Entendemos por economías de enclave
aquellas que se localizan en determinadas regiones, explotando
intensamente un solo producto mientras dura la demanda del mercado,
utilizando mano de obra explotada y barata. Al finalizar la demanda
deja poco o nulo provecho para el país donde se desarrolla,
pues no existe reinversión ni diversificación de
la economía, ni genera un mercado regional de producción
y consumo. Las ganancias contribuyen al crecimiento de las fortunas
personales de los productores, mientras el Estado tiene escasa
o ninguna intervención más allá de la captación
de ingresos fiscales.
En ese sentido analizaremos la producción
del caucho en la cuenca del Amazonas y del tanino en la región
Chaqueña.
Ciclo
del caucho en la región Amazónica. A fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX, la cuenca
amazónica se incorporó al mercado mundial a través
de la exportación de caucho. Las zonas de producción
fueron:
Los estados de Pará, Amazonas, Piauhy y Matto Grosso
en Brasil.
El departamento de Loreto en Perú
La región oriental ecuatoriana.
El territorio del Caquetá y el Putumayo en Colombia.
El territorio Nacional de Colonias, el departamento del Beni
y el territorio del Acre en Bolivia (éste último
cedido al Brasil en virtud del convenio de 1902).
Extracción del caucho de la siringueira (Haveas brasiliensis)
Antes del desarrollo del caucho sintético,
el natural se obtenía de un árbol natural de los
trópicos americanos (Méjico, América Central
y cuenca del río Amazonas) cuyo nombre científico
es Hevea brasiliensis, conocido también como siphonia
elástica; los brasileños la denominaron "siringueira".
Los árboles pueden alcanzar entre 30 y 40 metros de altura
con un diámetro de hasta un metro y su savia es el látex
que más tarde se convertirá en caucho por un proceso
industrial.
El primer uso industrial del caucho se debe al químico
inglés Priestley que en 1770 observó que servía
para borrar trazos de lápiz. Ya en el Siglo XIX, Charles
Mackintosch obtuvo la disolución de la goma en esencia
de hulla, lo que hizo posible su utilización en vestimentas
impermeables. Pero la demanda en gran escala sobrevino cuando
Charles Goodyear inventó en 1839 el proceso de vulcanización.
Fotografía obtenida en www.goodyear.com
Tanto en EE UU como en Europa se la utilizaba
tanto en la industria textil (impermeables, cinturones) como en
la de zapatos, instrumentos quirúrgicos y de laboratorio,
y para revestir los aros de las ruedas de los vehículos
desde 1850. Hacia 1890, la técnica de la vulcanización
fue perfeccionada por Dunlop permitiendo la producción
de neumáticos para la nueva industria automotriz. El desarrollo
de la misma hizo crecer la demanda de goma elástica en
grandes proporciones.
Apareció entonces una gran oportunidad para la cuenca amazónica
que contaba con enorme cantidad de yacimientos naturales de Hevea,
convirtiéndose rápidamente la región en el
proveedor más importante del mercado mundial, situación
que mantendría hasta que la producción inglesa de
Asia logró superarla en cantidad de producción y
bajos precios en la década del 30.
La explotación se efectuó en todos los países
arriba mencionados, utilizando más o menos las mismas pautas:
explotación intensiva de la materia prima orientada a la
exportación, localizada en amplios territorios sin controles
del Estado y prácticamente ningún beneficio para
la economía nacional, explotación abusiva de la
mano de obra mayoritariamente indígena, sometida por el
sistema de enganche, y ganancias enormes para un grupo, los denominados
"barones del caucho", quienes formaron sociedades constituidas
en el extranjero, sobre todo en Gran Bretaña.
La importancia que esta producción adquirió en la
primera década del Siglo XX puede visualizarse rápidamente
si decimos que para 1910 constituía para Brasil el 40%
del total de sus exportaciones, para el Perú el 30% y para
Bolivia el 22%. Para Colombia y Ecuador no formaban una porción
significativa de sus exportaciones.
Condiciones
de producción.
En todos los casos re realizó con procedimientos
rudimentarios. La extracción del látex era realizado
por los llamados "siringueiros", quienes a punta de
machete abrían senderos o estradas en la selva.
Las áreas explotadas se encontraban en todos los casos
cerca de los cursos de agua, para permitir la salida del producto
navegando los diferentes ríos de la cuenca del Amazonas.
