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Contra
la guerra, por la humanidad
Por Mery Castillo-Amigo
(Filósofa y analista social)
La forma extrema del poder es
Todos contra Uno;
la forma extrema de la violencia es
Uno contra Todos.
Hannah Arendt; Sobre la violencia
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MATÍAS LORUSSO AUTOR DE
LA IMÁGEN, PORTADA DEL LIBRO BOTÍN DE
GUERRA
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Durante meses hemos vivido con esta guerra,
con su amenaza, contando las semanas y los días,
tratando muchos de evitarla y unos pocos (los que la incitaron)
justificándola. Al final lo que tanto temíamos
aconteció, esta se desató. Se ha dicho demasiado,
durante estas semanas, desde las condenas a las justificaciones,
desde los análisis geopolíticos y económicos,
hasta las consideraciones humanitarias. Pero esencialmente
todo nos lleva a pensar al triunfo de la sinrazón
sobre el sentido, a preguntarnos por la lógica de
la violencia.
A muchos esta guerra nos tiene frente a las pantallas de
televisión, a otros protestando en las calles (desde
Paris a Bs.As. , desde el DF a Estambul), para otros, la
gran mayoría, la guerra, esta guerra, no deja de
ser un lugar lejano, ellos libran la suya propia, por la
supervivencia, día a día.
Se habla mucho de que esta guerra dañara severamente
al modelo económico actual, entonces surge la pregunta,
¿cómo entender la bestialidad actual del capitalismo?
No se trata aquí de la locura de un político
o un gobierno, y tampoco es una peculiaridad de los norteamericanos;
esto es algo inherente a una sociedad que basa su existencia
en la explotación y la negación de la humanidad.
Es cierto que Bush es un peligro para todos, pero hay que
entender su capacidad para desatar violencia en términos
de la violencia ya presente en el sistema imperante.
El poder que ejerce el capital, el poder-mandar es una relación
dinámica. No puede quedarse inmóvil. Su supervivencia
necesita de una explotación cada vez más intensa,
una subordinación cada vez más completa del
hacer humano, o sea de la existencia humana. Si nuestra
humanidad, es decir nuestra insubordinación, impide
la intensificación constante de la explotación,
entonces el capital entra en crisis, una crisis que se manifiesta
en la caída de la tasa de ganancia y la intensificación
de la competencia. El capital tiene que resolver la crisis,
pero no siempre es capaz de ello. También puede posponer
su resolución, especialmente a través de la
expansión del crédito (de la deuda). En este
caso hay un auge en la importancia del capital dinero (capital
financiero) y un incremento en la volatilidad y violencia
del capitalismo. Pero aún no se resuelve la crisis,
la crisis se vuelve endémica, permanente, como la
llamó Paul Mattick en los años treinta. Pero
no es necesariamente así porque se siguen incrementando
las presiones para resolverla. La crisis permanente de los
años treinta se resolvió con la masacre de
50 millones de personas en la segunda guerra mundial. Pero,
claro, ahora lo que implicaría su resolución
es de otra dimensión.
Por supuesto que existen diferentes estrategias por parte
del capital para manejar o resolver la crisis. Pero es un
error grave argumentar que la guerra es una estrategia irracional
para el capital. El capitalismo es un sistema sumamente
violento y posiblemente será un sistema más
fuerte y más eficiente si consigue eliminar a varios
millones (¿mil millones más?) de personas
que no producen plusvalía y no compran mercancías.
Probablemente la guerra puede ser una estrategia muy racional
para el capital en este momento. Para el capital decimos,
no para la humanidad.
Por eso hay que luchar para parar la guerra, pero también
es necesario que veamos esta lucha como parte de la lucha
contra el capitalismo, por la humanidad. ¿Cómo
poder asegurar que no produzcamos lo mismo mañana?
Es importante reconocer que hay un nuevo mundo en construcción,
y por supuesto esta construcción es, y tiene que
ser, un proceso mundial.
