"Y así, toda mi vida, harto lo
sabes, fue averiguar de la Ciudad Encantada, entre viajeros y frailes
de Misión. Desde niño..."
Manuel Mujica Láinez nació en la ciudad
de Buenos Aires en 1910. A los trece años se fue a París,
a estudiar a la Ecole Descartes. Vivió en Londres, volvió
a Francia y después a la Argentina. "Siempre me atrajo la historia,
contaba Manucho, el pasado, para entender el presente. Primero el de
mi país, luego el del mundo".
"Si los indios no hubieran metido fuego a los carros,
si no se hubiera perdido todo, seguro estoy de que hubieran avistado
la ciudad y entrado en ella..."
A los 22 años Mujica Láinez empezó
a trabajar como periodista en el diario La Nación. Cubrió
un viaje en el Gran Zeppelin. Su trabajo lo llevó por China,
Corea y Manchukuo. Después por Japón, Alemania, Suecia
y Finlandia. También conoció Bolivia, Ecuador, Perú,
Grecia, Turquía, Israel e Italia.
El mundo estaba cambiando. Y si bien no existía
el Concorde, Manucho mismo era una persona muy diferente a sus abuelos;
por muy viajados que estos hayan sido, les hubiese resultado imposible
emprender semejantes raídes. "Es obvio que mi nieto viva una
vida diferente a la nuestra", decía respecto al paso del tiempo,
"Recuerdo a propósito que fui el primero dentro de la sociedad
argentina, que salió con su novia sin que ésta fuera acompañada
por una institutriz. Como se vé, soy pionero en algunas cosas".
"No hay nada más triste y sin sustancia; nada
más distante de mi condición. Me sofoca, me abruma; la
grosería de mis compañeros me desespera. Veinte años
he sufrido así, aunque nunca te lo dije. Si no tuviera a mi Ciudad,
no sé qué haría"... "Oro y plata la pavimentan
y piedras azules y rojas. La gobierna un patriarca emperador".
Tantos viajes no significaron un obstáculo para
que Manucho tallara una impresionante producción literaria, por
el contrario parecían potenciar las posibilidades del artista:
Glosas Castellanas, Don Galaz de Buenos Aires, Canto a Buenos Aires,
Vida de Aniceto el Gallo, Estampas de Buenos Aires, Vida de Anastacio
el Pollo, Aquí vivieron, y Misteriosa Buenos Aires, fueron sus
trabajos hasta 1950. "Escribo, comentaba el hombre de la capa gris,
para gente que tiene tiempo, calma para saborear el idioma, para gustarlo.
Menester es pues que le diga, que escribo para gente que no cree que
la literatura está dada por los que hacen crónicas de
revistas apuradas".
"Quisiera con toda el alma irme a la Ciudad Encantada,
a rendirla para el Rey Nuestro Señor"... "De lo que pueda
obtenerse en metales y joyas, recibirás la parte justa. Más
aún, te daré de la mía lo que quieras; me conoces
y sabes lo poco que me importa el dinero. Lo que sí me importa
es llegar a la Ciudad de los Césares, probarme que mi vida no
ha sido vana".
Después vinieron Los Idolos, La casa y Los viajeros.
A partir de 1955 fue nombrado Director General de Relaciones Exteriores,
Miembro de la Academia Argentina de Letras y de la Melville Society
de los Estados Unidos de Norteamérica. Publicó Invitados
al Paraíso, Los cincuenta sonetos de W. Shakespeare, y la novela
Bomarzo, con la que obtuvo el Primer Premio Nacional de Literatura.
"Creo que estamos rodeados y penetrados, decía Mujica Láinez,
por fuerzas que no conocemos y los llamados elementales son parte de
esas fuerzas. Personalmente no descarto la posibilidad de que yo mismo
sea, como dije, la reencarnación del Duque de Bomarzo"
.
Bomarzo fue adaptada por Alberto Ginastera al formato
de ópera y la obra obtuvo un éxito inmediato en Washington,
Nueva York, Los Angeles, Roma, Zurich y Alemania, mientras que en la
Argentina fue censurada.
El hombre del sombrero gris, definió así
su crecimiento como escritor: "Decir que soy un marginado de la literatura
argentina es, sencillamente, un disparate ¿Quién escribió
la historia de aquella quinta de San Isidro desde sus orígenes
hasta hoy? ¿Quién relató la vida de la mítica calle
Florida? ¿Quién se ocupó de la biografía de los
poetas gauchescos? Lo que pasa es que yo puedo escribir una novela del
Renacimiento, si se me antoja. Entiendo que ello proyecta a la literatura
argentina hacia un plano más universal. Bomarzo, significa para
mí, el pasaje del tema nacional al tema universal".
