Terminaba de probar una vez más la grabadora cuando Varela
me abrió la puerta de su departamento. Nos saludamos y
actualizamos nuestras biografías, después de bastante
tiempo sin vernos. Este sociólogo es también artista
plástico, docente, maestro de taller, y conocido mío.
Estaba igual: atento, locuaz, con su calva reluciente, y bien
predispuesto como cuando charlábamos en los recreos del
«Longobardi» de Avellaneda: nos encontramos para tener una charla,
como antes, pero de ahora.
No hay diarios sobre la mesa. El televisor no tiene el lugar
que en otras casas y departamentos tiene -en su lugar hay muchos
cuadros suyos, y también una escultura de su hija-. Tampoco
la radio se escucha. No hace falta de estos elementos para comentar
lo que últimamente es tan común como el calor. Enciendo
la grabadora. Varela y yo, a pesar del calor, tomamos café.
Amargo. Como los tiempos que corren.
Encerrar al hambre en un corralito
Tapar una pueblada con cacerolas
Bueno, el tema es el último tramo del gobierno de De
la Rúa y, más que todo, la reacción de la
gente con los «cacerolazos». ¿Se puede decir que fue una experiencia
inédita?
Podemos decir que el fenómeno de los «cacerolazos» fue
una experiencia inédita en la Argentina, pero no por casualidad,
las causas las tenemos que buscar en la situación económica
del país que también fue inédita. Afectó
a los sectores sociales de más bajos ingresos como también
a los sectores medios. Esta situación hizo coincidir las
manifestaciones sociales del asalto a los supermercados y del
«cacerolazo».
¿Hubo una relación entre las dos?
No hay duda que lo que unió a las dos manifestaciones
sociales fue la crisis económica que llegó al límite,
y que además abarcó a la mayoría de la población.
Es decir, creció en extensión y profundización.
Pero creo que debemos tener en cuenta que los dos sectores no
tienen los mismos intereses, y por lo tanto los involucra de distinta
manera: a los pobres (que son los más) los afecta a
nivel del hambre, y por eso asaltan los supermercados, y a
los sectores medios los afectan en sus operaciones bancarias,
por eso recurren al «cacerolazo». Para los que sufren el
hambre la crisis es estructural y para los que sufren el «corralito»,
hasta que no desciendan al nivel de la pobreza, la crisis es coyuntural.
Todo ésto hace que la llamada clase media no sea solidaria,
generalmente, con los grupos sociales totalmente desprotegidos.
Esta situación la pudimos ver durante el último
período del gobierno de Menem, donde hubo razones más
que suficientes para movilizarse.
¿Y cuál es su apreciación sobre los medios de
comunicación sobre este tema?
Lamentablemente la mayoría de los medios de comunicación
están entrelazados económicamente con el poder del
estado. Además, el sistema funciona con ciertos mecanismos
de defensa que tienden a suavizar y/o esconder sus defectos. En
el primer momento de esta crisis, los «cacerolazos» -que en forma
pacífica representaban múltiples quejas y pedidos-,
al ser tomados por el gobierno y los medios como la protesta más
importante, sirvieron para tapar los asaltos a los supermercados.
Es decir: se trató de encerrar al hambre en un «corralito»
y tapar una pueblada con cacerolas.
¿Cómo aprecia la reacción que tuvo la clase
política?
La clase política estuvo tan ensoberbecida y ensimismada
en su impunidad y sus negociados que se enquistó, no permitiendo
ningún tipo de renovación de personas, ideas, ni
estructuras. Por eso esta crisis sorprendió a la mayoría
de los argentinos que no querían ver un proceso histórico
que se vislumbraba por lo menos desde los años setenta.
Lo profundo de la crisis económica sobredeterminó
a los fenómenos políticos, sociales e ideológicos,
y obligó a reacomodarse de apuro a la clase política,
que no estaba preparada estructuralmente para estas circunstancias.
