| El
Ojo Plástico |
Árboles:
miradas goyescas
Por Marcelo Luna
¿Un artista es catalogable? Francisco de Goya
y Lucientes (1746-1828) atravesó diversos géneros
y tendencias estéticas simultáneas, correspondientes
al arte dieciochesco y decimonónico (neoclásico,
rococó, romántico).
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Más esas clasificaciones resultan incompletas
cuando se trata de poner nombre a sensibilidades
cuyas transformaciones son lo básico de un artista
pleno. Hablar de «lo goyesco», sin embargo,
tiende a simplificar procesos mucho más intensos
y complejos, y por eso mismo de mayores riquezas.
Aquí ofreceremos dos miradas de Goya, dos momentos
de su despliegue estético, en torno a los árboles
-un detalle plástico que no nos impide ver algo
del «bosque» de su obra-.
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La mirada gozosa
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"El
Quitasol" 1777, Madrid, Prado
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La naturaleza: motivo recurrente
en la historia de la pintura. Goya se inicia
como pintor de cartones para tapices, que la
familia real decora en sus habitaciones. En
ellos hay representaciones costumbristas como
El baile a orillas del río Manzanares
y El quitasol, donde la estética
rococó está puesta en el colorido de las telas
y las medias, en el azul de los cielos y el
blanco de las nubes (de tradición francesa),
así como también en la arboleda cercana y lejana.
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La elegancia y la gracia del baile
da un aire teatral a la diversión popular, una
mirada gozosa, al tiempo que la dama sentada
en la hierba con un perro en sus faldas, brinda
exquisitez al quebrar delicadamente la cintura
mientras un joven, con gesto gentil, le acerca
una sombrilla.
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"Baile a orillas
de río Manzanares", 1777, Madrid,
Prado
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A estos elementos típicamente
rococós cabe agregárseles otros neoclásicos:
por ejemplo, uno temático (los personajes tienden
a ser arquetipos, representativos de grupos
sociales), y otro técnico, como lo es la composición
de El quitasol, en el triángulo
formado por la línea del brazo izquierdo del
majo junto a la que cae en el borde externo
del tapado de la dama.
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En ambos ejemplos la vegetación está presente
a través de pasturas y, en especial, con árboles.
En éstos nos detendremos: en el encuadre de
las escenas aparecen cercanos unos de ramas
finas y con escasas pero bien definidas hojas,
que poco tienen que ver con la profusa arboleda
de fondo. Es como si ésos árboles pertenecieran
más a un jardín que a un bosque. Es otro detalle
rococó, esencialmente en la disposición «decorativa»
de las hojas. Pues se trata de una vista gratificante
de la Naturaleza, fuente de vida y belleza que
merece reflejarse junto a las clases populares.
Ambos, Naturaleza y pueblo, son los motivos
que permanecen en esta etapa de la obra de Goya,
y también en el pintorequismo pictórico del
siglo XVIII: obras de carácter amable, profanas,
verosímiles a la sensibilidad ilustrada cuya
visión de la sociedad aparece en personajes
integrados, amenos y felices.
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Pero esta mirada de Goya evolucionará tiempo
después hacia otra más interna y crítica, junto
a los aires nuevos y divergentes que la Revolución
Francesa y la era napoleónica han de traer al
arte. Dentro de ese nuevo momento del artista
español, los árboles serán referentes singulares
en los grabados conocidos como Los desastres
de la guerra; y es ahí donde las transformaciones
que Goya expresa al despuntar el siglo XIX pueden
ser aún tema de actualidad: el dilema guerra
y actitud artística.
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La mirada trágica
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Goya fue uno de los maestros del grabado. La
técnica rápida y simple le permitió iniciar
la serie Los desastres hacia 1810,
en plena guerra del pueblo español por su independencia
contra la invasión napoleónica. Su dominio magistral
va configurándose en un arte de urgencia, una
crónica subjetiva de la realidad desde la que
surge una mirada fatalista del mundo.
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"Duro
es el paso" Desastre Nº 14
1810-15, Madrid, Biblioteca Nacional
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"Populacho"
Desastre Nº 28 1810-15, Madrid, Biblioteca
Nacional
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1"Bárbaros"
Desastre Nº 38 1810-15, Madrid, Biblioteca
Nacional
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La muerte y sus variadas formas constituyen
el eje de Los desastres. Goya
ha eliminado las motivaciones políticas o facciosas
de la guerra; sólo se concentra en las maneras
del matar y morir a que ésta da lugar: se fusila
en Bárbaros!; se ahorca en Duro
es el paso; se lincha en Populacho;
se descuartiza en Grande hazaña! Con muertos!
; se empala en Esto es peor. La
muerte se personaliza a través de esta visión
cruda, en donde Goya es testigo de su obra (Yo
lo vi se titula la estampa nº 44), y
de la ferocidad humana que la guerra enciende.
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"Grande hazaña! Con muertos!"
Desastre Nº 39, 1810-15 Madrid, Biblioteca
Nacional |

"Esto
es peor" Desastre Nº 37, 1810-15 Madrid,
Biblioteca Nacional |
Todos los recursos plásticos
se centran en eso: se iluminan los cadáveres
en Enterrar y callar, cuyas figuras
se asimilan al horizonte visual que muestran,
en general, espacios desolados, con escasas
referencias, salvo los árboles.
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"Enterrar
y callar" Desastre Nº 18, 1810-15 Madrid,
Biblioteca Nacional
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Y aquí encontramos a Goya -otro Goya con respecto
al del siglo XVIII- con esta nueva mirada al
árbol. Sin duda que hay reminiscencias entre
los árboles de Grande hazaña! Con muertos!
y Esto es peor con aquellos cartones
para tapices. Aunque es la mirada la que ha
cambiado. Un árbol resquebrajado aparece en
Curarlos y a otra; tal el símbolo
de la muerte de aquella mirada gozosa. Es que,
lejos de renegar de ese origen, Goya en Los
desastres pareciera invertir sus significaciones:
si durante la estética rococó la Naturaleza
era motivo de placer y vida, ahora es un instrumento
más para el exterminio, y como tal no ofrece
gratificación alguna sino sólo tragedias.
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"Curarlos
y a otra" Desastre Nº 20, 1810-15 Madrid,
Biblioteca Nacional
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La actualidad de Goya es entonces
múltiple: las transformaciones de la mirada
a lo largo de su obra nos acercan a un mundo
patético, de negatividad absoluta que, paradójicamente,
por descarnada es pacifista, y por eso revolucionaria.
Por
Marcelo Luna
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BIBLIOGRAFÍA
Bozal, Valeriano (1994) Goya
y el gusto moderno, Alianza, Madrid.
AA.VV. (1996) "La genial aportación
de Francisco de Goya" en Historia del Arte,
Planeta, Barcelona.
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