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Año II - Nº 6
Nov-Dic/2002

Entrevistas

José Pablo Feimann
El Damero
Informe sobre el rumbo del país: Argentina, destino y realidad
* Alfredo Grande 
* Ángel Fiasché
* Vicente Zito Lema
* Osvaldo Bayer
Néstor Perlongher
El "Cuchi" Leguizamón
Perón de caricatura
Pichón Baldinú
Dossier
"Che" Economista
Ajo y Limones
Pell, pell, orange pell
Florencia Carlé
El poder del casino
Cuentos de Carola Chaparro: "Lucio"
Cartas de Amor a Mariano Moreno
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El Damero

Informe especial sobre el rumbo del país y la sociedad argentina

¿VALE LA PENA SER HONESTO?

Por Osvaldo Bayer

 

Siempre vale la pena ser honrado. Siempre vale la pena ser honesto. No sólo en lo que hace al dinero sino también en la conducta cívica. El que se calla la boca ante un atropello del poder, es un deshonesto. La Argentina es una sociedad deshonesta principalmente porque soportó y hasta aplaudió a sus dictadores. Y no sólo el pueblo en general cometió esa deshonestidad con los principios éticos sino también sus intelectuales, sus hombres de la justicia, sus políticos, sus militares, las iglesias. Hemos visto impasibles cómo ministros, funcionarios y jueces de la dictadura pasaron a ocupar los mismos cargos en los dos gobiernos elegidos, en 1983 y en 1989.
Soportamos mirando hacia el costado que sigan siendo parlamentarios quienes votaron leyes de perdón a criminales de la peor especie que practicaron o permitieron la tortura, el robo de niños y la muerte de prisioneros, la violación, la humillación extrema de embarazadas. Esos brutales asesinos están libres y cobran jubilaciones- más, hasta son electos gobernador e intendente - y sus perdonadores siguen siendo representantes de la sociedad. Si así son sus representantes, cómo será esa sociedad.
Los negociados marcan como viruela al orden establecido. No sólo se venden armas a pueblos amigos para matar pueblos amigos sino también se engaña hasta en concursos para televisión. Todos quieren ganar, ganar, ganar sin tener en cuenta que allí donde se gana, pierden las mayorías.
Ser deshonesto es hacerse construir un palacio mientras hay familias de seis hijos que sólo tienen un techo de paja lleno de vinchucas y ni siquiera agua para beber.
Eso es deshonestidad. Es deshonesto un gobernante o un empresario que vive en una sociedad de éstas características y no hace nada por terminar con ese estado de cosas. Además, los argentinos somos deshonestos porque le catalogamos una nacionalidad al trabajo: los que nacieron un centímetro más allá de las fronteras ficticias, no tienen derecho a ganar el pan para sus hijos, a pesar que la naturaleza no tiene fronteras ni los frutos tienen nacionalidad.
Los que hicieron grandes fortunas durante las dictaduras siguen gozando de ellas mientras las cárceles están repletas de ladrones de gallinas. Esa es la conciencia argentina, nuestra manera de ser, nuestra característica. Somos severos con los débiles pero se nos cae la baba cuando los que tienen la manija nos saludan apenas, mientras nosotros les respondemos con la venia y el golpe de tacos.
Ser honesto no es sólo parecerlo sino ser protagonistas para que la sociedad sea honesta. Sino pagaremos nuestra debilidad o, lo peor, la pagarán nuestros hijos y nuestros nietos.

Por Osvaldo Bayer

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