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Los Cuentos de Carola

Por Carola Chaparro

"Todas"


Orieta, Séfora y Brusqueta hincaban el diente en una misma baguette. “Todas o ninguna”, se decían, masticando, tal como les había enseñado su destino de trillizas.

De noche jugaban a hacer sombras, hasta que se dormían, entrelazadas y mirando el fuego. A la mañana buceaban, trayendo almejas y pescados para vender. Juntas, una sola uña en un único dedo, el invierno las guardaba dentro del pullover que, estirado, las cubría por igual.

Los problemas llegaron el día que apareció Nereo Gibraltar, aquel guardavidas que se paseaba desparramando músculos y bronceador. Orieta, Séfora y Brusqueta visitaron la carpa del guardavidas, justo mientras se sacudía la arena que lo paspaba. Sin anunciarse, plantaron una silla en la entrada, trabando el acceso. A partir de ahí, Nereo fue de las tres, pero prefería a Orieta. Las otras se arrancaban el pelo, se mordían la lengua y, al final, se iban.

Orieta volvía llena de besos y cargada de pena. “Todas o ninguna”, les prometió una vez. Y Nereo, caracol en mano, tuvo que cantar sus serenatas al viento.

Ellas siguieron entretejidas hasta la llegada de los gemelos, Moro y Melanio. Brusqueta y Séfora quisieron ser las primeras en presentarse: con un puñado de perlas, confeccionaron una malla a medida. Las dos entraban apretadas y, de lejos, parecían una sola. Moro y Melanio aceptaron la propuesta; Orieta los descubrió así, en pleno jolgorio de blancas y morenos. Quiso participar, pero fue imposible. Sobraban manos o faltaba gente.

Orieta desapareció. Séfora y Brusqueta la buscaron, para deshacerse en perdones. Juntas, recobraron la armonía de una misma baguette. Aunque, a pesar de las promesas, no estuvieron conformes.

Fue al amanecer que encontraron la solución. Las tres nadaban hacia el fondo cuando lo vieron, acostado en las rocas, ajeno a todo. La cabeza enorme no las desalentó, porque lo más importante estaba: ocho brazos con dos filas de ventosas y el tamaño suficiente para envolverlas, casi igual que el único pullover compartido y gastado de tantos inviernos.


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