Las estradas podían tener entre 4 y 6 kilómetros
y en cada una se construían los "barracones",
especie de unidades productivas donde vivían los trabajadores,
muchas veces controlados por un capataz al mando de hombres armados,
quienes eran los encargados de controlar el trabajo, pero sobre
todo evitaban fugas e imponían castigos cuando no se cumplían
las cuotas de corte asignadas. Podía darse también
el caso de que el trabajador edificara su propia choza para vivir
en la estrada, aunque tuviera que dirigirse a la barraca de la
compañía para aprovisionarse, pero siempre dentro
de la selva.
El látex se obtenía haciendo incisiones
con el machete en los troncos de los árboles, y recogiéndolo
en cubos que llevaban atado de la cintura. Ya en la barraca, el
siringueiro preparaba las bolachas, bloques semi-cilíndricos
que se almacenaban esperando que llegaran los lanchones para transportarlos
con destino final el puerto de exportación, Manaos o Belén
en Brasil.
La falta de mano de obra disponible en la región
obligaba a buscarla fuera de ella. El método utilizado
se conocía con el nombre de enganche. Los grandes
propietarios de gomales contrataban enganchadores que recorrían
las poblaciones ofreciendo sumas de dinero y mercancías
(conocidos como habilitaciones) para captar peones y transportarlos
hasta los lugares de trabajo. Una vez en la selva, el trabajador
debía comprar todo lo que necesitaba (herramientas, comestibles
y bebidas) en las tiendas que los habilitadores tenían
en la zona de barracas, a precios exorbitantes que perpetuaban
el endeudamiento. En principio, comenzaba debiendo el pasaje desde
su lugar de origen y debía comprar las herramientas a crédito.
Y si esto no bastaba, siempre quedaba el recurso del manejo de
las cuentas por parte del patrón, aprovechando que eran
analfabetos. Mientras tenían deudas, no podían dejar
el trabajo y en general existía el compromiso entre los
patrones de la zona para no dar trabajo a quienes no tuvieran
saldadas sus cuentas con el patrón anterior.
El sistema era perverso no sólo porque
convertía al siringueiro prácticamente en un esclavo
sin libertad para vender su fuerza de trabajo, sino por que además
se ejecutaba deliberadamente para evitar que acumulara reservas
y se fuera. En una zona donde la mano de obra era escasa, el sistema
del endeudamiento garantizaba la continuidad de la producción.
Gamarra señala que la relación laboral así
establecida era atípica y la denomina "peonaje por
mercancía", ya que de ninguna manera podemos hablar
de peones asalariados.
En el caso de Colombia, las torturas y el asesinato
de indios era moneda corriente. La prensa de Iquitos denunció
frecuentemente las duras condiciones de trabajo en el Putumayo,
que fueron reproducidas por la prensa londinense. En 1909, se
comisionó al cónsul inglés en Río
de Janeiro para que visitara la región y realizara un informe
al Parlamento. El mismo concluyó que en doce años
se habían producido 4.000 toneladas de caucho por un valor
de 1.500.000 libras esterlinas, pero cuyo costo había sido
la vida de cerca de 30.000 indios. La publicación del informe
produjo la caída de la producción en el Putumayo
y de la . (fundada por el peruano Arana pero con mayoría
de directores británicos) que controlaba 6.000 kilómetros
cuadrados de territorio colombiano.
Las condiciones de trabajo en Bolivia y en Brasil
parecen no haber sido mejores. Las denuncias sobre las atrocidades
cometidas en el Putumayo, hizo que otras compañías
caucheras registradas en Londres fueran investigadas. En el caso
boliviano, la más importante era la Casa Suárez
Hnos. J.Valerie Fifer cita un informe del Ministro de EEUU en
Bolivia al Depto de Estado, en el que manifiesta: "Aparentemente
existe más demanda de mano de obra esclavista en el Beni
que en el Putumayo; y en la región del Beni hay un poco
menos de ilegalidad. Se dice que los indios tienen un precio de
mercado en el Beni (Suárez Hnos.) de $ 80 o 1.000 Bs. Este
alto valor y la relativa escasez de mano de obra esclavista en
Bolivia hace antieconómico a los grupos dominantes, el
trato considerado a la vida humana". La cita es elocuente
sobre el valor de la vida de los indios en el sistema productivo
a que hacemos referencia.
