Roberto Juarroz
nació en Coronel Dorrego, provincia de Buenos Aires (Argentina)
en 1925. Fue editor de Poesía = Poesía, revista
de poesía (Buenos Aires, 1958/1965), y ha colaboró en
numerosas publicaciones en Argentina y en el exterior.
Fue también crítico de libros para el diario “La Gaceta”
(Tucumán, 1958/1963), crítico de cine para la revista
“Esto es” ( Buenos Aires, 1956/1958) y tradujo varios
libros y otros textos. Su obra poética ha sido incluida
en numerosas antologías, siendo las más recientes Antología
de poesía hispanoamericana, selección e introducción de
Jorge Rodríguez Padrón (1984), Anthology of Contemporary
Latin American Literature 1960-1984, compilada por
Barry J. Luby y Wayne H. Finke (1986), Antología de
la poesía hispanoamericana actual, selección de Julio
Ortega (1987) y la totalidad de su obra poética en Poesía
Vertical Tomos I y II, Emecé, 2005.
Se le otorgó el
Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la
Poesía ( 1977) y, en 1984, el Premio Esteban Echeverría,
entregado por la Asociación Gente de Letras.
Roberto Juarroz
se especializó en Bibliotecología y Ciencias de la Información.
Se graduó en la Facultad de Buenos Aires, obtuvo una beca
de ésta y realizó estudios de postgrado en La Sorbonne
y otras instituciones francesas. Fue designado Director
del Departamento de Ciencias de la Información de la Universidad
de Buenos Aires. Dirigió el Programa Audiovisual de Ciencias
de la Información para América Latina y se desempeñó como
experto de UNESCO y OEA en varios países. En este campo
posee también un gran número de publicaciones, una vasta
participación en la actividad docente (más de treinta
años), programas y conferencias, congresos y simposios
nacionales e internacionales.
Juarroz recibió
también el premio Jean Malrieu de Marsella, y además fue
el único poeta argentino que obtuvo el consagratorio Premio
de las Biennales Internacionales de Poésie en Lieja, Bélgica.
Falleció en Temperley
en 1995.
Octavio Paz dijo
acerca de Roberto Juarroz: “No nos equivocamos los
pocos que, en esos años, nos dimos cuenta de que oíamos
una voz única en la poesía del Siglo XX”
Poemas
El poema respira
por sus manos,
que no toman las
cosas: las respiran
como pulmones
de palabras,
como carne verbal
ronca de mundo.
Debajo de esas
manos
Todo adquiere
la forma
de un nudoso dios
vivo,
de un encuentro
de dioses ya maduros.
Las manos del
poema
reconquistan la
antigua reciedumbre
de tocar a las
cosas con las cosas
( De CUARTA
POESIA VERTICAL)
La inseguridad,
la partición, la adivinable
cesantía del pensamiento,
me arrojan a mis
anarquías predilectas:
irme a la solidez
del humo,
leer sensatamente
al revés,
alfabetizar los
textos que no se han escrito,
comparar los humores
del asedio,
descomponer cada
cuerpo en múltiples cinturas
y asentar las
pasmadas hipotecas
de cada cosa en
trance de ser otra,
por ejemplo tu
voz hacia la mía,
mi voz en esta
fuga hacia el silencio
y el silencio
hacia un suelo hecho de voces,
cuyo subsuelo
está en mi pensamiento.
Y después de un
descanso sin altares,
volver a burlar
dioses en el sótano,
con la blasfemia
honda y sin cautela
de no ser más
que hombre.
( De CUARTA
POESIA VERTICAL)
La sombra es un
fruto madurado a destiempo.
Si se lo aprieta,
suele soltar el jugo de la luz,
pero puede también
manchar las manos para siempre.
Hay que vivir
la sombra como un fruto,
pero vivirla desde
adentro,
como se vive la
propia voz.
Y hay que salir
de ella gota a gota
o palabra a palabra,
hasta volverse
luz sin darse cuenta.
El día de los
hombres no es un juego.
El día de los
hombres está hecho
de algo que sólo
empieza con la luz.
( De QUINTA
POESIA VERTICAL)
El fruto es el
resumen del árbol,
el pájaro es el
resumen del aire,
la sangre es el
resumen del hombre,
el ser es el resumen
de la nada.
La metafísica
del viento
se notifica de
todos los resúmenes
y del túnel que
excavan las palabras
por debajo de
todos los resúmenes
Porque la palabra
no es el grito,
sino recibimiento
o despedida.
La palabra es
el resumen del silencio,
del silencio,
que es resumen de todo.
( De SEXTA
POESIA VERTICAL)
Debemos conseguir
que el texto que leemos
nos lea.
Debemos conseguir
que la música que escuchamos
nos oiga.
Debemos conseguir
que aquello que amamos
parezca por lo
menos amarnos.
Es preciso demoler
la ilusión
de una realidad
con un solo sentido.
Es necesario por
ahora
que cada cosa
tenga por lo menos dos,
aunque en el fondo
sepamos
que si algo no
tiene todos los sentidos
no tiene ninguno.
Debemos conseguir
que la rosa
que acabamos de
crear al mirarla
nos cree a su
vez.
Y lograr que luego
engendre de nuevo
al infinito.
(De OCTAVA
POESIA VERTICAL)
Insistir demasiado
en sí mismo
es gastar sin
sensatez la sustancia del mundo
y abusar de la
luz y sus reflejos,
del prorrateo
abierto del mirar,
del reparto de
los colores
y también del
corazón de las tinieblas.
Tal vez fuera
preciso
moderar, recortar
el existir
y retener la prepotencia
de ser uno.
Y que eso nos
permitiese morir menos
o simplemente
no quedarnos sin fondo,
como patéticos
odres
que no supieron
contener su vino.
Insistir demasiado
en sí mismo
es trastocar las
figuras visibles
y embadurnar las
invisibles
con el menguado
alquitrán de nuestra furia.
Es preciso insistir
en otra parte,
por ejemplo allí
donde las líneas retroceden
y las manos se
enguantan
para evitar el
tacto sin regreso.
O allá, por lo
menos,
donde sentimos
cómo se desgastan
la piel tenaz
del pensamiento,
las secreciones
de todos los amores
y las suelas metafísicas
de nuestros últimos
zapatos.
Sí. Es preciso
insistir en otra parte.
(De NOVENA
POESIA VERTICAL)
A veces parece
que estamos en
el centro de la fiesta.
Sin embargo
en el centro de
la fiesta no hay nadie
en el centro de
la fiesta está el vacío.
Pero en el centro
del vacío hay otra fiesta.
(De DUODECIMA
POESIA VERTICAL)