El espinel a través del cual se articula
la entrevista realizada a Nicolás Casullo, escritor, ensayista
y director de la revista "Pensamiento de los confines", recorre
las referencias de sentido histórico, las cuales constituyen
la condición de posibilidad para argumentar el curso de una sociedad,
como así también, la función del lenguaje y sus
palabras en un contexto de crisis de los paradigmas existentes.
Por otra parte, se abre el interrogante acerca de qué es lo que
sucede con nuestra sociedad, cuando la dinámica de los acontecimientos
- como el reciente "cacerolazo" -, se erige sobre moldes y
lógicas massmediáticas.
Nicolás Casullo es escritor, ensayista, novelista, docente
de la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional
de Buenos Aires, y director de la revista "Pensamiento de los Confines".
Cuando se produjo el Mayo Francés, se encontraba en París.
Producto de esa vivencia es el libro "París 68. Las escrituras,
el recuerdo y el olvido". Como otros tantos intelectuales del país,
Casullo debió exiliarse en noviembre de 1974. Su primer destino
fue Cuba, por cuatro meses. Caracas, Venezuela, fue su segundo destino
en 1975. En 1976 viajó a México, donde vivió hasta
el año 1983. En ese año regresó al país.
Entre sus novelas se cuentan: "Para hacer el amor en los parques"
(1970), "El frutero de los ojos radiantes" (1984) y "La
cátedra" (2000).
Entre sus ensayos: "La comunicación, una democracia difícil"(1986),
"El debate modernidad-posmodernidad" (1988), "Viena del
900: la remoción de lo moderno" (1992), "Itinerarios
de la modernidad" (1996), "Modernidad y cultura crítica"
(1998), y "Palabras a destiempo" (1999)).
ENTREVISTA A NICOLÁS CASULLO.
· El curso de la historia.
- La idea es reflexionar sobre el clima socio-político
al que arribamos en el presente, partiendo de la vinculación
a la historia social inaugurada en la década del 80, la cual
se caracterizó, podríamos decir, por tres momentos: el
horror de la dictadura militar, junto a un proceso de concentración
económico-financiera; el alfonsinismo y la frustración
de la apertura democrática, y, el menemato, con su ola privatizadora
estrechamente ligada a la hiperconcentración del capital financiero
y la gran exclusión social.
- Siempre, cada presente uno lo vive como si toda una historia confluyese
sobre ese presente, y el presente fuese como una suerte de consumación
de todo un proceso histórico. Hoy sí, podemos decir que
a la grave crisis del país, en todos los órdenes, sociales,
económicos y políticos, es producto de una larga historia
también política económica y social, que yo la
inauguraría con el fracaso de la posibilidad de cambio y transformación
social de los 70, donde ahí sí, efectivamente, se dio
un quiebre, una desilusión, no solamente una frustración
profunda de toda una historia que aparecía como planteándose
la posibilidad transformadora, junto a los actores sociales en plena
dinámica y presencia de actuación, sino que a esa frustración
le siguió la violencia, la guerra, el genocidio. Con lo cual
podríamos decir que esta historia, por poner un determinado lapso,
comienza con una cosa tanática, mortuoria, una gran derrota de
las aspiraciones de la gente, no nos olvidemos que el gobierno de Perón
en el '73, fue votado por el 62% de la gente. Bien, esa frustración
permitió, frente a la carencia de toda resistencia y a una política
de muerte, miedo y terror, reconstituir y reorientar el país
hacia una Argentina donde la lógica pasaba por la especulación
financiera, por los créditos internacionales para determinados
sectores, por las importaciones que suplantaban las producciones nacionales.
Desde el '76 en adelante, la Argentina cambia su rumbo histórico,
y comienza a plantearse en función de capitales financieros-especulativos
y de una merma muy grande de la producción nacional. Esto trae
aparejado, ya en la época de la dictadura, una marginación
social, un cierre de empresas, un quiebre de una Argentina industrial
que allá por los '70 estaba absolutamente desplegada, con un
2,5 de desocupación; digo una Argentina caracterizada por la
muerte del compre nacional, por una suerte de gigantismo de Estado prebendario
que siguió desolando las arcas nacionales, y ya para cuando llega
la democracia, el eje central del país está trazado. Lo
que va a ocurrir de ahí en más es una progresiva y paulatina
descalcificación de lo que podríamos definir como el gran
momento industrial, trabajador, obrero de una Argentina en permanente
progreso capitalista que va a significar, al mismo tiempo en el campo
de lo político, una cada vez mayor merma de la presencia de las
organizaciones sindicales, de la presencia obrera, de la agremiación,
de la posibilidad de plantearse una línea política objetiva
en relación a los intereses nacionales y a los intereses populares.
Ya el triunfo de Alfonsín, si bien es el triunfo de una Argentina
que busca una salida democrática, "una salida hacia la libertad
y hacia la vida", como planteaba el propio Alfonsín en la
campaña de 1983, por otro lado marca la muerte de un sujeto político
que había sido protagonista en los últimos cuarenta años
del país, que es la del peronismo, la caducidad de sus conducciones
que respondían a un proyecto histórico. Es decir, la sensación
que se tiene es que en ese momento el peronismo ya está absolutamente
agotado, que ya no tiene banderas, que el mismo peronismo niega sus
banderas, así como negó a su propia ala izquierda exterminada
por la dictadura, buscando un pacto de no-intervención, de no-investigación,
de no-recuperación de la problemática de los derechos
humanos. Eso hubiera significado el gobierno de Italo Luder de haber
triunfado.
En ese sentido, podríamos decir que ahí tenemos un elemento
crucial de la crisis de la Argentina. Un movimiento histórico
que reunía a los sectores populares, a las grandes mayorías,
a la clase obrera organizada; que había reunido lo más
fuerte de una instancia revolucionaria - la llamada Juventud Peronista
o la Tendencia Revolucionaria -, desaparece de la escena histórica.