Pese a las denuncias, y como era dable esperar,
la explotación del caucho continuó en las mismas
condiciones y, aún en aquellos países en que se
intentó una tímida legislación protectora
de los trabajadores, las leyes no se cumplieron. El poder y la
influencia política de los "señores del caucho"
les permitía comprar voluntades, incluso darle préstamos
a los gobiernos y desconocer las leyes.
Lo cierto es que la debacle de la producción
cauchera de la cuenca amazónica no se produjo por mejorar
las condiciones de trabajo o los salarios de los siringueiros.
A pesar de la prohibición de sacar semillas del país,
en 1873 algunas fueron llevadas clandestinamente a Londres desde
Brasil y sembradas en el Jardín Botánico de Kew.
Más tarde, las plantas se transportaron a Singapur y Ceilán
donde dieron origen a plantaciones explotadas racionalmente y
con otros recursos técnicos y capitales de inversión,
las cuales desbancarían en poco tiempo a la Amazonia del
mercado. Ya para 1919 de una producción mundial de 423.000
toneladas, al Oriente le correspondieron 382.000 toneladas.
El colapso fue rápido por la caída
internacional del precio de la goma. En pocos años, la
producción cesó o dejó de ser cuantitativamente
importante. Las ciudades que habían crecido al amparo de
la riqueza fácil de los siringales se despoblaron, y los
hombres quedaron librados a su suerte.
Como mudo testigo de su momento de esplendor
queda el teatro Amazonas de Manaos (capital mundial del comercio
del caucho) construido en el medio de la selva a precio descomunal
y en cuya inauguración cantara el famoso tenor italiano Enrico
Caruso
Los Estados involucrados poco o nada obtuvieron,
precisamente porque no participaron del verdadero negocio del
caucho: la financiación, la comercialización y la
industrialización, que quedaron en manos de compañías
extranjeras. Los costos de la desmesura sin duda se pagaron en
miles de vidas de indios "siringueiros" y la destrucción
del equilibrio ecológico de la región.
Los "barones del caucho" por su parte,
seguramente no esperaron que su gloria fuera tan efímera:
sólo supieron ver la posibilidad de ganancia rápida
por medio de un producto que parecía inagotable..
Explotación
del tanino en la región del Chaco
La explotación del quebracho colorado
en la región del Chaco correspondiente a Paraguay y Argentina,
es otro ejemplo del tipo de economía extractiva y destructiva
operada sobre un recurso natural casi no renovable.
En el caso de la porción argentina de
la región, hacia 1870 el hombre blanco había ocupado
solamente el borde oriental del río Paraná. Pero
ya para 1920, toda la provincia estaba bajo el control del Estado
nacional gracias a la acción de sucesivas campañas
militares. La del Gral. B. Victorica en 1885 tuvo dos resultados:
por una parte permitió que las tierras ubicadas a lo largo
del Paraná hasta más o menos 60 km de la costa pudieran
ser entregadas en propiedad o arriendo, mientras por otra obligó
a los aborígenes de la región (tobas, mocovíes,
matacos, vilelas) a retirarse al interior para subsistir con su
economía tradicional. El centro-oeste chaqueño terminó
de incorporarse productivamente después de la campaña
militar de 1911, que concluyó con una completa derrota
de los aborígenes que aún resistían, los
cuales debieron asentarse en la Reducción Napalpí
creada por el gobierno o en las misiones religiosas de los franciscanos,
donde serían disciplinados en el trabajo agrícola,
o bien debieron adaptarse al trabajo asalariado en obrajes madereros
o ingenios azucareros.
Desmalezamiento del quebracho antes de talarlo
Lagos señala que si los aborígenes chaqueños
se salvaron de la extinción absoluta fue porque eran conocidas
sus aptitudes para el trabajo y, por lo tanto, eran de interés
económico para el desarrollo de la región. El discurso
oficial de la "integración" a la "civilización"
ocultó la necesidad de mano de obra barata, que conocía
el territorio y estaba aclimatado a él. En los aborígenes
se encarnó la esencia del atraso o la "barbarie"
y, por tanto, había que traerlos a la "civilización"
y el progreso. Integración significó entonces incorporación
forzada de los valores del hombre blanco, es decir, aculturación.
Se suponía que quien debía ocuparse
de ello era el Estado, protegiendo a los considerados incapaces,
ignorantes, con estatuto de minoridad. En la práctica,
el Estado no sólo no fue paternalista sino que fue opresor,
disciplinándolos por acción a fuerza de campañas
militares, o por omisión al desentenderse del problema.
