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Año II - Nº 9
Agosto - Septiembre 2003

Editorial

El Damero
Seminario
"Lo traumático en la cultura"
La Mujer moderna - Parte II.
por Marcelo Benítez
Uníos los proletarios que quedan: por Alfredo Grande
Un día de protestas en la ciudad:
por Marcelo Rebón
Raúl Scalabrini Ortiz por Conrado Yasenza
Rauol Wallenberg por José Antonio Borré
Ajo y Limones
La fusilación del Piquetero: por Vicente Zito Lema
Hombre-Perro. Cuento de Antonio Di Bendetto
Húmeda al tacto
por Carola Chaparro
El ojo plástico
Miguel Diomede: Naranjas sí... Palabras No
por Kenti
Miradas Goyescas
por Marcelo Luna
Batea
"El secreto de los flamencos" de Federico Andahazi / Editorial Planeta
por Carola Chaparro

Música:
Pez
por Gonzalo Yasenza

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El Damero

Los orígenes de la Mujer Moderna

Parte II

Por Marcelo Manuel Benítez

 

  • Administración del consumo:

Ya fue mencionado el hecho de que la enorme variedad de productos que la floreciente industria lanzaba al mercado en general a precios accesibles, creó un nuevo problema de nervios en la mujer. La fiebre del consumo excita y la excesiva variedad de mercancía creada para la misma finalidad condena al consumidor a una duda paralizante y a una crispación de los sentidos. Y a esta tensión que nace de la duda, el dispositivo de la mujer moderna que estamos describiendo también se mostró sensible. Así procuró una dosificación de los productos y una cierta racionalidad en la elección.

En una nota fechada en diciembre de 1963, Femirama describía la situación: "La moda se hace cada vez más variada y caprichosa, modelos más singulares, extravagantes fantasías, deliciosas "pequeñas locuras"... Ante ciertas indumentarias de colores fantásticos y algunos accesorios "insólitos", generalmente la mujer reacciona de dos maneras: o la atraen irresistiblemente y cede a la tentación, o bien la asalta una especie de timidez que la hace descartar todas las novedades". Es decir, ante ese cosquilleo de la excitación del consumo existían dos reacciones que revelaban el shock: o la mujer se dejaba absorber completamente por la vorágine cayendo en la fealdad o en el ridículo, o sucedía la parálisis que la sustraía de todo cambio. La solución para Femirama consistía en una adecuada mezcla de "buen gusto" y "sentido común". Vale decir, y en otras palabras, la racionalidad como receta de oro contra las pasiones. (1)

Por ejemplo, de la inmensa variedad de sandalias que cada verano la industria volcaba en el mercado, una nota también de 1963, las clasifica según la hora del día, la ocasión, el tipo de vestimenta, el tipo de pie, o si son para practicar deportes o para andar en la ciudad. He aquí, pues, la redistribución del consumo: De las sandalias deportivas distingue las etruscas, las egipcias y las bizantinas. Para andar por el campo o el mar son preferibles las que no tienen tirillas de sostén en el talón. Si se las va a usar con pantalones se deben elegir sin talón. La nota también advierte que un modelo de sandalia puede resultar muy atractivo en la vidriera pero muy inadecuado en nuestro pie. "En el caso de las sandalias de tacón bajo y muy abiertas, el pie queda en gran parte descubierto y poco sostenido y ello puede perjudicar la gracia y la armonía del andar". Por la tarde se aconsejan las sandalias de tacón mediano o alto pero siempre con la tirilla de sostén por detrás. Preferentemente elegir para esta hora del día colores clásicos y discretos (blanco, azul, beige, negro) para que se adapten a los vestidos más diversos. Para la noche, en cambio, serán preferibles las sandalias de tela brillantes y recamadas y los cueros teñidos de dorado y plateado. Son más refinadas si respetan la tonalidad del vestido. Las mujeres gordas y las que calcen más de 37 deben evitar las sandalias o usar las que tengan los tonos más discretos. Sólo en estas horas de la noche se pueden usar medias con las sandalias. A continuación se enumeran las prohibiciones: si se tienen piernas y tobillos gruesos no usar sandalias chatas. Las que tienen pies muy grandes abstenerse definitivamente de usarlas. Si no se tienen dedos bien cuidados y uñas bien pintadas no usarlas muy abiertas adelante. Por último, las sandalias sin tirilla de sostén en el talón son sólo para las más esbeltas y con andar armonioso (2.)