No sólo desaparece sino que crea un estado de confusión
ideológica, de venta de su propia alma, que luego se va a notar
palmariamente con la aparición de Carlos Menem. El peronismo
aparece así, casi en forma dantesca, con su signo contrario,
como consecuencia del fracaso del alfonsinismo en distintos niveles:
en el campo político, en el económico; en el plano de
los derechos humanos, en el problema del juicio y la absolución
de los propios militares que habían producido el genocidio.
Con la llegada del Menemato, podríamos decir que esta Argentina
que empieza a despuntar en términos dominantes antinacionales
allá por el '76, llega a su consumación con la venta del
país en su totalidad, con una problemática que, si bien
era cierta, se necesitaba una profunda reforma del Estado, porque el
Estado ya estaba caduco y esa Argentina del fracaso alfonsinista no
daba más, pero en realidad la política menemista sirvió
simplemente a los efectos de gestar un nuevo gerenciamiento, un nuevo
sector privilegiado, una nueva y muy alta capacidad de corrupción
donde entró de lleno la política peronista en casi todo
su conjunto
- Se podría definir como un Estado mafioso...
- Claro, un Estado mafioso, un Estado de la especulación financiera,
un Estado de capitales golondrinas, un Estado de capitales provenientes
del narcotráfico, un Estado de isla paradisíaca de inversión,
un Estado de corte posmoderno, globalizador, pero a diferencia de Chile,
Brasil o México, el caso menemista fue una suerte de Argentina
isla de la especulación financiera, en donde a lo sumo lo que
podía llegar a ser producción nacional, eran los hoteles
cinco estrellas que se iban a construir, o zonas turísticas de
casas para un cierto sector privilegiado del primer mundo - esto dicho
como hecho simbólico -, mientras que, paralelamente, la industria
nacional quedó totalmente destruida, la desocupación alcanzó
cifras record, la indefensión de lo social también alcanzó
extrema gravedad, pero al mismo tiempo se vivió la ilusión
del uno a uno, una suerte de milagro extraño, donde todo el mundo
sabía que algo no lógico, no real, se estaba desarrollando
pero a lo que todo el mundo apostaba.
"A. Kunz (Focus) - Le Monde Diplomatique
- 8/2/2000"
Es decir, es como lo que sucede ahora: Aquel que con justa razón
reclama el dinero puesto en el banco y que éste no devuelve,
ese hombre también sabía que esos altos intereses, que
esos plazos fijos en dólares, constituían un altísimo
riesgo, porque era una Argentina ilusoria, estafadora y estafada, una
Argentina con pies de barro. Y frente al desguace del país y
la pérdida de toda soberanía, frente a las variables más
humillantes de dependencia con respecto al imperialismo, la globalización
nos encuentra con que la Argentina hizo bien los deberes, pero al hacerlos
bien los hizo mal. Efectivamente, esta situación se evidenció
en el patético momento de Fernando de la Rua, que fue votado
- como fue votado Menem en el '95 -, precisamente como continuidad del
modelo. De la Rua fue la figura que, sobre todo para los amplios sectores
de la clase media, significaba la continuidad del modelo y un poco más
de decencia, un poco más de honestidad, un poco menos de robo
y mafia. En ese sentido, De la Rua no pudo cumplir la promesa de la
continuidad, sino que su propia incapacidad, su propia inactividad y
la propia gravedad de la crisis argentina absolutamente estallada, hicieron
que en dos años todo se desbarrancase para encontrarnos en este
momento, quizás con la crisis económica, social y política
más grave de la historia argentina. Esta es la crónica
a vuelo de pájaro de los antecedentes de este presente.
-¿Existe la dicotomía entre una teoría movilizadora
del conflicto y el cambio, representada por las décadas del ´60
y '70, frente a una posición, en la actualidad, de mayor aceptación
de la realidad. ?
- La Argentina de principios de los '70, la Argentina que va a desembocar
en el triunfo del peronismo, con Héctor Cámpora en el
'73, era una Argentina inserta en un mundo político- teórico,
que en distintas variables y lugares, se fundamentaba en una teoría
de la transformación social, del cambio histórico. Cambio
histórico que venía de una larga crónica política,
ideológica y teórica en Occidente y en América
Latina, pero donde se vivía que esa transformación, ya
sea en América Latina, entre las variables que planteaban la
revolución frente al fracaso de los reformismos, en los estudiantes
norteamericanos planteándose no a la guerra de Vietnam, y no
a la universidad que creaba egresados enlatados; o también en
Europa, donde se criticaba el reformismo y el entreguismo del Partido
Comunista, o del Stalinismo sojuzgando a los pueblos de Europa del Este,
y planteando la necesidad de una revolución; o en África
o Asia, donde los pueblos estaban combatiendo por su liberación,
en ese marco, es indudable que la generación de los '60 y '70
estaba absolutamente situada en la concepción del cambio social,
del derrumbamiento del poder capitalista en la antesala de la conciencia
del socialismo, tomando como modelo lo que podría llamarse la
revolución cubana-guevarista, tomando como modelo la revolución
argelina de liberación, a través de un teórico
como Fan Fannon, que hablaba de la Nación y de la identidad nacional
a recuperar desde la lucha armada del pueblo; tomando como modelo la
larga marcha del pueblo chino, o tomando como modelo la heroica lucha
del pueblo vietnamita contra el imperialismo norteamericano.
