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Las Salamancas.
Otros mundos culturales
Por Fabián Czajka
Pictografía: "La Salamanca"
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Los Valles Calchaquíes; naranja y azul
en rabioso contraste, un paisaje seco, pesado, agresivo; otro
sol, uno que quema y agrieta las caras y la tierra. El mundo
presentándose sin mediación alguna, tal cual es:
piedra y tierra.
Personas, gestos extrañados siguiendo
nuestro paso, que de a poco se acercan, preguntan y evalúan
en silencio. Silencios incómodos que abren espacios incómodos,
y es que hay algo que falta o que sobra y se percibe en el ambiente.
Recuerdo alguna vez en San Juan; fue mi primer
encuentro con el norte y la primera vez que supe de Las Salamancas.
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Las
Salamancas
Las Salamancas son cuevas dedicadas al culto del diablo. Lugares
temidos y respetados en donde, tras renegar de la fe católica
y superar determinadas pruebas, el iniciado, el salamanquero,
adquiere el don deseado. Están allí, en lugares
apartados y de difícil acceso pero nunca demasiado lejos
de algún pueblo de los valles Calchaquíes, cada
uno parece tener una Salamanca cercana. Los relatos acerca de
la experiencia de alguien en estas cuevas, adornan la sobremesa
de alguna cena compartida, aunque para ser estrictos nadie debiera
revelar su experiencia de salamanquero.
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"Dicen que están distribuidas
por todos los rincones de la montaña o en la vera de los
riscos serranos o bajo las aguas o en lagunas y represas naturales.
A ellas concurren hombres y mujeres y todo aquel que, deseando
adquirir alguna suerte o ciencia para vencer en el juego, en el
amor, en la pelea o simplemente la sabiduría para el ejercicio
de la magia, está dispuesto a entregar su alma al diablo
en pago de la enseñanza que recibe. Pero antes debe vencer
la repugnancia que le producen la multitud de animales asquerosos
y reponerse a la noche y al misterio. Vencidas estas dificultades,
el iniciado, en medio de frenéticas orgías, entre
música y danza comienza su aprendizaje". ( Félix
Coluccio, 1978)
Las Salamancas ya eran conocidas en España
y su nombre guarda cierta relación con el que se le daba
a las catacumbas de esa ciudad española (Salamanca) en
la que se decía que los sarracenos practicaban la brujería.
En los Valles Calchaquíes las Salamancas
tienen un extenso recorrido en la cultura popular. A ellas les
han sido dedicadas zambas, chacareras, poemas y cuentos. Aparecen
descriptas como lugares repletos de oro y plata, en donde por
las noches se realizan grandes fiestas y bacanales. "En
las numerosas minas de Famatina no faltaron quienes por la noche
escucharon música variada, bulla animosa, palmoteos y risas
burlesquas, síntomas de orgías en su clímax,
es decir, salamancas en plena función."..... "El
aprendiz de brujo entraba al recinto en donde hombres y mujeres,
desconocidos para él bailaban al compás de una música
deliciosa. Más allá se abrían hermosos patios
adornados por bellísimas flores."
Quién a ellas acude debe demostrar tener
el temple y las condiciones necesarias para convertirse en aprendiz.
"Una vez en la entrada el principiante que llega por primera
vez tiene que desvestirse totalmente en la puerta de la cueva
y pisar el vientre de Cristo que está atravesado en la
puerta. Una serpiente, que no es más que el diablo, se
le envuelve desde los pies hasta el cuello. Si consigue mantenerse
sereno ante todo eso es admitido en la sociedad brujeril; pero
si experimenta repugnancia o repulsión es perseguida por
las brujas para causarle daño."… "el diablo
les da una mula. Cuando el valiente la monta, aparece ante su
vista un inmenso campo cubierto de pastos que se transforman en
puñales. El aprendiz entonces aprende a domar por el temor
a caer sobre los puñales."
La prueba es el elemento característico
de todos los relatos: no se trata simplemente de entregar el alma
al diablo; se trata de recorrer un camino lleno de peligros para
lograr acceder al conocimiento que se busca.
Hay quienes fallan; según dicen, aquellos
que ingresan a las Salamancas y no logran sortear las pruebas
enloquecen; es muy común escuchar que perdieron una partida
de truco con el diablo.
