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Año II - Nº 10
Octubre - Noviembre 2003

Editorial

Entrevistas
Juan José Hernández
Por Conrado Yasenza
El Damero
Breve historia de la tortura en Argentina
Por Marcelo Benítez
Los jefes de la nada
Por Alfredo Grande
El Gaucho en la tinta Parte I
Eduardo Gutiérrez: Con acento a rebeldía Por Marcelo Luna
Charla con Alfredo Moffatt
Por Marcelo Rebón
Ajo y Limones:
zona literaria y misceláneas
Diálogo del Poeta y la Parca:
Por Vicente Zito Lema
Mafalda
Por Marcelo Luna
Cuento:
"Estar en lo cierto"
Por Carola Chaparro
"El día de la Esperanza"
Fragmento
Por Mariano Carril
"Apropiación de las primeras necesidades"
Por José REPISO MOYANO
El ojo plástico
Presentación del libro de Augusto C. Ferrari
Por Conrado Yasenza
Batea
Libros:
"El Inquitante día de la vida"
de Abel Posse

por Carola Chaparro

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El Damero

Los Jefes de la nada

Por Alfredo Grande

(Especial para La Tecl@ Eñe)

La política es el arte de gobernar. El arte consiste  en generar la creencia que se está gobernando, cuando en realidad se está administrando la explotación, la mistificación y la dominación. Es un arte, pero encubridor. Es una felicidad onda palito ortega, puede ser carnaval, pero nunca es alegría. Las creencias son importantes para sostener un sistema represor. Incluso las más feroces dictaduras apelan a convicciones colectivas para prolongar su siniestra administración. “Mundial 78: un partido que jugamos todos”. Pero las  democracias no son ingenuas. “Estamos mal pero vamos bien”, mensaje que terminó verificando el presidente aburrido cuando fue trasladado en helicóptero de la rosada a los brazos de la pertiné. Toda creencia termina cayendo, pero es importante su capacidad de compactar la realidad psicosocial mientras dura su imperio. “Justicia Infinita” es una creencia que legitima bombardeos, que mas allá de la materialidad destructiva que soportan, también destruyen los entramados simbólicos que pudieran cuestionarlos. El Estado tiene que autoindultarse todo el tiempo. Puede llamar a esto “razón de estado”, y como diría el poeta, el estado tiene razones que la razón no entiende. Es una razón, es decir, una racionalidad encubridora y justificadora. El problema del sujeto, que tantas veces la izquierda ha desestimado, siempre ha sido prioritario para la derecha. En una charla reciente, decía que “la izquierda no conoce al sujeto para liberarlo y la derecha conoce al sujeto para explotarlo”.  Freud afirma: “el superyo sabe del ello algo que el yo ignora”. Nuestro policía interior (el superyó) sabe del deseo, pero no es un saber “académico”. Es un saber para mejor reprimir. Cada sujeto, como burrito del teniente, es portador de una side a escala individual que lo coarta y somete, aunque nada sabe de esto. Ese saber superyoico y represor debe sostenerse con creencias que legitimen la carencia y absuelvan la injusticia. Es una forma de naturalización que puede derivar en el nihilismo y la desesperanza. Este efecto colateral es tan intenso, que cualquier movimiento que se oponga a esa corriente mortífera, goza del beneplácito del sistema. La primavera alfonsinista, el primer mundo menemista, el progresismo patagónico actual, son creencias que para sostener al sistema explotador resultan imprescindibles. Y dentro de esas creencias tiene una destacadísima importancia los encabezados de los planes de ayuda social. El gasto social es la cara pseudoreparatoria de la devastación capitalista. Son los fondos para reconstruir Irak, posteriores a los fondos para destruirla. Si el ajuste tenía un costo social, creencia encubridora para no mencionar que con la democracia no se educaba, no se curaba, no se comía, por qué no autoindultarse con un gasto social. Y para que el indulto tenga un impacto de alta positividad en el supuesto beneficiario del engendro, que el nombre bautismal sea Jefas y Jefes. Acceder a una jefatura es la aspiración máxima en todo orden jerárquico. La subjetividad en la sociedad capitalista es un orden jerárquico. Devaluado, pero aún vigente. Y muchas veces recargado en los colectivos que supuestamente los enfrentan. En este orden jerárquico, mas allá de cómo se integren las jerarquías, debe permanecer. Si bien puede haber jerarquías autogestionadas, ningún sistema explotador puede abandonar las jerarquías. Entonces jerarquizar la miseria, la degradación, la marginalidad, es una forma de prolongarla. Planes trabajar para jefas y jefes. Ni son jefes ni se puede hablar de trabajo por 60 dólares por mes. Propongo la denominación de planes miseria espantosa para cadetas y cadetes de hogar.


"Aclaraciones de los mares" - Por Kenti

Todos sabemos que los verdaderos jefes de nuestros hogares no viven en nuestras casas. Debo reconocerlo: sería insoportable. Pero la bienaventuranza capitalista es una forma de explotación mental que no podemos dejar de denunciar. De lo contrario sostenemos en cada sujeto la vigencia de la encerrona trágica, que el psicoanalista Fernando Ulloa acuñó para describir la tragedia del torturado. Pero esta es una economía de tortura. Porque la vigencia permanente de políticas de muerte, anunciadas o inesperadas, democráticas o tiránicas, aburridas o con realitys presidentes, arrincona al sujeto con la aceptación resignada del mendrugo del mismo sistema que le ha robado el pan. Esto no es casual ni anecdótico. Son los jefas y jefas de la nada.  La resistencia a estas políticas permanentes de encerrar trágicamente al sujeto social, sólo son enfrentados por los movimientos de trabajadores demasiado ocupados, que desde la lógica del sistema se denominan desocupados cuando apenas son des-asalariados. A ninguno de los miembros de los MTD les interesa las jefaturas mentirosas. Tampoco es necesario rechazar las dádivas, porque la necesidad siempre tiene alguna mueca de hereje. Pero no es lo mismo hacerlo, que creerlo. La resistencia al sistema represor es también sostener una incredulidad militante. Adoptar la ética del chavo: “dígame, licenciado. Licenciado. Gracias”. Pero más allá de las gracias por nada, seguir apostando a la subjetividad del hombre nuevo. Donde en todo caso las jefaturas sean resultante de las políticas deseantes de los colectivos autogestionarios. Para empezar a ser jefas y jefes de algo, para que más temprano que tarde seamos jefes de todo.

Buenos Aires Octubre de 2003.

Por Alfredo Grande

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