Asimismo, el polvo facial debe elegirse según el tipo de rostro y el tipo de piel. Un rostro anguloso debe preferir una mayor cantidad de polvo rosado para que lo suavice. Un rostro ancho debe usar polvos más oscuros. La piel pálida requiere el polvo rosado, la muy rubicunda, el marfil, la piel morena o dorada, los polvos ámbar y las que no son ni muy blancas ni muy oscuras deben elegir los tonos naturales (3).

Por su parte, hay perfumes para rubias y perfumes para morochas. E igualmente el perfume se elige según la edad y las horas del día. Desde el vamos esta nota de Femirama comienza por graduar la dosis del perfume: "...Es cierto: a veces basta una sola gota de perfume para tener mayor atractivo. Una sola gota, pero bien elegida y dosificada, en el momento más oportuno..." Ahora bien, las morochas deben elegir los perfumes secos y más bien acidulados; a las rubias, por el contrario, les conviene los que están hechos a base de esencias de flores y las pelirrojas combinan maravillosamente con los perfumes cálidos como el de violetas. La lavanda o la colonia, no importa qué actividad se esté desarrollando, aplicadas con pulverizador se den usar a la mañana. Por la tarde o la noche sólo se usarán unas pocas gotas de extractos. No hay como los perfumes- continúa la nota- para poner de manifiesto en la mujer las cualidades de la medida y el orden. Los extractos, por ejemplo, son adecuados para la noche y para una mujer de mediana edad. Las jovencitas y las señoras mayores, en cambio, si "envían, con cada movimiento, ondas de perfume fuertes cometerán una falta de buen gusto". El texto insiste en la dosis mínima de perfume, y afirma " es preferible repetir la operación de perfumarse varias veces al día que estar todo el tiempo envuelta en una dosis excesiva de perfume": Sólo la lavanda y la colonia pueden usarse con cierta abundancia. Pulverizándose en las manos, el pañuelo, las sienes (por ejemplo al sentirse deprimidas), en la nuca, bajo el cuello del vestido o abrigo e incluso en el borde del traje para despedir perfume al andar. Los extractos, en cambio, se aplican en gotas, en las muñecas, en las sienes, en el juego de los brazos, o sea, donde palpita la circulación de la sangre. (4).

En el mismo sentido, cabe señalar que la insistencia en recomendar a la mujer elegir en todos los casos productos de la mejor calidad contribuye igualmente a esta administración del consumo ya que excluye mercancía, obligando a seleccionar las ofertas y a reducir el número de las que sí cuentan.

Los aspectos médicos no fueron una excepción a esta euforia por clasificar, redistribuir y dosificar los productos industriales. Por ejemplo, ante la avalancha de vitaminas que pusieron de moda los laboratorios medicinales, se consideró urgente poner orden. "Cada mujer- se escribía en Claudia de 1957-, tanto la anémica, como la irritable, la de vista borrosa como la que espera un hijo, tiene una vitamina personal, aquella que responde exactamente a sus necesidades personales" y a continuación se describen las virtudes de cada tipo de vitamina para que se escoja aquella que puede resolver cada carencia específica (5). También se incluyen artículos refiriéndose a los artefactos domésticos que por entonces invadían el mercado. (6).

En resumen, al fragor desordenado de las pasiones despertadas por ese exceso de ofertas y su relativa accesibilidad que resultaba del pleno empleo y cierta relativa estabilidad laboral, al calor de esa "hibris" de sensaciones y posibilidades que podía desestabilizar a la mujer, se oponía el orden frío de la racionalidad, la coherencia, la sensatez y la belleza a efectos de sujetar a la mujer a sí misma.

  • El cuidado de sí

Con todo, esta dosificación del consumo no apuntaba exclusivamente a controlar la excitación que producía la variedad de ofertas, también se trataba de una técnica inmersa desde ya en una estrategia de cuidado de sí misma y que, por lo tanto, implicaba un código, una disciplina, un volver la atención sobre sí misma y naturalmente una elevación de la tensión en el control de sí misma.


