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Año II - Nº 8
Mayo - Junio 2003

Entrevistas

Rubén Dri
El Damero
Guerra y Paz: Lógicas de una estrategia racional. Escriben:
- Contra la guerra, por la humanidad
por Mery Castillo-Amigo
  Bagdad Café.
por Conrado Yasenza
  La bella paz y la bestia guerra.
por Dr. Alfredo Grande
  Guerra como Inversión.
por Marcelo Luna
La Mujer moderna.
por Marcelo Benítez
El espejo roto y poema inédito.
por Vicenten Zito Lema (desde Holanda)
Jorge Ricardo Masetti: Un rebelde integral. Prólogo de Rodolfo Walsh al libro "Los que luchan, los que lloran"
por Conrado Yasenza
Elecciones 2003:
Opinan:
Osvaldo Bayer.
Marcelo Benítez.
Horacio González
Ajo y Limones
Entrevista a Charles Bukowski:
El grito de los marginados,
de Poli Délano
Charles Bukowski:
Poemas
Informe:
Sadomasoquismo en Buenos Aires
por Marcelo Rebón
Cuentos con receta.
por Carola Chaparro
El ojo plástico
Galería:
Esculturas y cuadros.
Pablo Patza
Batea
La Cocina como patrimonio (in)tangible.
por Carola Chaparro

Fixionarios
por Carola Chaparro

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El Damero - Informe Especial

Guerra y paz
Lógicas de una estrategia racional

Contra la guerra, por la humanidad. Por Mery Castillo-Amigo
Bagdad Café. Por Conrado Yasenza

La bella paz y bestia guerra. por Alfredo Grande
Guerra como inversión. por Marcelo Luna


Contra la guerra, por la humanidad
Por Mery Castillo-Amigo
(Filósofa y analista social)

La forma extrema del poder es
Todos contra Uno;
la forma extrema de la violencia es
Uno contra Todos.
Hannah Arendt; Sobre la violencia

