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Año II - Nº 9
Agosto - Septiembre 2003

Editorial

El Damero
Seminario
"Lo traumático en la cultura"
La Mujer moderna - Parte II.
por Marcelo Benítez
Uníos los proletarios que quedan: por Alfredo Grande
Un día de protestas en la ciudad:
por Marcelo Rebón
Raúl Scalabrini Ortiz por Conrado Yasenza
Rauol Wallenberg por José Antonio Borré
Ajo y Limones
La fusilación del Piquetero: por Vicente Zito Lema
Hombre-Perro. Cuento de Antonio Di Bendetto
Húmeda al tacto
por Carola Chaparro
El ojo plástico
Miguel Diomede: Naranjas sí... Palabras No
por Kenti
Miradas Goyescas
por Marcelo Luna
Batea
"El secreto de los flamencos" de Federico Andahazi / Editorial Planeta
por Carola Chaparro

Música:
Pez
por Gonzalo Yasenza

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El Damero

Uníos los proletarios que quedan

Por Alfredo Grande
(Especial para La Tecl@ Eñe)

Todos los medios. Incluso los legales. (Lenin)

Se necesitaba tanta agua para apagar tanto fuego (un piromaníaco)

"Los tres, borrachos como los demás peones"
Autor: Carlos Alonso

La hoguera, no de las vanidades, pero si de las posibilidades, se ha prendido en el país burgués. Las honestas medianías, sacudidas por los campos de concentración de los ahorros, salieron a exigir “que se vayan todos”. Hicieron contacto con reclamos permanentes de los verdaderos herederos de la tierra y el asesino aburrido huyó en helicóptero, que, cosas del destino, no se cayó. En realidad, transportaba tan poco peso que hubiera sido suficiente un barrilete para llevarlo desde la Rosada a la Pertiné. Sean eternos los pasteles que supimos conseguir con la comparsa del progresismo aliancista. Las fábricas recuperadas evidencian una doble recuperación: de la propiedad social y del fundamento alucinatorio del capitalismo. De la propiedad, en tanto expropian al expropiador. Si la propiedad privada es un robo, el que le roba a un ladrón tiene cien años de perdón. La propiedad social, legalizada y legitimizada por asambleas de análisis y decisión, es recuperada. No es un comunismo primitivo, pero si un socialismo autogestionario. No son islas, son algunas puntas de un iceberg libertario. El efecto alucinatorio positivo del capitalismo consiste en una percepción sin objeto: el capitalista. Y el efecto alucinatorio negativo consiste en  un objeto sin percepción: la plusvalía. El capitalista oculta al capital, de tal modo que se constituye como otra mano invisible. En la lógica transparente, y por lo tanto invisible, del capital, la explotación es inmanente. De la misma manera que un verdugo sería limpio solamente si no salpica, un capitalismo humano solo es posible para los cínicos o los demasiado pobres de espíritu. Por lo tanto toda fábrica recuperada está siendo recuperada para los trabajadores pero también recuperada al capitalismo. Casi podría decir emancipada del capitalismo. En eso reside, a mi entender, su potencia instituyente. Por otra parte un hospital que no cura, una escuela que no enseña, una fábrica que no produce son formas que han perdido su esencia. Podrían denominarse objetos bizarros, caricaturas de lo que alguna vez fue, pero ya no es. Aunque denominemos a un cementerio “Villa Descanso”, no dejará de estar habitado por la muerte. Y nadie deseará en su sano juicio compartir ese tipo de descanso. Por lo tanto la recuperación de la fábrica tiene una cualidad revolucionaria. Permite “resucitar” al nivel fundante, recuperando la lógica institucional de la fundación. No se ha construido ningún reino, pero lo seguro es que es de este mundo. Es un sujeto social y colectivo donde vuelven a circular los equivalentes pulsionales. El trabajo, el esfuerzo, el amor, la decepción, la rivalidad, lo mejor y lo peor de cada humano. Pero son equivalente pulsionales porque no tienen la acción deformante de la explotación de clase. Solamente en estas condiciones pensar formas de singularidad es posible. Equivalente pulsional se organiza como par contradictorio con uniformidad y también con dispersión. También se recupera una nueva identidad, de la que cada trabajador vuelve a estar orgulloso: “soy obrero de Zanón, de Bruckman, de Grissinopoli, de Supermercados Tigre”. Otras cantatas Santa María de Iquique vuelven a ser cantadas. Los equivalentes pulsionales están siempre preparados para diferentes formas de batalla. Podrán ser derrotados, pero no fracasarán. Como el Che. En este sentido, son movimientos de izquierda, anticapitalistas y de fundamento socialista. Mas allá de la forma en que cada trabajador se vea a si mismo. De la misma forma que se puede escribir en prosa sin saberlo, se pueden tener prácticas socialistas y libertarias sin darse cuenta. Por supuesto: conviene darse cuenta. Y ese darse cuenta no suele ser espontáneo. Incluso es contrario al sentido común. Porque lo natural es que haya siempre un patrón que da órdenes. Y por lo tanto, si alguien da órdenes es el patrón. Aceptar que puede dar órdenes un compañero mas capacitado, mas comprometido, con mas experiencia, etc, no es una convicción espontánea. La singularidad es el