Todo este marco daba para que se renovasen y cobrasen vigencia las distintas
variantes de las teorías marxistas revolucionarias, que podían
encontrar canales nacionalistas-populistas como el peronismo, que podían
encontrar canales cristianos de lucha por la liberación, que
podían encontrar canales nacionalistas no populistas, marxistas,
socialistas, pero todo estaba situado en el campo de una cultura de
avanzada, de vanguardia reflotada que planteaba la idea del cambio histórico,
la ruptura de las relaciones sociales, la violencia necesaria partera
de la historia, la confrontación de clases llevada a su máxima
expresión, que era el momento de la revolución; la guerra
de guerrillas o la insurrección armada o el largo camino de la
lucha campesina, todo situado en la égida del fin del capitalismo.
Entonces, se era hijo legítimo de cien años de historia.
Desde fines del siglo XIX, ya con los últimos escritos testamentarios
de Marx, se avanzaba en una dirección que, inexorablemente, iba
a acontecer. Teníamos a favor las leyes de la historia, el recorrido
objetivo de la historia, más allá de que nos equivocásemos
o no, tarde o temprano la historia se encaminaba de manera determinista,
hacia el fin del capitalismo y la constitución de formas de comunismo
y socialismo.
En ese campo existía una variable de transformación social
que comenzará a hacer crisis, en términos políticos,
sobre todo, a partir de la experiencia histórica concreta de
muchos pueblos y sociedades, sobre fines de los '70. Se manifiesta en
Europa el Eurocomunismo, aparecen las denuncias cada vez más
constante y palpable contra el llamado socialismo real, se dan los retrocesos
populares en América Latina, donde las diversas y distintas dictaduras
reprimen y aplacan toda aquella euforia revolucionaria de los años
'60 y '70. Los Estados Unidos entran en un momento opaco y de auto revisión
de sus variables luego de la derrota en Vietnam, la izquierda en Europa
entra en una crisis teórica, política e ideológica
profunda. Y ya, hacia principios de los '80, comienza a plantearse algo
que en la Argentina no se vive, producto de la dictadura, la censura
y la imposibilidad de actividad en el campo intelectual: La crisis del
marxismo y de los socialismos reales, lo que Perry Anderson va a llamar
la crisis de una cultura socialista, señalando en el término
cultura, que no era cuestión de alguna equivocación o
de algún desviacionismo, sino que lo que quebraba profundamente
era una cultura del cambio y la transformación. Comienzan, entonces,
a surgir las variables socialdemócratas, socialismos rosa, variables
tenuemente reformistas y administradoras del sistema. Se suplantan las
teorías del cambio por izquierdas que comienzan a trabajar la
reivindicación de un capitalismo "con alta sensibilidad
social". Y entonces, se inaugura un tiempo político, ideológico,
teórico y reflexivo que deja atrás la lógica de
la transformación y se sitúa en la lógica de la
gobernabilidad de las sociedades. En esta lógica de la gobernabilidad,
se deja de lado el eje Rousseau-Revolución Francesa, y aparece
el eje Hobbes del pacto social, del contrato social. Se agrega a esta
crisis histórica de la izquierda, de las utopías, de lo
que podríamos llamar el telos de la historia, un momento muy
fuerte de las reformulaciones técnico-productivas de la sociedad,
lo que podría definirse como la entrada en una tercera revolución
productiva, que va a afectar de lleno a este gran sujeto histórico
que era la clase obrera, y que desde 1830 hasta 1980 era aquel sujeto
mesiánico que aseguraba el pasaje del capitalismo al socialismo.
Junto a este acontecimiento, va a aparecer en escena otro elemento muy
fuerte que es lo que se llamaría la revolución y el renacimiento
del pensamiento cultural conservador, el pensamiento de las derechas
culturales y políticas, que cobran nuevos bríos, cobran
nuevas formas de propaganda, de publicidad; se realimentan con mucha
inteligencia, cuestionan el planteo de la democracia keynesiana, de
la economía social, del Estado protector; plantean la necesidad
de un regreso a un liberalismo de mercado bajo la idea de que había
sido éste, el momento más exitoso de la historia capitalista,
y que luego había sido envilecido por políticas del Estado
social. La revolución conservadora, desde los '80 en adelante,
desde el eje Reagan-Tacher, comienza a invadir y vencer, en todas las
dimensiones y en todas las líneas, la batalla político-ideológica,
la batalla cultural.
- Es decir, se impuso la teoría de la aceptación.
- Yo diría que la teoría de la aceptación es la
teoría de la gobernabilidad. De lo que se trata no es de transformar
nada, sino de encontrar la forma más adecuada de gobernar sociedades,
que por la compleja concurrencia de factores alarmantes necesitan ser
gobernadas. El Estado pasó a ser un lugar de administración
de la crisis, de gobernabilidad, tanto lo ocupe la izquierda como la
derecha. Se pasa a una problemática de época, no coyuntural,
donde la aceptación de la condición dada se traduce en
una teoría cuyo cuerpo central es la problemática de la
mejor gobernabilidad. De la gobernabilidad con reforma, de la gobernabilidad
en provecho lento y progresivo de sujetos subalternos, de la gobernabilidad
brutal de un capitalismo salvaje neoliberal, pero siempre situados dentro
del capitalismo, sin la mirada del cambio transformador.
-¿Hay posibilidades de gestar una nueva discursividad
orientada al cambio, a la transformación. ?
-Las posibilidades siempre existen en el sentido de que la historia
esta siempre abierta, siempre hay circunstancias donde se corta un hilo
que parece que es eterno, donde se produce un cortocircuito en la dimensión
del dominio que parecía inconmovible. A diferencia de ciertos
agoreros que plantean el fin de la historia, ésta implica siempre
conflicto, siempre es apertura, más allá de que pueda
haber épocas, etapas - como las hubo a lo largo de la modernidad
-, más proclives al no pasa nada, y otras etapas más proclives
a las conmociones. Uno podría decir que, desde 1789 hasta la
caída de Napoleón, en 1815, Europa vivió un tiempo
de conmociones fuertes. Uno podría decir que desde 1810 hasta
1840 ó 1850, América Latina vivió conmociones fuertes
en su gesta independentista. En Europa desde 1820 hasta 1870, no pasó
nada absolutamente fuerte o conmovedor, sino que en esa etapa se constituyó
el buen burgués, la modernidad en su edad de oro por excelencia,
y en la propia Argentina, podríamos decir que hasta 1945 pasó
muy poco; se constituyó la nación, llegaron los inmigrantes,
apareció el Yrigoyenismo, pero en general, la historia no vivió
conmociones como las habría de vivir luego, a partir de 1945,
donde "aparece" una clase en la escena histórica y
se organiza definitivamente en términos de aspiraciones políticas.