MATÍAS LORUSSO AUTOR DE LA IMÁGEN, PORTADA DEL LIBRO BOTÍN DE GUERRA

Durante meses hemos vivido con esta guerra, con su amenaza, contando las semanas y los días, tratando muchos de evitarla y unos pocos (los que la incitaron) justificándola. Al final lo que tanto temíamos aconteció, esta se desató. Se ha dicho demasiado, durante estas semanas, desde las condenas a las justificaciones, desde los análisis geopolíticos y económicos, hasta las consideraciones humanitarias. Pero esencialmente todo nos lleva a pensar al triunfo de la sinrazón sobre el sentido, a preguntarnos por la lógica de la violencia.
A muchos esta guerra nos tiene frente a las pantallas de televisión, a otros protestando en las calles (desde Paris a Bs.As. , desde el DF a Estambul), para otros, la gran mayoría, la guerra, esta guerra, no deja de ser un lugar lejano, ellos libran la suya propia, por la supervivencia, día a día.
Se habla mucho de que esta guerra dañara severamente al modelo económico actual, entonces surge la pregunta, ¿cómo entender la bestialidad actual del capitalismo? No se trata aquí de la locura de un político o un gobierno, y tampoco es una peculiaridad de los norteamericanos; esto es algo inherente a una sociedad que basa su existencia en la explotación y la negación de la humanidad. Es cierto que Bush es un peligro para todos, pero hay que entender su capacidad para desatar violencia en términos de la violencia ya presente en el sistema imperante.
El poder que ejerce el capital, el poder-mandar es una relación dinámica. No puede quedarse inmóvil. Su supervivencia necesita de una explotación cada vez más intensa, una subordinación cada vez más completa del hacer humano, o sea de la existencia humana. Si nuestra humanidad, es decir nuestra insubordinación, impide la intensificación constante de la explotación, entonces el capital entra en crisis, una crisis que se manifiesta en la caída de la tasa de ganancia y la intensificación de la competencia. El capital tiene que resolver la crisis, pero no siempre es capaz de ello. También puede posponer su resolución, especialmente a través de la expansión del crédito (de la deuda). En este caso hay un auge en la importancia del capital dinero (capital financiero) y un incremento en la volatilidad y violencia del capitalismo. Pero aún no se resuelve la crisis, la crisis se vuelve endémica, permanente, como la llamó Paul Mattick en los años treinta. Pero no es necesariamente así porque se siguen incrementando las presiones para resolverla. La crisis permanente de los años treinta se resolvió con la masacre de 50 millones de personas en la segunda guerra mundial. Pero, claro, ahora lo que implicaría su resolución es de otra dimensión.
Por supuesto que existen diferentes estrategias por parte del capital para manejar o resolver la crisis. Pero es un error grave argumentar que la guerra es una estrategia irracional para el capital. El capitalismo es un sistema sumamente violento y posiblemente será un sistema más fuerte y más eficiente si consigue eliminar a varios millones (¿mil millones más?) de personas que no producen plusvalía y no compran mercancías. Probablemente la guerra puede ser una estrategia muy racional para el capital en este momento. Para el capital decimos, no para la humanidad.
Por eso hay que luchar para parar la guerra, pero también es necesario que veamos esta lucha como parte de la lucha contra el capitalismo, por la humanidad. ¿Cómo poder asegurar que no produzcamos lo mismo mañana?
Es importante reconocer que hay un nuevo mundo en construcción, y por supuesto esta construcción es, y tiene que ser, un proceso mundial.
El capital es una relación social opresiva que amenaza con destruirnos totalmente. Debemos aprender de toda la gente que, viviendo en relaciones sociales opresivas, tiene la fuerza de decir "¡Ya basta! ¡Ya fue suficiente!" Esto es lo que tenemos que decir al sistema y a sus amigos "¡Ya basta! ¡Que se vayan todos!".
Pensemos en lo siguiente. Cuando se levantaron los zapatistas a inicios de 1994, existía la expectativa de que el zapatismo se reproduciría como movimiento popular dentro de las ciudades. Hubo un impacto importante en las ciudades mexicanas y en muchas partes del mundo, pero puede verse que es ahora, en Buenos Aires, en Rosario y en otras ciudades argentinas, que podemos ver un movimiento urbano masivo que retoma las ideas zapatistas. Con esto me refiero al intento de desarrollar una política rebelde, una forma de hacer las cosas que no pase por los partidos ni por el Estado, poniendo énfasis en la dignidad como principio central de la organización y de la lucha, la aceptación de que no tenemos las respuestas, que tenemos que caminar preguntando, el desarrollo de nuevas organizaciones horizontales como las asambleas barriales, y nuevas formas de acción como los cortes de ruta de los piqueteros, el uso de la fantasía, del teatro, de la danza, etc. Lo que acontece en Argentina, es muy importante; no por las posibilidades que existen o no de cambiar el régimen, sino porque significa un nuevo paso en esta ola mundial de lucha que se desato a partir del 1 de enero de 1994. La revuelta argentina cambia la gramática de la realidad en el sentido de que no acepta el lenguaje y la lógica del poder, no acepta el concepto de realismo que el enfoque en el poder conlleva. Se está desarrollando otra forma de ver las cosas, otra gramática de la rebeldía.
Ahora, la rebeldía es central, pero tiene que ser una rebeldía práctica, tiene que ser (y es) la construcción de otro hacer, otra socialidad, otra forma de vivir. La lucha es para desarrollar este hacer alternativo hasta el punto que podamos decir, por ejemplo, que el desempleo es realmente una liberación. Pero esto no implica que optemos por la pobreza. Al contrario, es cuestión de tener acceso a la inmensa riqueza del hacer social, de emancipar la riqueza del hacer social, mundial por supuesto. Finalmente lo que cuenta es la construcción y la articulación de otros haceres.
Hay un mundo de preguntas, el mundo es una pregunta. ¿Existe todavía la posibilidad de frenar la destrucción de la humanidad por el capital? No lo sabemos, pero debemos apostar a que sí. ¿Cómo frenar la destrucción bélica que los Estados del mundo (es decir, el Estado norteamericano apoyado más o menos activamente por todos los otros Estados) han desatado? En principio pienso que las preguntas tienen que salir de nosotros, no de los opresores. Entonces, mejor: ¿cómo hacer para que no reconstruyamos mañana este sistema que nos oprime?, ¿cómo construir otro mundo, otra socialidad, otro hacer, otro cantar, otro reír?