Los que sí lo logran, los salamanqueros,
han conseguido no sólo un don, sino también establecer
cierta comunicación con lo sagrado, pero con un tipo especial
de sacralidad, aquella que habita y domina las potencias del inframundo.
Una dimensión de lo sagrado censurada y condenada por el
cristianismo.
Apelando a ciertas categorías españolas
del siglo XVII, el salamanquero podría llamarse "Doctor
de la idolatría capaz de mediar ante las huacas y los antepasados
en el caso de alguna inquietud de origen sobrenatural."
Las Salamancas podrían formar parte de
aquello que Kusch llama la dimensión hedienta de América,
su dimensión incomprensible y aterradora.
Para este texto Las Salamancas son entonces una
excusa que impulsa una curiosidad anterior y que permite a través
de ellas abordar un mundo y una historia ocultas
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El Hedor
Rodolfo Kusch da cuenta de esa sensación
de lejanía sentida por el hombre de ciudad cuando se acerca
a América, y Kusch alude a la "América Profunda"
que describe en sus textos y se refiere a esa sensación
como la respuesta del hombre urbano frente al "Hedor de
América". Es decir a todo aquello que se aleja
de la cosmogonía del hombre de ciudad, lejos de los mitos
de progreso, evolución y orden heredados por la cultura
burguesa de siglo XIX. "El Hedor de América es
todo aquello que se da más allá de nuestra populosa
y cómoda ciudad natal. Es el camión lleno de indios,
que debemos tomar para ir a cualquier parte del altiplano y lo
es la segunda clase de algún tren y lo son las villas miserias,
pobladas de correntinos, que circundan a Buenos Aires".
Y agrega: "La categoría básica de nuestros
buenos ciudadanos consiste en pensar que lo que no es ciudad,
ni prócer, ni pulcritud no es más que un simple
hedor susceptible de ser exterminado. Si el hedor de América
es el niño lobo, el borracho de chicha, el indio rezador
o el mendigo hediento, será cosa de internarlos, limpiar
la calle e instalar baños públicos. La primera solución
para los problemas de América apunta siempre a remediar
la suciedad e implantar la pulcritud."
Es el enfrentamiento del hombre de ciudad con
algo para lo cual no esta preparado. La primera reacción
es negarlo. Categorizarlo como inferior, atrasado, supersticioso,
infantil. Negado ese mundo intentará construir otro bajo
su propio paradigma, pero aunque lo ignore, ese mundo persiste.
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El
equilibrio del mundo
La cosmogonía diaguita está basada
en un principio compartido por varias culturas precolombinas,
el principio de dualidad, según el cual el universo
se halla partido en dos polaridades fundantes: lo alto y lo bajo
(cielo y tierra) y en lo femenino y lo masculino. Esta división
está autocontenida en el mundo, en todas las cosas del
mundo. Wiracocha, el creador, contiene esta dualidad, él
es macho y hembra a la vez, y su auto cópula es la que
genera a la humanidad. Dios es macho y hembra, todas sus creaciones
son macho y hembra, la humanidad, los animales, las plantas, las
piedras.

La bisexualidad de Wiracocha es necesaria y fundante,
es la que genera la dinámica del mundo, y así es
con todas las cosas. Sin la unión de los sexos, el mundo
no tiene movimiento. Esta idea se reproduce en todas las dimensiones
de su práctica: así los ayllus (las comunidades)
están divididas en una mitad macho (hanan) y en una mitad
hembra (hurin). La mitad hanan se corresponde con lo alto y la
mitad hurin se corresponde con la tierra y la fertilidad.
Esta autocontención de las polaridades
sexuales en toda creación divina conlleva la idea de autocontención
de las polaridades de todo tipo. Así, el Mundo que es orden
y cosmos, autocontiene el caos de
manera potencial, y es ahí, en esa tensión donde
al hombre le ha tocado vivir, y es su tarea evitar que ese equilibrio
se quiebre. La Madre tierra que da alimento y vida también
puede transformarse en enemiga y producir cataclismos o enfermedades.
La lluvia que riega los sembradíos puede transformarse
en inundaciones que los echen a perder, el sol que calienta en
invierno es el mismo que seca los campos en verano.