Luego, los '60 y '70 trajeron la posibilidad de pensar una liberación
nacional y social como la planteaba el peronismo, y con la cual fracasó.
Hoy se han quebrado estos modelos de redención de la historia
que forman parte de una creencia muy fuerte, de formas de religiosidades
populares muy intensas, de teorías muy profundas, muy trabajadas
y analizadas, donde el grueso de lo más inteligente del pensamiento
moderno estaba de acuerdo; donde los cuadros, los militantes, los intermediarios
producían organizaciones de izquierda de enorme envergadura,
y planteaban con absoluta seguridad que por ley científica, como
decía Marx, se iba a llegar al socialismo.
Una vez quebrado, es difícil reconstituir ese modelo, esa lógica,
ese molde. En las últimas décadas aparecieron formas distintas
de cuestionamiento, de planteos contestatarios, formas distintas de
rebeldía, diferentes modalidades de crítica, pero que
hoy por hoy, aparecen como se diría en términos posmodernos,
fragmentados o agrupados en sus propias reivindicaciones específicas,
muchas veces autista una variable de la otra, y en donde es difícil
percibir el rumbo de un nuevo proyecto histórico subalterno desaparecido
el potencial emancipatorio que, se creía, tenía la clase
obrera organizada. Resulta muy difícil plantearse un cambio social
sin sujetos o con un sujeto desagregado, con un sujeto que no contiene
la posibilidad de dominar, en términos políticos- ideológicos,
con consenso, el proyecto social en su conjunto. Entonces digo, la historia
no se ha terminado, pero estamos pasando un interregno donde, infinidad
de ideas han pasado al desván. Y han pasado al desván
porque la sociedad no las visualiza de una manera consensuada.
· El "cacerolazo"
y la clase media argentina.
- En el plano de las manifestaciones de protesta acontecidas
recientemente, que las podríamos calificar de típicamente
urbanas, como el cacerolazo, que a su vez tiene un antecedente interesante
que fue el cacerolazo chileno con que se derrota a Salvador Allende.
¿ Es el"cacerolazo" una manifestación real de
una discursividad que tiende a generar algún cambio? ¿Cómo
caracterizaría Ud. este tiempo, donde la impresión es
que la clase media urbana ha reaccionado, si bien lo hizo ante situaciones
muy particulares, pero que a su vez interpreta y se reproduce como el
nuevo gesto de protesta. ?
- La clase media urbana, capitalina, tiene una historia muy particular.
Hacía mucho que no salía a la calle, y creo que en este
momento sale evidentemente por hartazgo, porque la traicionaron, porque
creyó en algo que no era cierto; sale porque está absolutamente
disconforme, en términos extremos, con la clase política
dirigente, sale porque le expropian sus disposiciones monetarias, y
eso es irreductible. Y a partir de todas esas variantes, sale como sale
la clase media, como un compendio de contradicciones. La clase media
ha salido a la calle en otras circunstancias: Salió en el '73,
salió con Galtieri, con Alfonsín; salió en Pascuas,
salió por los derechos humanos, apenas había triunfado
el radicalismo. La clase media sale a la calle, algunas veces nos gusta
más como sale otras menos, pero es una clase sin perfil propio,
sin una gran identidad que básicamente se autolee en su propio
recorrido en lo que puede. Podríamos decir que hoy la clase media,
con sus cacerolazos, ha logrado cosas muy fuertes, como puede ser la
caída de un presidente que, si bien estaba muy marchito no caía
si no era por la salida de la clase media a la calle. Se volcó
espontánea y protagónicamente, y desde esa perspectiva
ha gestado lo que se llamaría una escena, un planteo, un acto
que va teniendo, progresivamente, sus contornos míticos, como
es el cacerolazo. El cacerolazo va expresando la crisis profunda de
lo político, de lo social; una suerte de Argentina terminal como
la que estamos viviendo, con una clase media que es particular, históricamente
muy desplegada, una clase media que define más "lo argentino"
que la propia clase obrera.
-¿ Cómo se definiría la clase media argentina?