Arriba

BAGDAD CAFÉ
Por Conrado Yasenza

no me liberen: yo me basto para eso
U. de Nanterre

 

Hoy los Estados Unidos de Norteamérica han vuelto a jugar el juego que más les gusta:
Usar la fuerza de la violencia armada para proteger la paz mundial y liberar a los pueblos oprimidos de dictadores impuestos oportunamente por el eje del bien.
Nuevamente, los bombardeos sobre Bagdad han sido transmitidos por la cadena mundial de televisión, en sólo un par de idiomas y desde los rostros y voces de los cronistas y enviados especiales del Big Brother. Hoy la fugacidad del horror se relame los labios, comienza su labor la indolencia, y la voracidad de los que adelgazan la Historia reduce la muerte a imperativos de apariencia necesarios, imperativos de capitales sedientos de oro negro y posiciones geopolíticamente estratégicas.
Hoy irrumpe otra vez la barbarie porque, quizás, nunca se ha ido en realidad; porque la civilización es una ilusión, delgada por cierto, y demasiado comprometida con los pocos de siempre. Hoy significa un presente de bronca e impotencia en el que recuerdo las palabras escritas por Jean Jacques Rousseau: El más fuerte no es nunca suficientemente fuerte para ser siempre el amo, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber. Hoy, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica es sólo eso: el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica; el mandatario que desespera por los peligros que acechan la paz en el mundo y entonces envía sus fuerzas benignas a destruir un demonio muy diferente del que él mismo encarna, un demonio que habita una región del planeta muy distinta también, y por ello tan temida: Medio Oriente. Y todo esto ocurre mientras la civilidad del mundo dice no entender y se aflige por los posibles muertos, por los inocentes que padecen la brutalidad del género. Se lamenta, se entristece la humanidad, y su congoja es tan ingenua que provoca la sensación de que el mundo se ha transformado en un grosero esclavo de la prosperidad y el miedo.
Queda tan lejos Bagdag, Medio Oriente, hoy 2003, como lejos queda Hiroshima, Vietnam, Chile, Argentina, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Somalia. Podría así seguir citando los nombres de la crueldad, pero es suficiente ya que en todos habita la fuerte presencia del dolor. Todos son muertos a distancia, muertos que suscitan comentarios en reuniones y cenas de aires encendidos; en charlas de media o una hora en las que las posiciones se sientan serenas para continuar con la rutina diaria. Y ya sé, me acusarán de mezclar hechos, épocas, contextos y realidades muy desiguales, pero los muertos siguen siendo muertos, y lo estarán por siempre; muertos más allá de los datos totalizadores. Los Estados Unidos de Norteamérica seguirán jugando a ser los buenos de la Historia, junto a su Majestad La Reina, siempre requerida, como los pichones de águila requieren de la madre la rapiña que ella ofrece y comparte. Digo: seguirán invadiendo al otro, al diferente, al que quiere ver sus propios frutos madurar. Invadir, matar, asesinar: por intereses o por costumbre; por perversos, por su estatuto de patrones del mundo, por tradición traumática de asesinos seriales.
Y también sé que los buenos seres civilizados seguiremos discutiendo con fervor de veloces militantes de la humanidad. Sé que los buenos seres humanos condenaremos la violencia y el horror para luego cambiar el canal de la televisión y ver los goles del fútbol de la región que cada uno habite; o nos deleitaremos con cualquier otro deporte, o leeremos un libro cualquiera, o haremos el amor sin amarnos, o nos angustiaremos como niños porque nadie nunca manda a alguien a hacer lo que nosotros queremos que otros hagan por esta hermosa y pacífica raza. Espero poder equivocarme. El mundo ha superado los poéticos círculos del infierno del Dante, y comienza a incendiarse


ArribaLA BELLA paz Y LA BESTIA guerra

Escribe Alfredo Grande
Especial para La tecl@

Si no se trata de política, sino de guerra,
no podemos hablar de paz, sino de tregua.