El capital es una relación social opresiva que amenaza
con destruirnos totalmente. Debemos aprender de toda la
gente que, viviendo en relaciones sociales opresivas, tiene
la fuerza de decir "¡Ya basta! ¡Ya fue
suficiente!" Esto es lo que tenemos que decir al sistema
y a sus amigos "¡Ya basta! ¡Que se vayan
todos!".
Pensemos en lo siguiente. Cuando se levantaron los zapatistas
a inicios de 1994, existía la expectativa de que
el zapatismo se reproduciría como movimiento popular
dentro de las ciudades. Hubo un impacto importante en las
ciudades mexicanas y en muchas partes del mundo, pero puede
verse que es ahora, en Buenos Aires, en Rosario y en otras
ciudades argentinas, que podemos ver un movimiento urbano
masivo que retoma las ideas zapatistas. Con esto me refiero
al intento de desarrollar una política rebelde, una
forma de hacer las cosas que no pase por los partidos ni
por el Estado, poniendo énfasis en la dignidad como
principio central de la organización y de la lucha,
la aceptación de que no tenemos las respuestas, que
tenemos que caminar preguntando, el desarrollo de nuevas
organizaciones horizontales como las asambleas barriales,
y nuevas formas de acción como los cortes de ruta
de los piqueteros, el uso de la fantasía, del teatro,
de la danza, etc. Lo que acontece en Argentina, es muy importante;
no por las posibilidades que existen o no de cambiar el
régimen, sino porque significa un nuevo paso en esta
ola mundial de lucha que se desato a partir del 1 de enero
de 1994. La revuelta argentina cambia la gramática
de la realidad en el sentido de que no acepta el lenguaje
y la lógica del poder, no acepta el concepto de realismo
que el enfoque en el poder conlleva. Se está desarrollando
otra forma de ver las cosas, otra gramática de la
rebeldía.
Ahora, la rebeldía es central, pero tiene que ser
una rebeldía práctica, tiene que ser (y es)
la construcción de otro hacer, otra socialidad, otra
forma de vivir. La lucha es para desarrollar este hacer
alternativo hasta el punto que podamos decir, por ejemplo,
que el desempleo es realmente una liberación. Pero
esto no implica que optemos por la pobreza. Al contrario,
es cuestión de tener acceso a la inmensa riqueza
del hacer social, de emancipar la riqueza del hacer social,
mundial por supuesto. Finalmente lo que cuenta es la construcción
y la articulación de otros haceres.
Hay un mundo de preguntas, el mundo es una pregunta. ¿Existe
todavía la posibilidad de frenar la destrucción
de la humanidad por el capital? No lo sabemos, pero debemos
apostar a que sí. ¿Cómo frenar la destrucción
bélica que los Estados del mundo (es decir, el Estado
norteamericano apoyado más o menos activamente por
todos los otros Estados) han desatado? En principio pienso
que las preguntas tienen que salir de nosotros, no de los
opresores. Entonces, mejor: ¿cómo hacer para
que no reconstruyamos mañana este sistema que nos
oprime?, ¿cómo construir otro mundo, otra
socialidad, otro hacer, otro cantar, otro reír?
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BAGDAD CAFÉ
Por Conrado Yasenza
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no me liberen: yo me basto
para eso
U. de Nanterre
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Hoy los Estados Unidos de Norteamérica
han vuelto a jugar el juego que más les gusta:
Usar la fuerza de la violencia armada para proteger la paz
mundial y liberar a los pueblos oprimidos de dictadores
impuestos oportunamente por el eje del bien.
Nuevamente, los bombardeos sobre Bagdad han sido transmitidos
por la cadena mundial de televisión, en sólo
un par de idiomas y desde los rostros y voces de los cronistas
y enviados especiales del Big Brother. Hoy la fugacidad
del horror se relame los labios, comienza su labor la indolencia,
y la voracidad de los que adelgazan la Historia reduce la
muerte a imperativos de apariencia necesarios, imperativos
de capitales sedientos de oro negro y posiciones geopolíticamente
estratégicas.