De esta manera se da la paradoja que Duhalde, habiendo sido vicepresidente
de uno de los gobiernos que profundizó al máximo
esta crisis, por tener un aparato político armado, es elegido
presidente ante el fracaso de la Alianza.
El reflejo deforme de las cacerolas
¿Usted cree que no va a haber cambios?
Considero que las circunstancias obligan al gobierno a efectuar
cambios, pero éstos deben controlar a los sectores monopólicos
y oligopólicos que son los que obtienen ganancias extraordinarias,
que generalmente sacan del país, profundizando el endeudamiento
externo. Hasta ahora pienso que no se realizaron los cambios con
el nivel de profundización necesario para salir de esta
situación que es terminal. El presidente Duhalde, para
efectuar la política que corresponde a este momento histórico,
primero debe depurar su estructura partidaria, eliminando los
personajes que utilizaron la política en su propio beneficio
y, segundo, debe dar un giro de ciento ochenta grados con respecto
a la política que practicó como vicepresidente de
la Nación.
¿Y qué perspectiva positiva pueden tener los "cacerolazos"?
Normalmente los grupos sociales que hoy utilizan los «cacerolazos»
como medio de crítica y repudio son los que toman como
propios los ideales de los grupos hegemónicos y los reproducen
a nivel social. De ésta manera aparecieron las «bondades»
del neoliberalismo; o considerar como causas de nuestras crisis
cíclicas a las empresas del Estado, o a los empleados estatales,
o a los sueldos políticos.
Cuando habiendo entregado prácticamente todas las empresas
estatales, estamos en la crisis económica más profunda
de nuestra historia. Las manifestaciones críticas de los
sectores sociales medios se potencian aliadas a las mayorías
populares. A partir de esta alianza puede surgir un análisis
veraz del comportamiento de los gobiernos anteriores, y además
un control conciente de las políticas implementadas por
el gobierno de turno. Para cumplir con esta misión cobran
preponderancia los sectores medios pauperizados por las políticas
económicas implementadas hasta la fecha. Estos se politizan
y toman conciencia del verdadero origen de la crisis. Reconociendo
quiénes son los que realmente se apropian de su trabajo,
para así luchar contra los intereses monopólicos
que se quedan con la parte del león y endeudan a la Nación.
Con lo cual se impone el tema de la legitimidad de la clase
política...
A eso iba justamente. Normalmente los sectores sociales medios
son los que, de alguna manera, registran los valores que los sectores
más altos le transmiten. O sea, son los reproductores de
la ideología dominante. Por eso la importancia dada al
cuidado de la propiedad privada, que ya mencionamos, más
la perversión de la corruptela. Fijáte vos que le
da más valor, como peso político, a la corrupción
-que estaría representada por el gobierno en todos los
niveles y ámbitos- como causante de los problemas económicos,
cuando matemáticamente no es así. No se le da peso
a la extracción de capitales de trabajo nacional de todas
las grandes empresas y los bancos, que sí es la verdadera
causa. O sea, la corrupción sirve como herramienta para
estos sectores más poderosos, que son los que se llevan
el capital nacional.
Puntos suspensivos
Casi una hora. «Suficiente», me digo. Pero no: el tema no termina.
Las tazas siguen llenándose con café. (Y para Varela
también la charla. No pudo con su genio: días después
reescribió algunas partes que le parecían insuficientes
en la conversación, y acaso se contuvo de releerlas para
no volver a corregir). Es notable la dificultad de pensar cuando
todo está aún pasando. Mientras tanto, ya iniciada
la noche, Nélida -la esposa de Varela-, empezó a
preparar la cena. Y, obviamente, el lugar común para el
final de la nota (las cacerolas): No.
Las fotografías han sido extraidas de http://www.el-mundo.es
del artículo "La devaluación de la Argentina"
a quienes agradecemos.(EFE/INFOSIC/Nahuel Roark)