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La poesía de Ernesto “Che” Guevara

La palabra en acción

Por Vicente Zito Lema

Los poemas, relatos y cartas que escribió Ernesto “Che” Guevara, y los libros que lo nutrieron poniendo proa a su destino, permiten, desde una orilla menos transitada, abrirnos a su épica y conocer mejor al hombre que a treinta y cinco años de su muerte sigue conmoviendo las conciencias.


La poesía, ese estremecimiento ante el mundo, en sus comienzos de lector. De la mano de su madre leerá a Baudelaire y Rimbaud, directamente en lengua francesa. Son los años de la infancia en las sierras de Alta Gracia, en donde se instala la familia buscando un clima benigno ante el asma aguda de Ernesto. Después vendrán los largos viajes por América Latina, fiel a esa herencia de aventuras. ¿ No ha sido acaso su tío abuelo empedernido buscador de oro?. El médico recién recibido busca algo más valioso: su identidad. La encuentra, poco a poco, entre piedras, árboles, cielos que guardan en sus espejos de luz las antiguas culturas de los antiguos hombres. Ante sus ojos ya no hay esplendor; miseria y silencio es la única música. Llegan las nuevas lecturas de poesía. En especial Neruda y Vallejos. Ve como la sensibilidad se convierte en armonía estética que registra la realidad, la impreca por injusta. Sus ojos se abren más. Su alma también. De tanto estímulo nace su necesidad de ser creador. Crearse a sí mismo con palabras para la inédita historia de hombres y paisajes que le duelen y lo arroban, y de los que anhela ser parte.

Habrá que hacer posible una nueva legalidad, descubrir lo que estaba oculto, inventar lo que se hallaba ausente.

Son poemas de un hombre que se sabe del Sur y se declama sin raíces; que siente su asma como su cruz; que ante el llamado de Europa (carne rubia, objetos de museos) elige la vieja América de la esclavitud; ella podrá renacerse en la lucha, se exalta. Son poemas de quien se escandaliza frente a la majestuosidad de las tumbas reales en el Macchu Pichu y tiembla de gozo ante una naturaleza de selvas y ríos sin tumbas y tan real en su belleza que se convierte en delirio. Son poemas para escuchar las campanas que avisan del perseguido y del peregrino, y del mestizo, víctima de la paleta encendida de un dios sin tiempo, y que hoy pone, con su silencio, voces de rebeldía en la boca del poeta que lo ve pasar sin entender por qué se obstina en bajar la cabeza hacia el suelo. Son poemas para la despedida del amigo que declina mansamente en la ciudad sureña, al que invita,  mueve y desafía a participar de los “rojos colores palpitantes”. Son poemas para todas las despedidas, porque el poeta se lanza con fervor en la aventura de alamedas sin principio ni fin. Son poemas para saludar a quien reconoce como profeta en el combate, transito hacia los cuatro vientos donde nace la mañana. Son poemas para un juramento. Ante la tumba de la humilde lavandera que el poeta cuidara en el hospital, las palabras serán un hierro: “descansa en paz/ tus nietos vivirán la aurora”

Una conducta poética se preparaba para anticipar la historia. ¿O acaso la emotividad que dinamiza el imaginario de un artista no puede también dinamizar una realidad siempre hostil para los sueños?. 

Palenque

Algo queda vivo en tu piedra

hermana de las verdes alboradas

tu silencio de manos

escandaliza las tumbas reales.

Te hiere el corazón la piqueta indiferente

de un sabor de gafas abigarradas

y te golpea el rostro la procaz ofensa

del estúpido “¡oh!” de un gringo turista.

Pero tiene algo vivo.

Yo no sé qué es.

La selva te ofrenda un abrazo de troncos

y aún la misericordia de sus raíces.

Un zoólogo enorme muestra el alfiler

donde prenderá tus templos para el trono.

Y tú no mueres todavía.

¿qué fuerza te mantiene

más allá de los siglos

viva y palpitante como en la juventud?

¿qué dios sopla, al final de la jornada

el hálito vital en tus estelas?

¿Será el sol jocundo delos trópicos?

¿por qué no lo hace en Chechén-Itzá?

¿Será el abrazo jovial de la floresta

o el canto melodioso de los pájaros?

¿Y por qué duerme más hondo a “Quiriguá”?

¿Será el tañir del manantial sonoro

golpeando entre los riscos de las sierras?

Los incas han muerto, sin embargo.   