reconocimiento de la diferencia en la equivalencia. Reconocimiento que puede ser doloroso, pero necesario. De lo contrario, volverán formaciones alucinatorias donde se le pedirán mas de lo que pueden a algunos, y se les exigirá menos de lo que pueden a otros. Y los unos y los otros tienen que estar reconocidos y conocidos en su exquisita condición humana. Cada fábrica recuperada posibilita y propicia nuevos procesos de subjetivación. Deseantes y alternativos. Pero no los garantiza. Si el orden capitalista los impide absolutamente, sepamos también que el aire puro no es para todos. Y por suerte no hay decretos de necesidad y urgencia para modificar formas de pensamiento y conducta. Las consignas, por mas radicalizadas que sean, no tienen como consecuencia ningún tipo de revolución mental. ¿O no estamos cansados en el campo popular de los que gritan y aúllan por los vegetales y luego son sorprendidos comiendo un asadito? Dime de que blasonas y te diré de que careces, podría ser una advertencia útil para combatir la enfermedad infantil autogestiva. Por eso prefiero denominar a estos procesos de subjetivación que la recuperación de fábricas permite como nomadismos deseantes. Recuperación de los deseos fundantes del sujeto, pero que, como los personajes que buscan a su autor, mientras caminan hacen camino y se hacen con el camino. A lo mejor no son mas que eso: camino para facilitar el tránsito. Quizá la negatividad del piquete, siendo éste su dinamismo posibilitador. Ahora bien: ¿cuáles son las relaciones que se establecen con las propuestas de bizarrismo protector denominados planes trabajar y jefas y jefes de familia? Estos planes son restituciones tanto de la forma trabajo como de la forma familia. Pero usar esos nombres implica el reconocimiento que al menos la forma, la cáscara, el pakaging, de ciertos valores hay que mantener. “Debe trabajar el hombre para ganarse su pan” “Unidad de la familia, grandeza de la patria”. Versículos con los que la modernidad instituyó el orden naturalizado de la sociedad clasista. El neoliberalismo arrasó el trabajo, porque nadie hace dinero trabajando. Palabras del filósofo Barroviejo. Arrasó con la familia, porque desarticuló la autoconservación del amor, el cuidado de la cría y el bienestar de los padres. Y como el daño ha sido permanente y no reparable, y acá no hay informe de situación que valga después de 20 años de democratismos, al no poder sustituir el trabajo ni la familia, el Estado intenta restituirlo con el efecto alucinatorio de las palabras. República Argentina, cuando se han privatizado hasta  los acordes del himno. El Estado sabe que si puede continuar usando las palabras, muchos creerán que siguen estando las cosas. Aerolíneas Argentinas, por ejemplo. Si los planes se llamaran “Miseria espantosa” y “Gilas y Giles de familia” aunque fueran mas generosos, tendrían un efecto desastroso. En muchos sectores hay un pacto perverso con este tipo de ayuda social. Se la acepta pero pocos se la creen. Es una forma de populismo berreta,  donde solamente porque la  necesidad tiene cara de hereje, algunos ponen cara de fieles. Los tiempos del asistencialismo creíble de Estado se han ido, y como las obscuras golondrinas, no volverán. Tampoco volverá el gobernador de la ausente mirada que había visto algo que no podía contar, copartícipe del primer genocidio líquido en la Argentina. A pesar de estas celebradas ausencias, algo siempre queda. Los planes restitutivos tienen al menos un efecto retardatario. Alguna moneda queda aún en el bolsillo del payaso. Son los planes del hortelano: algo dejan comer, pero siempre come más el amo. Pero pienso que no tienen fuerza necesaria para construir nuevas subjetividades al modo de las masas fascinadas por diferentes modos de “primer trabajador”. Lo que realmente me parece preocupante es el retorno de los modos del paternalismo de Estado encubierto en la propuesta de la “estatización con control obrero”.  La resistencia de muchos compañeros a la propuesta cooperativa, me parece que no solo tiene que ver con sus defectos, sino con muchas de sus virtudes. El control obrero sobre una empresa estatizada desaloja el problema crucial de la propiedad social del medio de producción. Es una forma de retorno del patrón, en su forma más invisible como patrón-estado. No implica desandar lo andado, porque ya todos sabemos que en la casita de Hansel y Gretel no hay dulce. Y que la bruja se llama Maria Julia. Sin embargo, creo que es un obstáculo para decidir una forma de organización donde el obrero no solo controle, sino que sea como clase, no individualmente, propietario de su fabrica. La tierra, y la fábrica, para el que la trabaja. Si el Estado sostiene alguna voluntad reparadora, con buscar formas de licuar el endeudamiento y de capitalizar a la empresa comunitaria, recupera la opción de ir al purgatorio. No habría menos proletarios y mas propietarios, como pontificó la malévola profecía de la comadreja de los llanos (según la definición de Pino Solanas) sino que habría mas proletarios-propietarios. Y menos probetarios, según la caracterización de Frai Betto.

