NÉSTOR
PERLONGHER:
Un militante
del deseo.
Por Marcelo
Manuel Benítez
|
 |
Es curioso y particularmente injusto que, a su muerte,
se oculte, se silencie o, simplemente, se ignore el más importante
aspecto de la vida de Néstor Perlongher: su trayectoria política.
Sobre todo porque, quienes lo conocimos desde los viejos tiempos del
Frente de Liberación Homosexual, sabemos que Perlongher fue,
esencialmente, un hombre político, y un político de la
homosexualidad o, mejor dicho, de su homosexualidad.
Actualmente se hace difícil captar en todo su
valor la experiencia de lo que fuera el primer ensayo sudamericano de
organización homosexual, y ello responde al hecho de que la existencia
y actividad del FLH se enmarcó en el contexto de una época
totalmente diferente. Resulta dificultoso comprender las consignas,
los objetivos y las estrategias del Frente y aún de Néstor
Perlongher, completamente ligado a él, si no se tiene pleno conocimiento
de aquella filosofía de la "liberación" que
caracterizó las décadas del ’60 y ’70 en Argentina y en
el resto del mundo. Y se hace necesario comprenderla con todo lo que
contenía de heroico y todo lo que contenía de ilusoria
en toda la extensión de su vitalidad y su tragedia.
PERLONGHER Y SU MILITANCIA
DE IZQUIERDA
Comenzaba la década de 1970 y el indestructible
compromiso social de Perlongher lo impulsó a militar desde el
Partido Obrero, en el campo estudiantil. Su infatigable capacidad de
militancia lo llevó pronto al triunfo: en pocos meses fue elegido
por sus compañeros de curso delegado ante la Asamblea Estudiantil.
Muy influenciados por el "Mayo Francés"
y otras exteriorizaciones de libertad juvenil, los estudiantes de entonces
cuestionaban no sólo las medidas represivas, selectivas y los
planes de estudios mediocres y serviles del gobierno militar, peleaban
sobre todo contra el principio autoritario mismo del cual derivaba todo
lo demás: una ideología victoriana, una mentalidad que
anulaba la imaginación y un conjunto de costumbres hipócritas
que frustraba el goce de la vida.
Fue una época en la que se dividió la
comunidad de los hombres en dos bandos enfrentados: los opresores, por
un lado, y los oprimidos, por el otro. Pero, a diferencia de otras experiencias
anteriores, la división no partió de oscuras y ociosas
minorías esclarecidas, sino de los mismos oprimidos. Resumiendo:
se puso de moda cuestionar. Y así, obreros, villeros, mujeres,
estudiantes, soldados, sacerdotes, lanzaron un mismo grito de libertad.
Ya ellos, naturalmente, se sumaron los homosexuales.

Es este ámbito de activa movilización popular
el que encuentra Perlongher al cumplir sus veinte años y se arroja
a él habiendo comprendido mejor que nadie una de las principales
consignas de los intelectuales de la época: comprometerse con
la realidad. Pero contrariamente a lo que hizo la mayoría, su
lucha no la encaró con un espíritu cristiano de salvación
del mundo. En este sentido fue fiel a las primeras y por tanto más
auténticas intenciones de este movimiento. Luchó consciente
de que uniéndose a sus iguales lograba, al mismo tiempo, una
liberación personal. Peleó siempre por lo que era (homosexual,
estudiante, encuestador; y más adelante poeta, escritor, investigador
y profesor universitario); y peleó, también, por todo
lo que lo limitaba en la totalidad de su proyecto de vida.
Pero no transcurrió mucho tiempo sin que entrara
en contradicción con la dirección del Partido Obrero,
que lo aprovechaba por su capacidad de trabajo y sus éxitos como
militante, pero miraba con repugnancia su homosexualidad manifiesta.
Con todo, y en tanto siguiera siendo el único delegado estudiantil
del Partido, las cosas hubieran seguido invariables; pero Perlongher
quiso que la estructura partidaria aceptara y respetara públicamente
su identidad homosexual, y se empeñó de tal modo en su
idea que la ruptura se tornó inevitable. Perlongher, entonces,
renunció al Partido Obrero, pero no sin dejar constancia escrita
de que se alejaba del activismo estudiantil, no por cobardía
o comodidad, sino porque el machismo y la mojigatería reinante
en el partido eran una contradicción con la meta de cambio social
por la que se luchaba.
Muchos años después, la izquierda revisaría
su posición respecto al homosexual, en el sentido de aceptarlo;
pero ya era tarde porque, ahora, Perlongher quería más.
Una de sus frases favoritas en los años ’80 decía: Yo
no quiero que me acepten, ni que me quieran ni que me comprendan...
Yo lo que quiero es que me cojan". Lo cual precipitó, seguramente,
una nueva ruptura con la izquierda.