Para llevar a cabo su tarea en el mundo el hombre
debe ocuparse de sostener ese equilibrio y eso no se logra negando
el caos, condenándolo o censurándolo. Por el contrario
es a partir de la aceptación del caos, del lado nefasto
del mundo que se logran pequeños espacios de aseguramiento
en dónde la vida es posible. Y aceptarlo implica convivir
con él, respetarlo como se respeta al cosmos. Si se venera
la siembra, se venera también el cataclismo, ambos tienen
la misma entidad, son las dos partes que propician el equilibrio
que es el mundo.
El espacio de lo sagrado reproduce esta polaridad,
la comunicación del hombre debe darse tanto con el supramundo
como con el inframundo. Si alguno de estos canales se cerrara
el inestable equilibrio se quebraría y el mundo se convertiría
en "El Hervidero Espantoso".
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El
Demonio en América
Con la evangelización, durante la colonia,
se aplicó por primera vez la solución de pulcritud
en América, se suprimieron y condenaron los antiguos ritos
y ceremonias indígenas, sus deidades fueron demonizadas
y se educó en el cristianismo a los sobrevivientes a la
masacre.
Pero la pulcritud no pudo dar respuestas al mundo:
el mundo en el noroeste, el de los antiguos diaguitas no fue ni
es pulcro, sino que se debate entre el cosmos y el caos. Desde
lo religioso, el cristianismo se encargó de romper este
delicado equilibrio. La evangelización cerró la
comunicación con el inframundo, la prohibió y la
penalizó. El inframundo era, para los buenos españoles
del siglo XVI, el espacio del diablo.
Durante la evangelización, en los primeros
años de la conquista, gran cantidad de prácticas
indígenas fueron condenadas por la iglesia por ser consideradas
ritos de hechicería o transacciones diabólicas,
de hecho existió una institución que se ocupó
expresamente del tema: "La Visita de las Idolatrías,
control de vida y costumbres", a través de la
cual se instauró un fuerte control social sobre la vida
tanto de indígenas como de españoles. La visita
de las idolatrías controló y condenó todos
aquellos usos que atentaran contra la instauración de un
nuevo régimen de dominación.
En Europa, mientras tanto la Contrareforma estaba
generando un dogma cerrado y una detallada orientación
ética para la vida cotidiana. Los teólogos católicos
se ocupaban de problemas de detalle y cuestiones prácticas
de moral. Sucesivos manuales desarrollaron una casuística
que agotaba el tema del pecado, proveyendo normas de conducta
capaces de satisfacer las conciencias más escrupulosas.
Antes de preocuparse por una sincera reconversión,
pretendía la participación masiva en torno a los
preceptos eclesiásticos y determinados puntos del dogma.
Parece ser que hasta las últimas décadas
del siglo XVI, la cultura académica toleraba y hasta coincidía
en muchos aspectos con la cultura popular. En el Siglo XVII se
produce una ofensiva ideológica contra la cultura popular
que se plasmará en una abierta disyunción entre
sus concepciones tradicionales y la cultura académica.
El fenómeno de extirpación de idolatrías
en América supera el enfrentamiento entre cultura indígena
y cristianismo; en Europa se estaba ejerciendo una fuerte vigilancia
y represión sobre las costumbres del campesinado. Muchos
contemporáneos no dudaron en asociar estas costumbres de
carácter pagano a las prácticas que mantenía
la población indígena desde el tiempo de gentilidad.
Cuando el discurso demoníaco de la hechicería
se consolida, la definición teológica hace del brujo
una inversión del cristiano -modelo social establecido-.
A Satanás se le atribuían más responsabilidades
de las que realmente tenía. Y Satanás también
apareció en América.
De esta forma mucho de la antigua ritualidad
indígena llegan demonizada a nuestros días. El caso
del Zupay es paradigmático En los años de la conquista
existía la creencia del Zupay como espíritu, este
compartía el universo de espíritus menores junto
con otros: El Chiqui, Los Humapurick, Los Hapiñuñu.