 Y Aquí

“Soy mestizo”, grita un pintor de paleta encendida,

“soy mestizo”, me gritan los animales perseguidos,

“soy mestizo”, claman los poetas peregrinos,           

“soy mestizo”, resume el hombre que me encuentra

en el diario dolor de cada esquina,

y hasta el enigma pétreo de la raza muerta

acariciando una virgen de madera dorada:

“es mestizo este grotesco hijo de mis entrañas”.

Yo también soy mestizo en otro aspecto:

en la lucha en que se unen y repelen

las dos fuerzas que disputan mi intelecto,

las fuerzas que me llaman sintiendo de mis vísceras

el sabor extraño de fruto encajonado

antes de lograr su madurez de árbol.

Me vuelvo en el límite de la América hispana

a saborear un pasado que engloba el continente.

El recuerdo se desliza con suavidad indeleble

con el lejano tañir de una campana.

Autorretrato oscuro

De una joven nación de raíces de hierbas

raíces que niegan la rabia de América

vengo a ustedes, hermanos norteños.

Cargado de gritos de desaliento y de fe

vengo a ustedes, hermanos norteños,

vengo de donde venimos los “homo sapiens”

devoré kilómetros en ritos trashumantes

con mi materia asmática que cargo como una cruz

y en la extraña entrada de metáfora inconexa.

La ruta fue muy larga y muy grande la carga,

persiste en mí el aroma de los pasos vagabundos

y aún en el naufragio de mi ser subterráneo,

a pesar que se anuncia orillas salvadoras

nado displicente contra la resaca

conservando intacta la condición de náufrago.

Estoy solo frente a la noche inexorable

y a cierto dejo dulzón de los billetes

Europa me llama con voz de vino añejo

aliento de carne rubia, objetos de museo.

Y en la clarinada de países nuevos

yo recibo de frente el impacto difuso

de la canción, de Marx y Engels

que Lenin ejecuta y entonan los pueblos. 

Vieja María

Vieja María, vas a morir.

Quiero hablarte en serio

Tu vida fue un rosario de agonías completo

no hubo un hombre amado, ni salud, ni dinero

apenas el hambre para ser compartida,

quiero hablar de tu esperanza,

de las tres distintas esperanzas

que tu hija fabricó sin saber cómo.

Toma esta mano que parece de niño

en las tuyas pulidas con el jabón amarillo

refriega tus callos duros y los nudillos puros

en la suave vergüenza de mi mano de médico.

Escucha, abuela proletaria

cree en el hombre que llega

cree en el futuro que nunca verás.

Ni reces al dios inclemente

que toda una vida mintió tu esperanza

no pidas clemencia a la muerte,

para ver crecer a tus caricias pardas

los cielos son sordos y en ti manda el oscuro,

sobre todo tendrás una roja venganza

lo juro por la exacta dimensión de mis ideas

tus nietos, vivirán la aurora

muere en paz, vieja luchadora.

Vas a morir vieja María;

treinta proyectos de mortaja

dirán adiós con la mirada

el día de estos que te vayas.

Vas a morir vieja María,

quedarán mudas las paredes de la sala

cuando la muerte se conjugue con el asma

y copulen su amor en tu garganta.

Esas tres caricias construidas de bronce

la única luz que alivia tu noche

esos tres nietos vestidos de hambre

añorarán los nudos de los dedos viejos

donde siempre encontraban alguna sonrisa.

Eso era todo, vieja María.

Tu vida fue un rosario de flacas agonías

no hubo un hombre amado, salud, alegría,

apenas el hambre para ser compartida

tu vida fue triste vieja María.

Cuando el anuncio de descanso eterno

enturbia el dolor de tus pupilas

cuando tus manos de perpetua fregona

absorban la última caricia,

piensa en ellos... y lloras,

pobre Vieja María.

No, no lo hagas

no ores al dios indolente

que toda una vida mintió tu esperanza

ni pidas clemencia a la muerte,

tu vida fue horriblemente vestida de hambre

acaba vestida de hambre

Pero quiero anunciarte

en voz baja y viril de las esperanzas

la más roja y viril de las esperanzas

quiero jurarlo por la exacta

dimensión de mis ideales.

Toma esta mano que parece de niño

entre las tuyas pulidas por el jabón amarillo

 refriegas los callos duros y los nudillos puros

en la suave vergüenza de mis manos de médico.

Descansa en paz, Vieja María,

descansa en paz, Vieja luchadora,

tus nietos todos vivirán la aurora,

LO JURO.  

Texto y poemas extraídos del libro de Vicente Zito Lema “La Palabra en acción de Ernesto Che Guevara”, poemas, relatos y cartas. Editorial El Tornillo y la Zorra, 1997.


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