Una argentina a la cacerola

Charla con Jorge Manuel Varela

Terminaba de probar una vez más la grabadora cuando Varela me abrió la puerta de su departamento. Nos saludamos y actualizamos nuestras biografías, después de bastante tiempo sin vernos. Este sociólogo es también artista plástico, docente, maestro de taller, y conocido mío. Estaba igual: atento, locuaz, con su calva reluciente, y bien predispuesto como cuando charlábamos en los recreos del «Longobardi» de Avellaneda: nos encontramos para tener una charla, como antes, pero de ahora.

No hay diarios sobre la mesa. El televisor no tiene el lugar que en otras casas y departamentos tiene -en su lugar hay muchos cuadros suyos, y también una escultura de su hija-. Tampoco la radio se escucha. No hace falta de estos elementos para comentar lo que últimamente es tan común como el calor. Enciendo la grabadora. Varela y yo, a pesar del calor, tomamos café. Amargo. Como los tiempos que corren.

 

Encerrar al hambre en un corralito

Tapar una pueblada con cacerolas

Bueno, el tema es el último tramo del gobierno de De la Rúa y, más que todo, la reacción de la gente con los «cacerolazos». ¿Se puede decir que fue una experiencia inédita?

Podemos decir que el fenómeno de los «cacerolazos» fue una experiencia inédita en la Argentina, pero no por casualidad, las causas las tenemos que buscar en la situación económica del país que también fue inédita. Afectó a los sectores sociales de más bajos ingresos como también a los sectores medios. Esta situación hizo coincidir las manifestaciones sociales del asalto a los supermercados y del «cacerolazo».

¿Hubo una relación entre las dos?

No hay duda que lo que unió a las dos manifestaciones sociales fue la crisis económica que llegó al límite, y que además abarcó a la mayoría de la población. Es decir, creció en extensión y profundización. Pero creo que debemos tener en cuenta que los dos sectores no tienen los mismos intereses, y por lo tanto los involucra de distinta manera: a los pobres (que son los más) los afecta a nivel del hambre, y por eso asaltan los supermercados, y a los sectores medios los afectan en sus operaciones bancarias, por eso recurren al «cacerolazo». Para los que sufren el hambre la crisis es estructural y para los que sufren el «corralito», hasta que no desciendan al nivel de la pobreza, la crisis es coyuntural. Todo ésto hace que la llamada clase media no sea solidaria, generalmente, con los grupos sociales totalmente desprotegidos. Esta situación la pudimos ver durante el último período del gobierno de Menem, donde hubo razones más que suficientes para movilizarse.

 

¿Y cuál es su apreciación sobre los medios de comunicación sobre este tema?

Lamentablemente la mayoría de los medios de comunicación están entrelazados económicamente con el poder del estado. Además, el sistema funciona con ciertos mecanismos de defensa que tienden a suavizar y/o esconder sus defectos. En el primer momento de esta crisis, los «cacerolazos» -que en forma pacífica representaban múltiples quejas y pedidos-, al ser tomados por el gobierno y los medios como la protesta más importante, sirvieron para tapar los asaltos a los supermercados. Es decir: se trató de encerrar al hambre en un «corralito» y tapar una pueblada con cacerolas.

¿Cómo aprecia la reacción que tuvo la clase política?

La clase política estuvo tan ensoberbecida y ensimismada en su impunidad y sus negociados que se enquistó, no permitiendo ningún tipo de renovación de personas, ideas, ni estructuras. Por eso esta crisis sorprendió a la mayoría de los argentinos que no querían ver un proceso histórico que se vislumbraba por lo menos desde los años setenta. Lo profundo de la crisis económica sobredeterminó a los fenómenos políticos, sociales e ideológicos, y obligó a reacomodarse de apuro a la clase política, que no estaba preparada estructuralmente para estas circunstancias. De esta manera se da la paradoja que Duhalde, habiendo sido vicepresidente de uno de los gobiernos que profundizó al máximo esta crisis, por tener un aparato político armado, es elegido presidente ante el fracaso de la Alianza.