PERLONGHER Y EL FRENTE
DE LIBERACIÓN HOMOSEXUAL ARGENTINO
El FLHA se creó, por iniciativa de un grupo
de intelectuales, en algún momento de 1971.Se tomó como
modelo de organización la estructura partidaria típica
de la izquierda que se conocía con el nombre de " centralismo
democrático". El grupo fundador se constituyó como
la Dirección de la organización ( o sea, el centralismo)
y los miembros que se le fueran sumando deberían ajustarse a
las directivas del grupo fundador (esto era lo democrático).
Naturalmente, la idea funcionó hasta que al año siguiente,
ingresó Perlongher.
Su experiencia en el Partido Obrero le sirvió
para rechazar de inmediato ese proyecto de organización y se
pusiera a trabajar con los ingresantes más recientes para, una
vez constituido un movimiento firme de oposición, se repudiara
la autoridad de la Dirección por originarse en una doctrina machista
propia del mundo masculino que sometía a la mujer y repudiaba
al homosexual. La forma de organización que surgió como
alternativa fue la de grupos autónomos y confederados, con pleno
acuerdo en unos pocos puntos básicos y total libertad para tomar
decisiones y llevarlas a la acción.
Esta iniciativa triunfó y los miembros de la Dirección
huyeron espantados. Así nació el frente de Liberación
Homosexual que conocemos, y los grupos se hicieron numerosos. Perlongher,
junto a algunos compañeros creó el grupo Eros.
LA LUCHA HOMOSEXUAL
DE LOS AÑOS ’70
La tarea de llevar adelante una lucha homosexual, sin
un modelo previo en qué apoyarse, no fue fácil. Estaba,
por un lado la derecha que consideraba la homosexualidad una degeneración
biológica; y por el otro lado la izquierda (por entonces triunfante,
en particular la izquierda peronista) que la consideraba una lacra del
capitalismo. Hubo muchos avances y retrocesos, muchas discusiones, tanto
en las acciones a realizar como en la ideología a defender. Con
todo, el difícil equilibrio se mantuvo, mientras las condiciones
políticas del país lo permitieron, merced a esa organización
en grupos autónomos, que se respetaban mutuamente. Jamás
hubo un reproche, un boicot, ni la mezquindad de pretender imponerse
a los demás. Los liderazgos se originaban en las capacidades
y el compromiso de cada uno; y las glorias provenían del enfrentamiento
con el enemigo común. Y lo que realmente prevaleció fue
la solidaridad y el compañerismo, los que, naturalmente, muchas
veces terminaban en la cama.
Pero, de todas las personalidades que se identificaron
con los objetivos del Frente, Perlongher fue, indiscutiblemente, el
más brillante. Muchos fueron sus aportes: en la acción,
fue el primero en insistir con terquedad y en llevar a la práctica
volanteadas y pegatinas. No era fácil, en aquellos años,
decidirse a repartir volantes y pegar carteles en la vía pública
como homosexual y con consignas homosexuales. Muchos sentimientos afloraban:
miedo, vergüenza, culpa, desconfianza acerca de su efectividad;
y la realidad daba muchas veces la razón a los remisos. Con todo,
y por la tenacidad y el ejemplo de Perlongher el grupo Eros empezó
la tarea. Tampoco la necesidad de unir la lucha homosexual a la de las
feministas se tenía en cuenta, y fue Perlongher, otra vez, quién
logró la adhesión del FLH a esa otra gran lucha de los
’70, comenzándose tareas en común con U.F.A. (Unión
Feministas Argentinas) y el M.L.F (Movimiento de Liberación Feminista);
de lo que resultó la creación de un grupo de discusión
entre feministas, homosexuales y varones heterosexuales, interesados
en politizar el tema, hasta entonces privado, de la sexualidad.
Fue, asimismo, por impulso de Perlongher aquella actitud
permanente del Frente de solidarizarse con todas las huelgas obreras,
todas las protestas estudiantiles, oponerse a cualquier intento golpista,
a toda filosofía pro-militar y antidemocrática; ya que
Perlongher entendía que la lucha homosexual era apenas una mínima
porción de una empresa liberacionista cuyas dimensiones abarcaba
muchos otros sectores. Se era consciente de que la rebelión homosexual
era sólo parte de una mayor y más profunda crisis social.
En cuanto a la ideología del FLH, Perlongher también
fue una figura clave para la conformación de una nueva verdad
que surgiera no de la Psiquiatría sino de los mismos interesados.