Hoy irrumpe otra vez la barbarie porque, quizás,
nunca se ha ido en realidad; porque la civilización
es una ilusión, delgada por cierto, y demasiado comprometida
con los pocos de siempre. Hoy significa un presente de bronca
e impotencia en el que recuerdo las palabras escritas por
Jean Jacques Rousseau: El más fuerte no es nunca
suficientemente fuerte para ser siempre el amo, si no transforma
su fuerza en derecho y la obediencia en deber. Hoy, el presidente
de los Estados Unidos de Norteamérica es sólo
eso: el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica;
el mandatario que desespera por los peligros que acechan
la paz en el mundo y entonces envía sus fuerzas benignas
a destruir un demonio muy diferente del que él mismo
encarna, un demonio que habita una región del planeta
muy distinta también, y por ello tan temida: Medio
Oriente. Y todo esto ocurre mientras la civilidad del mundo
dice no entender y se aflige por los posibles muertos, por
los inocentes que padecen la brutalidad del género.
Se lamenta, se entristece la humanidad, y su congoja es
tan ingenua que provoca la sensación de que el mundo
se ha transformado en un grosero esclavo de la prosperidad
y el miedo.
Queda tan lejos Bagdag, Medio Oriente, hoy 2003, como lejos
queda Hiroshima, Vietnam, Chile, Argentina, El Salvador,
Nicaragua, Panamá, Somalia. Podría así
seguir citando los nombres de la crueldad, pero es suficiente
ya que en todos habita la fuerte presencia del dolor. Todos
son muertos a distancia, muertos que suscitan comentarios
en reuniones y cenas de aires encendidos; en charlas de
media o una hora en las que las posiciones se sientan serenas
para continuar con la rutina diaria. Y ya sé, me
acusarán de mezclar hechos, épocas, contextos
y realidades muy desiguales, pero los muertos siguen siendo
muertos, y lo estarán por siempre; muertos más
allá de los datos totalizadores. Los Estados Unidos
de Norteamérica seguirán jugando a ser los
buenos de la Historia, junto a su Majestad La Reina, siempre
requerida, como los pichones de águila requieren
de la madre la rapiña que ella ofrece y comparte.
Digo: seguirán invadiendo al otro, al diferente,
al que quiere ver sus propios frutos madurar. Invadir, matar,
asesinar: por intereses o por costumbre; por perversos,
por su estatuto de patrones del mundo, por tradición
traumática de asesinos seriales.
Y también sé que los buenos seres civilizados
seguiremos discutiendo con fervor de veloces militantes
de la humanidad. Sé que los buenos seres humanos
condenaremos la violencia y el horror para luego cambiar
el canal de la televisión y ver los goles del fútbol
de la región que cada uno habite; o nos deleitaremos
con cualquier otro deporte, o leeremos un libro cualquiera,
o haremos el amor sin amarnos, o nos angustiaremos como
niños porque nadie nunca manda a alguien a hacer
lo que nosotros queremos que otros hagan por esta hermosa
y pacífica raza. Espero poder equivocarme. El mundo
ha superado los poéticos círculos del infierno
del Dante, y comienza a incendiarse
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LA
BELLA paz Y LA BESTIA guerra
Escribe Alfredo Grande
Especial para La tecl@
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Si no se trata de política,
sino de guerra,
no podemos hablar de paz, sino de tregua.
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¿La Bella se enamora de la Bestia
por lo que la Bestia tiene de Bella o por lo que la Bella
tiene de Bestia? Interrogante difícil de clausurar
con una respuesta. Si la paz es Bella
¿qué
habrá en su contradictoria construcción y
sostenimiento que con inusitada frecuencia termina en una
metamorfosis social donde reina la Bestia? Si la Bella y
la Bestia están unidos por algo más que por
la promesa de redención por el amor, entonces estamos
habilitados a pensar que no hay paz que por guerra no venga.