Por eso, violencia mas segregación, mas discriminación
fue la realidad que se impuso al discurso "integrador"
.
Producción
del tanino. La Forestal
El viajero francés Huret señala
que hacia fines del Siglo XIX los europeos descubrieron la riqueza
del quebracho colorado en tanino, que superaba a otras especies
que se utilizaban en ese momento (encina de Polonia y Austria,
castaño de Francia) y en EE UU (Hemlock, una variedad
de la encina).
Portales y Cia. y Harteneck y Cía. eran
las principales concesionarias de bosques en el N. de Santa Fe
y desde las últimas décadas del Siglo XIX exportaban
rollizos de quebracho a Europa y los EE UU, donde luego se fabricaba
el extracto de tanino. También se comercializaba en Argentina
para la fabricación de durmientes de ferrocarril, muelles,
postes para cercados, etc. Harteneck inauguró su propia
fábrica de tanino en 1895.
En 1902 ambas compañías se fusionaron
creando La Compañía Forestal del Chaco, organizando
una industria a gran escala, pero también delineando la
forma y método de la explotación del quebracho colorado,
irrumpiendo en un medio virgen e incorporando costumbres desconocidas
y creando una industria, vinculada a la explotación intensiva
de un recurso natural no renovable en lo inmediato. En 1905, necesitada
de capital de inversión para tener sus propios barcos y
ferrocarriles de transporte, además de nuevas fábricas,
crearon una nueva compañía en Londres con un capital
de un millón de libras esterlinas en acciones. Nació
The Forestal Land, Timber and Railways Company Lt., conocida
más popularmente como La Forestal .
Taller y personal de la fábrica
de tanino de Villa Guillermina
La compañía estaba organizada para monopolizar
la industria del tanino, dominando el mercado nacional y participando
activamente del internacional, y en su desarrollo adquirió
la mayor parte de las otras compañías del ramo hasta
convertirse en la más importante del país, con obrajes
en las provincias de Santa Fe, Chaco y Formosa, llegando a poseer
2.100.000 hectáreas de tierras entre propias y arrendadas.
Se trajeron técnicos y administradores
ingleses, pero no se permitió ningún plan de colonización
agrícola dentro de su territorio. La discreción
con que actuaron dentro de él estuvo en relación
directa con la falta de supervisión y control por parte
del Estado.
La visión de J. Huret , quien visitó
los dominios de "la poderosa Cía.", es muy interesante
porque describe las fábricas existentes, la más
importante ubicada en Villa Guillermina con una población
de 5.000 habitantes en plena selva, que tenía luz eléctrica.
Además la empresa poseía 300 km de ferrocarriles
que enlazaban las diferentes áreas de explotación
con las fábricas y con la línea principal del Ferrocarril
de Santa Fe. Tenían su propia flota de buques y remolcadores
que comunicaban con el puerto de Buenos Aires.
Hora de almuerzo de los empleados de la fábrica
de tanino de Villa Ana en 1930
Describe también los quebrachales, con árboles
de entre 4 y 10 metros de altura y que necesitaron un siglo para
su pleno desarrollo, por que el tronco engrosa sólo unos
pocos milímetros por año. Según afirma, un
ejemplar centenario proveía sólo dos o tres durmientes.
Condiciones
de trabajo
Las maravillas de progreso que describe el viajero
francés se construyeron, sin embargo, sobre la explotación
de los peones obrajeros y los obreros de las fábricas de
tanino.
En el caso de los peones, el trabajo se realizaba
en bosques donde había diferentes especies además
del quebracho colorado, y al que había que entrar a punta
de machete lidiando no sólo con la posibilidad de accidentes
sino con el clima ( cálido y húmedo), además
de las picaduras de insectos y ofidios, más las posibilidades
de contraer enfermedades como la malaria. G. Gori lo denomina
"trabajo asesino y brutal". Si bien eran valorados
por su rendimiento en el trabajo, estuvieron desamparados por
las leyes y sometidos al arbitrio de capataces y contratistas.
Los trabajadores eran contratados indirectamente
por La Forestal a través de contratistas; la empresa respondía
por accidentes de trabajo y les entregaba materiales para la vivienda.
