los aviones plateados que en giros
hermosos regaban metralla; el Che Guevara con su pipa
mezclada en la eterna sonrisa; Fidel Castro con su
cuerpo enorme y su voz de niño afónico...
Y volví a encontrar dentro de mí una extraña,
indefinible sensación de que desertaba, de que retornaba
al mundo de los que lloran...”
De 1959 a 1964 Masetti vivirá para la Revolución Cubana.
Hacia fines de 1959 fundará Prensa Latina,
la agencia de noticias de la revolución, la cual gracias
al esfuerzo de Masetti estará presente, a través de
sus filiales, en todo el mundo. En 1961 renuncia a
Prensa Latina para ir tomando un rol de mayor relevancia
en lo que hace a su formación como revolucionario.
Se combate en Playa Girón y ahí está Masetti. Se combate
en Argelia, y hacia allí parte Masetti. Estos sucesos
van modelando el espíritu de su última aventura: la
instalación del foco guerrillero en Salta como instancia
previa para el desarrollo de la revolución en la Argentina.
Jorge Ricardo Masetti se perderá para siempre, y sin
dejar rastro alguno, en la selva salteña. Al momento
de su desaparición tenía 35 años y el dato último
dice que había nacido en Avellaneda.
Para finalizar, cabe agregar, que el libro de Masetti
Los que luchan y los que lloran, marca la elaboración
de un proceso de cambio en el cual la investigación
periodística - reportajes que, a través de una poética
narrativa, irán hilvanando los testimonios para convertirlos
en descripciones agudas y emotivas de los hechos -
influirá en la subjetividad del autor hasta transformarlo
por completo en un revolucionario. Rodolfo Walsh dirá
que Masetti era desde luego, un rebelde integral.
Y para ratificar las palabras de Wlash, ahí esta su
obra - vida y obra entrelazadas - junto a su postura
ética frente a la vida: están los que luchan y los
que lloran. Jorge Ricardo Masetti se encuentra entre
los que luchan, entre los imprescindibles.
Conrado Yasenza.
De periodista a revolucionario.
Nació en la calle Levalle de Avellaneda el 31 de mayo
de 1929. Jorge Masetti era un muchacho de familia
típica: clase media sin pretensiones, mantenida por
el padre con un empleo de inspector municipal. A los
18 años cantaba tangos en una orquesta típica, a los
21 publicaba sus cuentos, a los 24 editaba una revista.
Todo esto mezclado con trabajos en el diario Época,
en Canal 7, en Radio El Mundo. En su vida personal,
sin embargo, parecía un hombre más tradicional: se
casó con Dorita Jury, su primera novia, y todos los
domingos iban juntos a misa de once.
En 1958 se le metió en la cabeza un reportaje al Che
y a Fidel, aún guerrilleros que intentaban derrocar
a Batista. Finalmente logró que El Mundo le diera
el dinero y obtuvo lo que parecía impensable. Hasta
ese momento, Masetti no militaba en la izquierda.
Más aún, cuando se despidió en Ezeiza de su hermano
Reinaldo, le dijo: “Sé que Batista es lo peor. Pero
hay que ver si los otros no son comunistas”.
La entrevista le cambió la vida: se convirtió en una
especie de héroe del periodismo progresista latinoamericano.
Y él se enamoró de Cuba. Del Che. De la Revolución.
Escribió un libro donde lo dejó todo claro, “Los que
luchan y los que lloran”. Los combatientes eran los
cubanos; los llorones, los argentinos que no nos animábamos
a pelear por un país mejor. (Viva, Clarín,
22 de Marzo de l998.)

Otros datos.
- Al conocerse la
noticia de que habría elecciones en 1946 y el candidato
presidencial sería Perón, hubo claramente, mayoría
de diarios cercanos a las posiciones de la Unión Democrática
y muy pocos jugados por el coronel vinculado sentimentalmente
con la actriz Eva Duarte. Desde diciembre de 1945
diarios como Democracia o Tribuna y
revistas como la humorística Descamisada, opuesta
ideológicamente a Cascabel, eran de los pocos
medios decididamente enfrentados a la Unión Democrática.
Peronistas de la primera hora fueron, entre otros,
los periodistas José Gobello, Valentín Vergara, Mauricio
Birabent, Fermín Chávez, Jorge Ricardo Masetti, José
María Fernández Unsain y Lizardo Zía. (Pág. 81 Paren
las Rotativas)
- Los redactores de Che y los de Usted
se parecían: no tenían más de treinta años; habían
mirado al menos con simpatía el ascenso de Frondizi
y maldecido las traiciones del estadista tanto como
los planteos de los militares, que cada vez con menos
impudicia reclamaban el poder civil. Sus integrantes
provenían del nacionalismo, del socialismo, del comunismo,
de la utópica izquierda nacional, pero casi todos
habían celebrado con regocijo el advenimiento y desarrollo
de la revolución Cubana. “El fracaso del proyecto
de Frondizi, y la desilusión, empujaron a La Habana
a jóvenes periodistas como Jorge Ricardo Masetti,
Carlos Aguirre, Rodolfo Walsh, González O´Donnell,
yo mismo. Ese fue el momento de la creación de la
agencia cubana de noticias Prensa Latina”, cuenta
Rogelio Garcia Lupo (Pág. 137 Paren las Rotativas)
-
Cuenta Gabriel García Márquez en sus Notas de prensa
(1980-l984) que en una ocasión, para desenmarañar
un mensaje cifrado que insinuaba un posible desembarco
armado norteamericano en Cuba, Jorge Ricardo Masetti,
director general de la agencia Prensa Latina en La
Habana, le pidió a Rodolfo Walsh, hábil criptógrafo,
que tradujera las claves del mensaje. Para complementar
y proteger la información envió a Walsh a una hacienda
perdida en el norte de Guatemala disfrazado de pastor
protestante y vendedor de biblias. El plan tropezó
con una cuestión inesperada: de paso por Panamá, camino
a su infiltración en Guatemala, Walsh fue detenido
y se descubrió su identidad real. Tiempo más tarde,
en tránsito en el aeropuerto de Guatemala, García
Márquez y Masetti escribieron todo lo que sabían-
a partir de los datos descifrados por Walsh- del operativo
anticubano y se lo enviaron por correo al entonces
presidente guatemalteco general Miguel Ydígoras Fuentes
pero nunca supieron -y tampoco Walsh- si recibió la
denuncia. Sea como fuere, el desembarco anunciado
nunca se produjo. (Pág. l42 Paren las Rotativas)
Investigación y recopilación
de datos y fuentes: Conrado Yasenza
BIBLIOGRAFÍA
-Masetti, Jorge Ricardo, Los que luchan y los que
lloran. Punto Sur, Buenos Aires, 1987.
-Ulanovsky, Carlos, Paren las Rotativas, Historia
de los grandes diarios, revistas y periodistas argentinos.
Espasa, Buenos Aires, 1997.