Mery Castillo-Amigo, 36
años, estudió filosofía en Universidad Nacional
Mayor de San Marcos Lima, Perú y actualmente da clases en una
dependencia de la Universidad Paris IV. Además está realizando
una investigación sobre Cultura Política en América
Latina, cuyo enfoque se halla enmarcado en el análisis de "lo
cotidiano, lo vivencial".
-¿Qué es "lo cotidiano",
Mery?
Lo enmarcaría
dentro de lo que nosotros llamamos filosofía práctica,
que de una u otra manera es reivindicar lo político, porque hay
una aplicación cotidiana de la filosofía política
en nuestras vidas; lo que las personas hacemos y pensamos en el día
a día, lo vivencial, es parte de eso.
-¿ Que hechos puntuales
estudia?
- En este momento me interesa
el papel de la gente común dentro de nuestras sociedades actuales.
¿Cómo un país "X" de Sudamérica "decide" a través
de su gente tener un modelo político que se salga de lo general,
de lo establecido? Eso da señales de un nuevo tipo de comportamiento.
Creo que todo lo que hacemos en lo cotidiano es político, tiene
una carga y una base política y termina siendo determinante para
los países.
- ¿Me daría un ejemplo
un poco más concreto?
- Argentina es un buen ejemplo,
extremo sí, de lo que pasa dentro de América Latina; un
pueblo sumido en una crisis de credibilidad total, donde la gente común
ya ha percibido tal desgaste de la política tradicional y pide
"que se vayan todos", tal vez sin medir las consecuencias de lo que
se pide, pero el pedido en si ya es un síntoma de hasta dónde
se ha llegado. No sólo la credibilidad del presente esta cuestionada,
además el mismo futuro desde lo político es una gran interrogante.
Argentina es un muestrario de esto; pero el resto de los países
latinoamericanos no escapa de esta situación. Argentina tiene
programadas las elecciones para dentro de unos meses, y el espectro
político de lo que se juega aquí es ese pasado conocido
o ese futuro – que tampoco es muy extraño- que dice cosas. Lo
mismo pasa en Perú, Ecuador, Colombia, donde se llega a votar
por lo mas extremo porque lo tradicional perdió credibilidad.
Venezuela no llega aún a esos extremos, pero se nota la falta
de credibilidad política, y el hecho de tener este tipo de gobierno
y no otro, y que por lo mismo esto genere una serie de anticuerpos dentro
de la población. Es una señal de que la gente común,
esa masa de votantes está insatisfecha y en una búsqueda
constante de cambio permanente, pues ante lo viejo conocido se vota
por lo mas extremo, pero no existe una cultura política que permita
replantearse proyectos claros; a pesar de tener que votar por un candidato,
que no es lo que espera, puede ser critica ante situaciones extremas
y no comerse "el cuento", es un síntoma en Latinoamérica
de que el sistema que viene imperando desde hace varias décadas
no funciona.
- ¿El hartazgo se hizo
escuchar?
Totalmente, si la gente
ve corrupción, mentira y se siente utilizada, va a cansarse y
va a reaccionar. Pero ahora el tema es cómo se orienta y redirige
ese hartazgo.
- El diálogo es
mentiroso por parte de los políticos...
- Sí, pero
se retroalimentan, lo que queda de la política formal, junto
con la clase empresarial, que termina imponiendo las "soluciones". En
Venezuela Chávez llega con un discurso y luego se da una reacomodación
en los sectores de poder, pero cuando ya se pone muy molesto con el
tema del petróleo "hay que quitarlo"; o la masacre que se dio
hace poco en Bolivia durante la ultima rebelión popular, en cualquier
otra parte hubiera derribado a un gobierno, pero en Bolivia no fue así
porque hay intereses de una clase dominante y son muy fuertes.
- ¿A qué le atribuye
la falta de credibilidad?
- El modelo neoliberal ha
fracasado en todas partes, pero digamos que es ahora que en América
Latina empezamos a pagar las consecuencias; el cuento de entrar al primer
mundo y ganar cierto espacio o posicionamiento geopolítico dentro
del espectro mundial fracasó. En este momento no somos demasiado
importantes para Estados Unidos; en la agenda, la coyuntura es Irak.