En la persecución de este objetivo que muchos despreciaban, Perlongher
se instruyó e instó a los demás a instruirse: organizó
reuniones de estudio y reflexión de las obras de Freud, Lacan,
Reich, Masters y Johnson, materiales feministas y los que enviaban otras
organizaciones homosexuales extranjeras como fue la colección
de revistas del grupo italiano FUORI (Frente Unito Omosessuale de la
República Italiana). Pero, por sobre todas las cosas, se exigió
a sí mismo mayor lectura, más investigación, mayor
conocimiento, iniciando a sí ese camino de pensador que lo llevaría,
con el tiempo, a especulaciones teóricas más brillantes
y personales.
Dos grandes discusiones conmovieron al Frente, y en las
que Perlongher participó oponiendo siempre una idea libertaria:
una fue con "la izquierda progresista" quién afirmaba
que los derechos homosexuales sólo podían tener probabilidad
de triunfo en una sociedad socialista, por lo cual el homosexual debía
esperar a que la clase obrera alcanzara el poder, instaurando la "dictadura
del proletariado". A esto, Perlongher opuso los ejemplos lamentables
de la URSS. Y Cuba, sosteniendo por el contrario que los homosexuales
de ninguna manera debían cruzarse de brazos, ni postergar su
lucha, confundiéndose con el conjunto de la clase trabajadora;
debía más bien, solidarizarse siempre con ella pero emprendiendo
al mismo tiempo una lucha paralela, que fuera arrancando a las clases
gobernantes, tanto en el campo laboral como en el sexual, concesiones
que acortaran el momento del triunfo final. A la idea básica
de la izquierda de que la lucha de los trabajadores debía ser
la lucha primordial, Perlongher subrayó la concepción
diferente de que la caída del mundo de la injusticia se lograría
mediante infinidad de luchas pequeñas aliadas.
La otra discusión fue interna, cupo principalmente
a los homosexuales. Se trata del vidrioso tema de la "marica".
Un buen número de homosexuales del Frente y de fuera del Frente,
veía al hombre afeminado con recelo y sobre él volcaba
gran cantidad de improperios: se la culpaba de frivolidad, degeneramiento,
de atraer sobre el conjunto de los homosexuales la represión
policial, etc. Cerrándose la polémica con estas solemnes
palabras: "No por ser homosexual uno debe dejar de ser hombre":
Muy por el contrario, Perlongher veía en la "marica"
al auténtico homosexual rebelde, de ahí que fuera también
el más perseguido. La "marica" para el Perlongher de
entonces, era el verdadero desafío a los roles sexuales estereotipados
y la más auténtica ruptura con la cultura machista. Y
por ello emprendió una campaña que rescatara al hombre
afeminado, creando así un antecedente para luego enmarcar la
discusión acerca del travesti y el transexual.
Finalmente, y también por iniciativa del grupo
de Perlongher surgió el proyecto de dejar impresas en papel las
ideas homosexuales. Así nacieron el documento "Sexo y Revolución"
y la colección de la revista "Somos", que serán
para siempre testigo y testimonio de la voluntad indeclinable de un
conjunto de hombres que, en circunstancias muy distintas a las actuales,
lucharon por ser libres.
DEL FIN AL PRINCIPIO:
En enero de 1976, la detención y enjuiciamiento
de Néstor Perlongher también marca el fin de la actividad
del FLHA. Y el comienzo de ese largo silencio de siete años que
se instaura en la Argentina sobre el tema. Vendrán la represión,
el asesinato a mansalva, el secuestro clandestino, la delincuencia en
el Estado, de lo cual los homosexuales tampoco escaparían.
Su reclusión no fue larga pero sí traumática.
Y ya en 1981, la situación económica de Perlongher se
torna angustiante al presentar quiebra la empresa para la que trabajaba
(Perlongher siempre vivió de su trabajo de encuestador, el que
no dejó de brindarle cierto bienestar económico, al menos
hasta 1981), y toma la decisión de emigrar a la ciudad brasileña
de Sao Paulo. A partir de entonces su modus industriae estará
ligado hasta su muerte a la Universidad de Campina. Y tras una corta
experiencia Perlongher abandona, hacia 1984, definitivamente la lucha
homosexual organizada. Pero jamás dejará de sentirse parte
de ella. Como intelectual, como poeta, como investigador, como sociólogo,
siguió buscando imponer esa verdad que desujetara al ser humano
y en particular al oprimido por su sexualidad.
Influido, como siempre, por los autores y corrientes
de pensamiento más de avanzada (George Bataille, Deleuze, Guattari,
Foucault), con una nueva concepción del deseo, Perlongher seguiría
emprendiendo cruzadas liberadoras. Con una mirada más perspicaz,
sus últimos escritos muestran una preocupación por desenmascarar
las trampas enquistadas en el devenir y la identidad, la lucha por la
dignidad y el episodio de SIDA, alertando acerca del rol, ahora retardatario,
de mucho de los movimientos gays actuales.