¿La Bella se enamora de la Bestia por lo que la Bestia tiene de Bella o por lo que la Bella tiene de Bestia? Interrogante difícil de clausurar con una respuesta. Si la paz es Bella…¿qué habrá en su contradictoria construcción y sostenimiento que con inusitada frecuencia termina en una metamorfosis social donde reina la Bestia? Si la Bella y la Bestia están unidos por algo más que por la promesa de redención por el amor, entonces estamos habilitados a pensar que no hay paz que por guerra no venga. Una de las denominaciones encubridoras de este enamoramiento entre la Bella y la Bestia, es decir, entre la Paz y la Guerra, fue la de guerra fría. A diferencia de la bella y bestial pareja, el equilibrio entre las superpotencias del Este y el Oeste estaba sostenido desde el espanto. El equilibrio nuclear sostenía el temor que cada bestia tenía de la otra. Quizá sea necesario aclarar que la denominación bestia se refiere a la capacidad de destrucción. No avanzo sobre otras discriminaciones, que ya se han realizado en otros artículos. [1] En la Argentina la Bestia se encargó de aniquilar a muchas bellas, con la perversa denominación de guerra sucia. La extrapolación de la denominación guerra a situaciones que deberían denominarse "masacre", "exterminio", "invasión", es un ingenioso recurso de la Bestia. Supone un escenario de ida y vuelta, cuando en realidad la única iniciativa es de la Bestia. La Bella en cuestión solamente puede huir, ni siquiera defenderse. La pregunta es: ¿Qué hay de Bestia en la Bella? ¿Puede ser la Paz una forma encubridora de la Guerra. ? En mi opinión, habiendo conocido diferentes tipos de Bestias, la Paz solamente es una expresión de deseos, en el mejor de los casos. En el peor, es una desmentida de las guerras encubiertas. La más actual, la guerra financiera. La tregua de los defaults de campaña, de la prórroga de los vencimientos, del endeudamiento para aumentar el endeudamiento, son treguas con los acreedores, pero no habrá paz mientras aumenta la deuda externa, el riesgo país y los jubilados japoneses se acuerden de nosotros con expresiones que, felizmente, nunca entenderemos. La paz que en realidad es tregua, es de alguna manera una Bestia que ha logrado hacerse pasar por Bella. Lo pacífico se convierte en una perversa desmentida del carácter violento y sádico del sistema económico-político-social que nos desgobierna. Unos campesinos se crucificaron en el Norte, como forma de protesta. Una amiga me comentó sobre esa forma de expresión pacífica. Me sorprendió. El suicidio no es pacífico: es violencia vuelta contra el propio sujeto. Acuerdo que hay violencia por acción y violencia por omisión. Se habla de eutanasia activa y eutanasia pasiva. Un plan trabajar es una forma de eutanasia pasiva. La desocupación es eutanasia activa. Pero de lo que siempre se trata es de abreviar la vida, incluso en su máxima degradación, reducida a no satisfacer necesidades básicas. (El cínico índice del NBI) Por lo tanto ni la paz, ni lo pacífico, son ya valores que merezcan ser sostenidos. Cuando la Bella se ha entregado a la Bestia, incluso antes de desmentir su condición bestial, no tiene sentido intentar discriminar a la Bestia de la Bella. Esa paz es una aspiración del conquistador, no es un anhelo del conquistado. Es la pax romana, que en su exigencia desarmaba al sometido tanto en el aspecto cultural como militar. Es una forma de paz de los cementerios, y no creo que los cementerios, ni siquiera los jardines privados, sean un atractivo paseo para las Bellas. La paz de ninguna manera es un valor, mucho menos un valor absoluto. Hace muchos años, en un curso de Postgrado [2] varios alumnos enfatizaban la importancia de la participación. Me