A ellos les interesa mucho más el petróleo de Irak. Latinoamérica
esta muy rezagada y seguirá siendo el patio trasero, un lugar
a donde recurrir cuando falte de otro lado, una reserva, necesitan tenerla
bien pero el interés económico cada vez es más
relativo y el político interesa mientras es redituable, cuando
ya no lo sea les dejara de interesar.
- ¿En el caso de Argentina,
cree que Menem puede ganar?
- Me parecería desastroso,
pero no seria raro porque no hay otras opciones muy diferentes al mismo
tiempo porque en Argentina puede pasar cualquier cosa; en Brasil hay
expectativa con Lula porque la gente eligió un cambio (maquillado
o no), la gente recibió otra alternativa ante lo ya conocido.
Nada garantiza que funcione, quizás en un año la gente
piense muy distinto de Lula pero al menos representa otra opción.
Pero en Argentina no sucede lo mismo. En México Vicente Fox parecía
una alternativa diferente y al tiempo todos se dieron cuenta de que
no era lo que creían que iba a ser. Que cambien las caras es
importante para la gente, con Chávez pasó lo mismo. El
caso de Perú, el apoyo que tuvo Fujimori por parte del empresariado
porque les convenía, y además del pueblo que también
se sentía beneficiado, y lo que sucede ahora con Alejandro Toledo,
la expectativa generada, y su propio desgaste. Pero el cambio de caras,
está demostrado, no es suficiente, y eso es algo que se va aprendiendo
ahora.
- ¿Qué imagen tiene
de los Argentinos?
Tradicionalmente, que se creen
superiores al resto de Latinoamérica, eso es casí un lugar
común. En eso influye además la geografía; estar
en una esquina del continente, de cierta manera aislados, eso te
da la posibilidad de sentirte único (desconectado del resto);
y eso puede hacer que como país se sientan mas cercanos a Europa
que a Latinoamérica, comparada con Bolivia, Perú, Ecuador. Argentina
esta del otro lado. Además esta toda la fuerte influencia
de los inmigrantes, que fueron quienes hicieron este país. Pero
este shock, después del cacerolazo ha significado un quiebre
de esa auto-imagen, a partir de sufrir necesidades y carencias que antes
no tenían. Se puede estudiar este fenómeno desde diversos
parámetros y puntos de vista, se puede hacer psicoanálisis
de esto, pero creo que aquí lo básico es cómo será
esta mirada hacía el futuro. Como peruana, hace 10 años,
podía sentir cierta discriminación, hoy en cambio, uno
ve cómo se trata al turismo, que proviene en gran parte de Latinoamérica,
al menos en Bs. As. Si bien es cierto que ahora el turismo es una
importante entrada económica, sería deseable pensar
que la memoria colectiva del país no olvide este momento, y
tenga presente quienes les dan una mano ahora.
- ¿Cómo relaciona
la falta de alternativas del sector político con la esperanza
de la gente?
- En toda la región
no se ven salidas claras, pero hay una búsqueda por parte de
la gente, porque hay esperanzas. Sabe lo que no quiere, pero no tiene
claro lo que quiere porque al mismo tiempo no se muestra un camino claro,
una salida posible. Después de la guerra fría, la izquierda
quedó totalmente desacreditada y los caminos quedaron muy enmarcados
dentro de la línea neoliberal y no se han llenado los espacios
para nuevas formas. Lula presenta una izquierda "decorada o edulcorada"
que aún no ha calado lo suficiente, porque su discurso deberá
tener mayores repercusiones en la región. Y es interesante que
pasen estas cosas a pesar de todo el costo social que implica, porque
de alguna manera se está diciendo a dónde vamos.
- ¿Hacia dónde?
- De alguna manera, y poco
a poco, hay grupos que se están empezando a organizar. Hasta
ahora la gente está acostumbrada a que lo político venga
desde afuera y se imponga. La gente ha perdido la experiencia de participar
activamente, no sabe determinar porque no tiene opciones ni caminos.
