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Año II - Nº 7
Marzo-Abril 2003

Entrevistas

León Rozitchner

Alberto Morlachetti

El Damero
Identidades empetroladas.
Dr. Alfredo Grande
Entrevista a Mary Castillo-Amigo (Filósofa)
Manuel Mujica Lainez: El hombre del sombrero gris
Enrique "Jarito" Walker
Realidad y virtualidad
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La Peste
Ajo y Limones
La Señorita Wilson, de Pedro Orgambide
Tres héroes, de José Martí
El té, una bebida para el alma
El ojo plástico
Estampa Popular, el arte de ser Juez y parte
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Psicoanálisis Implicado
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Un crimen argentino
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El Damero

Realidad y virtualidad

Por Jorge Manuel Varela

Ciencia sin esencia

El sistema económico-social que estamos viviendo se gestó unos siglos atrás, pero el mayor salto histórico fue, indudablemente, la Revolución Industrial. A partir de la aparición de la máquina a vapor, el hombre pudo modificar cada vez más a la Naturaleza permitiéndole, mediante su transformación, obtener desde los bienes más simples hasta los más sofisticados, satisfaciendo así necesidades de todo tipo.

En un primer momento las nuevas condiciones tecnológicas hicieron ver a los pensadores de ese tiempo un crecimiento indefinido en los aspectos científico-técnicos. Además esto significaba, a su vez, un paralelismo en la satisfacción de las necesidades humanas. Pero a poco tiempo de darse estas nuevas condiciones, se vio que esta última premisa no se daba históricamente. La clase social que surgió en este período, es decir, el obrero industrial o proletario, sufrió un grado tal de deterioro de vida que aparecieon nuevas formas de luchas sociales. El grado de desarrollo en la industria no hacía prever la tecnología actual; no obstante, el obrero de aquella época tomó conciencia que la máquina lo suplantaba en las posibilidades de obtención de trabajo.

Es evidente que este nuevo sistema económico-social-tecnológico transformó profundamente las relaciones sociales. El estado actual de la tecnología le posibilita al hombre obtener una cantidad de beneficios. Pero a pesar del desarrollo de las comunicaciones, se separa cada vez más de los otros hombres y de la Naturaleza.

No es difícil asociar la forma en que el hombre hace uso de la Naturaleza con la concepción de sí mismo y del mundo. No puede tener la misma visión un campesino o un artesano, que utiliza sus manos o herramientas rudimentarias, que un obrero industrial trabajando con herramientas complejas, que un técnico controlando un tablero electrónico, que un profesional frente a una computadora. Además es imposible considerar que cada uno de estos tipos humanos vivan como grupos diferenciados, en los mismos lugares geográficos, establezcan idénticas relaciones sociales y tengan las mismas inquietudes culturales.

Los profundos cambios, desde la primera etapa del industrialismo hasta la actualidad, produjeron una lenta pero constante renovación de las normas, valores y concepciones éticas. Si bien existen organizaciones en el mundo que defienden el Medio Natural y la Dignidad del hombre, es también cierto que gran parte de la Humanidad acepta silenciosamente los cambios científicos y tecnológicos, sin tener en cuenta los daños directos o colaterales que puedan causar.

Se trata de presentar a la ciencia como un producto del razonamiento puro, con una total asepsia de cualquier otro interés humano. Teniendo en cuenta esta falacia, cuando se le pretende agregar algún elemento ético-valorativo, se alega que afecta el normal desarrollo de la misma. Es como si al pensamiento científico -por principio, ateo-, se le otorgara por su pureza características divinas.

La cultura de la imagen

La Humanidad (sobre todo la desarrollada) fue alejándose tanto de la Realidad Natural, que en el presente creó una Realidad Virtual para reemplazarla. La aparición de medios masivos de comunicación audio-visuales como la televisióm, la computadora, el desarrollo satelital e internet, permitieron una globalización mundial de la información. La utilización de estas posibilidades comunicacionales, mechadas con intereses económicos, hace que surjan defectos como: exagerada cantidad de información, falta de discriminación de la misma, centralización de las fuentes de información excesivo poder de manipulación de los centros de información.

En la actualidad, dada la valoración social positiva de la computación e internet, se está difundiendo su uso en el mundo a nivel familiar y escolar, ubicando esta tecnología en un lugar de privilegio en la relación de enseñanza-aprendizaje. Esta, desde tiempo inmemorial, fue una relación social que, partiendo de la interacción humana, permitía la conexión entre las personas y la de ellas con la realidad que las circundaba. Con la aparición de la computadora se posibilita la fractura de la doble conexión. En principio, si se elimina uno de los dos sujetos del aprendizaje (el que enseña), suplantándolo por una cosa (la computadora) se anula la relación dialógica entre las dos personas. El alumno no se conecta con un docente sino con un programa de computación.

Con respecto a la segunda conexión, vemos que todo el aparato computarizado le puede brindar al educando signos, símbolos y realidades en imágenes. Es decir, que lo que recibe el que se informa es una representación de la realidad, y no la realidad, imposibilitándole la experimentación directa.

Es muy posible que si no estamos atentos, muchos de los niños de hoy, con sus padres imbuídos de los «valores supremos» de la tecnología computarizada, si comienzan a fundamentar sus primeros aprendizajes formales con el manejo de las computadoras, sin haber adquirido el nivel madurativo correspondiente, puedan presentar: dificultades en su comunicación, en la incorporación del docente como parte del aprendizaje, torpeza en la ejecución de actividades manuales, sobreinformación, información inadecuada para su nivel madurativo, incapacidad para la discriminación de la información útil de las otras.

Todas estas consideraciones no pretenden desvalorizar el desarrollo científico ni la utilidad de la computación en el quehacer humano. Lo que se intenta es provocar un alerta al pensamiento simplista que acepta como bueno todo lo que proviene de la supuesta tecnología de avanzada, sin interponer juicios valorativos y pensamientos críticos. No olvidemos que el desinterés y la ignorancia pueden provocar males irreparables.

Por Jorge Manuel Varela (Sociólogo)

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