opuse señalando que una de las actividades más participativas era la lapidación y el linchamiento. Y no creo que en esas actividades sea valioso participar. En todo caso, dime en que participas y te diré quien eres. La participación es un dispositivo, no un valor. La paz también. Como todo dispositivo, no es neutral. En cada momento histórico hay que evaluar que cosas despliega y que cosas repliega. Del predominio del primero se podrá definir operatorias instituyentes. Del predominio del segundo, se podrá definir operatorias instituidas. La paz después de una guerra de emancipación triunfante permite la reparación del daño. La paz después de una guerra de colonización y exterminio permite la repetición del daño. Por lo tanto, aunque la Bestia se vista de Bella, Bestia se queda. La post guerra en Irak no es un escenario para apostar a ninguna forma de paz. El invasor la pedirá, la exigirá, la intentará imponer por la razón o por la fuerza. Y seguramente por ambas. La pax norteamericana es la paz de los imperios. Supone la derrota previa del pacificado y es un dispositivo que sostiene lo instituido fanático. Es una paz cuyos cimientos son cadáveres, mutilados y heridos. Como escribió Mario Benedetti, nadie quiere ser pacificado por la espalda. Agregaría que por ninguna otra parte tampoco. En Irak, aunque no exclusivamente, la Bella se ha transformado en Bestia. No habrá paz. Ni debe haberla. La única lucha que se pierde es la que se abandona, enseñaron las Madres. A pesar de la destrucción sistemática de un país y de un patrimonio cultural de toda la humanidad, la guerra permanente al invasor ya ha sido declarada. No habrá pipa de la paz, porque es el humo de la tregua. Habrá que sostener y aumentar el odio contra el invasor. La Bella escupirá sobre los pasos de las Bestias que entraron en el templo que nunca debe ser profanado, el alma de un pueblo. No puede haber una Bestia que se llene la boca hablando de paz, cuando se llenó las manos fabricando la guerra. Lo sabemos por experiencia. Pensamos que la democracia era la paz después de la guerra sucia y la guerra de las Malvinas. Y cuando Alfonsín declaró en 1985 la economía de guerra, muchos pensaron que era una metáfora. No se entendía bien de que, pero era impensable que la Bella que comía, curaba y educaba con la democracia, de pronto se convirtiera en la Bestia del ajuste. Después vino la Bestia de la obediencia debida y el punto final. El desfile de Bestias aumentó, hasta que las Bellas reventaron. No es fácil saber los motivos por los cuales tantas Bellas se cansaron todas juntas. Parece que Bellas y todo no son afectas a transitar por corralitos y corralones. En fin: quizá la historia las absolverá. Lo cierto es que la tregua de las elecciones ha tenido efectos disuasivos. Pero por ahora (solamente por ahora, como recita un locutor menemista) el invasor es financiero del FMI y no de los Marines, al menos en Buenos Aires. En Irak la Bestia no pretende transformarse por ningún sortilegio de amor o de créditos. Bombas, sólo bombas. La apelación que me parece correcta es que la verdadera guerra, la de resistencia al invasor (¿se acuerdan de Beresford?), la guerra de emancipación deberá ser alentada. Lamentablemente, en este momento no están cerradas las heridas que ocasionó la Bestia que armaron las Bestias. Saddam Hussein anticipó para el pueblo iraquí los sufrimientos que los yanquis aumentaron al infinito para liberarlos. Le abrieron la cárcel con topadoras. No pudieron salir de los calabozos porque estaban aplastados. Cosas de la Bestia. Pero la guerra de liberación volverá. No sé si será santa, pero volverá y será algo más que millones.
¿Qué harán entonces las almas Bellas?

