De la Guarda o la experiencia
física y emocional
Por Rubén Daniel
Fernández Lisso
Fotografía: Efraín Dávila |
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Qué difícil es escribir sobre el
espectáculo Villa Villa de la compañía de
teatro De la guarda ¿Hay que llamarla compañía de
teatro? Sí, por supuesto. Solo basta decir que el espectáculo
recorrió el mundo sorprendiendo a los espectadores, a la
prensa y a los empresarios teatrales. Hasta que llegaron a Broadway.
Sí, estimados lectores, a Broadway, la meca del teatro
comercial.
La historia viene de lejos. Para los creadores
de De la guarda la actuación no fue nunca algo convencional.
En sus shows, los actores vuelan por el aire, corren por las paredes
y combinan coreografías poéticas con diferentes
elementos: aire, luz, sonido, agua, fuego. Un día miraron
el Obelisco y lo vieron distinto. Después de muchas vueltas
consiguieron el permiso para convertir el símbolo de Buenos
Aires en el escenario de un show que atrajo la atención
de los ciudadanos y los periodistas. Hasta hoy, fueron los únicos
artistas que le dieron vida a la mole donde se colgaron y realizaron
coreografías sostenidos por sus arneses y amparados por
su excelente estado físico. Claro, eran otros tiempos,
los tiempos de la Organización Negra, el grupo germen de
De la guarda.
En el 93, Pichón Baldinu estaba sentado
en bermudas en una vieja casa de San Telmo. Contaba entusiasmado
cómo autogestionaban un nuevo espectáculo que combinaba
andamios, pasarelas, arneses, cotillón y música,
con una tremenda intensidad física. Nacía De la
guarda presentando el espectáculo Dulce Compañía
en Prix D`ami. Y los primeros pasos fueron auspiciosos ya que
despertaron el interés de público local, pero no
se imaginaban que el espíritu universal de la propuesta
los embarcaría en una gira que todavía no se detiene.
El espectáculo es una fiesta con la fuerza
de un recital de Metallica, el despliegue de un gran circo, la
transpiración de un partido de fútbol y la magia
del teatro, para que juegue y disfrute gente de todas las edades.
Y cómo suelen practicar algunos adultos
con sus niños, los actores atletas de Villa Villa hacen
volar a los espectadores. Pero no sólo en sentido metafórico.
Claro, los muchos que no quieren saber nada con despegar los pies
del piso no tienen más que negarse o retirarse un poco,
para que los muchos desesperados por volar se abracen al portador
del arnés que los llevará al espacio aéreo
del universo Villa Villa. Muchas sensaciones fuertes y agradables,
porque De la guarda convierte en una fiesta las noches del Centro
Cultural Recoleta.
"Es un espectáculo extraño,
cuenta el actor Sebastián Pirato Maza, que cambia el cuerpo,
que cambia la vida". Los actores fueron seleccionados entre
2000 aspirantes que se presentaron a una audición pública
cuyos requisitos fundamentales eran destreza física y caudal
expresivo. Durante un "agotador" mes los postulantes
pasaron pruebas físicas y actorales hasta que quedaron
12. Un verdadero reality show cuyo premio es formar parte de un
espectáculo fantástico. "Para mí es
un sueño, dice Pirato Maza. Yo siempre trabajé en
altura y estar acá era una meta a cumplir".
Este grupo de actores es, sin duda, el que mejor
estado físico tiene en la Argentina y de ningún
modo lo podría admitir a Rodolfo Ranni, por más
cualidades actorales que tenga. El show es vigoroso, intenso,
inquietante y maravilloso, pero además es una demostración
de destreza física increíble. Los actores pasan
la mitad del show colgados en el aire, actuando en circunstancias
poco convencionales, y cuando bajan al suelo siguen derramando
energía.
"La mayoría no estábamos acostumbrados
a trabajar con arnés y al principio nos sentíamos
incómodos, hasta que superás las incomodidades para
disfrutar del placer de correr por una pared, para conectarte
con la poesía de cada escena", cuenta Leticia Mazur,
una de las actrices del elenco que ensaya la obra tres horas por
día y realiza una hora de entrenamiento físico.
Un elenco que además sueña con ser convocado para
salir en la próxima gira internacional, aunque todavía
no se los confirmaron (R: sí, ya se los confirmaron).
Uno de los grandes misterios de la humanidad
es la percepción. Y De la guarda explora el misterio. Quizás
por eso sea tan difícil escribir una nota sobre De la guarda.
Pero más difícil todavía es que alguien se
haga una idea de lo que es Villa Villa sin ver el show. Como dice
un amigo: ¿Cómo le describís el fuego a quien nunca
lo vio?
Por Rubén Daniel Fernández Lisso
mail@icarodigital.com.ar
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Reportaje:
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Reportaje a Pichón
Baldinú, director de la compañía de teatro
De la guarda, realizado en el patio del único teatro
de Sudamérica preparado para espectáculos aéreos
que De la guarda construyó en el Centro Cultural Recoleta.