Pablo Patza (Ver nota sobre este artista en "La tecl@ - Nº 8)

En una Femirama de 1963, un psicólogo presentaba el caso de una mujer que se sentía cansada e insatisfecha. Aparentemente no había motivos para sentirse de tal modo, tenía un buen marido, hijos y un trabajo interesante... Pero no se cuidaba: ¿Ha visitado a su médico? ¿Ha comprobado su presión?. Quizás le parezca éste un consejo vulgar- señala el profesional-, pero crea que la alegría de vivir muy a menudo está determinada por las condiciones de nuestro estado físico. Descanse, cuídese- aconsejaba- cultive su espíritu y muy pronto, con toda seguridad estará dispuesta para nuevas batallas, habrá recuperado el entusiasmo, la confianza y la habitual alegría de vivir" (7).

La pereza, la molicie, la depresión neurótica son, para este dispositivo de la mujer moderna, los grandes escollos. Quiere mujeres ágiles, dinámicas, creativas y originales. Es en función de esa agilidad que los expertos critican la moda contemporánea. Por ejemplo, los pies deben estar libres de opresiones: el taco aguja obliga al pie a "adoptar una posición antinatural que envara los músculos, engorda los tobillos, inclina la pelvis hacia delante y acentúa la concavidad lumbar del raquis". Por su parte, las chinelas o babuchas " sin ningún sostén para el talón favorecen el aplanamiento del arco del pie, produciendo los pies planos". Las puntas demasiado estrechas y fusiformes " comprimen los dedos, entorpeciendo la circulación de la sangre y produciendo callosidades, dolores articulares y más tarde artrosis". El artículo concluye proponiendo una serie de ejercicios para mantener ágiles las articulaciones y fuerte la musculatura de los pies (8). Pero, en realidad, todo el cuerpo es objeto de un cuidado minucioso en el que la mujer debe invertir tiempo y energía. Para ser joven más tiempo el rostro tiene una importancia crucial. Femirama advierte que al principio dará pereza hacerse estos masajes, pero en muy corto tiempo se convertirán en un hábito, en algo automático: "No habrá transcurrido muchos días sin que las manos "actúen" sobre el rostro con una agilidad casi instintiva y sin necesidad de preguntarse si será acertado tal o cual movimiento". Luego pasa a explicar los masajes, porción por porción, del rostro (9). Del mismo modo el cuello, las manos, las espaldas, son tenidas en cuenta con minuciosa preocupación.

Pero este cuidado del cuerpo también debe adaptarse a la estación del año, a la zona geográfica donde se vive y al tipo de clima que impera.

Era preciso, pues, que esta nueva mujer estuviera en condiciones de circular lo más libremente posible, por lo cual se le brindaba una compleja "tecnología del yo" para evitarle obstrucciones de cualquier tipo y facilitarle la circulación tanto de la sangre como de las ideas.

Era imperioso crearle un nuevo cuerpo a la mujer, más acorde con el nuevo dinamismo de la vida moderna de posguerra.