Entre todos estos los españoles eligen el Zupay y lo consagran
como demonio. Claro está que esta elección fue completamente
arbitrara si nos atenemos a la definición más antigua
del Zupay, la que da Fray Domingo de Santo Tomas en su Lexicon
de 1560 y que lo define como: ángel bueno o malo y demonio
o duende de la casa. (Santo Tomás Lexicon, Folio 131)
Zupay no era exclusivamente un espíritu
maligno sino que llega a serlo cuando ingresa al mundo ideológico
de los evangelizadores. Carlos D. Valcarcel en "Zupay
Sentido de la Manera Autóctona" dice: Zupay se
presenta en realidad en formas múltiples, tiene una serie
de encarnaciones, una multitud de diferencias. Ya es genio protector
como destructor. Zupay es aquel a quien se teme pero a la vez
se venera. Esta idea del Zupay se corresponde con la conceptualización
americana del mundo.
La evangelización niega el sentido de
las construcciones simbólicas y las fuerza para encajarlas
dentro de su propia cosmogonía.
"Los indios entre quienes estuve se convidan
mutuamente a bacanales, y acuden a estas de varios pueblos. El
cacique de la aldea en la que se celebra el banquete construye
con paja una choza redonda que tiene algunas aberturas. Allí
los Hombres bailan y beben tres o cuatro días sin dormir.
Las mujeres están fuera y sólo entran con la cabeza
vuelta y los ojos cerrados a dar vino a sus maridos, si se descuidan
y los ven son condenadas a muerte, ley que se cumple con tal rigor,
que ni el esposo perdona a la esposa ni el padre a la hija. Alegan
por causa de esa inhumanidad el que mientras se divierten en danzas
y comilonas los mata el diablo si los miran sus mujeres. A sus
borracheras asiste el demonio, cuya infernal bestia llaman de
esta manera: Un anciano rodeado de bailarines toca el tambor hasta
que se aparece Satanás en forma de hombre, zorra o perro,
con grandes aullidos y no se desdeña de beber, luego dirige
un discurso a los congregados, a los niños presentados
por sus padres les agarra con las garras y haciéndole sangre,
les inicia en ritos infames. Fuera de esta ocasión quienes
desean consagrar sus hijos al príncipe de las tinieblas
lo llevan a ciertos viejos que les levantan la piel con las uñas
y rasgan la cabeza con punzones hasta que derraman sangre en abundancia,
la que recogen en la mano y arrojan al aire, luego les obligan
a prolongado ayuno, y con esto creen que se robustecen. Adoran
al Sol a la luna y al Lucero de la mañana, de los cuales
esperan salud." (Crónica del Padre Domingo González
del año 1625).
Una ceremonia muy importante era la que los misioneros
llamaron Fiesta del Diablo, y que los indios celebraban para apartar
de sí todos los males que temían, como la viruela,
la sequía y otros semejantes, o para conseguir buena cosecha
de algarroba o de miel, agua para los pozos, victoria sobre el
enemigo.
El Padre Alfonso Sánchez, misionero de
la segunda mitad del S. XVII describe así lo que celebraban
los Vilelas: "Intimadas ya las fiestas, escogen al que
ha de ser el papel del Diablo, que es el principal y aún
el único de toda aquella comedia y se retira a una choza
que le tienen preparada, algo apartada del pueblo, y allí
mora algunos días retirado del trato y comunicación
de lo demás. Delante de su choza forman una plazoleta,
y plantan algunos troncos pintados de varios colores para bailar
alrededor de ellos. Llegado el primer día de las fiestas
comienzan a beber, bailar y cantar y prosiguen la misma ocupación
todos los quince días continuos si no es algunos ratos
que vencidos de la chicha y del cansancio se caen en tierra dormidos
y en despertando vuelven a darle a la chicha y a proseguir su
baile interrumpido por el sueño. De repente a lo mejor
del baile, aparece el que hace el papel del Diablo, vestido todo
de paja y enmascarado pónese a bailar en medio de ellos
y con su voz gangosa y contrahecha comienza a decir sus oráculos
y pronósticos. Díceles que este año ha de
haber mucha algarroba y miel para hacer chicha y grande abundancia
de agua en los pozos para beber. Que no aportarán a sus
tierras los enemigos, que no los castigará con epidemias
y a este modo dice cuantos disparates le vienen a la cabeza y
a la boca. Y ellos, al oír estos oráculos, lo celebran
con una gritería y algazara infernal propia del que los
da".
Frente a estas prácticas no sólo
intervino la Iglesia, sino también el Poder Civil. Si bien
fue en Perú donde esta institución tuvo mayor gravitación,
y en donde estuvo más formalizada, en los valles Calchaquíes,
existió, estando a cargo de la autoridad secular, aunque
con una gravitación menor por su condición marginal
para el Reino de España.