"Esta vez la voluntad que desde la infancia me mueve,
ha avasallado mi discreción. Perdona a quien todo lo espera de
ti. La Ciudad Encantada está ahí, al alcance de nuestras
manos"
En esos tiempos, su producción literaria cobra
nuevo impulso y edita El unicornio, Los laberintos, Cuentos Reales,
y De milagros y melancolías. En 1969, se jubila de su trabajo
en el diario La Nación, donde ocupaba el puesto de crítico
de arte, y compra la vivienda El Paraíso, en Cruz Chica, Córdoba.
"En este lugar prosigo con mi obra literaria y está todo lo que
realmente amo", comentó.
Ahí vivió 15 años de continua
creación: Cecil, la traducción de Fedra de Recine, El
viaje de los siete demonios, Sergio, Los cisnes, Letra e imagen de Buenos
Aires, El brazalete, El gran teatro, Los porteños, El escarabajo,
Placeres y fatigas de los viajes, Vida y gloria del Teatro Colón
-con fotografías de Aldo Sessa, y Un novelista en el Museo del
Prado, además de varios tomos de obras completas, fueron el legado,
junto a las maravillas expuestas en El Paraíso, que el sofisticado,
elegante y excéntrico Manucho, nos dejó de su paso por
este mundo.

Manucho decía: "Estoy absolutamente seguro que
voy a vivir otra vida, cosa que representa, sin lugar a dudas, un alivio
ante la pavorosa idea de la muerte. Soy muy supersticioso y cabalístico,
lo que de manera alguna quiere decir que renuncie a cualquiera de mis
otras creencias. Me considero católico, pero en lo hondo de mi
subjetividad, ello no me parece irreconciliable con una cosmovisión
esotérica".
"¿Y si tuviera razón? ¿Si la ciudad se hallara
ahí? La ve crecer en el vaho de oro que cubre el horizonte con
su neblina. Ve su espejismo de torres, los tapices deslumbrantes volcados
en las murallas, los centinelas cuyas corazas relampaguean ¿Y si tuviera
razón? ¿Si la conquistara?".
Puede que Manuel Mujica Láinez esté viviendo
otra vida. Ahora, para Manucho, la muerte no es una pavorosa idea. Y
quizás su nueva vida esté contenida en la increíble
experiencia de los que pasamos por El Paraíso, aun sin haber
sido invitados.
Los textos que separan cada párrafo pertenecen
a La ciudad encantada, cuento de Manuel Mujica Láinez.
Invitados
al Paraíso
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En el Valle de Punilla, en Cruz Chica, está
la casa donde vivió los últimos años de su
vida Manuel Mujica Lainez. La llaman museo. Pero cuando uno penetra
en la dimensión Manucho, descubre que la casona estilo
colonial, es un sitio donde la naturaleza, la magia y la historia
se combinan en dosis extraordinarias.
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Ya tenía éxito, reconocimiento y dinero.
Tenía esposa y dos hijos. Era distinguido y elegante. Hablaba
varios idiomas y conocía mil historias. Sus pies habían
pisado los más recónditos y majestuosos lugares del planeta.
Era un gran artista y un habitante de los más sofisticados ambientes.
Lo tenía todo.
¿Lo tenía todo? No. Llegaba acelerando fuerte,
como siempre, la hora de la jubilación. Llegaba la hora de apaciguarse
y ordenar recuerdos, historias, miedos y alegrías. Llegaba la
hora de la recapitulación, pero... ¿dónde?
Conocía la zona porque el lugar se había
ganado un importante espacio entre los veraneantes de la aristocracia
porteña. Caminaban con Anita por Cruz Chica, buscando un refugio
simple, algo rústico, un lugar ideal para descansar, aunque es
difícil pensar que Mujica Lainez entendiera el significado de
la palabra descansar.
Caminaban despacio, como hay que caminar en las sierras
si uno no pretende terminar abrumado. Pasaron por varios lugares, que
no los terminaban de convencer, cuando en una de las vueltas del camino,
El Paraíso les salió al paso.
El monte con sus árboles y enredaderas se había
tragado la casona estilo colonial. El mismo monte que se abrió
cuando pasaban Manucho y Anita.
Y parece que como tantas veces, lo que debía
suceder, se escondió en casualidad.
El flechazo entre el hombre de mundo y la casona, que
apenas se insinuaba bajo el manto verde, fue fulminante. Cuando el supersticioso
y cabalístico hombre de letras descubrió que la casa tenía
por nombre El Paraíso, su propia historia comenzó a correr
como torrente en su interior.