Un capítulo especial siempre se le dedicó a la "mujer de mediana edad" ya que es quién más debe luchar en este cuidado de sí. En 1963, Femirama publica un artículo en el que perfila claramente a la mujer moderna en esta mujer de mediana edad. Escribe que cuando los impulsos juveniles ceden el paso "a la serenidad y a la tranquilidad de una vida definitivamente organizada" sería justo que la mujer pudiera despreocuparse de los rasgos estéticos. Sin embargo, las primeras arrugas, los primeros kilos de más, las primeras canas son causa de pequeños dramas o de crisis de desesperación. Pero, señala el texto, " esto es un error. Cuando se ha adquirido una buena dosis de experiencia, bastante madurez de espíritu y, sobre todo, suficiente equilibrio, los pequeños problemas estéticos no deben asustar". La mujer, dice, debe afrontar la mediana edad con "valor, equilibrio y serenidad": La mediana edad es, pues, el momento en que la mujer moderna debe poner de manifiesto toda aquella disciplinación del cuerpo y de la mente que desde los años’50 los medios de difusión y de comunicación venían bregando. Es en este momento en que la mujer está en condiciones de recibir el diploma de "moderna". Y esa mesura, ese equilibrio emocional, ese meticuloso trabajo corporal debe expresarse en todos sus actos, hasta los más habituales. Por ejemplo, al elegir la ropa. Una mujer- continúa el texto de Femirama- que ya no es tan joven no debe ser nunca una excéntrica, ni mucho menos una persona descuidada. La mujer de mediana edad más que nunca debe lograr un equilibrio: ni vestirse como una jovencita con vestidos ceñidos o grandes escotes, ni debe permitirse un estilo anticuado, sin coquetería ni feminidad. Señala que "el estilo no lo determina sólo la forma de vestir, sino también el cuidado personal y la armonía de la figura". Los puntos fundamentales para alcanzar esta armonía son: el corte del vestido: es preciso ir a la moda, pero evitando lo atrevido y revolucionario. Respecto a los tejidos se deben evitar los dibujos muy grandes, las rayas muy marcadas, las telas demasiado vistosas. Vale decir si, como lo señalamos en la primera parte de este trabajo, la mujer en general debe pasar, en cierto grado, desapercibida, la mujer de mediana edad debe pasar, obligatoriamente, desapercibida. Esto explica que sean admisibles en el atuendo los cuadros en combinaciones sobrias de blanco y azul, blanco y negro y marrón.

Por la tarde se aconseja el encaje, el brocado o el terciopelo. Y se desaconsejan por el contrario, los tejidos ligeros o vaporosos. Es decir, la mujer de mediana edad, paradójicamente, debe detenerse en el tiempo para producir un efecto de modernidad, adhiriendo siempre a lo clásico, a lo sobrio, a lo eterno. La línea más adecuada para estas mujeres es la recta, en especial si se es robusta. Los colores pueden admitir las preferencias personales: ¿siempre se ha preferido el color rojo?, Pues que se siga con el color rojo, pero ahora escogiendo tonos menos vivos y llamativos como el rojo geranio que combina con el pelo gris. El color blanco es ideal para las señoras pero siempre que se tenga cierta esbeltez. En cuanto a los sombreros, conviene elegir los más discretos como por ejemplo los de forma de campana que sombrean el rostro. Si no se tiene una espalda perfecta, cubrirla con un echarpe del mismo tejido del vestido y normalmente cubrir los hombros que es una parte "difícil". La mujer entrada en años debe lucir buenas joyas, pero no recargarse con ellas. Y cuidado con los escotes si no se es suficientemente delgada. Es preciso "evitar el hacer pensar, aunque sólo sea por un segundo, que se quiere vestir de forma demasiado juvenil"(10).

Es decir que a medida que la mujer avanza en edad los códigos del cuidado de sí se vuelven más y más rigurosos para producir precisamente esa imagen de naturalidad, dinamismo y racionalidad, que el dispositivo de la mujer moderna desea crear.

Es necesario que la mujer jamás se abandone a sus impulsos. El cuidado de sí requiere de una adecuada contención, vale decir, una administración de los impulsos. Ya mencionamos que el verano es una constante preocupación para estos saberes de la mujer moderna ya que es durante esta estación del año donde se dan las vacaciones y con ellas la peligrosa tentación de la libertad excesiva. " Según nuestros propósitos- se escribe en una Femirama de 1963-, las vacaciones deberían ser el compendio de todo lo que hemos deseado en vano durante los largos meses ciudadanos: sol, movimiento, aire puro, pero sobre todo libertad de hacer lo que nos guste sin limitaciones de tiempo o de programa...", pero también recomienda no liberarse demasiado. La contención igualmente debe regir en vacaciones. "No aconsejamos- dice- convertirse en marmotas en letargo, deseamos solamente sugerir cómo organizar una pausa serena en la cual podrán tener cabida actividades variadas, distracciones tranquilas, pero sobre todo, aquellos cuidados personales que nos transformarán en "Mujeres nuevas" de regreso a la ciudad". Las recomendaciones comienzan ya por la elección del lugar de veraneo: mar, campo, lago, monte, están bien pero lo importante es que debe ser un lugar tranquilo, aunque no demasiado aislado. Debe ser un lugar que nos permita estar todo el día en traje de baño pero no muy alejado, sin peluquero a nuestro alcance. Puede que no vayamos nunca a la peluquería- dice- pero debemos tener la tranquilidad de que podemos ir. Los vestidos también pueden contribuir al relax de las vacaciones: deben ser vestidos sencillos, cómodos delantales y livianos soleros. Evitar la ropa ajustada. Porque- subraya el texto- "la consigna de estas vacaciones "especiales" es "la absoluta libertad"". En cuanto al maquillaje, se debe aligerar la provisión habitual, bastará una crema y un tónico para la limpieza nocturna (por la mañana sólo agua tibia), una crema nutritiva ligerísima que aplicaremos sobre el rostro media hora antes de acostarnos. Un lápiz labial claro, ni demasiado graso ni demasiado seco. Leche bronceadora si se tiene piel seca o aceite bronceador si se la tiene grasa. Y nada de rimel, ni de sombra para párpados, ni esmalte para uñas y nada de polvos o base.