En un parte al Rey de España, el entonces
Gobernador de la provincia de Tucumán, Juan Ramírez
de Velazco expresa: "Tuve aviso que en la mayor parte
de los pueblos de yndios avía cantidad de hechiceros e
que hazían mucho daño entre ellos. Proveí
un juez para que fuese a la mayor parte de ellos e fiziesse ynformación
sobre esto las quales e los culpados me traxesen ante mi fueron
más de cuarenta e por la ynformación e indicios
procedí contraellos e se quemaron los que confesaron delito
a sido justicia muy acertada porque los que quedan encubiertos
escarmentaron en esto un ombre de los quemados empieza aver muerto
de veinte personas arriba eran viejos de más de sesenta
años y algunos de mas de ochenta." (Parte fechado
en Santiago del Estero el 10 de diciembre de 1586) Juan Ramírez
de Velazco fue gobernador de Tucumán desde mayo de 1586
hasta mediados de 1593.
La visita de las Idolatrías estableció
una clasificación exhaustiva en relación a los hechiceros
y la hechicería, distinguiendo las prácticas tolerables
de aquellas otras que eran reformables o directamente punibles.
Según los diagnósticos del Visitador, los hechiceros
se ordenaban en tres grandes oficios:
- Hierberos
- Sanadores para sacar el mal de origen humano
- Doctores de la idolatría para mediar ante las huacas
y los antepasados en el caso de una inquietud de origen sobrenatural.
El grado de especialización variaba según
la dificultad que entrañase la aplicación de los
remedios.
Las dos primeras categorizaciones se encontraban
en el nivel tolerado públicamente, es la tercera de estas
prácticas la que era pasible de una severa condena.
Con respecto a los Hierberos, estos ejercían,
y podemos decir que aún hoy ejercen, la práctica
médica disponiendo de un extenso recetario que combina
la terapéutica prehispánica con las aportaciones
de la tradición ibérica, y en otras regiones con
la africana, para llegar a conformar un vigoroso cuerpo de medicina
popular. La mayor parte de la población dependía
de ellos para tratar las enfermedades que no ofrecían síntomas
alarmantes.
El segundo grupo implica un nivel superior de
conocimiento: en este caso no sólo implica conocer las
propiedades curativas de las hierbas sino también el conocimiento
de un cierto lenguaje ritual que permita el acceso a las leyes
que animan todos los elementos de la realidad en una esencia común.
El hechicero es capaz de ordenar la realidad
de acuerdo a un sólido sistema ideológico donde
animales, hierbas, piedras, participan de las semejanzas y correspondencias
que constituye el reino de la magia.
A estas dos categorías de hechiceros es
muy común en nuestros días encontrarlas representadas
en los pueblos del interior por las curanderas, o los conocedores
de hierbas. Sus conocimientos pueden ser puestos en tela de juicio
por la medicina occidental pero sus actividades se realizan bajo
el conocimiento de todo el mundo, y cualquiera puede consultarlas
en caso de necesidad.
La tercer categoría de hechiceros: los
"Doctores de la idolatría para mediar ante la huacas
y los antepasados en el caso de una inquietud de origen sobrenatural."
Son los que despiertan mayor interés ya que posiblemente
sean estos los que eran considerados como los más peligrosos
dentro del universo de la hechicería por los españoles.
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Las
riquezas y el poder de las Huacas
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El término huaca o guaca tiene múltiples
significados, pero todos pueden reducirse a un núcleo
originario: su relación, como lugar, con lo sagrado
y por ende con el culto y las ofrendas. En la práctica
designaba una multitud de cosas naturales o artificiales
como ídolos, fetiches, montañas, templos,
sepulcros, objetos extraños, o las momias de antepasados
importantes (Curacas o Shamanes).
En el habla cotidiana de los españoles llegó
a significar ante todo los lugares sagrados (cementerios
o santuarios) donde se encontraban depositados los tesoros
de las ofrendas o del servicio religioso.
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Urna funeraria
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Juan de Matienzo define, subdividiéndola,
esta acepción que en el futuro sería general: "Se
llama en lengua general de los indios chulpa o haya, aunque el
vulgo comúnmente los llama huacas, a los lugares donde
están enterrados los señores o los objetos preciosos."
