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Actualidad del Inconsciente

La Muerte del Sujeto

Por: Claudio Barbará
Psicoanalista


El diario La Nación (en las ediciones del 14 y 15 de septiembre último), pone en primera plana lo que llama una polémica, que ha decir verdad no lo es; y pretende adelantar así, en consonancia con cierta ideología que empuja por imponerse como única, una vez más, la muerte del Sujeto. Sin duda no lo dice así, desvelada, sino bajo el gesto disimulado de anticipar en boca de un tal Borch-Jacobsen, la desaparición del Psicoanálisis. ¿En nombre de qué? En nombre de la eficacia, el apuro, y una supuesta Verdad, connotada de científica. No es el único medio que introduce públicamente lo que sería una verdad a voces, la revista Noticias ya lo había hecho un poco antes, con la misma astucia.

Se debe leer muerte del sujeto en el entre-línea de lo que se anuncia en esa nota, pues a título de responder a las nuevas tecnologías aplicadas a los males del alma, el mencionado Jacobsen, apela por la racionalidad, la prueba de laboratorio y la vigilancia del ojo controlador, para desacreditar lo que a todas luces, por sus dichos, es palmario que desconoce, es decir, el Psicoanálisis mismo. A poco de leer sus argumentos uno se percata que si ha leído la obra de Freud o la de Lacan, lo ha hecho con anteojeras equinas, las que hacen que el animal sólo avance por el sendero que le marca el Amo, aunque el mismo animal no sepa ni perciba en su realidad, que las riendas las lleva el Otro. Así Jacobsen, como le sucede al neurótico, pone en acto lo que niegan sus dichos.

Sus dichos arrean el campo de la verdad y la mentira. Nos dice que en la teoría freudiana, ahí en donde busca la verdad, se encuentra con lo inaccesible, con lo imposible de demostrar, y que el Psicoanálisis se parece más a una invención literaria que a una teoría científica. El tal Jacobsen se sorprende de lo huidiza que es la verdad del alma, habría que agregar para el sujeto, y para él esto no es otra cosa que el anverso de personalidades psicopáticas: el tal Freud sería un embaucador y el tal Lacan un cínico y un manipulador. Para acreditar que no exagero basta con remitirse a la nota del 14 de septiembre en donde puede leerse: Lacan es un ejemplo de camaleonismo. Tenía una audacia a toda prueba, decía cosas sorprendentes y era cínico y manipulador; o bien: La teorías freudianas son construcciones hipotéticas, no tienen ninguna base científica. Es decir, en aras del positivismo empirista, recurre a la dimensión del sujeto para darle cimiento a su buena nueva: ¿se habrá preguntado Jacobsen, por qué él, que se dice filósofo e historiador, se ha tomado tanto trabajo en recorrer las periferias del Psicoanálisis? Debemos presumir que no. Nos trae viejos argumentos como remozada novedad. Desde que el Psicoanálisis fue anunciado por boca de su creador, no han dejado de aparecer las mismas críticas, el mismo argumento, incluso la misma malicia.

Es decir: no es novedad. En la Era del ascenso de la máquina y la abolición del sujeto, no faltan aquellos, advertidos o no, que abogan en su ignorancia pasional, su propia muerte. Sin embargo, la verdad freudiana resiste; y la emergencia del Sujeto se abre paso en el decir que trastabilla, o en el arte en donde hace mostración de su enigma y de su evanescencia. Aunque acorralado por el discurso de la ideología de mercado y su justificación tecno-científica, el sujeto actualiza la impostura del Amo moderno y demuestra su impotencia.

El psicoanálisis apela a la libertad de la palabra del sujeto, para que el sujeto sepa reconocer allí mismo las limitaciones de esa libertad. La indicación es precisa: asumir esa libertad hasta donde el sujeto se responsabiliza de ella. Esta es la ética del Psicoanálisis. ¿Qué propone, en el discurso opuesto, el buen Amo de Jacobsen? Para decirlo parafraseando a Lacan: Dormir en la realidad y acallar el síntoma en el sueño. Lo que es significante de lo que no marcha bien en la vida, el síntoma, acallarlo para seguir durmiendo en la fantasía. Ser cada vez más el sujeto abolido de la Epoca: el sujeto adicto a la ignorancia, apasionado en no saber.

Si se cree haber avanzado tanto en las neurociencias sobre ese síntoma que es la depresión, es porque se necesita algo adecuado para esa denuncia del sujeto, que se presenta bajo los signos de una apatía pertinaz. La geografía del mundo se tiñe de hombres abatidos, quemados se dice, que renuncian a las exigencias de un amo globalizado. Estos van a dar al casillero de una nosografía difusa, que los encasilla en un déficit de la voluntad. La nueva patología, dice la Organización Mundial de la Salud, ya es pandemia.

Este abatimiento que es queja silenciosa, cifra en el padecimiento un decir que no puede verbalizarse; y si tiene un valor calificarlo de pandemia, es porque el fenómeno debe tomarse como signo de la época. Como señala C. Soler: un síntoma costoso que dificulta el buen funcionamiento, que grava la sociedad y desafía las políticas de salud.

La pose de desafío que adquiere entonces ese ser enfermo de abatimiento, es rechazado por el discurso capitalista. En una civilización que privilegia el exitismo no hay lugar para el deprimido. Rechazo del ser abatido que ha bajado los brazos y rechazo además de que es el mismo discurso capitalista actual, el que engendra a sus enfermos. Por otro lado –agrega C. Soler-, el sujeto que no cede a su depresión irrita, no solamente porque hace fracasar los esfuerzos más abnegados. Es que se transforma en prueba de otra cosa: que más allá de la impotencia de los argumentos, así como de la inadecuación de las tentativas de persuasión, mal que le pese al cognitivista, devela lateralmente el sin razón del apego al mundo. Al modo del joven Bartleby de H. Melville, repite I prefer not to, y se hace signo de ese poco de voluntad que cobra la forma de un evadirse del mundo.

Para acallar el síntoma de la época un batallón de psicofármacos para seguir durmiendo. Y por qué no, anunciar la muerte del Psiconálisis, en cuya insidiosa persistencia, demuestra como enseñara J. Lacan «las consecuencias éticas que entraña la relación con el inconsciente tal como lo descubrió Freud». La voluntad del Amo es silenciar aquello que denuncia su impostura; el Psicoanálisis retoma al sujeto en su dimensión ética, para devolverle su libertad que no es sin la responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos; mínima condición que el Amo brega por desconocer.

Por Claudio Barbará


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