Publicado por primera vez
en Buenos Aires en 1955 y escrito en la década anterior,
El pentágono atrae desde hace años la atención
de la crítica, no tanto por poner en jaque ciertas
pautas de construcción realista del relato, sino
quizá por tratarse de uno de los libros más
misteriosos de la literatura argentina. Incluso, se ha señalado
que su original composición es precursora del nouveau
roman y del vanguardismo de Rayuela, de Julio Cortázar.
Los relatos que integran esta novela constituyen cada uno
una pieza autónoma y, a la vez, encuentran su punto
de unión en el personaje que obsesivamente los crea
a modo de variaciones sobre un tema clásico: el triángulo
amoroso. De este modo, la esquematización pentagonal
resulta de la articulación de los cuentos en torno
al dibujo de dos triángulos que, compartiendo un
mismo vértice (el narrador), trazan a su vez relación
entre los dos rivales de éste. En medio de esta engañosa
simetría se encuentran las mujeres y en la cúspide,
imponiendo su mayestática presencia, el Yo. En su
aparente latencia, otro triángulo imaginario- el
edípico- define tanto la infracción culposa
como la compulsión a la repetición en esta
figuración geométrica de las pasiones.
Así, la infracción matrimonial (núcleo
temático del libro) motiva y origina la infracción
estética: la insatisfacción ante la canónica,
la pretensión de crear una novela distinta.