Pero este cuidado de sí misma no significa simplemente un mero listado de productos, implica al mismo tiempo una sujeción al tiempo, aunque se asegure lo contrario: "Fieles a la regla de "libertad absoluta", no nos impondremos horarios fijos como en una oficina, que arruinarían nuestras vacaciones...": El día debe organizarse así: Por la mañana no quedarse perezosamente en la cama. La hora ideal para levantarse en vacaciones son las ocho de la mañana. Hay que levantarse y delante de la ventana abierta respirar profundamente doce veces. Luego tomar una ligera ducha tibia, cepillarse el cabello, comer a mordiscos una manzana y recién después salir de la casa. Despacito, -se aconseja- sin prisa, con zapatos bajos y sin bolsos ni monederos. Hacer un lento paseo de una hora. Si el terreno es con cuestas se tendrá una gran ventaja para la línea de las caderas. Y quien puede caminar por la arena húmeda junto al mar, tendrá tobillos más finos. Pero todas, absolutamente todas, sentirán los músculos más sueltos y jóvenes. De regreso, el desayuno a base de galletas o bizcochos secos, jugos de fruta o café, nada de pan ni manteca. De ahí hasta el mediodía convendrá permanecer en traje de baño o debajo de una sombrilla que proteja perfectamente los ojos y el rostro de la reverberación del sol. Más que el bronceado al sol que estropea la piel, conviene el baño de luz y aire."

Al mediodía nada de "primer plato", sólo se permitirán 200 grs. de carne asada poco cocida y dos huevos duros, después verdura cruda o cocida. Fruta, un solo vaso de vino y galletas saladas o grisines. No se trata de una cura adelgazante- expresa la nota- sino de una cura de juventud.

Después de la comida se aconseja reposar en una habitación oscura media hora, con las piernas levantadas sobre un almohadón sin cinturones ni ropa ajustada (11).

Entonces, el verano es la estación del descanso y la libertad, pero es precisamente por esto que se insiste en las recomendaciones, se multiplican los cuidados y alo que se le suma una técnica más sutil: sujetar el cuerpo y la conducta de la mujer al ritmo previsible del tiempo. Pero, entendámonos, al ritmo del reloj, al tiempo cronológico: "Se pone a la derecha un reloj- dice un artículo también de 1963-, y a la izquierda estos apuntes: ahora se verá cuántas cosas se pueden hacer en veinte minutos..." Una ducha relámpago, suficiente para eliminar el cansancio y dar agilidad a los miembros. En este caso se aconseja el agua tibia y un jabón adecuado a la piel, dando breves masajes con un guante de crin y un cepillo. Protegerse el cabello con un gorro (esta actividad: 4 minutos. Emplear dos minutos para cepillarse enérgicamente el cabello, masajeando el cuero cabelludo. No hay tiempo para un maquillaje minucioso, será suficiente descongestionarse los ojos con unas gotas de colirio. Luego se preparan el rimel y los lápices para el maquillaje. No olvidar que el cansancio exige un arreglo ligero de los ojos (esto ocupa un minuto).