El contratista los llevaba al monte, muchas veces acompañados
de sus familias y se le fijaba el salario según la cantidad
de madera puesta en condición de ser transportada. Les
pagaba con vales y estaban obligados a comprarle todo lo que necesitaran
(herramientas, alimentos, ropa, etc), que a su vez aquél
debía comprarle a La Forestal. Los precios abusivos que
se cobraban adentro de los obrajes implicaron en la práctica
que los vales volvieran a manos de los contratistas sin que mediara
entrega de dinero, es decir, pago en moneda por el trabajo realizado.
Como no se permitía el ingreso de comerciantes libres dentro
de los dominios de la Cía. ésta se aseguraba ser
la única proveedora y por tanto, ganancia extra. Incluso
en muchos obrajes se los incitaba a gastar y se fomentaban los
vicios – juego, bebidas – para que estuvieran siempre empeñados.
Bialet- Masé asienta en su "Informe..."
que la explotación del indio en el Chaco era todavía
más brutal que la del hombre blanco: se le pagaban salarios
más bajos, se les robaba en el peso de la madera cortada
y las proveedurías les cobraban más caro. Llega
a decir que tal vez fuera mejor que no existieran "los
establecimientos poderosos y de gran producción"
que son en sí mismos pequeños estados "despóticos
y monárquicos" que se desarrollan dentro de una
República. Estos incluso supervisaban el nombramiento de
los jueces de paz, que eran quienes supuestamente debían
defender a los trabajadores de los abusos de las empresas.
Además, los peones no tenían libertad
de trabajo, porque sólo podían trabajar para contratistas
de la empresa y si no, debían salir de sus tierras.
Los obrajes se poblaban transitoriamente, pues
agotada la tala los trabajadores eran llevados a otros sitios.
Familias enteras se cargaban en vagones de trenes para reiniciar
el ciclo en otro lado, viviendo en ranchos improvisados con troncos,
ramas y cueros.
Como vemos, también en los obrajes madereros
chaqueños la relación laboral era el peonaje por
mercancía.
Las revueltas sociales de 1921 en Villa Ana y
Villa Guillermina, que fueron acalladas por los hombres armados
de la empresa y la gendarmería, atestiguan la existencia
de incipientes focos de resistencia, rápidamente exterminados.
La introducción de destroncadoras mecánicas a partir
de la década del 20 obligaron a muchos peones a emigrar
hacia las zonas de producción de algodón y caña
de azúcar.
Escenas del film
argentino "Quebracho" (16-5-1974) - Dirección:
Ricardo Wullicher - Guión: José María Paolantonio
Creemos que la Forestal debería haber
quedado en la memoria colectiva como un símbolo de la acción
de empresas que bajo el barniz del progreso, la inversión
de capitales y la creación de puestos de trabajo, no dejan
más que pobreza y atraso porque exportan los enormes beneficios
obtenidos a sus casas matrices. Pero convengamos en que, si pudieron
hacerlo contaron con la complicidad de un Estado que dejó
hacer, perdido en la maraña de los beneficios del libre
mercado.
La ocupación del Chaco paraguayo se produjo
después de finalizada la guerra de la Triple Alianza, sobre
todo en la margen derecha del río Paraguay y con dos producciones
básicas: ganadería y explotación del quebracho
colorado.
Entre 1885 y 1925 se desarrollaron poblaciones
al amparo de la producción del tanino, la mayoría
de ellas extendiendo su esfera de influencia en las zonas perpendiculares
al río, y se tiraron líneas férreas que se
internaban en el interior buscando nuevos montes de quebracho.
Como en el caso argentino, las extensas propiedades funcionaban
como unidades de producción autónomas, relacionadas
con el mercado de exportación y donde el Estado tuvo poca
incidencia.
Hacia 1930 las principales poblaciones ubicadas
sobre la costa del río Paraguay, al norte de Asunción
y que concentraban la actividad de exportación de rollizo
y tanino eran: Puerto Cooper, Puerto Pinasco (que producía
el 40 % del total de tanino exportado por el país), Puerto
Casado (que fue el primer establecimiento industrial y cabecera
de la mayor propiedad, perteneciente a la familia Casado. Tenía
la infraestructura más importante y un ferrocarril de 180
km que penetraba en su territorio) y Puerto Sastre (con
una superficie de explotación de 375.000 ha, planta taninera
y ferrocarril).
Billetes y monedas utilizados
por La Forestal
Las condiciones de trabajo en los obrajes paraguayos
reproducían los métodos de la región chaqueña
argentina: explotación de mano de obra indígena,
pago con vales, inexistencia de legislación protectora
y de injerencia del Estado por la fuerte influencia política
de los llamados "barones del tanino".
