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Año II - Nº 6
Nov-Dic/2002

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El Damero

NÉSTOR PERLONGHER:

Un militante del deseo.

Por Marcelo Manuel Benítez

Es curioso y particularmente injusto que, a su muerte, se oculte, se silencie o, simplemente, se ignore el más importante aspecto de la vida de Néstor Perlongher: su trayectoria política. Sobre todo porque, quienes lo conocimos desde los viejos tiempos del Frente de Liberación Homosexual, sabemos que Perlongher fue, esencialmente, un hombre político, y un político de la homosexualidad o, mejor dicho, de su homosexualidad.

Actualmente se hace difícil captar en todo su valor la experiencia de lo que fuera el primer ensayo sudamericano de organización homosexual, y ello responde al hecho de que la existencia y actividad del FLH se enmarcó en el contexto de una época totalmente diferente. Resulta dificultoso comprender las consignas, los objetivos y las estrategias del Frente y aún de Néstor Perlongher, completamente ligado a él, si no se tiene pleno conocimiento de aquella filosofía de la "liberación" que caracterizó las décadas del ’60 y ’70 en Argentina y en el resto del mundo. Y se hace necesario comprenderla con todo lo que contenía de heroico y todo lo que contenía de ilusoria en toda la extensión de su vitalidad y su tragedia.

PERLONGHER Y SU MILITANCIA DE IZQUIERDA

Comenzaba la década de 1970 y el indestructible compromiso social de Perlongher lo impulsó a militar desde el Partido Obrero, en el campo estudiantil. Su infatigable capacidad de militancia lo llevó pronto al triunfo: en pocos meses fue elegido por sus compañeros de curso delegado ante la Asamblea Estudiantil.

Muy influenciados por el "Mayo Francés" y otras exteriorizaciones de libertad juvenil, los estudiantes de entonces cuestionaban no sólo las medidas represivas, selectivas y los planes de estudios mediocres y serviles del gobierno militar, peleaban sobre todo contra el principio autoritario mismo del cual derivaba todo lo demás: una ideología victoriana, una mentalidad que anulaba la imaginación y un conjunto de costumbres hipócritas que frustraba el goce de la vida.

Fue una época en la que se dividió la comunidad de los hombres en dos bandos enfrentados: los opresores, por un lado, y los oprimidos, por el otro. Pero, a diferencia de otras experiencias anteriores, la división no partió de oscuras y ociosas minorías esclarecidas, sino de los mismos oprimidos. Resumiendo: se puso de moda cuestionar. Y así, obreros, villeros, mujeres, estudiantes, soldados, sacerdotes, lanzaron un mismo grito de libertad. Ya ellos, naturalmente, se sumaron los homosexuales.

Es este ámbito de activa movilización popular el que encuentra Perlongher al cumplir sus veinte años y se arroja a él habiendo comprendido mejor que nadie una de las principales consignas de los intelectuales de la época: comprometerse con la realidad. Pero contrariamente a lo que hizo la mayoría, su lucha no la encaró con un espíritu cristiano de salvación del mundo. En este sentido fue fiel a las primeras y por tanto más auténticas intenciones de este movimiento. Luchó consciente de que uniéndose a sus iguales lograba, al mismo tiempo, una liberación personal. Peleó siempre por lo que era (homosexual, estudiante, encuestador; y más adelante poeta, escritor, investigador y profesor universitario); y peleó, también, por todo lo que lo limitaba en la totalidad de su proyecto de vida.

Pero no transcurrió mucho tiempo sin que entrara en contradicción con la dirección del Partido Obrero, que lo aprovechaba por su capacidad de trabajo y sus éxitos como militante, pero miraba con repugnancia su homosexualidad manifiesta. Con todo, y en tanto siguiera siendo el único delegado estudiantil del Partido, las cosas hubieran seguido invariables; pero Perlongher quiso que la estructura partidaria aceptara y respetara públicamente su identidad homosexual, y se empeñó de tal modo en su idea que la ruptura se tornó inevitable. Perlongher, entonces, renunció al Partido Obrero, pero no sin dejar constancia escrita de que se alejaba del activismo estudiantil, no por cobardía o comodidad, sino porque el machismo y la mojigatería reinante en el partido eran una contradicción con la meta de cambio social por la que se luchaba.

Muchos años después, la izquierda revisaría su posición respecto al homosexual, en el sentido de aceptarlo; pero ya era tarde porque, ahora, Perlongher quería más. Una de sus frases favoritas en los años ’80 decía: Yo no quiero que me acepten, ni que me quieran ni que me comprendan... Yo lo que quiero es que me cojan". Lo cual precipitó, seguramente, una nueva ruptura con la izquierda.