 

 

El reflejo deforme de las cacerolas

 

¿Usted cree que no va a haber cambios?

Considero que las circunstancias obligan al gobierno a efectuar cambios, pero éstos deben controlar a los sectores monopólicos y oligopólicos que son los que obtienen ganancias extraordinarias, que generalmente sacan del país, profundizando el endeudamiento externo. Hasta ahora pienso que no se realizaron los cambios con el nivel de profundización necesario para salir de esta situación que es terminal. El presidente Duhalde, para efectuar la política que corresponde a este momento histórico, primero debe depurar su estructura partidaria, eliminando los personajes que utilizaron la política en su propio beneficio y, segundo, debe dar un giro de ciento ochenta grados con respecto a la política que practicó como vicepresidente de la Nación.

¿Y qué perspectiva positiva pueden tener los "cacerolazos"?

Normalmente los grupos sociales que hoy utilizan los «cacerolazos» como medio de crítica y repudio son los que toman como propios los ideales de los grupos hegemónicos y los reproducen a nivel social. De ésta manera aparecieron las «bondades» del neoliberalismo; o considerar como causas de nuestras crisis cíclicas a las empresas del Estado, o a los empleados estatales, o a los sueldos políticos.

Cuando habiendo entregado prácticamente todas las empresas estatales, estamos en la crisis económica más profunda de nuestra historia. Las manifestaciones críticas de los sectores sociales medios se potencian aliadas a las mayorías populares. A partir de esta alianza puede surgir un análisis veraz del comportamiento de los gobiernos anteriores, y además un control conciente de las políticas implementadas por el gobierno de turno. Para cumplir con esta misión cobran preponderancia los sectores medios pauperizados por las políticas económicas implementadas hasta la fecha. Estos se politizan y toman conciencia del verdadero origen de la crisis. Reconociendo quiénes son los que realmente se apropian de su trabajo, para así luchar contra los intereses monopólicos que se quedan con la parte del león y endeudan a la Nación.

 

Con lo cual se impone el tema de la legitimidad de la clase política...

A eso iba justamente. Normalmente los sectores sociales medios son los que, de alguna manera, registran los valores que los sectores más altos le transmiten. O sea, son los reproductores de la ideología dominante. Por eso la importancia dada al cuidado de la propiedad privada, que ya mencionamos, más la perversión de la corruptela. Fijáte vos que le da más valor, como peso político, a la corrupción -que estaría representada por el gobierno en todos los niveles y ámbitos- como causante de los problemas económicos, cuando matemáticamente no es así. No se le da peso a la extracción de capitales de trabajo nacional de todas las grandes empresas y los bancos, que sí es la verdadera causa. O sea, la corrupción sirve como herramienta para estos sectores más poderosos, que son los que se llevan el capital nacional.

Puntos suspensivos

Casi una hora. «Suficiente», me digo. Pero no: el tema no termina. Las tazas siguen llenándose con café. (Y para Varela también la charla. No pudo con su genio: días después reescribió algunas partes que le parecían insuficientes en la conversación, y acaso se contuvo de releerlas para no volver a corregir). Es notable la dificultad de pensar cuando todo está aún pasando. Mientras tanto, ya iniciada la noche, Nélida -la esposa de Varela-, empezó a preparar la cena. Y, obviamente, el lugar común para el final de la nota (las cacerolas): No.

Nélida es una mujer hermosa...

Por Marcelo Luna

luna@icarodigital.com.ar

Las fotografías han sido extraidas de http://www.el-mundo.es del artículo "La devaluación de la Argentina" a quienes agradecemos.(EFE/INFOSIC/Nahuel Roark)

http://www.el-mundo.es/especiales/2001/12/internacional/argentina/album.html


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