|
___
|
Graffiti
La permanencia de lo efímero
Por Marcelo Luna
|
A la historia se ingresa por la puerta de la traición.
Como supo decir Dalmiro Sáenz, la deslealtad de Leonardo
Da Vinci a sus maestros de artes medievales, y la infidelidad
de San Martín a las armas españolas permitieron
que cada uno trascendiera en lo suyo. Esto es, alcanzar la permanencia.
Una nota sobre los graffiti es una traición al graffiti
como expresión fresca de la lengua popular. Es una ofensa
al que da rienda suelta sobre lo que le viene en ganas garrapateando
en una pared. Hacia ellos va nuestro consuelo en este deseo de
permanecer: nadie leerá estas líneas sin aquel ánimo
de traición. Bienvenidos al club, entonces.
|
Pompeya en un grito mudo
La erupción del Vesubio sepultó por siglos la ciudad
italiana de Pompeya, y con ella todo vestigio de vida. Sucedió
entre el 25 y el 27 de agosto del año 79 de nuestra era:
las lavas volcánicas y la lluvia de cenizas y de piedras
sorprendieron a los pompeyanos -acostumbrados a los movimientos
sísmicos que cada tanto realizaba el Vesubio -, quienes
se confiaron demasiado. Así, en las excavaciones que iniciaron
los arqueólogos del siglo XIX, afloraron los últimos
momentos vividos en aquel desastre: personas que huyen por las
calles con sus cosas de valor, otras que duermen plácidamente
en sus casas, mientras adentro de los refugios aparecen cuerpos
unidos en un último abrazo. Cada resto humano que se encuentra
es un instante del final. Como fotografías vivas de un
grito mudo.
|

|
Rasguñando paredes
|
|
Pero en la tragedia de Pompeya estuvo también su trascendencia.
Los graffiti, esto es, los textos escritos a mano sobre
las paredes carbonizadas de la ciudad, son la prueba viva de las
mujeres y los hombres de Pompeya, de su imaginación cotidiana.
Se descubrieron 10.000 hasta 1956 - los trabajos arqueológicos
están lejos de finalizar-, y abarcan un período
de pocos años (entre el 60 y el 79, año de la erupción).
Son escritos espontáneos, sin rebusques en sus significados.
Sucede que no fueron hechos con voluntad de perduración,
pero gracias a ellos accedimos a los deseos, voluntades y ocurrencias
de quienes usaron las paredes para los fines más diversos:
agradecimientos a los dioses, cualidades eróticas, anuncios
comerciales, saludos personales, mensajes amorosos, anécdotas
sexuales, insultos y hasta citas de autores clásicos. Señoras
y señores, para ustedes, los despojos de la psiquis pompeyana.
|
|
La virtud de la obscenidad
Los graffiti pompeyanos son testimonios ricos para indagar
la vida sexual de la antigüedad, donde figuran los registros
de las proezas y dotes sexuales. Es el caso del que anotó
«Hapocras cogió aquí estupendamente». Aparecen también
conductas sexuales, como la fellatio y la homosexualidad,
registradas a modo de desprecio («Cosmo, gran invertido y mamón»),
o con ánimo de sorna en la inscripción que dice
«no te dediques a chupar conchas fuera de casa. Hazlo adentro».
Sin embargo, el imperativo «chúpame la verga» parece más
cercano a una actitud de liberalidad sexual. Es que en la obscenidad
de los graffiti hay una virtud casi terapéutica:
lo breve, anónima y atrevida de la inscripción refleja
así un momento pulsional y pasional, como el regodeo de
una mirada libertina diciendo «Menéate, mamón».
Cabe acotar que muchos graffiti generaron reacciones -también
espontáneas- apreciables en agregados hechos por otras
manos, y también en dibujos fálicos. Así,
sobre el fogón de un panadero se lee «Aquí tiene
su morada (un falo) la Felicidad»; un gesto burlón
y, a la vez, muestra de la decadencia de las costumbres antiguas
pues lo fálico como atributo de los dioses fue transformándose
en símbolo puramente erótico.
|
|
Floronio, soldado perteneciente a la VII legión ha estado
aquí y las mujeres, salvo unas pocas, no lo «conocieron»,
pero éstas «se sentaron».
Harpocras cogió aquí estupendamente
con Drauca por un denario.
Satir, no te dediques a chupar conchas fuera de
casa. Hazlo dentro.
A mí, a mí, chúpame la verga.
(En la pared de una habitación) Lancen gritos
de dolor , mujeres; quiero dar por culo.
Dioniso, a la hora que le da la gana puede follar.
Cosmo, hijo de Equicia, gran invertido y mamón,
es un pierniabierto.
Menéate, mamón.
Isidoro puteolano, esclavo nacido en casa, cunnilinguamente.
|
El amor es más fuerte
|
Son muy abundantes los graffiti amorosos, prueba del ánimo
de goce por la vida y sus placeres que tenían fama los
pompeyanos. En ellos el sentimentalismo, la sensualidad y la nostalgia
son lugares comunes, aunque debemos tener en cuenta que estamos
frente al lenguaje de la calle, de personas que en su mayoría
no tenían instrucción, que escriben como hablan
(aunque nadie escribe como habla). Así y todo expresan
tiernamente sus sensaciones como la melancólica inscripción
de quien «echaba de menos a su querida Urbana», o la que fantasea
diciendo «vamos a retozar un poquito. Imaginemos que este lecho
es un campo llano». También las mujeres se muestran, como
esa solitaria y desamparada que reflexiona: «tan pronto como Venus
une a los enamorados el día los separa». El amor circula
entre las paredes de Pompeya como un juego: tres personas distintas
definen al amor desde una pintura con dos patos, mientras otra
juega con las letras y forma un anagrama con las palabras «amor-roma».