Conclusiones
Esta etapa de capitalismo agrario puede ser analizada
en el contexto de la ocupación del territorio. La producción
de tanino implicó la ocupación del espacio chaqueño
tanto en Paraguay como en Argentina, espacio que de ningún
modo estaba vacío antes de la llegada de los blancos; por
el contrario, estaba poblado por diferentes pueblos indígenas
que fueron utilizados como mano de obra barata en esa y otras
explotaciones, como la caña de azúcar y el algodón.
Hablamos de ocupación como puesta en marcha de una producción
orientada al mercado externo, que no pudo sobrevivir como tal
a partir de la aparición de productos sintéticos
hasta extinguirse prácticamente en la década del
50, reconvirtiéndose en industria maderera.
El caucho de la Amazonia, al contrario, no dejó
nada. Su saldo más nefasto son las enormes pérdidas
humanas, matanzas y cacerías de indios que produjo la desaparición
de pueblos enteros.
A favor de éstas economías de enclave
puede decirse que permitieron el reconocimiento del espacio geográfico,
que se delimitaran fronteras y se establecieran retenes militares
en la selva. Algunos poblados se convirtieron en ciudades efímeras,
pero tuvo un efecto poblador y afirmó los derechos a los
territorios de los países involucrados.
Con respecto al poder regulador del Estado, poco
se ejerció en ambas regiones. El proyecto liberal de exportación
de materias primas tenía necesidad de la ocupación
de tierras a como diera lugar y el problema del aborigen nunca
tuvo la entidad suficiente para detener ese proceso. Por eso,
no existió la voluntad de intervenir para mejorar las condiciones
de trabajo, donde a la explotación de un trabajo brutal
e insalubre se le sumó el pago con vales y el enganche
por deudas, que convirtió a los trabajadores en verdaderos
esclavos, impidiéndoles vender su fuerza de trabajo libremente
en un mercado donde escaseaba y donde hubieran podido obtener
salarios más altos en función de la situación
misma de la región. Tolerar esta situación -
y aún justificarla- convierte a los grupos dominantes que
moldearon Estados a su medida, en cómplices de la enorme
pérdida en vidas humanas, de la depreciación del
ecosistema y del atraso a que condenaron a la región chaqueña
y a la cuenca del Amazonas.
Bibliografía
Bialet-Massé, Juan, Informe sobre el
estado de las clases obreras argentinas a comienzos del siglo/1,
Bs As, CEAL, 1985.
Bonilla, Heraclio, Estructura y eslabonamientos
de la explotación cauchera en Colombia, Perú, Bolivia
y Brasil, en DATA, Revista del Instituto de Estudios Andinos
y Amazónicos, N° 4, 1993
Borrini, Héctor R., La colonización
menonita en el Chaco paraguayo, en: NORDESTE, 2° época,
N° 9, Resistencia, Universidad Nacional del Nordeste, 1998
Cardoso, Ciro y Pérez Brignole, Héctor,
Historia económica de América Latina, tomo
2, Barcelona, Crítica, 1984
Caio Prado Junior, Historia económica
del Brasil, Bs As, Futuro, 1960
Iñigo Carrera, Nicolás, La colonización
del Chaco, BsAs, CEAL, 1983
Gamarra, María del Pilar, La participación
estatal en la industria de la goma elástica. Legislación
fiscal y economía gomera, en DATA, Revista del Instituto
de Estudios Andinos y Amazónicos, N° 4, 1993.
González Casanova, Pablo, América
Latina: historia de medio siglo, Mexico, Siglo XXI editores,
1986
Gori, Gastón, La Forestal, Bs As,
1968
Lagos, Marcelo, La cuestión indígena
en el Estado y en la sociedad nacional. Gran Chaco, 1870-1920,
Unidad de Investigación en Historia Regional, Fac. deHumanidades
y Ciencias Sociales, Univ. Nacional de Jujuy, 2000
J. Valerie Fifer, Los constructores de Imperios:
historia del auge de la goma en Bolivia y la formación
de la casa Suárez, en Historia y Cultura 18, Octubre
1990, La Paz (Bolivia), Sociedad boliviana de Historia, 1991
Por Silvia Simois de Bayón
Fotografías: http://www.laforestal.com/ y http://www.cinenacional.com/
a ellos nuestro agradecimiento.