Acerca de una carretilla
de música
Entrevista a Vicente
Zito Lema
Por
Conrado Yasenza
-¿Cuál es la historia central que narra su
última obra de teatro, "Una carretilla de música"?
Se trata de una estructura con dos núcleos
centrales. O me gusta más decir que hay un cielo de pesadilla,
oscuro y negro como el ala de un cuervo, a la manera de Van Gogh, a
duras penas sostenido por dos soles, cuya luz es más pobre que
la esperanza que da fuego a nuestras vidas en estos días tan
terribles. Dos historias se cruzan; una social, acaso símbolo
de muchas otras historias de nuestra espantosa realidad argentina; la
otra tiene un carácter mas personal. Detrás de ambas hay
locura, dolor, tragedia mas que drama. Y sin embargo, y aunque cueste
creerlo, tanto en esta obra como en mi vida sigo apostando a una especie
de redención social. O en otra lengua, una ética amorosa
que preste algún sentido al sin sentido perverso de nuestra época.
-¿Existe algún episodio real que de origen
a la escritura de la obra?
Aquí, como en todo lo que he escrito, hay un
principio de realidad que me impulsa. La primera historia, el incendio
en un hospicio y la muerte de dieciséis pacientes que se encontraban
castigados y que murieron como perros, asfixiados, sin que nadie quisiera
o pudiera abrirles la puerta, porque se había perdido la llave
(así de atroz y sombría fue la explicación oficial),
como la segunda historia, que intento que se cruce dialécticamente
con la primera, la de un interno que ha, matado a la madre de la mujer
con quien mantiene relaciones en el mismo hospital psiquiátrico,
las conocí en los diarios y luego personalmente, ya que viajé
al hospital de Corrientes y pude hablar con testigos de la tragedia.
Pienso que no hay nada en mi escritura, y llevo cuarenta años
escribiendo, que no haya partido de algún episodio de la realidad,
causante de espanto o de amor, al menos para mi espíritu, o mi
conciencia, o mi corazón, o mi psiquismo, o mi alma, o como demonios
llame a esa cosa que está dentro mío, y que se burla del
concepto mecanicista de materia. Jamás pondré en duda
un pensamiento que vino un día a mi cabeza y se quedó
allí para siempre, a partir de una lectura de Macbeth, de Shakespeare:
no hay nada más material que los sueños.
-Teniendo en cuenta el subtítulo, Cantos
y coros, ¿responde la obra a una estructura coral de narración?
Asumiendo el riesgo del exceso pienso que construí
la obra como si fuera una sinfonía, donde continuamente se oponen,
se cruzan, se golpean y se subsumen, la luz y las tinieblas. A mi manera,
suenan en mi cabeza La flauta mágica de Mozart y la Novena
sinfonía de Beethoven. Tengo conciencia que mi universo es
menor, pero no hubiera construido una obra tan extensa y compleja, donde
resumo años y años de trabajo y de experiencia, de pasiones
y errores, si no es a partir que en un momento dado me asumo como artista,
con los riesgos que implica. También yo fui capaz de sentirme
dueño de toda la armonía y todo el dolor del mundo. El
teatro griego, y su historia de coros, las óperas que mi abuelo
el italiano me enseñó a amar, mi niñez y juventud
de dura formación católica, el ardor que me despierta
el materialismo dialéctico que le debemos a Marx, mis trabajos
en los hospicios, y esa búsqueda demoníaca de la belleza
que sustenta mucho de lo que he escrito, están en esta obra.
Sin jactancia digo: quiero ser juzgado a través de ella.
-El vínculo entre los conceptos de
arte y locura ha quedado evidenciado, dentro del campo de la
poesía, por casos paradigmáticos como los de Artaud, Lautreamont,
y Fijman. Ahora bien, ¿cuál es, y cómo se explica esa
íntima relación establecida entre arte y locura?
Es como si alguien me preguntara: ¿qué día
se inició el mundo?. O bien, como se interroga el personaje de
mi obra Gurka: ¿dónde duermen los pájaros cuando llueve?.
También podríamos preguntarnos, a caballo de las desgracias
que sacuden nuestro país: ¿por qué negamos la realidad,
y después negamos que la estamos negando?.
Apunto con mis propias preguntas, y tengo muchas mas
para hacer, a una especie de condensación desde el absurdo, o
la desesperación. El misterio está ante nuestros ojos.
El que pregunta ya sabe. Nadie tiene la llave con que se abre la puerta
de la noche. O mirando el mundo sentado en otra roca, me atrevo a decir:
el arte es a la locura como la finitud al infinito; la conciencia de
mi muerte está en la vida que me mira.
A veces sueño con Fijman, que fue mi maestro;
con Lautremont y Artaud no sueño, pero les hablo. Me gustaría
un domingo de invierno, en que la tristeza de la tarde agobia nuestra
alma, jugar con ellos tres una partida de truco, tomarme una botella
de ginebra, y luego dormirme sin saber de qué color será
la mañana.
-Para finalizar la entrevista, ¿por qué el
nombre: "Una carretilla de música"?
La frase la escuché de boca de un interno del
hospital psiquiátrico de Corrientes. Me golpeó en la nuca.
Espero que a otros muchos también les golpee en la nuca, sería
una manera de comprobar que el guante de la belleza puede provocar un
efecto duradero, a la manera de un zurdazo de Monzón en el mentón.
Por Conrado Yasenza
yasenza@icarodigital.com.ar