Sus trabajos en prosa (El fantasma del SIDA, El negocio
del misce, escritos antes de padecer su enfermedad), todos sus poemas,
y en especial su monografía "La muerte de la homosexualidad",
escrita en plena tortura del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida,
no pretenden más que liberar, desentumecer, respirar y hacer
respirar un aire más puro y más libre.
El 26 de noviembre de 1992, Néstor Perlongher
fallecía de una septicemia generalizada producida por el SIDA
que padecía desde hacía algunos años. Murió
con la misma dignidad y el mismo sentido del humor ( no exento de cierto
patetismo) que lo caracterizó siempre. Su último poema,
escrito en su última semana de vida se titula "La muerte
en bicicleta". Pero no murió sólo un poeta, o un
escritor, o un pensador, murió uno de esos seres humanos dotados
de una personalidad muy especial cuya experiencia de vida, su talento
y su audacia nos servirá de guía y de modelo.
Se dirá que ha sido fruto de su época,
que vivió en condiciones políticas favorables, que su
empresa fue facilitada por la suerte. Sin embargo, lo único cierto
será que Néstor Perlongher fue un hombre sin miedo y sin
prejuicios, que encaró la vida con el impulso del deseo, el arma
de la indignación y el camino de la inteligencia. Por ello se
transformó en un factor de lucha y de cambio.
Con todo, su muerte lo ha arrojado a la sociedad definitivamente.
Ahora nos pertenece. Ahora, verdaderamente, y en el comienzo mismo de
su descanso, Perlongher empieza a vivir con nosotros.
Por Marcelo Manuel Benítez
El poema de Néstor Perlongher que publicamos
a continuación, fue escrito en 1973, o sea, en el momento en
que su autor dirigió toda su energía hacia la lucha por
los derechos homosexuales. El texto se publicó en la revista
"Somos" (N°. 2 de febrero de 1974) que editaba el Frente
de Liberación Homosexual (FLH), y nunca fue incluido en los libros
que Perlongher editó más adelante, ni siquiera en el primero
(Austria-Hungría).
Es pues una obra de militancia, pero que conserva la calidad que caracterizó
en todo momento la creación de este extraordinario artista.
Defensa de los homosexuales de Tenochtitlan
y Tlatlexlolco
Mientras
los
homosexuales se acarician en los baños
viejas
arpías hilan largos largos echarpes
en
lo alto de las ciudades
coloquian
en torno a grandes lavarropas azules
sobre
la representación de las tragedias griegas y los principios de
la catarsis
mientras
que sus maridos los aztecas
cazan
en sus oficinas para los sacrificios de la cena
los
canarios duermen la siesta de los gusanos.
Cuando
les
sea concedido el derecho a la caricia – qué cosas éstas
–
saldrán
de sus baños subterráneos con humeantes tazas de té
entre las manos
en
donde proyecten celestes espacios aires istamdos de sofocantes islas
tropicales
pobladas
de dulces nativos cimarrones devastados tímidos por el inexplicable
ataque de los cañones
ingleses, inexplicable!
rostros
en
donde la solitaria humedad de los caracoles socialmente oprimidos
ha
cultivado tristes flores de afeite
y
labrado el sudor desfiladeros de baba en torno a sus pupilas
lluviosas
como la conmoción del mar en los acantilados de Escocia
tal
vez
-como
quien desconoce el placer de los besos en los parques soleados-
quizás
-como
quien desconoce el placer de los besos en los parques soleados-
contemplan
ásperamente desde sus colchones fermentados de ácidas
rancísimas emanaciones
con
la indiferencia de las viejas perras sorprendidas en los zaguanes
acostumbradas
como están a ver morir a sus hijos ahogados en las ollas de guisado
donde
las mujeres de los aztecas resuelven los sacrificios de la cena.
Es
demasiado tiempo
porque
las Plazas de Toros están repletas
si
descubrieran a un marica lo mandarían a las cuadras
donde
los grandes campeones no pueden entender –qué cosas éstas-
la
proyección de celestes espacios aires istmados de sofocantes
islas tropicales
pobladas
de dulces nativos cimarrones devastados tímidos por el inexplicable
ataque de los cañones
ingleses, inexplicable!
como
la proliferación de las agencias matrimoniales y los hoteles
alojamiento protegidos por el
Estado
cuyos
policías recorren las cerraduras en busca de víctimas
expiatorias para los templos
del
brazo de sus amantes las princesas rusas
mientras
los
homosexuales se acarician en los baños
tienden
sus cálidas manos hacia los villancicos de amor de las campiñas
sus gordos ojos
sueñan
sueñan las islas
bellas
extrañas islas inexistentes subjuntivas donde se mimetizan con
los plumajes exóticos de
grandes aves lujuriosas injustamente perseguidas
que
abandonan durante la noche los zoológicos sitiados las fortalezas
las
ciudades sitiadas que defienden los aztecas.
Néstor Perlongher (1949-1992)