Los más extremos dejan asentada una consiga repetida: «¡Salud
al que ame, muerte al que no sepa amar!». En otros casos aparecen
fragmentos de poemas y de textos literarios como los dos últimos
citados en la columna paralela (aunque en el primero una mano
secreta y burlona lo enriqueció notablemente). De todos
modos, sigue pareciendo muy dulce el gesto de quien, al regresar
a casa, leía: «Todo enamorado es un soldado» .
|
(En una basílica pompeyana) Tú,
en verdad, me guías. (Más abajo) Cuando escribo
me dicta Amor, y Cupido guía mi mano. ¡Ay! ¡Que me muera
si quisiera ser un dios sin ti!
¡Salud al que ame; muerte al que no sepa amar!
(En la entrada de una basílica) Vida mía,
mi delicia, vamos a retozar un poquito. Imaginemos que este lecho
es un campo llano.
(En la pared de una casa de un médico) Ojalá
pudiera tener tus tiernos brazos rodeando mi cuello y librar besos
de tus tiernos labios. Muchas veces yo, despierta a altas horas
de la noche, desamparada, me decía a mí misma: muchos
a los que la Fortuna ensalza luego de repente los abate y pisotea.
De igual modo tan pronto como Venus une a los enamorados el día
los separa.
R O M A-A M O R
(En una columna) Que intente encadenar a los vientos e
impida brotar a los manantiales el que pretenda separar a los
enamorados.
|
Con el embrujo de tus ojos me has hecho arder de pasión,
y ahora das rienda suelta a las lágrimas por tus mejillas,
pero las lágrimas no pueden apagar mis llamas. (Otra
mano) Los vecinos se ven obligados a intervenir en el incendio
porque las llamas podrían propagarse rápidamente.
(En la entrada de una casa)
Todo enamorado es un soldado.
(En una pintura en la que figuran dos patos)
Los que se aman llevan, como las abejas, una vida melosa. (Otra
mano comenta) ¡Cuánto me gustaría a mí!
(Otro también añade) Los enamorados carecen
de penas.
(En la pared de una habitación de una
casa) Vibio Restituto durmió solo aquí y echaba
de menos a su querida Urbana.
|
|
Ta' dura la calle...
|
La prostitución y el comercio sexual eran
también comunes en los graffiti de Pompeya: el nombre,
las cualidades para el cliente y el precio son los datos recurrentes
y básicos -como lo es hoy en los diarios-.
|
|
Soy tuya por
dos ases de bronce.
Lais
chupa por dos ases.
Félix chupa
por un as.
Esperanza,
de complacientes maneras, nueve ases.
|
Chistes viejos
|
(En
la panza de un cántaro antes de cocerlo)
Quienquiera que hace el amor con chicos y chicas sin límite
ni medida no administra bien su dinero.
Tómate una cocinera; así, cuando te venga en gana,
puedes servirte de ella.
(Debajo
de dos falos)
Veo dos vergas. Yo, el lector, soy la tercera.
Me he meado
en la cama. Lo confieso, he cometido un pecado, pero si me preguntas,
hospedero, la razón, te diré: no tenía orinal.
(En el
estuco de una puerta)
Considera atentamente esta adivinanza de Epafra: lo meto en un
lugar negro, lo saco rojo
|
Animarse a más
|
Aquí
yo cogí la boca y el culo de Calínco.
Agátopo,
Prima y Epafrodito en un «triángulo».
|
Y siempre están los osados, los ocurrentes que se
salen de la serie. Desde ellos, desde la soez y la expresión
brutal, es posible apreciar la fuerza de la lengua, con los riesgos
que tiene toda traducción literal (Sobre el particular,
preferimos los vocablos argentinos antes que los del castellano
neutro por una cuestión puramente estética al autor
de estas líneas).
|
(Debajo de un falo en bajorrelieve) Cuando me da la gana,
me siento en él.
Una concha peluda se coje mucho mejor que una depilada. Aquella
retiene mejor los vahos y tira, al mismo tiempo, de la verga.
|
Esa fuerza invisible que tiene la lengua, en especial la popular,
hace que un garabato de la antigüedad nos suene familiar.
Cuando eso sucede, los pompeyanos dejan de ser ellos, y
comparten un código común de intuición e
intención en todas las personas: un nosotros. La
permanencia de lo efímero está en la frescura de
los graffiti, rasgo de una auténtica vitalidad que
nos viene del pasado, como si no hubiera pasado:
«Nosotros habitamos aquí: que los dioses
nos hagan felices.»
|
Por Marcelo Luna
luna@icarodigital.com.ar
Bilbiografía:
MORTERO CARTELLE, Enrique (1995), Grafitos amatorios pompeyanos,
Buenos Aires, Planeta/DeAgostini.
|