PERLONGHER Y EL FRENTE DE LIBERACIÓN HOMOSEXUAL ARGENTINO

El FLHA se creó, por iniciativa de un grupo de intelectuales, en algún momento de 1971.Se tomó como modelo de organización la estructura partidaria típica de la izquierda que se conocía con el nombre de " centralismo democrático". El grupo fundador se constituyó como la Dirección de la organización ( o sea, el centralismo) y los miembros que se le fueran sumando deberían ajustarse a las directivas del grupo fundador (esto era lo democrático). Naturalmente, la idea funcionó hasta que al año siguiente, ingresó Perlongher.

Su experiencia en el Partido Obrero le sirvió para rechazar de inmediato ese proyecto de organización y se pusiera a trabajar con los ingresantes más recientes para, una vez constituido un movimiento firme de oposición, se repudiara la autoridad de la Dirección por originarse en una doctrina machista propia del mundo masculino que sometía a la mujer y repudiaba al homosexual. La forma de organización que surgió como alternativa fue la de grupos autónomos y confederados, con pleno acuerdo en unos pocos puntos básicos y total libertad para tomar decisiones y llevarlas a la acción.

Esta iniciativa triunfó y los miembros de la Dirección huyeron espantados. Así nació el frente de Liberación Homosexual que conocemos, y los grupos se hicieron numerosos. Perlongher, junto a algunos compañeros creó el grupo Eros.

LA LUCHA HOMOSEXUAL DE LOS AÑOS ’70

La tarea de llevar adelante una lucha homosexual, sin un modelo previo en qué apoyarse, no fue fácil. Estaba, por un lado la derecha que consideraba la homosexualidad una degeneración biológica; y por el otro lado la izquierda (por entonces triunfante, en particular la izquierda peronista) que la consideraba una lacra del capitalismo. Hubo muchos avances y retrocesos, muchas discusiones, tanto en las acciones a realizar como en la ideología a defender. Con todo, el difícil equilibrio se mantuvo, mientras las condiciones políticas del país lo permitieron, merced a esa organización en grupos autónomos, que se respetaban mutuamente. Jamás hubo un reproche, un boicot, ni la mezquindad de pretender imponerse a los demás. Los liderazgos se originaban en las capacidades y el compromiso de cada uno; y las glorias provenían del enfrentamiento con el enemigo común. Y lo que realmente prevaleció fue la solidaridad y el compañerismo, los que, naturalmente, muchas veces terminaban en la cama.

Pero, de todas las personalidades que se identificaron con los objetivos del Frente, Perlongher fue, indiscutiblemente, el más brillante. Muchos fueron sus aportes: en la acción, fue el primero en insistir con terquedad y en llevar a la práctica volanteadas y pegatinas. No era fácil, en aquellos años, decidirse a repartir volantes y pegar carteles en la vía pública como homosexual y con consignas homosexuales. Muchos sentimientos afloraban: miedo, vergüenza, culpa, desconfianza acerca de su efectividad; y la realidad daba muchas veces la razón a los remisos. Con todo, y por la tenacidad y el ejemplo de Perlongher el grupo Eros empezó la tarea. Tampoco la necesidad de unir la lucha homosexual a la de las feministas se tenía en cuenta, y fue Perlongher, otra vez, quién logró la adhesión del FLH a esa otra gran lucha de los ’70, comenzándose tareas en común con U.F.A. (Unión Feministas Argentinas) y el M.L.F (Movimiento de Liberación Feminista); de lo que resultó la creación de un grupo de discusión entre feministas, homosexuales y varones heterosexuales, interesados en politizar el tema, hasta entonces privado, de la sexualidad.

Fue, asimismo, por impulso de Perlongher aquella actitud permanente del Frente de solidarizarse con todas las huelgas obreras, todas las protestas estudiantiles, oponerse a cualquier intento golpista, a toda filosofía pro-militar y antidemocrática; ya que Perlongher entendía que la lucha homosexual era apenas una mínima porción de una empresa liberacionista cuyas dimensiones abarcaba muchos otros sectores. Se era consciente de que la rebelión homosexual era sólo parte de una mayor y más profunda crisis social.

En cuanto a la ideología del FLH, Perlongher también fue una figura clave para la conformación de una nueva verdad que surgiera no de la Psiquiatría sino de los mismos interesados. En la persecución de este objetivo que muchos despreciaban, Perlongher se instruyó e instó a los demás a instruirse: organizó reuniones de estudio y reflexión de las obras de Freud, Lacan, Reich, Masters y Johnson, materiales feministas y los que enviaban otras organizaciones homosexuales extranjeras como fue la colección de revistas del grupo italiano FUORI (Frente Unito Omosessuale de la República Italiana). Pero, por sobre todas las cosas, se exigió a sí mismo mayor lectura, más investigación, mayor conocimiento, iniciando a sí ese camino de pensador que lo llevaría, con el tiempo, a especulaciones teóricas más brillantes y personales.