- La Argentina es un país con clases medias urbanas desde 1900,
o sea con cien años de historia, que tiene sus edades culturales,
sus ideologías, sus conductas, sus valores de clase media muy
a la europea, a diferencia de una clase obrera, que es otra instancia
social, con otras variables, otra ideología y básicamente
peronista. La clase media tiene una altísima historia cultural
de identidad dentro de la Argentina, aunque esa identidad sea la no-identidad,
pero la tiene. La clase media argentina tiene un siglo de teatro, de
cine, de radioteatros y teleteatro, de libros, de aquellos elementos
sociales, culturales y económicos que la constituyen. Tiene cien
años, a diferencia de otros países latinoamericanos donde
los amplios sectores medios aparecen mucho más tarde en términos
de signar culturalmente de manera rotunda una sociedad. Entonces, hay
una clase media que tiene sobre su pellejo infinidad de cicatrices:
salió con Yrigoyen en el '14, padeció la década
infame, se movilizó contra Perón en el '45, con la Unión
Democrática; se sintió violada desde el '45 al '55 con
la marea de los cabecitas negras, en el '55 salió a vivar la
caída de Perón. Luego, sus hijos fueron la clase media
montonera del '73, experimentaron lo que políticamente se llamó
la nacionalización de la clase media, con planteos revisionistas,
de liberación, nacionales, de alianza con la clase obrera en
una suerte de causa nacional. Entonces, evidentemente, tiene infinidad
de marcas, de muescas, y hoy sale nuevamente, pero lo hace en una circunstancia
especial histórica posterior a la venta y desguace de la patria;
y sale también en términos ciegos, términos que
yo no apoyo ni comparto, es decir: Que a mí la clase media me
diga que el problema histórico es el diputado formoseño
que cobra mucho, significa que no entendió nada, no porque ese
diputado no cobre mucho, no entendió nada porque eso no va a
modificar absolutamente nada. Y hoy la clase media es un compendio de
contradicciones, que si escucha que en tres programas televisivos amarillistas
y bastardos, como la mayoría del periodismo radial y televisivo,
le dicen que el problema son las empresas privatizadas, va en contra
de esas empresas; si le dicen que son los negros de Duhalde, va contra
ellos. Es decir, sale soliviantada, sale harta, sale con justa razón
porque le robaron capitalistamente lo que capitalistamente le dijeron
que podía ahorrar, acumular, especular en plazo fijo; pero sale
ciegamente y desde esos intereses en donde hay claroscuros, hay negro
y blanco; hay una gesta, una cierta heroicidad en el salir, pero al
mismo tiempo -uno lo ve en las manifestaciones-, hay un pacto con el
movilero, hay un pacto con Crónica TV, donde efectivamente uno
no sabe si a esa clase media le devuelven los anclajes no es capaz de
aceptar a quinientos Carlos Grosso, y como no se los devuelven no acepta
ninguno. Sigue siendo en su corazón una clase media cavallista,
defensora del uno a uno, que no quiere el despertar de la burbuja en
la que vivió nueve años. No quiere saber sobre planteos
nacionales, antiempresariales, antiliberales, ni de jugarse al desafío
de enfrentar a fondo a los dueños del capital mundial. La reivindico
como la reivindiqué en otras circunstancias. Cuando estuve en
las Pascuas de Alfonsín, la clase media salió con todo
y fue defraudada como nunca, y no volvió a salir por quince años.
Hoy sale, toma las calles, pero cuando pide que se vayan todos, veo
que es una clase media que está, sin darse cuenta, como situándose
en su propia cultura: Parte de esta clase media cada ocho o nueve años
dijo siempre: "Que se vayan todos y venga un milico". Hoy
no lo puede decir así, y por eso pide que se vayan todos sin
el agregado porque sería vergonzoso, después de Videla,
de los treinta mil muertos, de lo que significan las Fuerzas Armadas.
Pero, en el fondo están diciendo: No quiero a la clase política,
ni al Congreso, ni a los legisladores. Esto fue dicho muchas veces por
la clase media argentina, y siempre tuvo un militar que les hizo caso
y gobernó por cinco ó seis años. Luego, la clase
media empezó a decir la verdad, y aparece entonces, la necesidad
de una apertura democrática donde se vuelve a votar al peronismo
y al radicalismo.
- Esto me lleva a pensar si la clase media es víctima
o gestora de esta trampa.
- Yo creo que es ambas cosas. Es víctima porque es ciega, porque
es una clase que no tuvo nunca un objetivo propio. Es ciega porque se
creyó lo del espejismo y el oasis menemista. El uno a uno la
transformaba en reina de la creación. Pero eso también
es justo, porque en una época donde de lo que se trata es nada
más que del capitalismo, tiene razón en pedir un capitalismo
como el de los otros demás países. Tiene razón
en plantearse cómo puede un banco robar a la gente. En ese sentido
es víctima y gestora de movimientos ciegos, alimentados por un
periodismo que está haciendo época en la Argentina.
Creo que uno de los grandes males que tiene el país es el 80
por ciento del periodismo radial y televisivo. La mayoría de
los programas son un camino ciego, por derecha y por izquierda, de risa,
de histeria, de cinismo, de estupidez, de ignorancia, de mala intención,
de intereses espureos. En el cacerolazo, los programas televisivos también
tienen una enorme participación, en su peor y en su mejor sentido.
En su mejor sentido porque provocaron el cacerolazo, y en su peor sentido
porque son capaces de perseguir cualquier cosa con tal de que sea noticia.
Acá hay otro tema. En los cacerolazos apareció, y creo
que a esto trata desesperadamente de ponerle límite el actual
gobierno de Eduardo Duhalde, no sólo el cacerolazo de la clase
media, sino que apareció el segundo y tercer cordón industrial
de Buenos Aires, que está exhausto, en la plena miseria, desocupación,
falta de toda posibilidad, abandono y olvido.
Este es el otro sujeto social que cuando aparece, lo hace en una Capital
Federal que ya se había acostumbrado a la ausencia del peronismo.
Una Capital Federal donde el peronismo había llegado a un 5 por
ciento de las elecciones, donde podemos decir ganaba De la Rua, Ibarra
y de golpe aparece el duhaldismo de la provincia de Buenos Aires. Hace
su entrada, otra vez, la marcha peronista con Rodríguez Saa;
se le aparecen los muchachos de Duhalde tirando piedras, y entonces
vive a la manera del '55 viejas sensibilidades gorilas. Esto también
se produce porque efectivamente ese segundo y tercer cordón,
que hace mucho que vive una penuria extrema, no arriba. La clase media
lo que diría es: Agárrenlos a lonjazos, compren perros
de policía, pero déjenlos lejos de acá. De alguna
manera, este desastre, este fracaso de la Alianza, esta reaparición
de Rodríguez Saa muy brevemente y posteriormente de Duhalde,
hace reaparecer un peronismo con el cual la clase media no está
de acuerdo. Es más, esta claramente en desacuerdo. Ahí
se da un punto de no articulación entre clases, que una nueva
política debe resolver y armonizar, donde se reúna un
amplio sector político de lo que hoy está separado por
un abismo entre clase media y pobre, entre gorilismo y peronismo, entre
gente de bien y "barras bravas".