Una de las denominaciones encubridoras de este enamoramiento
entre la Bella y la Bestia, es decir, entre la Paz y la
Guerra, fue la de guerra fría. A diferencia de la
bella y bestial pareja, el equilibrio entre las superpotencias
del Este y el Oeste estaba sostenido desde el espanto. El
equilibrio nuclear sostenía el temor que cada bestia
tenía de la otra. Quizá sea necesario aclarar
que la denominación bestia se refiere a la capacidad
de destrucción. No avanzo sobre otras discriminaciones,
que ya se han realizado en otros artículos. [1] En
la Argentina la Bestia se encargó de aniquilar a
muchas bellas, con la perversa denominación de guerra
sucia. La extrapolación de la denominación
guerra a situaciones que deberían denominarse "masacre",
"exterminio", "invasión", es
un ingenioso recurso de la Bestia. Supone un escenario de
ida y vuelta, cuando en realidad la única iniciativa
es de la Bestia. La Bella en cuestión solamente puede
huir, ni siquiera defenderse. La pregunta es: ¿Qué
hay de Bestia en la Bella? ¿Puede ser la Paz una
forma encubridora de la Guerra. ? En mi opinión,
habiendo conocido diferentes tipos de Bestias, la Paz solamente
es una expresión de deseos, en el mejor de los casos.
En el peor, es una desmentida de las guerras encubiertas.
La más actual, la guerra financiera. La tregua de
los defaults de campaña, de la prórroga de
los vencimientos, del endeudamiento para aumentar el endeudamiento,
son treguas con los acreedores, pero no habrá paz
mientras aumenta la deuda externa, el riesgo país
y los jubilados japoneses se acuerden de nosotros con expresiones
que, felizmente, nunca entenderemos. La paz que en realidad
es tregua, es de alguna manera una Bestia que ha logrado
hacerse pasar por Bella. Lo pacífico se convierte
en una perversa desmentida del carácter violento
y sádico del sistema económico-político-social
que nos desgobierna. Unos campesinos se crucificaron en
el Norte, como forma de protesta. Una amiga me comentó
sobre esa forma de expresión pacífica. Me
sorprendió. El suicidio no es pacífico: es
violencia vuelta contra el propio sujeto. Acuerdo que hay
violencia por acción y violencia por omisión.
Se habla de eutanasia activa y eutanasia pasiva. Un plan
trabajar es una forma de eutanasia pasiva. La desocupación
es eutanasia activa. Pero de lo que siempre se trata es
de abreviar la vida, incluso en su máxima degradación,
reducida a no satisfacer necesidades básicas. (El
cínico índice del NBI) Por lo tanto ni la
paz, ni lo pacífico, son ya valores que merezcan
ser sostenidos. Cuando la Bella se ha entregado a la Bestia,
incluso antes de desmentir su condición bestial,
no tiene sentido intentar discriminar a la Bestia de la
Bella. Esa paz es una aspiración del conquistador,
no es un anhelo del conquistado. Es la pax romana, que en
su exigencia desarmaba al sometido tanto en el aspecto cultural
como militar. Es una forma de paz de los cementerios, y
no creo que los cementerios, ni siquiera los jardines privados,
sean un atractivo paseo para las Bellas. La paz de ninguna
manera es un valor, mucho menos un valor absoluto. Hace
muchos años, en un curso de Postgrado [2] varios
alumnos enfatizaban la importancia de la participación.
Me opuse señalando que una de las actividades más
participativas era la lapidación y el linchamiento.
Y no creo que en esas actividades sea valioso participar.
En todo caso, dime en que participas y te diré quien
eres. La participación es un dispositivo, no un valor.
La paz también. Como todo dispositivo, no es neutral.
En cada momento histórico hay que evaluar que cosas
despliega y que cosas repliega. Del predominio del primero
se podrá definir operatorias instituyentes. Del predominio
del segundo, se podrá definir operatorias instituidas.
La paz después de una guerra de emancipación
triunfante permite la reparación del daño.
La paz después de una guerra de colonización
y exterminio permite la repetición del daño.
Por lo tanto, aunque la Bestia se vista de Bella, Bestia
se queda. La post guerra en Irak no es un escenario para
apostar a ninguna forma de paz. El invasor la pedirá,
la exigirá, la intentará imponer por la razón
o por la fuerza. Y seguramente por ambas. La pax norteamericana
es la paz de los imperios. Supone la derrota previa del
pacificado y es un dispositivo que sostiene lo instituido
fanático. Es una paz cuyos cimientos son cadáveres,
mutilados y heridos. Como escribió Mario Benedetti,
nadie quiere ser pacificado por la espalda. Agregaría
que por ninguna otra parte tampoco. En Irak, aunque no exclusivamente,
la Bella se ha transformado en Bestia. No habrá paz.