"Descubrí esta casa por azar, contaba Manuel
Mujica Lainez. Un cartel unía su nombre a la información
que estaba en venta, y quizá, en mi subconciente, la magia de
ese nombre operó de inmediato, pues ella hacía espejar
la posibilidad de "Invitados al Paraíso" convirtiese en realidad
lo creado misteriosamente por la imaginación".
Y la imaginación tomó vida en El Paraíso
de Manucho. Una construcción principal rodeada por otras cuatro
viviendas, permitía la constante presencia de visitas con la
posibilidad, al mismo tiempo, de mantener una gran intimidad.
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Cuentan que a Manucho lo veían caminar
mucho, siempre elegante, con su sombrerito, con su bastoncito.
Todas las mañanas iba a tomar unos mates a la casa
de unos amigos. Debía ser un gesto de cordialidad,
porque Manucho prefería el té.
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Comentan que El Paraíso parece haber removido
los cimientos del escritor, ya que en 16 años escribió
el 40 por ciento de su obra (o sea, más de una decena de libros).
La máquina de escribir Woodstock, que todavía habita el
escritorio, mecanografiada con precisión, derramó la documentación
literaria con fluidez de manantial. Sin descartar la ayuda que puede
haber recibido de la tinta de escribir Pelikan 4001, con la cual la
marca promete que «la escritura es de duración ilimitada».
Puede que le ayudaran las cartas de tarot pintadas
a mano que le regaló una amiga o el atardecer serrano que entra
suave y amarillo por la ventana del escritorio. Puede que fuera el jardín
en varios niveles diseñado por el paisajista Carlos Thays, el
mismo que se encargó del Jardín Botánico de Buenos
Aires.
Dicen que en las noches de carnaval, el salón
principal cobijaba sobre su piso de mármoles blancos y negros,
unas fantásticas fiestas de disfraces, con máscaras preparadas
para la ocasión. Una de las cientos de obras de arte que habitan
la casa, es un retrato de Manucho con el atuendo y la máscara
de unicornio que uso en una ocasión.
Dicen que también se disfrazó de Bomarzo,
en honor a la obra que le otorgó el Premio Nacional de Literatura
en 1963. Obra que Ginastera convirtió en ópera y fue un
éxito mundial, pero un escándalo en la Argentina.
La ópera Bomarzo fue estrenada en Buenos Aires
y censurada por considerársela inmoral. Aparecía una mujer
semi desnuda. Llegaron a decir que era pornográfica. Dolor interminable
de esta tierra, donde se prefiere cerrar los ojos a expresiones que
son aplaudidas y disfrutadas por seres humanos de todo el mundo.
Por la misma razón que fue censurado en la Argentina,
Manucho fue condecorado con una orden de mérito en Italia. Fue
aplaudido en Nueva York, Washington, Los Angeles. Fue reconocido en
Francia. También en Bolivia y en otros muchos sitios del mundo.
Ante el escándalo público, Manuel Mujica Lainez dijo:
«Caperucita Roja es inmoral, allí una niña se acuesta
con un lobo vestido de mujer, un lobo que se la termina comiendo».
Pero el hombre no solo caminaba, visitaba amigos y
organizaba las mejores fiestas de disfraces que se tenga memoria en
la zona. El hombre parece haber sido un excéntrico coleccionista
que atesoraba con obsesión todo lo que iba obteniendo en sus
viajes por el mundo. Y parece haber sido un historiador documentalista
de primera línea.
El Paraíso está poblado de pinturas (una
carta natal hecha por Xul Solar, Victorica, Soldi, Basaldúa,
Centurión, entre muchos otros), esculturas (Yrurtía, Fioravanti,
Zuhur, entre otros), manuscritos (Rubén Darío, García
Lorca, Marcel Proust, Miguel Cané, Sarmiento, Juan de Garay,
Florencio Varela, entre otros), caricaturas, piezas precolombinas, piedras
con maldiciones obtenidas en China, bastones de monjes de distintos
lugares, mesas con incrustaciones de nácar, estatuillas de lapislazul,
santos de vestir. Uuuuoooooouuuuu.
Uno se pregunta si también hará falta
decir que hay muebles de campaña que pertenecieron a San Martín,
que está el anillo de oro con una incrustación de lapislázuli
que representa un escarabajo. Un escarabajo que aparece simbolizado
varias veces en distintos rincones de la casona y que el autor quizás
haya inmortalizado con su obra homónima. Sobre el anillo, dicen
que estaba en el fondo del mar Egeo, desde antiquísimos años.