Pasar una buena crema de limpieza por el rostro. Rociarlo con un chorro de agua fría y luego un chorro de agua caliente, el rostro adquirirá un sentador tono rosado (esta actividad: 3 minutos)

También debemos darnos unos minutos de relax, aunque parezca increíble, en esta verdadera carrera contra el tiempo. Recostarse en la cama o sofá con los pies más altos que el cuerpo. Relajar los brazos, cerrar los ojos y no pensar en nada (Esta actividad: 3 minutos). En dos minutos lavarse los dientes con un buen dentífrico y enjuagarlos con agua oxigenada.

El maquillaje en tres minutos más. Un minuto para los labios y el acto de perfumarse es cosa de segundos.

Luego indica las mismas operaciones para un tiempo de treinta minutos (12)

Por su parte, la revista Claudia supo extremar esta sujeción de la mujer al reloj. En 1958 escribía: "Cada mañana, usted despierta con un capital de 16 horas = 960 minutos = 57.600 segundos."

"En 16 horas es posible dar un nuevo rumbo a una existencia; en 960 minutos caben holgadamente la mayor desdicha y el júbilo más intenso; en 57.600 segundos hay margen suficiente para amar y olvidar, para nacer y morir. Por el sólo hecho de despertar, usted es una multimillonaria del tiempo", y subraya "Entiéndalo desde ya: Únicamente de usted depende, el llegar al paréntesis de la noche en plena bancarrota o bien con un maravilloso "activo" a su favor, un gran salto de horas, minutos y segundos redondos, jugosos y relucientes como frutos maduros": Y aconseja " Tome un reloj, un lápiz y un papel para llevar un control de cada momento de su día... Su esfuerzo por traducir la vida en horas, minutos y segundos valdrá la pena": Es que "saber cómo se emplea el tiempo-concluye- es saber cómo y para qué se vive". Claudia organiza de este modo el tiempo de la mujer:

Por la boca: 96 minutos = 5760 segundos. 8 minutos para el desayuno, otros ocho para la merienda, cuarenta minutos para el almuerzo y cuarenta para la cena. Porque comer es necesidad y placer, mejora el humor, distrae de las preocupaciones, ayuda a sobrellevar los tropiezos de la jornada.

En agua y jabón: 24 minutos = 1440 segundos. "Con la higiene- escribe- se acerca a los vecinos. Y se aleja a los microbios. Y se sigue la vida social, cosa que siempre facilita la vida..." Seis minutos para lavarse los dientes ( tres veces al día), ocho minutos para lavarse las manos y cepillarse las uñas ( otras tres veces al día), diez minutos para ducharse ( una vez a la mañana y otra a la noche).

Ante el espejo: 27 minutos = 2620 segundos. Veintisiete minutos alcanzan para ser bonita, catorce minutos para vestirse y siete para peinarse, seis minutos para maquillarse.

Para soñar: 41 minutos = 2460 segundos. "...La fantasía- dice- es la sal de la realidad. Algunos necesitamos para vivir una pizquita de milagro. Otros, un puñado. La dosis común es de 300 minutos semanales, o sea, un promedio de casi 41 minutos por día". Y se pregunta "¿41 minutos de evasión? Sí, pero también de enriquecimiento".

Para jugar: 30 minutos = 1800 segundos. Dedicarse a un hobby para "hacerle "pito catalán" a la vida grave, ceñuda y responsable". Son " 30 traviesos minutos, que transforman la loca carrera del reloj en el giro musical de una calesita".

En verde: 32 minutos = 1920 segundos. Es salir al campo o al río. Son 16 horas al mes.

En gris: 125 minutos = 7.500 segundos. Para dedicarlo a la ciudad con su tedio, su suciedad. "Melancólica aniquilación motorizada que nos roba un promedio diario de 80 minutos, 125 si añadimos a la suma el tiempo que morimos aguardando". En este lapso de aburrimiento "abra un libro. Invéntese un sombrero. Recuerde algún rostro amado. Psicoanalice a los vecinos. Coquetee con ese desconocido... Luche contra el tiempo gris...".

Por dinero: 300 minutos = 18.000 segundos. Ocupados en trabajar, 35 horas por semana o 2.100 minutos.

Trajín casero: 300 minutos = 18.000 segundos. O sea, el cuidado de la casa. "Créanos, en el reparto de obligaciones, a usted le toca la mejor suerte": si bien- reconoce- el trabajo en la casa es fastidioso, la mujer- dice- hace florecer aquí y allá "capullitos de ternura" y "salpica de sonrisa y de luz los minutos tediosos".