Ni debe haberla. La única lucha que se pierde es
la que se abandona, enseñaron las Madres. A pesar
de la destrucción sistemática de un país
y de un patrimonio cultural de toda la humanidad, la guerra
permanente al invasor ya ha sido declarada. No habrá
pipa de la paz, porque es el humo de la tregua. Habrá
que sostener y aumentar el odio contra el invasor. La Bella
escupirá sobre los pasos de las Bestias que entraron
en el templo que nunca debe ser profanado, el alma de un
pueblo. No puede haber una Bestia que se llene la boca hablando
de paz, cuando se llenó las manos fabricando la guerra.
Lo sabemos por experiencia. Pensamos que la democracia era
la paz después de la guerra sucia y la guerra de
las Malvinas. Y cuando Alfonsín declaró en
1985 la economía de guerra, muchos pensaron que era
una metáfora. No se entendía bien de que,
pero era impensable que la Bella que comía, curaba
y educaba con la democracia, de pronto se convirtiera en
la Bestia del ajuste. Después vino la Bestia de la
obediencia debida y el punto final. El desfile de Bestias
aumentó, hasta que las Bellas reventaron. No es fácil
saber los motivos por los cuales tantas Bellas se cansaron
todas juntas. Parece que Bellas y todo no son afectas a
transitar por corralitos y corralones. En fin: quizá
la historia las absolverá. Lo cierto es que la tregua
de las elecciones ha tenido efectos disuasivos. Pero por
ahora (solamente por ahora, como recita un locutor menemista)
el invasor es financiero del FMI y no de los Marines, al
menos en Buenos Aires. En Irak la Bestia no pretende transformarse
por ningún sortilegio de amor o de créditos.
Bombas, sólo bombas. La apelación que me parece
correcta es que la verdadera guerra, la de resistencia al
invasor (¿se acuerdan de Beresford?), la guerra de
emancipación deberá ser alentada. Lamentablemente,
en este momento no están cerradas las heridas que
ocasionó la Bestia que armaron las Bestias. Saddam
Hussein anticipó para el pueblo iraquí los
sufrimientos que los yanquis aumentaron al infinito para
liberarlos. Le abrieron la cárcel con topadoras.
No pudieron salir de los calabozos porque estaban aplastados.
Cosas de la Bestia. Pero la guerra de liberación
volverá. No sé si será santa, pero
volverá y será algo más que millones.
¿Qué harán entonces las almas Bellas?
Ciudad de los MalosDesaires. Mayo de 2003.
Guerra como
Inversión 
Escribe Marcelo Luna
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Sonrisas invertidas
La foto los captó trepándose
a un cañón, en un campo abierto y abandonado. Dos
niños iraquíes juegan allí, y uno ríe al fotógrafo
cabeza abajo. Esa sonrisa invertida se me antoja como
un signo: ¿acaso no vale mirar las cosas al revés?
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En la escuela nos enseñan a mirar
que en el planisferio el norte está arriba
y el sur, abajo. Que Europa y los Estados Unidos
viven (de) arriba, y el resto somos los
de abajo, como aquel niño que, cabeza abajo, ríe.
Ríe después del horror, sobre el símbolo del horror.
Ríe a pesar de todo. ¿Quién puede expresar mejor tanta
risa seria?
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Políticas de inversión
Estados Unidos, en este naciente
siglo XXI, desplegó en Irak una invasión imperial
al estilo del XIX. Antes existía una causa noble
que la "guerra fría" había deparado al Guardián de
Occidente: frenar el peligro rojo. Y
ello potenciaba en el llamado mundo libre
eso mismo, la libertad que -en clave de política invertida-
significaba impedir la liberación de pueblos oprimidos.