Ese otro sector es el que, cuando aparece ahora en la escena política,
lo hace con barras bravas, con saqueadores; aparece con gente que no
tiene nada que perder, y entonces si ve una vidriera la rompe. Ya no
es la clase media con los hijos, el bebé, los abuelos, sino que
aparecen expresiones de una Argentina absolutamente muerta de hambre,
bestializada, barbarizada por la pobreza, la injusticia y el hambre,
donde estos saqueadores, o lo que la gente llama barras bravas, hoy
son miles. En cualquier localidad de la provincia o frontera de la Capital
los encontramos, e indudablemente son hijos de la miseria, son hijos
del olvido, del neoliberalismo, hijos de las peores injusticias, de
la no-educación, de la falta de salud, de la no-vivienda, de
la imposibilidad absoluta de una vida digna.
· Las palabras y las cosas.
- ¿Qué importancia adquiere el lenguaje, la palabra,
en el contexto de crisis de paradigmas hasta ahora vigentes?
- La palabra se ha ido corrompiendo, se ha ido desagregando en esta
Argentina de la década del '90; aún la palabra en su existencia
más material y concreta. Lo que por ejemplo antes era entrega
a domicilio ahora es delivery. Todo aquello que se nombraba en castellano
o argentino, pasó a nombrarse en inglés. Las publicidades
trajeron además esos vocablos, la gente los empezó a utilizar
y a ponerlos de moda.
Además, la palabra aparece como la más saqueada, golpeada
y herida cuando se produce el quiebre de lo político, cuando
se produce el quiebre de los representantes de la política, cuando
la gente rompe el pacto que tiene como representada con sus representantes.
En esta situación, uno de los elementos más claros para
indicar lo que se ha quebrado, lo que ha estado en crisis, lo que se
ha esfumado, es la palabra. Que se da en el caso de frases como "ya
no te creo", "no me vengas con lo de siempre", "esta
película no me la creo", las que están indicando
que el valor de la palabra, el valor de la frase, el valor de la promesa,
el valor del "síganme", se ha quebrado. Porque cuando
un político dice voy a hacer tal o cual cosa, y hace exactamente
lo contrario, o cuando sabe que hay corrupción, mafia, delito
y robo, y no lo corrige, es la palabra la que pierde valor.
- Y si hay palabras que se han esfumado o perdido su valor, ¿cómo
se representa y explica el mundo?
- Hay palabras que se han perdido, y hay palabras que no volvieron
a existir. Cuando Rodríguez Saa habla de la resistencia peronista,
y le hace un homenaje a la resistencia peronista en su discurso, está
utilizando palabras que tenían valor entre 1955 y l973. Hoy ha
desaparecido la palabra "liberación", la palabra "Nación",
"Patria", "intereses nacionales". Si uno hace seis
meses decía intereses nacionales, lo miraban y se morían
de risa, le preguntaban de qué estaba hablando. Hoy han aparecido,
nuevamente, una serie de palabras fantasmas, de palabras espectros que
indican que también hubo una especie de duelo, de entierro, de
sepultura de miles de palabras y frases que, desde 1976 hasta hoy, se
habían dejado de utilizar - como "anti-imperialismo",
"no queremos ser colonia", "intereses que afectan a la
Argentina" -, que se están volviendo a escuchar en estos
días y son palabras, frases, que habían dejado de existir
en la propia sociedad, habían dejado de existir en la clase media,
en la clase urbana; también habían dejado de existir en
la Academia, en la Universidad, en el periodismo; habían dejado
de existir en todas partes, de eso no se hablaba. Esto indica que la
palabra también es la expresión máxima de la muerte
de un país, del renacimiento de un país, de la estructura
de facto de un país, del desconsuelo de un país, de la
obscenidad de un país, porque también este país
ha sido obsceno e infame con las palabras. Costó mucho la recuperación
de cada una de las palabras. Un ejemplo claro es la imagen de Videla
reporteado que decía "que me hablan de desaparecidos, si
el desaparecido no existe", y hacía un juego de palabras,
que luego el argentino tomó al pie de la letra. De lo que mejor
es no hablar, no hablemos. Esto comenzó con la dictadura: "vos
y yo sabemos pero no hablemos", como diciendo "vos y yo sabemos
lo qué es la década del 90, vos y yo sabemos lo que es
el uno a uno, vos y yo sabemos lo que es esta burbuja de agua, pero
no hablemos."
· La Academia y la lógica massmediática.
- Usted ha hablado de la Academia. Me interesa saber que ha pasado
con el campo intelectual del país. ¿Genera hoy el intelectual
prácticas capaces de intervenir en la realidad, o por el contrario,
hay una retracción hacia el claustro?
- Creo que hay más una retracción al claustro. En este
sentido, creo que también hay una misión amplia con relación
al papel del intelectual, al rol del intelectual, que en los '90 no
existió. Existió en los 70, existió en el exilio,
existió en la década del '80 y luego entra en eclipse,
entra en el ocaso, no sólo en el país sino también
en muchas partes del mundo.
Efectivamente el intelectual, que es una figura que nace hacia principios
del siglo pasado y que Sartre la lleva a una jerarquía mayor,
es una instancia que yo siempre reivindiqué, que siempre recupero.