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RFL: La única vez que hablamos fue hace muchos
años
Pichón Baldinú: Mirá vos,
no me acordaba...
RFL: Yo sí me acordaba porque fue la única
vez que hablé con vos (R:además, claro, el famoso es él),
estaban planeando el primer espectáculo con De la guarda. Estabas
en una casa vieja en San Telmo y hablabas de un espectáculo que
se llamaba Dulce Compañía.
Pichón: Uh, sí, era un espectáculo
que hacíamos en Prix DŽami, eso fue en el 93.
RFL: ¿Y qué pasó de ahí en adelante?
Pichón: Pasó de todo. De todo...
porque de alguna manera logramos todo lo que en ese momento soñábamos.
Nosotros queríamos formar una compañía de teatro
y con el tiempo se fue desarrollando, primero muy under y después
tomando una forma más consistente como grupo, como compañía
y como espectáculo. Hasta que logramos realizar el espectáculo
primero en éste mismo lugar (Centro Cultural Recoleta) y a partir
de ahí empezamos a recorrer el mundo, primero en el circuito
de festivales de teatro, para finalizar en Nueva York donde lo realizamos
comercialmente.
RFL: ¿Y qué sentiste cuando en Nueva York los
pibes te dijeron: "-sí Pichón, esto lo vamos a hacer?"
Pichón: Digamos que la manera no fue:
"che Pichón esto lo vamos a hacer". Eran negociaciones
y conversar con un mundo completamente desconocido para nosotros. Es
como si te llevara a Marte y alguien de allá te dijera algo y
vos decís ¿qué me están diciendo? Porque junto
con decir: sí nos gustaría hacer esto, era comprar la
licencia del show, era pensar que el show podía instalarse allá
por mucho tiempo, era que el show fuera realizado por gente que no éramos
nosotros. Todo un mundo que no conocíamos, estamos hablando de
Nueva York y el circuito de Broadway, del off Broadway.
RFL: Y ustedes flashearon...
Pichón: Claro, es como si te sacara completamente
de plano. Es como si te sacara este piso, te pusiera en aire y te dijera:
¿te sabés manejar acá? Lo que pasó fue una gran
adaptación, un gran desafío y fuimos cayendo en esa película
de a poco, dándonos cuenta de que el show realmente pegaba, que
era un show muy poco convencional, que no tenía antecedentes
en ningún lugar que fuimos. El nuestro es un espectáculo
aéreo, entre el público, festivo, integra todo tipo de
público.
RFL: El espectáculo es un juego de percepción
muy grande
Pichón: Es un juego que se juega con
gente de todas las edades, no es un espectáculo para pendejos,
no es un espectáculo para adultos, ni un espectáculo para
gente under, ni para gente intelectual. Es un espectáculo que
tiene un lenguaje muy universal sobre todo porque va directo a los sentidos.
RFL: No tiene texto
Pichón: No tiene texto y no tiene historia
en particular, la historia es la que vos armes y en realidad es lo menos
importante, lo más importante es lo que te sucede como experiencia
física y emocional dentro del show. Y más y más
gente en el mundo empezó a gustar de participar en este evento
y De la guarda empezó a ser un referente de este tipo de espectáculo.

RFL: A mí me produce un orgullo muy especial
que un grupo como De la guarda que se autogestiona tenga tanto éxito.
Es casi una demostración de que una buena idea puede surgir en
Lanús o Hurlingham. Ustedes acá eran unos artistas locos
que se colgaban de las paredes y un día en Londres dicen "uau,
éstos pibes son lo más" y en la Argentina recién
ahí se preguntan ¿pero quiénes son éstos chicos?
Pichón: La verdad que fue así.
No cabe duda que cuando alguien salta la frontera y empieza a atravesar
otros países, y encuentra eco con lo que hace, empezás
a sentir orgullo. Yo siento ese orgullo con la gente que hace cosas
acá o afuera y empieza a tener repercusión. Decís:
bueno, mató, desde acá también podés producir.
Pero lo nuestro que es teatral y entra dentro de un circuito bastante
esquemático y rígido como el de Broadway... Fue una combinación
donde tuvimos, por un lado, mucha suerte y por otro lado, el espectáculo
que hacemos es único. Y eso es lo que nosotros intentamos hacer:
eventos que salgan de lo convencional pero que buscan integrar a un
rango de espectador masivo.
RFL: El espectáculo se puede prestar a mil y
un análisis intelectuales, pero a mí me dio la sensación
de que es un espectáculo para mirar con ojos de niño,
de hecho, el show te hace mirar todo el tiempo hacia arriba que ya te
cambia la forma normal de mirar
Pichón: El espectáculo tiene una
dinámica de juego, y si lo querés jugar, te tenés
que olvidar de alguna manera de los códigos de adulto. Porque
no es comportarse como cuando vas al teatro, no hay una butaca que te
espera, vos decidís cuando te parás, vos decidís
cuando hablás, vos decidís como moverte, si tosés,
si gritás, si querés saltar, si querés bailar,
si te querés mojar, si querés besar a una chica, si te
querés meter en el medio, si querés que te lleven a volar.