Y que un día llegó hasta un autor latinoamericano, y que
con él se quedó. Y cuando el autor sudamericano se fue,
el escarabajo se quedó con todo.

Uno se pregunta si habrá que contar que hay
un esqueletito de unos 60 centímetros de alto, que Manucho colgaba
de una lámpara para impedir que sus inquietos nietos ingresaran
a toquetear el mundo mágico que le había llevado una vida
construir. Un mundo con más de 20.000 libros, con fotos dedicadas,
con dibujos de Manucho, con dibujos que otros hicieron de Manucho. Con
originales de sus obras. Con increíbles manuscritos. Con libros
llenos de firmas y dedicatorias de los invitados al Paraíso.
Será necesario contar que hay una pérgola
cubierta por una parra que todavía derrama las mismas uvas rosadas
que comía Mujica Láinez al final del verano. Habrá
que contar que le gustaba fumar y tomar vino blanco? Que tres empleadas
se encargaban de la cocina francesa, que era su preferida? Que tomaban
el té todas las tardes? Que Anita amaba las plantas y que trabajando
en el jardín perdió un valiosísimo anillo de diamantes?
Que Manucho venía de una familia de periodistas y bohemios? Que
Anita de Alvear pertenecía a la aristocracia porteña?
En uno de sus Laberintos, Manucho escribió:
"Puesto que el amor de las plantas, sigue siendo uno de los mejores
testimonios de la admirable calidad humana, dibujo este árbol
para Anita", Manucho (1965).
¿Habrá que decir que la casa la construyó
en 1916, un arquitecto francés de apellido Dourges? Que la puerta
principal es una maravillosa obra de herrería que simboliza a
Adán y Eva en el Paraíso? Que Manucho compró una
casa que incluía un fantasma? Que le gustaba tomar whisky, acostarse
temprano y levantarse temprano? Que tenía una colección
de puños y manos de madera ordenadamente colgados en las paredes
del baño personal? Que se autodefinía como un católico
esotérico? Hará falta comentar que el autor dijo antes
de morir: "espero que Dios me perdone todo lo que yo ya me he perdonado".
El Paraíso es un documento. Entrar en él
es bucear en la historia de nuestra tierra, en las historias de cuando
no había letras, en las historias de cuando empezaron a existir
los documentos. La casona colonial sintetiza la pasión del autor
por el mundo comprobable, la pasión del autor por la magia.
Los números y las palabras comienzan a perder
sentido en la dimensión Manucho. Harían falta varios volúmenes
para contar que la magia y la ciencia, se abrazan y separan a cada instante,
en cada rincón del Paraíso de Manucho. Harían falta
varios volúmenes, que quizás alguien, alguna vez, tenga
ganas de escribir. Por el momento, es una maravillosa idea visitar El
Paraíso para escribir una buena página en la historia
personal.
Por Rubén D. Fernández Lisso
mail@icarodigital.com.ar
Referencias:
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Cruz Chica
El Paraíso: Casa de Manuel Mujica Lainez -
45-1160.
En el jardín hay una escultura de un Aquiles del año
1615, de la cual hay sólo dos ejemplares en el mundo. La
casona cuenta con 33 ambientes, de los cuales 12 están
abiertos al público.
En la vivienda se encuentran pinturas de Soldi, Victorica, Basaldúa,
Emilio Centurión, Raúl Russo, Miguel Ocampo, Mantegari
y bronces de Yrurtia y Fioravanti.
También pueden observarse tallas, íconos, porcelanas
y piezas arqueológicas y referenciales de sus obras, tales
como escarabajos, unicornios, personajes de sus escritos, etc.
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La biblioteca personal del escritor está conservada
con sus quince mil volúmenes aproximadamente, incluyendo algunos
manuscritos de Rubén Darío, Federico García Lorca
y Proust.
Paralelamente, se pueden ver en la casa objetos personales de Manucho
como el anillo del escarabajo, su lapicera, monóculo, bastones,
boinas y sombrero inglés.
Horarios: Enero y febrero: todos los días de 10 a 14 y de 16
a 20; Semana Santa y julio: lunes a domingo de 10 a 18; Resto del año:
sábados, domingos y feriados de 15 a 18h. Las visitas son guiadas
-cada hora- y duran entre treinta y cuarenta minutos. Para las visitas
de delegaciones es recomendable hacer las reservas por teléfono
(sin restricción de días u horarios).
Otros servicios: Galería de Arte (muestras periódicas
de pintura, escultura, fotografía, grabados, etc.). Librería.
Casa de té. Venta de artesanías.
http://www.escritoresarg.com.ar/articulos%20mujica%20lainez.htm