La otra acepción dada por Matienzo es: "Las que verdaderamente
se dicen huaca y por otro nombre vilca, son oráculos muy
altos, adonde los indios adoran por ídolos a estas piedras
o plantas, allí donde tienen ídolos de oro y plata."
Esta riqueza no sólo estaba sustentada
por objetos preciosos, las huacas también poseían
tierras y súbditos. Toledo escribe al rey:"Los
ganados, las tierras, los depósitos de maíz, trigo,
lana, charqui, indios e indias mamaconas con otro mucho genero
de cosas que están dedicadas a estos ydolos con persona
que las tiene en guardia y custodia para el servicio de dichos
ydolos"
Esta profusión de tesoros se explica porque
cada soberano o curaca local debía de ser enterrado con
todas sus riquezas, y sus sucesores, a su vez, reunían
un nuevo tesoro que había de acompañarlos también
a la tumba.
La idea de huaca era extensible a todo aquello
que tuviese un carácter sagrado y mágico. Las huacas
(como momias de los antepasados) se llevaban a las batallas a
modo de magia protectora contra los enemigos. En el Coricancha
(El templo del Sol) en el Cuzco descansaban las momias de los
Incas y de sus aliados más importantes.
La comunicación con las huacas otorgaba
entonces un poder extraordinario a quién fuese poseedor
de tal, permitiéndole estar en contacto con los antiguos
ancestros. Los españoles le colocan el título de
"doctor de la idolatría", reconociéndole
un saber superior a cualquier otro en lo que a magia se refiere.
Estos doctores de la idolatría debieron
de ser muy temidos y perseguidos por los españoles, deberían
de ser personajes importantes dentro de una comunidad.
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La política
general de desestructuración social
Hoy no tenemos noticias sobre la conservación
de estos cultos, su persecución por parte de la corona
fue muy fuerte durante los primeros años de la conquista,
formando parte de un conjunto de medidas cuya consecuencia final
fue el quiebre de la estructura social originaria de aquellas
comunidades. Una de las estrategias fue la de separar las comunidades
o distanciarlos de sus lugares de origen. El traslado más
famoso es el de la comunidad Quilmes, doblegada luego de un
siglo y medio de resistencia y trasladada a una reserva en la
costa de Buenos Aires. Junto con esto, el poder otorgado a los
encomenderos que les permitía disponer de la fuerza de
trabajo indígena que quedase dentro de su encomienda,
desencadenó la ruptura de la unidad familiar ya que los
hombres jóvenes en edad de tributar eran encomendados
para distintas tareas en lugares muy distantes de sus lugares
de origen.
En síntesis, la evangelización
y la persecución de las antiguas prácticas religiosas,
la encomienda, la extradición de comunidades enteras
y el mestizaje, desarticularon el equilibrio de la antigua estructura
social precolombina.
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Adaptación
en resistencia
Las estrategias generadas por una comunidad para
preservar la propia identidad pueden adoptar diferentes formas.
Steve Stern desarrolla una idea acerca de una posible estrategia:
la "adaptación en resistencia", la cual supone una
comprensión de parte del dominado de los códigos
del dominador, la reformulación y adaptación de
su propia identidad cultural a la situación de dominación.
El dominado es un sujeto histórico capaz de aportar respuestas
racionales a una situación de dominación en donde
las relaciones de fuerzas desiguales son medidas y tomadas en
cuenta. Según esta concepción, el dominado percibe
cuales son sus posibilidades de acción y consiguientemente
las limitaciones estructurales que esta encuentra.
Stern aplica su concepto a las estrategias de
resistencia desarrolladas por las comunidades indias en América,
para dar respuesta a la situación de dominación
que experimentaron a partir de la irrupción de la conquista
española.
Tanto la encomienda como la extirpación
de idolatrías jugaron a quebrar identidades, historias
y pertenencias.
La Evangelización condenó la comunicación
con el inframundo intentando quebrar el sutil equilibrio del mundo
americano. Quizás sea verdad, quizás no, pero ese
canal no parece haber quedado completamente clausurado. Puede
que los Salamanqueros lo mantengan abierto a escondidas de los
ojos blancos que en vano intentaron cerrarlo durante los últimos
500 años.
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Por Fabián Czajka
mail@icarodigital.com.ar
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