Volar en serio, que saques los pies de la tierra. Todo ese tipo de cosas
ponen el cuerpo de las personas en un estado muy infantil, muy parecido
a cuando éramos chicos. Es más, cuando nosotros agarramos
a alguien del público siempre levantamos a dos o tres personas-
los sacamos a volar. Muchas veces levantamos gente a la que nadie debió
haber abrazado y levantado los pies del piso por los últimos
cincuenta años, ya eso te desencaja, por eso la experiencia para
el público es grosa. Y vamos por más, por hacer algo cada
vez más masivo.
 
RFL: ¿Ya están pensando en un nuevo espectáculo?
Pichón: En este momento estamos trabajando
sobre nuevas ideas y viendo hacia donde vamos, porque de alguna forma
Villa Villa nos tomó muchísimo tiempo y trabajo.
RFL: ¿Cómo es trabajar con actores tan sueltos
de cuerpo?
Pichón: No eran tan sueltos de cuerpo.
Se transforman con el espectáculo. El entrenamiento exige al
cuerpo a aprender una nueva forma de expresión. Los actores se
pasan la mitad del show colgados en el aire en circunstancias no convencionales,
porque no están sentados en un arnés, y el cuerpo trabaja
en situaciones muy exigidas y a la vez actuando. Entonces la experiencia
para el actor se hace muy compleja, no hay entrenamiento previo que
les sirva para el show, porque no tiene nada que ver con escalar, tiene
que ver con actuar. Pero toda la gente que seleccionamos ya tiene un
manejo corporal y una capacidad expresiva grande.
RFL: Sin duda debe ser el elenco con mejor estado físico
en la Argentina
Pichón: Es muy probable porque desde
que entran y a medida que van haciendo el show les va cambiando el físico.
Estos chicos cuando empezaron tenían un físico diferente
al que tienen ahora.
RFL: Tengo la imagen tuya como actor y director, pero
ahora veo que también sos un empresario
Pichón: Nosotros siempre fuimos empresarios.
Ya desde la Organización Negra, aunque no teníamos una
finalidad comercial, y en De la guarda, con una finalidad comercial,
al producirlo nos convertimos en empresarios de nuestro propio show.
Después adquiere una gran dimensión y te cabe más
el nombre empresario porque por ahí hacés negocios más
grandes con tu show. Pero cuando estábamos en Prix D`ami de alguna
forma también éramos empresarios de esto.
RFL: ¿Cuando eras chico tu mamá te decía
-ché Pichón bajá de ahí y andá a
laburar?
Pichón: Exactamente: -¿No sería
hora de que vayas pensando qué vas a hacer? Porque no vas a poder
vivir de estar colgado toda la vida. Lo que se escapaba en ese momento
es que si nos iba bien podíamos hacer que otras personas pudieran
vivir de estar colgadas. Y un poco eso fue lo que pasó. Pero
siempre tuvimos el apoyo de nuestros viejos. Tanto Dicky como yo tuvimos
siempre a la familia de nuestro lado. Siempre. Es decir, con más
o menos reticencia... Porque si ves a tu hijo que se la pasa colgado
de una soga, haciendo cosas raras, escupiendo fuego y pintándose
de negro, en un momento le decís: -Fijate si no encontrás
un bolo en la tele, ya que te gusta tanto ser actor, no sé...
andá al San Martín, andá a alguna película,
hacé algo donde te pueda ver como un actor normal. Pero bueno,
se dio esto y están todos muy contentos, muy orgullosos.
RFL: ¿Y la familia se integró en el espectáculo
de alguna forma?
Pichón: Sí, de hecho De la guarda
es una empresa bastante familiar
RFL: Alucinante
Pichón: Bueno, no sé si tan alucinante,
porque las empresas tienen complicaciones y en esas complicaciones también
participan familiares. Si te peleas no te peleas con un empleado, te
peleas con una persona de tu familia, y si no, vivís en la gran
familia. Que es lo lindo que tiene. Tiene cosas lindas y cosas jodidas.
RFL: ¿Y de ahora en más qué viene?
Pichón: Estamos organizando la gira internacional
para el espectáculo Villa Villa y tratando de desarrollar la
actividad de éste teatro. Esperamos que las cosas ayuden un poco
porque se nos cayó todo sobre la cabeza...
RFL: Argentinazo total
Pichón: Y sí, nosotros invertimos
todos nuestros ahorros en este teatro y en producir este show y ahora
se desvalorizó todo. Esperamos poder seguir poniéndole
garra a esto, porque nosotros sí que trajimos la plata de afuera.
No sacamos la plata de adentro del país. Nosotros le pusimos
fichas a nuestro país, si tuvimos algún ahorro lo trajimos
e hicimos que gente de afuera invirtiera acá. Y acá ahora
se dio todo vuelta. Y si trajiste diez ahora tenés que devolver
veinte. No sé... somos Argentina.
Por Rubén Daniel Fernández Lisso.
Fotografía:Efraín Dávila
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