Evidentemente,
como no hemos hablado antes, callaremos para siempre. En
la dudosa eternidad de un transplante. Me parece que estamos
hablando de otro transplante. Hemos transplantado la lógica
de los autoritarismos verticalistas, autoritaristas, neofranquistas,
papales, a esta democracia que fue parida de nalgas hace
mas de 20 años. Porque si el silencio habilita la entrega
de mi último cuerpo, ¿porque no habría de habilitar la entrega
de mis cuerpos anteriores? A saber: el cuerpo social, el
político, el económico, el afectivo, el profesional. Tantos
cuerpos para entregar, que solo callando podemos realizar
ese transplante colosal. ¿No seremos todos transplantados,
habiendo otorgado gracias al repugnante poder de las mayorías
silenciosas, los órganos vitales de nuestra vida? Quizá,
en vez de privatizaciones podríamos hablar de transplantes
menemistas. En vez de terrorismo de estado, podríamos hablar
de transplantes fascistas. Porque en primer instancia, todos
los genocidios son posibles porque las mayorías, las honestas
medianías al decir de Freud, no saben, no entienden, no
se enteran, no escuchan. Y ya sabemos que ojos que no ven,
transplantado que no siente. Ejercemos una ciudadanía presunta,
que al callar estamos otorgando el pago al FMI o la senaduría,
alguna vez vitalicia si seguimos callando, de la comadreja
de los llanos (según el concepto de Pino Solanas). No nos
presumimos inocentes, si no culpables por callar. El castigo
será el transplante, en el mejor de los casos cuando nuestra
actividad cerebral se detenga. Caramba, que coincidencia.
¿Acaso la actividad cerebral de muchos de nuestros re-presentantes
está en funcionamiento? Pensar que algunos legisladores
puedan ser presuntos donantes es aterrador. ¿Un donante
privatizador? ¿Un donante que pide la impunidad después
de Cromañón? Hemos inaugurado en plena democracia parida
de nalgas la lógica del poder omnímodo del silencio. De
ciudadano a consumidor, de consumidor a contribuyente, y
de contribuyente a presunto. No quisiera bajar el nivel
de este trabajo, pero ciertas necesidades tienen cara y
lengua de hereje. Presunto boludo. Ni menos, pero siempre
mejorando mucho más la perfomance. Siempre se puede ser
más presunto que lo políticamente correcto. Por eso propongo
convertir la lógica del presunto como un analizador de nuestra
implicación como sujetos de la democracia. La subjetividad
silenciosa no será mas que el triunfo final de lo que el
psicoanálisis denomina pulsión de muerte. En la conceptualización
del Psicoanálisis Implicado, con la cual muchos lectores
de La Tecla Ñ están familiarizados, diré que es el triunfo
del modo superyoico de producción de subjetividad. Por supuesto,
que el Amo siempre se disfraza de Hermano. Aunque no deja
de ser un Gran Hermano, siguiendo al insustituible George
Orwell y su “1984”. Y el Estado, y sus leyes de protección
al mayor, nos ayuda a que podamos morir contentos, porque
hemos transplantado al amigo. O al enemigo, porque tampoco
podremos elegir. ¿Y si lo transplantan a Astiz? ¿Y si los
órganos fueran de un detenido desaparecido? Esta lógica
macabra está abierta desde ahora. Todos somos presuntos,
aunque algunos mucho mas que otros. Los pobres de espíritu
están a merced de los mercaderes del templo disfrazados
de ángeles con barbijo. Los que sepan decir no, serán la
minoría parlante frente a la mayoría silenciosa que ni se
enteran que tienen que decir no.
Por supuesto, este
es un análisis político institucional. No se trata de un
análisis de la ley. Me parece necesario pensar en cada momento
histórico social qué tipo de subjetividad estamos propiciando.
Sabiendo que siempre en cualquier sociedad esclavista aparecerá
un Espartaco. Pero no aparecerán demasiados. Todos los que
estamos implicados en la construcción de subjetividades
rebeldes, no dejaremos pasar, simplemente porque no queremos
dejar pasar, todos los instituidos que la cultura represora
construye para someternos.
Supongo que queda
claro que podré ser cualquier cosa, menos presunto.
Diciembre 2005.
A tres días del primer aniversario de la masacre de Cromañón.