Hoy, en cambio, corren tiempos más cínicos. No hay
quien desconozca el tema del petróleo en esta guerra,
ni el interés de los inversores que -como se sabe-
invierten: las riquezas de un país se vuelven riquezas
de las empresas de otro más fuerte. Por eso los Estados
Unidos lanzan misiles a los estados, unidos en la
desgracia de poseer tan codiciado recurso. Así, la
misión civilizadora del imperio sobre
sus colonias prende rápidamente. Basta ver cómo el
pueblo iraquí, volcado a las calles, ha hecho propias
las leyes del libremercado (ése al que algunos denominan
"salvaje" como si hubiera otra versión "mansa"). La
rapiña civil en los palacios de Saddam tiene sólo
una diferencia de grado a la esquilma regional que
Occidente prevee metódica y calculadamente. Y éste
futuro, por supuesto, ya lo vimos: hace un siglo atrás,
Mark Twain escribía en 1901 unas notas a propósito
de la invasión norteamericana a las Filipinas.
« La nueva bandera de los Estados Unidos debería
ser con las rayas blancas pintadas de negro, y
las estrellas sustituidas por un cráneo y dos
huesos cruzados »
Este pasado espera por nosotros.
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Palabras del revés
« Esta guerra provocará cien Bin
Laden » expresó el líder egipcio Mubarak, señalando
los riesgos hacia adelante de la política anti-terrorista
de los aliados. Mas también cabe invertirla como un
reconocimiento hacia atrás, hacia lo cosechado en
tal aspecto. ¿Quiénes otros, sino los Estados Unidos,
fomentaron el poderío de Bin Laden desde la resistencia
al estado soviético? ¿Quién otro sino Bin Laden puso
al planeta en la mira del terrorismo desde los atentados
del 11 de septiembre? Es que los Estados Unidos y
Bin Laden son tan groseramente parecidos como Arnold
Schwarzzenneger y Dany Devito en la patética película
"Gemelos". Son como fueron las Torres
Gemelas: idénticas y enormemente evidentes. Porque,
como expresó inversamente aquel líder egipcio, «este
Bin Laden provocará cien guerras como las de Irak
».
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Estas guerras son una inversión como
apuesta económica. Y también una inversión, más flagrante
aún, al derecho internacional y a los derechos humanos.
Verdaderas palabras del revés al andamiaje jurídico
que los propios Estados Unidos y Gran Bretaña han
sabido levantar, y que la ONU mantuvo contra esta
guerra (¿quizá algún cargo de conciencia por los 300.000
iraquíes muertos en la operación "Tormenta del desierto"?).
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Es que la guerra como inversión
es esclava de la libertad con todas las de la ley,
es decir, con las que bombardeos, misiles y mucha
desinformación generan en un pueblo sometido a un
terrible dictador (más temibles los dobles de Saddam
que el propio Saddam, que sólo coleccionaba sombreros
para sus múltiples cabezas). "Libertad a Irak" fue
el nombre de la invasión aliada, que no sólo iluminó
las mil y una noches de Bagdag, sino que también bloqueó
mediante hackers los sitios de internet de
la cadena Alghezeera, con la bandera blanca, roja
y azul y las palabras « freedom es coming...
», como si fuera un programa de televisión próximo
a salir al aire. Vaya manera de divulgar tan preciado
baluarte de la autonomía. Una libertad con mordaza,
digamos; y ahogada en sangre bajo los escombros de
Bagdag. ¡Good job!
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Cuando lo de siempre es lo de nunca
« ¡Paz! » es el manifiesto que
como un fantasma en pena recorrre Europa y cada rincón
del planeta. Es también lo que han deseado Bush y
Blair para la buena marcha de sus negocios en Irak.
Y que amenazará implantarse en cada nuevo conflicto
como un estampido muy singular: ¡paz!
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Y ya se anuncian los nuevos eventuales
enemigos: Jordania, Corea del Norte, Cuba. Las excusas
también, como las armas químicas de destrucción masiva
que Irak no dispuso usar en la guerra, pero que en
algún lado deben estar... (¿quién se las vendió si
no?) Cuando lo de siempre es lo de nunca, y porque
las promesas de paz duran poco, que no nos tome por
sorpresa la próxima guerra. Que no nos congelen las
sonrisas en una foto de guerra o de las otras.

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