Dos grandes discusiones conmovieron al Frente, y en las que Perlongher participó oponiendo siempre una idea libertaria: una fue con "la izquierda progresista" quién afirmaba que los derechos homosexuales sólo podían tener probabilidad de triunfo en una sociedad socialista, por lo cual el homosexual debía esperar a que la clase obrera alcanzara el poder, instaurando la "dictadura del proletariado". A esto, Perlongher opuso los ejemplos lamentables de la URSS. Y Cuba, sosteniendo por el contrario que los homosexuales de ninguna manera debían cruzarse de brazos, ni postergar su lucha, confundiéndose con el conjunto de la clase trabajadora; debía más bien, solidarizarse siempre con ella pero emprendiendo al mismo tiempo una lucha paralela, que fuera arrancando a las clases gobernantes, tanto en el campo laboral como en el sexual, concesiones que acortaran el momento del triunfo final. A la idea básica de la izquierda de que la lucha de los trabajadores debía ser la lucha primordial, Perlongher subrayó la concepción diferente de que la caída del mundo de la injusticia se lograría mediante infinidad de luchas pequeñas aliadas.

La otra discusión fue interna, cupo principalmente a los homosexuales. Se trata del vidrioso tema de la "marica". Un buen número de homosexuales del Frente y de fuera del Frente, veía al hombre afeminado con recelo y sobre él volcaba gran cantidad de improperios: se la culpaba de frivolidad, degeneramiento, de atraer sobre el conjunto de los homosexuales la represión policial, etc. Cerrándose la polémica con estas solemnes palabras: "No por ser homosexual uno debe dejar de ser hombre": Muy por el contrario, Perlongher veía en la "marica" al auténtico homosexual rebelde, de ahí que fuera también el más perseguido. La "marica" para el Perlongher de entonces, era el verdadero desafío a los roles sexuales estereotipados y la más auténtica ruptura con la cultura machista. Y por ello emprendió una campaña que rescatara al hombre afeminado, creando así un antecedente para luego enmarcar la discusión acerca del travesti y el transexual.

Finalmente, y también por iniciativa del grupo de Perlongher surgió el proyecto de dejar impresas en papel las ideas homosexuales. Así nacieron el documento "Sexo y Revolución" y la colección de la revista "Somos", que serán para siempre testigo y testimonio de la voluntad indeclinable de un conjunto de hombres que, en circunstancias muy distintas a las actuales, lucharon por ser libres.

DEL FIN AL PRINCIPIO:

En enero de 1976, la detención y enjuiciamiento de Néstor Perlongher también marca el fin de la actividad del FLHA. Y el comienzo de ese largo silencio de siete años que se instaura en la Argentina sobre el tema. Vendrán la represión, el asesinato a mansalva, el secuestro clandestino, la delincuencia en el Estado, de lo cual los homosexuales tampoco escaparían.

Su reclusión no fue larga pero sí traumática. Y ya en 1981, la situación económica de Perlongher se torna angustiante al presentar quiebra la empresa para la que trabajaba (Perlongher siempre vivió de su trabajo de encuestador, el que no dejó de brindarle cierto bienestar económico, al menos hasta 1981), y toma la decisión de emigrar a la ciudad brasileña de Sao Paulo. A partir de entonces su modus industriae estará ligado hasta su muerte a la Universidad de Campina. Y tras una corta experiencia Perlongher abandona, hacia 1984, definitivamente la lucha homosexual organizada. Pero jamás dejará de sentirse parte de ella. Como intelectual, como poeta, como investigador, como sociólogo, siguió buscando imponer esa verdad que desujetara al ser humano y en particular al oprimido por su sexualidad.

Influido, como siempre, por los autores y corrientes de pensamiento más de avanzada (George Bataille, Deleuze, Guattari, Foucault), con una nueva concepción del deseo, Perlongher seguiría emprendiendo cruzadas liberadoras. Con una mirada más perspicaz, sus últimos escritos muestran una preocupación por desenmascarar las trampas enquistadas en el devenir y la identidad, la lucha por la dignidad y el episodio de SIDA, alertando acerca del rol, ahora retardatario, de mucho de los movimientos gays actuales.