Ciudad de los MalosDesaires. Mayo de 2003.


Guerra como Inversión Arriba
Escribe Marcelo Luna

Sonrisas invertidas
La foto los captó trepándose a un cañón, en un campo abierto y abandonado. Dos niños iraquíes juegan allí, y uno ríe al fotógrafo cabeza abajo. Esa sonrisa invertida se me antoja como un signo: ¿acaso no vale mirar las cosas al revés?

En la escuela nos enseñan a mirar que en el planisferio el norte está arriba y el sur, abajo. Que Europa y los Estados Unidos viven (de) arriba, y el resto somos los de abajo, como aquel niño que, cabeza abajo, ríe. Ríe después del horror, sobre el símbolo del horror. Ríe a pesar de todo. ¿Quién puede expresar mejor tanta risa seria?

Políticas de inversión

Estados Unidos, en este naciente siglo XXI, desplegó en Irak una invasión imperial al estilo del XIX. Antes existía una causa noble que la "guerra fría" había deparado al Guardián de Occidente: frenar el peligro rojo. Y ello potenciaba en el llamado mundo libre eso mismo, la libertad que -en clave de política invertida- significaba impedir la liberación de pueblos oprimidos. Hoy, en cambio, corren tiempos más cínicos. No hay quien desconozca el tema del petróleo en esta guerra, ni el interés de los inversores que -como se sabe- invierten: las riquezas de un país se vuelven riquezas de las empresas de otro más fuerte. Por eso los Estados Unidos lanzan misiles a los estados, unidos en la desgracia de poseer tan codiciado recurso. Así, la misión civilizadora del imperio sobre sus colonias prende rápidamente. Basta ver cómo el pueblo iraquí, volcado a las calles, ha hecho propias las leyes del libremercado (ése al que algunos denominan "salvaje" como si hubiera otra versión "mansa"). La rapiña civil en los palacios de Saddam tiene sólo una diferencia de grado a la esquilma regional que Occidente prevee metódica y calculadamente. Y éste futuro, por supuesto, ya lo vimos: hace un siglo atrás, Mark Twain escribía en 1901 unas notas a propósito de la invasión norteamericana a las Filipinas.

« La nueva bandera de los Estados Unidos debería ser con las rayas blancas pintadas de negro, y las estrellas sustituidas por un cráneo y dos huesos cruzados »

Este pasado espera por nosotros.

Palabras del revés

« Esta guerra provocará cien Bin Laden » expresó el líder egipcio Mubarak, señalando los riesgos hacia adelante de la política anti-terrorista de los aliados. Mas también cabe invertirla como un reconocimiento hacia atrás, hacia lo cosechado en tal aspecto. ¿Quiénes otros, sino los Estados Unidos, fomentaron el poderío de Bin Laden desde la resistencia al estado soviético? ¿Quién otro sino Bin Laden puso al planeta en la mira del terrorismo desde los atentados del 11 de septiembre? Es que los Estados Unidos y Bin Laden son tan groseramente parecidos como Arnold Schwarzzenneger y Dany Devito en la patética película "Gemelos". Son como fueron las Torres Gemelas: idénticas y enormemente evidentes. Porque, como expresó inversamente aquel líder egipcio, «este Bin Laden provocará cien guerras como las de Irak ».

Estas guerras son una inversión como apuesta económica. Y también una inversión, más flagrante aún, al derecho internacional y a los derechos humanos. Verdaderas palabras del revés al andamiaje jurídico que los propios Estados Unidos y Gran Bretaña han sabido levantar, y que la ONU mantuvo contra esta guerra (¿quizá algún cargo de conciencia por los 300.000 iraquíes muertos en la operación "Tormenta del desierto"?).

Es que la guerra como inversión es esclava de la libertad con todas las de la ley, es decir, con las que bombardeos, misiles y mucha desinformación generan en un pueblo sometido a un terrible dictador (más temibles los dobles de Saddam que el propio Saddam, que sólo coleccionaba sombreros para sus múltiples cabezas). "Libertad a Irak" fue el nombre de la invasión aliada, que no sólo iluminó las mil y una noches de Bagdag, sino que también bloqueó mediante hackers los sitios de internet de la cadena Alghezeera, con la bandera blanca, roja y azul y las palabras « freedom es coming... », como si fuera un programa de televisión próximo a salir al aire. Vaya manera de divulgar tan preciado baluarte de la autonomía. Una libertad con mordaza, digamos; y ahogada en sangre bajo los escombros de Bagdag. ¡Good job!

Cuando lo de siempre es lo de nunca

« ¡Paz! » es el manifiesto que como un fantasma en pena recorrre Europa y cada rincón del planeta. Es también lo que han deseado Bush y Blair para la buena marcha de sus negocios en Irak. Y que amenazará implantarse en cada nuevo conflicto como un estampido muy singular: ¡paz!

Y ya se anuncian los nuevos eventuales enemigos: Jordania, Corea del Norte, Cuba. Las excusas también, como las armas químicas de destrucción masiva que Irak no dispuso usar en la guerra, pero que en algún lado deben estar... (¿quién se las vendió si no?) Cuando lo de siempre es lo de nunca, y porque las promesas de paz duran poco, que no nos tome por sorpresa la próxima guerra. Que no nos congelen las sonrisas en una foto de guerra o de las otras.

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