Consigo misma: 45 minutos = 2.700 segundos. Se trata de " hacerse la rabona" del mundo circundante para conversar consigo misma. Recomienda elegir el momento en que se acuesta y hasta que llega el sueño por las noches, rememorar trozos del pasado, trozos selectos...; planes espléndidos para el futuro, incluso ilusorios o improbables.

Para ellos: 150 minutos = 9.600 segundos. Se refiere a los hijos.

Para él: 30 minutos = 1800 segundos. De mañana no hay tiempo – explica-, de noche hay cansancio, pero es preciso de todos modos reservar una media hora por día " para amar".

Los otros y usted: 60 minutos = 3.600 segundos. Por último se trata de un tiempo para convivir con los demás (13).

Si bien esta detallada enumeración pudo resultarle al lector algo fastidiosa, me pareció interesante incluirla para mostrar cómo esta estrategia de anudar a la mujer al reloj tuvo la finalidad, en definitiva, de atar todas las sensaciones al riguroso tiempo cronológico porque posee un ritmo y un término. Tiene como finalidad sujetar el cuerpo y las pasiones de la mujer a un código más eficaz. Se trata de proponerle la libertad pero sometiéndola a una legislación más conveniente.

  • CONCLUSIONES:

Desde la Grecia clásica y hasta hoy, la mujer ha sentido siempre estar sometida a leyes más rigurosas que los hombres. Las espartanas, como eran tratadas como varones, fueron más respetadas, pero las atenienses pasaban de un hombre ( el padre) a otro hombre ( el marido) sin derecho a emitir la menor opinión. Este malestar de la mujer se expresó magníficamente en el monólogo de la Medea de Eurípides, que tanto difundieron las feministas del siglo XIX y que data del siglo IV a de C., o las redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz, escritas en pleno siglo XVII. Ambos textos, aparte de expresar la opinión de sus autores, ponen de manifiesto la existencia de esta protesta instalada previamente en el seno de aquellas sociedades, al menos en sus círculos pensantes.

Con todo, igualmente podemos suponer que este mayor rigor de los códigos para con la mujer, la debe haber impulsado a producir diminutos poderes cotidianos por los cuales, en muchas ocasiones, debieron convertirla en el sujeto dominante.

Ahora bien, es muy probable que durante siglos en efecto se le recortaran muchas libertades en muchos aspectos de la vida, pero lo que hiciera la mujer con su cuerpo no preocupaba demasiado. Es a partir del siglo XIX, con el ascenso de la burguesía, pero con mucha más firmeza al promediar el siglo XX, que un minucioso entretejido de opresiones fue envolviendo a la mujer a medida que se la convencía de que con la modernidad vendría su emancipación. Michel Foucault escribió en "Vigilar y Castigar" que las libertades burguesas vinieron después que se instalaron las disciplinas.

Por supuesto que la mujer, una vez transformada en "moderna" no se resignó a pasarse la vida maquillándose frente al espejo o masajeándose los pies para tener un andar más elegante, por el contrario durante los años’60 luchó por su libertad junto a otros sectores de la población que también se sentían en desventaja como fueron los homosexuales, los negros, los estudiantes (que enfrentaron el autoritarismo de la enseñanza) o los obreros. Sin embargo comprobamos que, de todo aquel complicado código del cuidado de sí, en gran medida un quantum permaneció y permanece en la mujer postmoderna. Incluso después, y a pesar del ventarrón que significó la experiencia hippie. Keith Melville, en su libro "Las comunas de la contracultura" cuenta que se hallaba en una comunidad hippie conversando con una muchacha que criticaba la civilización y el consumismo y proponía un acercamiento a la naturaleza hasta que es interrumpida por una compañera que le avisa que va a ir al pueblo a comprar provisiones, entonces la joven contestataria exclama: - Ay¡Por favor, necesito shampoo!.

