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FRESA Y CHOCOLATE…con Psicoanálisis Implicado

escribe Alfredo Grande

especial para La Tecla Ñ


“El psicoanálisis implicado es un analizador de la cultura. En particular, de la cultura represora” . Este postulado fundante ¿podía encontrar verificación histórica en el territorio cultural de la Cuba socialista?. En el año l997 había dictado un Curso sobre Salud Mental y Análisis de las Instituciones. Fue por invitación de la Dra. Reina Rodríguez Mesa, en ese momento Jefa de Psiquiatría del Hospital Joaquín Albarrán de La Habana. Fue una semana en la cual pude desarrollar los conceptos teóricos que por primera vez se habían plasmado en mi primer libro “El Edipo después de El Edipo” publicado por Topía Editorial en 1996.  Fue difícil y apasionante. Un auditorio heterogéneo, de diferentes profesiones, con alumnos de carreras universitarias y con profesores de distintas Facultades, fueron para mi una exigencia que me asustó primero y me entusiasmó después. Luego realicé varios viajes a Cuba, para participar en diferentes Congresos y Eventos. En esta ocasión, resolví modificar mi estrategia docente. En la ocasión mencionada, me di cuenta casi al comenzar el curso, que mis críticas al Estado pensado como masa artificial y organizador de la subjetividad superyoica, no eran adecuadas al modelo de la sociedad socialista. No es el Estado Burgués de los países capitalistas el mismo Estado de la Revolución Socialista. Mi “escena temida” era que mis conceptos teóricos fueran tomados como diletancias pequeño burguesas, en el mejor de los casos. En el peor, como una desviación reaccionaria. Sabía que el psicoanálisis nunca tuvo demasiada difusión en el denominado “socialismo real”. También conocía el trabajo de Juan Carlos Volnovich y de Silvia Werthein en La Habana donde tuvieron que exilarse en los tiempos del cólera de la dictadura genocida. Pero en este viaje ya estaban publicados ms tres libros, y llevaba además la edición en CD que incluye muchos trabajos políticos y otros escritos de varios compañeros. En otros términos: me acompañaba el instituido teórico y político que en los diez años de Psicoanálisis Implicado pudo construirse.[1] En el marco del VII Congreso Nacional de Psiquiatría me habían invitado a dictar un curso pre-Congreso sobre Psicoanálisis Implicado. En la mesa del Congreso sobre “Violencia, desastres y otras temáticas” tenía una conferencia sobre “La subjetividad como decantado identificatorio de la lucha de clases”. Además, la gentileza de la Lic. Cristina Diaz, Presidenta de la Sección de Psicoanálisis de la Sociedad de Psicología de Cuba, me permitía coordinar un Taller Teórico Vivencial sobre psicoanálisis implicado. Llegando a La Habana el miércoles 7 de septiembre a la tarde, luego de una escala en Panamá, el panorama tensaba mis series complementarias. Tuve una sensación: estaba solo pero me sentía muy acompañado. Como si Ricardo Silva y Natalia Messineo del Seminario de Psicoanálisis Implicado de Mar del Plata, Miriam Rellan, Sandra Lopez y Oscar Mongiano del Seminario de Buenos Aires, Maria Casariego y Jose Graiño del Grupo de Investigación de la Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, Susana Gerszenzon, Lelia Sarmiento, Gabriela Gamboa de la cooperativa ATICO, Eugenio Alonso responsable de la edición en CD de los tres libros, Maria Angélica Iglesias , Javier Hernández y Luis Hessel del segundo año del Seminario de Buenos Aires, Jorge Garaventa que fue el primer colega que me invitara a dar una charla sobre Psicoanálisis Implicado en los Consultorios de Alto Palermo, Soledad Bordegaray y Toty Flores, del MTD La Matanza, Rafael Villegas, Nora Martinez Maria Esther Juri del Primer Taller Barrial del Pensamiento Crítico, Omar Lopez y los compañeros de MATE AMARGO y el entrañable Conrado Yasenza, cuya generosidad sin fronteras autorizó la publicación de varios trabajos en La Tecla Ñ, que terminaron siendo capitulos de mis libros. Y como texto y contexto de mi viaje a Cuba,  mas de 10 años de sueños y de algunas pesadillas y de mucho pensamiento compartido[2]. He abundado en la lista porque creo que hay que hablar del pecado pero mas hay que hablar del pecador. Porque en primer y última instancia de lo que se ocupa el psicoanálisis implicado es de lo mismo que se ocupó León Rozitchner desde que nos alertara sobre los límites del individualismo burgués.[3]  El problema del sujeto. Es decir: el sujeto social histórico de problema deviene dilema dentro del marco político de la cultura represora. Que desde ya es la sociedad clasista. