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EL CIUDADANO PRESUNTO:
notas sobre la subjetividad silenciosa.

     Escribe Alfredo Grande. (especial para La Tecla Ñ)


El que calla, otorga. Lo que nunca pudimos imaginar es que otorgara tanto. Si el silencio nunca fue salud, en este caso el silencio es la peor de las enfermedades. Porque al callar otorgo lo poco que de mi queda, nada mas ni nada menos que mis órganos.

Que aunque valgan mucho para otros, también siguen valiendo algo para mí.

Evidentemente, como no hemos hablado antes, callaremos para siempre. En la dudosa eternidad de un transplante. Me parece que estamos hablando de otro transplante. Hemos transplantado la lógica de los autoritarismos verticalistas, autoritaristas, neofranquistas, papales, a esta democracia que fue parida de nalgas hace mas de 20 años. Porque si el silencio habilita la entrega de mi último cuerpo, ¿porque no habría de habilitar la entrega de mis cuerpos anteriores? A saber: el cuerpo social, el político, el económico, el afectivo, el profesional. Tantos cuerpos para entregar, que solo callando podemos realizar ese transplante colosal. ¿No seremos todos transplantados, habiendo otorgado gracias al repugnante poder de las mayorías silenciosas, los órganos vitales de nuestra vida? Quizá, en vez de privatizaciones podríamos hablar de transplantes menemistas. En vez de terrorismo de estado, podríamos hablar de transplantes fascistas. Porque en primer instancia, todos los genocidios son posibles porque las mayorías, las honestas medianías al decir de Freud, no saben, no entienden, no se enteran, no escuchan. Y ya sabemos que ojos que no ven, transplantado que no siente. Ejercemos una ciudadanía presunta, que al callar estamos otorgando el pago al FMI o la senaduría, alguna vez vitalicia si seguimos callando, de la comadreja de los llanos (según el concepto de Pino Solanas). No nos presumimos inocentes, si no culpables por callar. El castigo será el transplante, en el mejor de los casos cuando nuestra actividad cerebral se detenga. Caramba, que coincidencia. ¿Acaso la actividad cerebral de muchos de nuestros re-presentantes está en funcionamiento? Pensar que algunos legisladores puedan ser presuntos donantes es aterrador. ¿Un donante privatizador? ¿Un donante que pide la impunidad después de Cromañón? Hemos inaugurado en plena democracia parida de nalgas la lógica del poder omnímodo del silencio. De ciudadano a consumidor, de consumidor a contribuyente, y de contribuyente a presunto. No quisiera bajar el nivel de este trabajo, pero ciertas necesidades tienen cara y lengua de hereje. Presunto boludo. Ni menos, pero siempre mejorando mucho más la perfomance. Siempre se puede ser más presunto que lo políticamente correcto. Por eso propongo convertir la lógica del presunto como un analizador de nuestra implicación como sujetos de la democracia. La subjetividad silenciosa no será mas que el triunfo final de lo que el psicoanálisis denomina pulsión de muerte. En la conceptualización del Psicoanálisis Implicado, con la cual muchos lectores de La Tecla Ñ están familiarizados, diré que es el triunfo del modo superyoico de producción de subjetividad. Por supuesto, que el Amo siempre se disfraza de Hermano. Aunque no deja de ser un Gran Hermano, siguiendo al insustituible George Orwell y su “1984”. Y el Estado, y sus leyes de protección al mayor, nos ayuda a que podamos morir contentos, porque hemos transplantado al amigo. O al enemigo, porque tampoco podremos elegir. ¿Y si lo transplantan a Astiz? ¿Y si los órganos fueran de un detenido desaparecido? Esta lógica macabra está abierta desde ahora. Todos somos presuntos, aunque algunos mucho mas que otros. Los pobres de espíritu están a merced de los mercaderes del templo disfrazados de ángeles con barbijo. Los que sepan decir no, serán la minoría parlante frente a la mayoría silenciosa que ni se enteran que tienen que decir no.

Por supuesto, este es un análisis político institucional. No se trata de un análisis de la ley. Me parece necesario pensar en cada momento histórico social qué tipo de subjetividad estamos propiciando. Sabiendo que siempre en cualquier sociedad esclavista aparecerá un Espartaco. Pero no aparecerán demasiados. Todos los que estamos implicados en la construcción de subjetividades rebeldes, no dejaremos pasar, simplemente porque no queremos dejar pasar, todos los instituidos que la cultura represora construye para someternos.

Supongo que queda claro que podré ser cualquier cosa, menos presunto.

Diciembre 2005. A tres días del primer aniversario de la masacre de Cromañón.


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