En todo caso, yo trato permanentemente de ser eso, un intelectual crítico,
intervenir en debates ante la opinión pública sobre temas
que uno se plantea con independencia de criterio, como crítica
a los poderes, a las formas de dominio, a las falsas ideologías,
a la falta de humanismo de las clases burguesas. Se diría que
la figura del intelectual, hoy está absolutamente en baja. Tampoco
es posible pensar que se va a mantener una casta de intelectuales absolutamente
incólume, en un país que ha vendido todo, que ha llegado
a un punto cero de cualquier otra alternativa a esto que estamos viviendo.
En ese caso, el intelectual, por un lado, se ha desbarrancado, ha entrado
en variables progresistas, social demócratas; se ha sentido,
como siempre, hijo de los vientos de época, se ha adaptado a
los vientos de época, se ha situado en los campos de las modas,
en las bibliografías de moda; ha renunciado muchas veces a la
memoria, ha considerado que los '60 y '70 no han tenido nada rescatable.
Se ha pensado que se era más virtuoso en los '80 y los '90, por
cierta forma de pensar, que lo que se era en los 60 y en los 70. No
estuvimos, y acá me incluyo, a la altura de analizar profundamente
lo que fueron las décadas del '60, '70 y '80. Evidentemente esto
nos ha, por un lado, desprovisto de la capacidad de pensar. Por otro
lado, la época es muy engañosa, es muy perversa, es, podríamos
decir, muy de libre mercado comprador, donde uno podría decir
que como nunca los intelectuales intervienen, están en los medios,
están en las columnas.
- ¿A qué causas cree que responde esta situación?
- Responde a que, desaparecido el grosor de la política, desaparecida
la densidad que tenía una cultura de izquierda, que permitía
situarse en ese campo y mirar a todos esos medios como lo otro, lo que
queda es el mercado, y el mercado, en ese sentido, lo que hace es plantear
cosas que vendan, cosas que interesen, cosas que entretengan. Podríamos
decir que el mercado de los medios, tanto gráficos como audiovisuales,
en estos últimos veinte años, le ha hecho un honor grande
a los intelectuales: los ha invitado, los ha hecho participar. Nos ha
demandado opiniones sobre todo, sobre la inseguridad, la postmodernidad,
la globalización, la crisis de los políticos, sobre el
rumbo de la izquierda, el fin de las utopías; nos ha indagado
acerca de qué es el peronismo, qué pasa con la democracia,
qué pasa con las mujeres, qué pasa con los gay. Es decir
hemos hablado de todo y se nos ha demandado todo, cosa que no existía
para nada en los '60 y en los '70, donde un intelectual era más
bien quién entraba a militar pero de manera anónima, y
también de manera perversa, porque abandonaba escrituras, novelas,
para entrar en una militancia política que mas bien era reduccionista
de toda otra riqueza de cada uno de nosotros. Ese intelectual no era
tan requerido. Hoy, un intelectual que se precie de tal, ha tenido en
los últimos diez años, más o menos ciento cincuenta
mesas redondas en donde ha participado; ha escrito columnas, artículos
en los diarios. En ese sentido, podríamos decir que, junto con
la crisis del intelectual, en términos de compromiso con una
política de izquierda en avance, en crecimiento, ligada a la
clase obrera para hacer una revolución; en el ocaso de ese intelectual
ha crecido el intelectual silvestre, se ha transformado en un casillero
de mercado, en un nombre y apellido, con cierta cotización, demandado
por psicoanalistas, arquitectos, periodistas, instituciones, para que
digamos lo que tenemos que decir. Evidentemente, en ese mundo se han
complementado con una perversidad que tiene hoy ese capitalismo tardío
de consumo, de oferta, de permanente espectáculo. También
el intelectual se transformó en una especie de estética,
así como hace falta un sindicalista, un cura, un futbolista,
un director técnico, hace falta un intelectual demiurgo para
llenar de ideas algunos casilleros.
- Yo tenía la percepción de que los medios de comunicación
poseían, en su lógica interna, una fuerte aversión
a lo que es el campo intelectual...
- Ése es un tercer elemento, que todavía es más
complejo. Yo creo que es así. Acá hay otro fenómeno:
El ocaso de un pensamiento intelectual y político de izquierda,
trae como consecuencia, el protagonismo de un neoperiodismo. Estamos
bajo la égida de ese nuevo periodismo, que no tiene nada de nuevo;
es un periodismo que es protagonista y hegemónico como nunca,
no por la capacidad de los periodistas de esta generación que
nos tocaron en suerte, esto quiero que quede claro. Es así porque
la única lógica que impera es la de la sociedad massmediática.
- ¿Qué ingerencia tiene, entonces, la lógica
de los massmedia?
- La sociedad massmediática exige y obliga que el gran protagonista
sea el locutor y el periodista, los únicos dos enunciadores que
escuchamos. No hay otro enunciador que sea escuchado. Entonces, evidentemente,
estamos inmersos en la lógica de la sociedad massmediática,
que no es la lógica de la sociedad de los grandes medios de masas.
Eso ocurría durante los '60 y '70. La lógica de la sociedad
massmediática consiste en que toda la sociedad se rige bajo esta
lógica, todo es mediación, todo es virtualidad, todo es
mensaje, todo es representación, como diría Lyotard "el
mundo ha desaparecido", lo que quedó es la simbología
de un mundo que ya no nos preocupa más si sigue existiendo o
no.
- Un mundo que todo lo estetiza.