Sus trabajos en prosa (El fantasma del SIDA, El negocio del misce, escritos antes de padecer su enfermedad), todos sus poemas, y en especial su monografía "La muerte de la homosexualidad", escrita en plena tortura del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, no pretenden más que liberar, desentumecer, respirar y hacer respirar un aire más puro y más libre.

El 26 de noviembre de 1992, Néstor Perlongher fallecía de una septicemia generalizada producida por el SIDA que padecía desde hacía algunos años. Murió con la misma dignidad y el mismo sentido del humor ( no exento de cierto patetismo) que lo caracterizó siempre. Su último poema, escrito en su última semana de vida se titula "La muerte en bicicleta". Pero no murió sólo un poeta, o un escritor, o un pensador, murió uno de esos seres humanos dotados de una personalidad muy especial cuya experiencia de vida, su talento y su audacia nos servirá de guía y de modelo.

Se dirá que ha sido fruto de su época, que vivió en condiciones políticas favorables, que su empresa fue facilitada por la suerte. Sin embargo, lo único cierto será que Néstor Perlongher fue un hombre sin miedo y sin prejuicios, que encaró la vida con el impulso del deseo, el arma de la indignación y el camino de la inteligencia. Por ello se transformó en un factor de lucha y de cambio.

Con todo, su muerte lo ha arrojado a la sociedad definitivamente. Ahora nos pertenece. Ahora, verdaderamente, y en el comienzo mismo de su descanso, Perlongher empieza a vivir con nosotros.

Por Marcelo Manuel Benítez


El poema de Néstor Perlongher que publicamos a continuación, fue escrito en 1973, o sea, en el momento en que su autor dirigió toda su energía hacia la lucha por los derechos homosexuales. El texto se publicó en la revista "Somos" (N°. 2 de febrero de 1974) que editaba el Frente de Liberación Homosexual (FLH), y nunca fue incluido en los libros que Perlongher editó más adelante, ni siquiera en el primero (Austria-Hungría).
Es pues una obra de militancia, pero que conserva la calidad que caracterizó en todo momento la creación de este extraordinario artista.

Defensa de los homosexuales de Tenochtitlan y Tlatlexlolco

Mientras

los homosexuales se acarician en los baños

viejas arpías hilan largos largos echarpes

en lo alto de las ciudades

coloquian en torno a grandes lavarropas azules

sobre la representación de las tragedias griegas y los principios de la catarsis

 

mientras que sus maridos los aztecas

cazan en sus oficinas para los sacrificios de la cena

los canarios duermen la siesta de los gusanos.

Cuando

les sea concedido el derecho a la caricia – qué cosas éstas –

saldrán de sus baños subterráneos con humeantes tazas de té entre las manos

en donde proyecten celestes espacios aires istamdos de sofocantes islas tropicales

pobladas de dulces nativos cimarrones devastados tímidos por el inexplicable ataque de los cañones

ingleses, inexplicable!

 

rostros

en donde la solitaria humedad de los caracoles socialmente oprimidos

ha cultivado tristes flores de afeite

y labrado el sudor desfiladeros de baba en torno a sus pupilas

lluviosas como la conmoción del mar en los acantilados de Escocia

tal vez

-como quien desconoce el placer de los besos en los parques soleados-

quizás

-como quien desconoce el placer de los besos en los parques soleados-

contemplan ásperamente desde sus colchones fermentados de ácidas rancísimas emanaciones

con la indiferencia de las viejas perras sorprendidas en los zaguanes

acostumbradas como están a ver morir a sus hijos ahogados en las ollas de guisado

donde las mujeres de los aztecas resuelven los sacrificios de la cena.

Es demasiado tiempo

porque las Plazas de Toros están repletas

si descubrieran a un marica lo mandarían a las cuadras

donde los grandes campeones no pueden entender –qué cosas éstas-

la proyección de celestes espacios aires istmados de sofocantes islas tropicales

pobladas de dulces nativos cimarrones devastados tímidos por el inexplicable ataque de los cañones

ingleses, inexplicable!

como la proliferación de las agencias matrimoniales y los hoteles alojamiento protegidos por el

Estado

cuyos policías recorren las cerraduras en busca de víctimas expiatorias para los templos

del brazo de sus amantes las princesas rusas

mientras

los homosexuales se acarician en los baños

tienden sus cálidas manos hacia los villancicos de amor de las campiñas sus gordos ojos

sueñan sueñan las islas

bellas extrañas islas inexistentes subjuntivas donde se mimetizan con los plumajes exóticos de

grandes aves lujuriosas injustamente perseguidas

que abandonan durante la noche los zoológicos sitiados las fortalezas

las ciudades sitiadas que defienden los aztecas.

Néstor Perlongher (1949-1992)


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