Una de las formas de responder a la consigna del momento: “uníos los proletarios que quedan”.

En este sentido, creo que una cooperativa de trabajo es un analizador construido de los modos yoicos y superyoicos de producción de subjetividad. Cuando empecé a presentarme como “cooperativista¸ conformando una trinidad con médico psiquiatra y psicoanalista, las reacciones eran de extrañeza y de sorna. ¿Cooperativismo y salud mental? Y desde el año l986, esta pareja un poco extraña sigue caminando. [1] Si bien en este momento las modas actuales glorifican  el campo de la izquierda social en detrimento de la izquierda partidaria, mucho en ese campo se había hecho antes del 19 de Diciembre de 2001. Actualmente Cesar Hazaki coordina el Centro Cultural de Artes y Oficios de Grissinopoli. Pero la parábola comienza con el Plan Boca Barracas que coordinaran Miguel Vayo y Enrique Carpintero. Vicente Zito Lema supervisa los equipos asistenciales que participan en Zanón. Pero fue defensor de presos políticos en la década del setenta. Cuando por diferentes razones, no todas dignas de ser contadas, se omite la génesis social de lo actual, se confunde autogestión con autoengendramiento. Hay cosas nuevas bajo el sol, pero en las sombras también hubo novedad y acontecimiento. Muchas veces por fuera de circuitos académicos y academicistas, públicos o privados, pero con una exuberante praxis que todavía espera ser teorizada. La cooperativa como organización, la cooperación como institución, dan cuenta en la escala individual, grupal y comunitaria de algo que muchas veces la izquierda escindió: la problemática del sujeto. Además de las publicitadas vueltas a Freud, habría que volver a León Rozitchner  para entender, de ahora y para siempre que el sujeto es núcleo de verdad histórica. [2] Desde mi propia perspectiva teórica y política, el psicoanálisis implicado, planteo que la subjetividad es el decantado identificatorio de la lucha de clases.  Y esta lucha de clases, como señala Gerard Mendel, también existe dentro de cada institución. [3] La propiedad social en una cooperativa no es solamente la de maquinarias o servicios. Es también la apropiación colectiva del deseo. Se por experiencia propia y ajena que muchos cooperativistas apenas son pequeños burgueses sin plata. Siempre hay experimentos fracasados. Por eso el desafío se mantiene. La estatización me parece que no resuelve, sino que prolonga, la contradicción insalvable de cada sujeto con el molde inconsciente que el Estado decantó para ser pensado desde sus propias categorías. [4] Es difícil ser cristiano en el Vaticano. El reaseguro es que ya nadie cree que lo mejor sea ir “de casa al trabajo y del trabajo a casa” Lamentablemente, por efecto también de la ausencia de trabajo y de casa. No hay a donde ir, no hay adonde volver. Pienso que la propuesta cooperativa no es El Socialismo. Pero si es “los socialismos”, y ya sabemos que es el ser social el que determina la conciencia.

Sigo pensando que la unión de las izquierdas es posible y que la unión de los proletarios que quedan es necesaria. Y en los modos yoicos de producción de subjetividad, detrás de cada derecho hay un deseo.

Y el deseo mueve montañas.
Ciudad de los Buenos Desaires. Agosto de 2003.

Dr. Alfredo Grande

 



[1] [1] ATICO, la Cooperativa de Trabajo en Salud Mental. Fundada el 1 de Mayo de l986 en la primavera alfonsinista. Resistimos muchos inviernos.

[2] [2] Rozitchner, León. Freud y los límites del individualismo burgués. Siglo XXI. De toda su obra, para mi la fundante.

[3] [3] Mendel, Gerard.  Sociopsicoanálisis 1 y 2.

[4] [4] Lourau, René. El Estado y el inconciente, Editorial Kairós.

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