- Todo lo estetiza, es decir, no se habla de otra cosa que de lo que
aparece en televisión. Lo que no aparece en televisión
no existe, porque uno mismo no le da importancia, no lo valora. A diferencia
de los 60 y los 70, décadas en las que la Juventud peronista
hacía una manifestación de veinte cuadras que rodeaba
la Casa Rosada, la quinta de Olivos, y cuando volvíamos a casa
nadie miraba la televisión ni leía los diarios, porque
esa presencia y esa densidad, ya de por sí modificaba la realidad
política. Hoy es al revés, juntás veinte personas,
como ocurre con los cacerolazos, y si tenés a Crónica
y a dos movileros, ya está hecha la nota. Pero eso también
es el éxito y su propia muerte, porque va a formar parte de lo
que se llama la sociedad massmediática, en el mejor y en el peor
sentido de la palabra, porque también este tipo de sociedad permite
una mayor información, una mayor conciencia de los conflictos,
un estar en infinidad de lugares y saber de qué se trata, un
testimonio permanente de aquellos que son afectados. La sociedad massmediática
no es negro o blanco, es una mezcla extraña. Estamos sobre la
égida del periodismo, y este periodismo es protagonista porque
está situado en una sociedad massmediatizada a ultranza; es un
periodismo básicamente sospechoso, receloso y cuestionador de
una suerte de pensamiento intelectual al que sitúa como un pensamiento
supuestamente abstracto, un pensamiento de sabihondos, un pensamiento
no interesante, un pensamiento sin raiting, un pensamiento aburrido,
que nadie entiende, de palabras difíciles, cuando el periodismo
hace gala de la palabra directa, la palabra grosera, de la palabra del
no-pensamiento. Ahora, frente a conflictos difíciles hace falta
pensar en difícil, porque si se piensa en el esquematismo o en
el alfabetismo del periodismo, evidentemente no se resuelve nada. Lo
único que se logra es una mayor exposición y caminar más
hacia el abismo. Bien, pero nosotros estamos en este momento, en el
campo de lo que podríamos llamar hegemonía periodística.
Entonces, podríamos decir, que hay un ocaso de la misión
intelectual con relación a los grandes proyectos de izquierda,
y que por otro lado hay una tensión entre periodismo e intelectuales.
Siendo profesor de comunicación siempre digo que antes todo periodista
quería ser un intelectual, un escritor, un novelista. Ahora todo
intelectual, novelista o escritor, quiere ser un periodista. Se han
invertido las variables. Lo que podríamos llamar el éxito
del periodista que llega a todos, que es leído, que es escuchado,
también toca, pervierte y corrompe el pensamiento del escritor
que busca ser un periodista. Esto indica que no vamos muy bien y que
forma parte no sólo de un problema de la Argentina. Es un problema
global. El ocaso del intelectual comprometido, la sustitución
por el intelectual de los medios de comunicación, sobre todo
los gráficos, y una tensión entre periodismo e intelectuales,
existe en toda Europa.
- Retomando la idea de los medios como instrumentos manipuladores,
¿ qué es lo que ocurre con la capacidad de reelaborar
el mensaje, de decodificarlo y reasignarle otra finalidad?
- Creo que con los medios de comunicación, todas las variantes
que llegan a exagerarse se mitifican, es decir: El poder de los medios
de comunicación para producir nuestra conciencia y conducirnos.
Esto es cierto, existe un poder cada vez mayor en la sociedad massmediática,
lo cual implica que es muy difícil que las grandes mayorías
de la platea piensen muy distinto a lo que dice, por ejemplo, la CNN.
Por otro lado, se plantea la cuestión demoníaca de los
medios de comunicación, la cual sostiene que éstos conducen
a la gente, y no es tan así. En general los medios de comunicación
trabajan en función de agradar y satisfacer lo que piensa la
gente. Quiere decir que, en los medios de comunicación, y por
eso gran parte de su éxito y su audiencia, existe un enorme esfuerzo
para hacerse representativo del pensamiento de la gente. No existe una
suerte de conspiración que se propone hacer pensar a todas las
doñas Rosa igual, sino que el medio de comunicación trata
desesperadamente de ver qué es lo piensa doña Rosa y representarla.
Ahora, si cualquiera de estas variantes se lleva al extremo, se da el
fenómeno de la mitificación. Los movileros mitifican el
hecho de que en los medios de comunicación se expresa la opinión
de la gente vulgar y silvestre, y esto no es así porque podríamos
decir que hay un planteo fuerte de orientación. Digo entonces,
en términos generales, que los medios de comunicación
constituyen una materia, un tema, un tópico a investigar permanentemente,
porque precisamente en las sociedades massmediáticas, y que son
básicamente massmediáticas, siempre se abre en cada acontecimiento,
una experiencia que requiere ser analizada. Este análisis, en
otras épocas se realizaba con mayor rigurosidad. Hoy vivimos
una época, y esto también es una caracterización,
en la que ha desaparecido la crítica a los medios de comunicación.
En las décadas de los '60 y '70, se asistía a una fuerte
crítica a los medios, aún en revistas culturales y en
periódicos como La Opinión. Nos encontrábamos con
crítica a la prensa, crítica a su historia, a la publicidad,
a las ideologías, a las agencias de noticias que tergiversaban
la información de la guerra de Vietnam, y hacían presente
al vietnamita como un delincuente y un subversivo. Hoy, la crítica
a los medios de comunicación, ha desaparecido; nadie la expone.
Los programas de televisión no han merecido críticas,
ni siquiera los reality shows. Hemos asistido a las cosas más
pedestres, las más analfabetas, las más vulgares y mediocres,
y no existió una verdadera crítica sobre esto. Todo se
devora, y la gente se sienta frente al televisor y piensa que todo está
hecho con la suficiente dignidad como para ser visto. Lo que ocurre
es que una sociedad ya bajo moldes massmediáticos, va marginando
toda posibilidad de crítica. Un ejemplo claro es el gran negocio
de la televisión y el fútbol, que casi no es abordado
por los medios. Sí se denuncia la corrupción de los senadores,
la corrupción de algún diputado o ministro, pero no se
denuncia la lógica mafiosa, monopólica, perversa y falsa
de los medios de comunicación, porque la sociedad massmediática
al único que absuelve es al rey de esa sociedad. Dios no puede
autojuzgarse.