Este modelo neoliberal que se impuso, que venía con mucha fuerza,
ya se agotó. Yo veo que en Argentina se han organizado, los grupos
de desempleados se movilizan, hay ollas populares, surgen pequeñas
organizaciones, así es como se empieza a encontrar soluciones,
participando. Por supuesto que hay mucho descrédito, rabia, bronca,
decepción, pero en algún momento se deben organizar, aunque
sea para hacer una olla popular y comer ese día; pero el problema
sigue porque siempre necesitan comer y así es como poco a poco
la gente comienza a replantearse las cosas, de ahí surgen nuevas
propuestas. Es un ejercicio lento, pero ya es un síntoma de que
la gente no se queda inmóvil; cuando resuelven un problema concreto
se dan cuenta que nadie está solo y es organizándose como
se consiguen los cambios.
- ¿Usted cree que son los
políticos los que gobiernan un país?
- A partir de las últimas
décadas se da una desestructuración del sistema político
y se desestructura la sociedad, el poder empresarial es quien toma las
riendas de lo económico y por ende de lo político-social.
Si una gran empresa cae, caen muchas pequeñas detrás y
puede también caer un país. El gobernador, el presidente,
pone la cara, pero ya hace rato que lo político y lo económico
dejaron de ser cosas separadas. Tampoco hay diálogo entre los
políticos y la gente porque no se están escuchando, tienen
posturas enfrentadas.
- ¿Qué es lo que
queda por hacer entonces?
- De esta situación
va a surgir algo, a mí me interesa la reorganización social
porque de ahí si surgen posibilidades concretas de mejorar esta
situación. Me gusta que la gente esté aprendiendo a organizarse,
el tema es cómo van a orientar esta organización porque
superado un problema va a surgir otro más para resolver, eso
hace que la gente se organice y aprenda que es a partir de ellos y no
esperando la solución desde arriba, porque no va a llegar del
sector político. Si en un barrio hay problemas de semáforos,
hambre o inseguridad, en el otro barrio de al lado también; ese
es un punto de coincidencia que genera intercambios entre la gente.
Los piqueteros se juntan para reclamar subvenciones, necesitan comer
hoy y deben resolver el "comer hoy" todos los días, pero cuando
se den cuenta de que lo que necesitan es trabajo, porque las subvenciones
no alcanzan ni les solucionan la vida... Un piquetero además
tiene familia que necesita escuelas y hospitales, entonces lo que empieza
con un pedido de subvención va a ir derivando en otras cuestiones.
A los piqueteros les va a convenir apoyar a los maestros y a los médicos
porque saben que necesitan de ellos y ahí se van generando relaciones
entre los sectores sociales; esto puede derivar en un movimiento social
y no se da de la noche a la mañana. En Argentina se corren muchos
riesgos por lo inesperado y lo urgente de todo, pero la gente ya no
puede esperar. En Perú, querían privatizar empresas del
Estado del sur del país, la gente se levantó y destruyó
media ciudad durante la protesta, entonces los políticos leyeron
esto como que la gente no entendía la privatización, pero
en realidad lo que sucedía es que la experiencia de la gente
respecto a las privatizaciones era muy negativa… La gente se organiza
y logra derribar esto.
- Controlando a la estructura
familiar se puede controlar mejor a un país ¿No cree que existe
un ataque sistemático con intenciones de fragmentar a la familia
y robotizar al individuo?
- No sé si tanto, pero
una familia típica como las de antes ya no existe. Eso se debe
a los cambios sociales, culturales y de civilización. Originariamente
la familia era algo más que 4 personas, era una tribu, una organización
social de base. Ya no lo es más. La tecnología, a través
de la industrialización, de la cultura del entretenimiento, ayuda
a la desestructuracion familiar, y a un sistema como el que impera le
conviene masificar individuos para direccionarlos hacia ciertos objetivos.
Toda la cultura del entretenimiento va en función de dividir
los intereses de una familia y dar respuesta individual a cada uno,
y así los mantiene separados, desestructurados. La familia es
mucho más que un padre y una madre, cuanto más separados
los mantienen son más controlables, pero la gente va aprendiendo
que esta división termina siendo superficial; cuando cada uno
se da cuenta que no es el único que tiene el mismo problema,
ahí toma conciencia de que debe organizarse. Se pasa de esa familia
nuclear, que era la que nos referenciaba, a una familia social.
Por Marcelo Rebón
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