Precisamente si hay una moraleja al termino de la experiencia hippie es que no es tan fácil desprenderse de la infinidad de poderes que se deslizan por nuestro cuerpo. Y es natural que la mujer de hoy sienta cierto malestar en esta cultura que de un "cuidado de sí" que pretendía imponer un código de comportamiento que administrara sus impulsos se ha derivado en el cruel mandato de la anorexia y otras formas de autoagresión para alcanzar la imagen de mujer que en la actualidad se considera ideal.

Llegado a este punto cabe, pues, preguntarse ¿qué es la libertad?. ¿Es no maquillarse? ¿Es rebelarse a seguir dictados de la moda?.¿Es salir a la calle totalmente desnuda?.Siempre que se intentó estas triquiñuelas de liberación se cayó en códigos más rigurosos como les ocurrió a los mismos hippies, a los punk o a las últimas feministas. Porque en el fondo no refleja más que una actitud histérica e infantil. Y porque hay que entender que la libertad nunca es un comportamiento, la libertad es una sensación y en muchas ocasiones incluye justamente empezar a maquillarse o vestirse con ropa apropiada (como lo ejemplifica magistralmente Beete Davis en el filme "La extraña pasajera"). La libertad no sólo tiene un contenido dispar, también permanece en un equilibrio inestable. Esto quiere decir que las personas deben esforzarse para reafirmarla y conservarla día a día, tomando prerrogativas por la mañana y haciendo concesiones por la tarde. Porque la libertad más que una conducta es una compleja negociación con los demás. Tanto con los que tenemos arriba, como con los que tenemos abajo o a los costados de nuestra vida.

La libertad no es un bien que adquirimos una vez y para siempre, luego de lo cual podemos abandonarnos a la seguridad, al poder, a las comodidades, cerrando los ojos. Es más bien una lucha permanente en la cual no están ausentes las tensiones y la amargura. Porque, en efecto, la libertad es el resultado de un enfrentamiento en el que nos vamos desgastando al tiempo que constatamos una y otra vez que es tan frágil como las alas de una mariposa. Sin embargo, también nos tocará comprobar, y por todo lo que la libertad conlleva de creatividad, de vitalidad y de goce, que siempre valdrá la pena preservarla.

Por Marcelo Manuel Benítez.

Fuentes consultadas

Aclaración: Todas las llamadas al pie de esta nota, no contienen aclaraciones ni ampliaciones; indican las fuentes de donde se extrajeron las citas por si algún lector interesado desea consultarlas.

  1. Femirama N°. 34 – Tomo III – 31/12/1963. Sección: "Saber vestir" Artículo: "Accesorios para la playa"
  2. Femirama N° 32 – Tomo III – 17/12/1963. Sección: "Saber vestir"Artículo: "Las sandalias"
  3. Femirama N° 16- 27/8/1963. Sección: "Cosmética" Artículo: "Los polvos"
  4. Femirama N° 19- 17/9/1963. Sección: "Cosmética" Artículo: "El perfume"
  5. Claudia N° 32 –Julio 1957 Artículo: " A cada mujer su vitamina" Págs. 38 y 39.
  6. Claudia N° 7- Diciembre de 1957. Artículo: "Su gran aliada: la heladera" Pág. 85
  7. Femirama N° 9- Tomo I –Año 1-9/7/1963. Sección: "Los especialistas contestan" Psicología: Lic. Augusto Soto Medina. Artículo: "Desengañada y cansada"
  8. Femirama N° 2- Tomo I- Año 21/5/1963. Sección: "Gimnasia Modeladora". Artículo: "Gimnasia para los pies"
  9. Femirama N°39- Tomo III- 4/2/1964 Sección: "Cosmética" Artículo: "Masajes faciales"
  10. Femirama- Tomo III. Año 2- Junio 1965. Sección: "Saber vestir. Elegancia y responsabilidad" Artículo: "La elegancia de la mujer de mediana edad"
  11. Femirama S/N°- Tomo III Sección: "Cosmética" Artículo: "Vacaciones "Relax = Vacaciones tranquilas"
  12. Femirama N° 8 Tomo I- Año 1- 2/7/1963 Sección: "Cosmética" Articulo: "Bellas en veinte minutos"
  13. Claudia N° 13- Junio 1958. Artículo: "Viva 25 horas al día" Págs. 42 a 45 y 71 Autora: Angélica Beret.

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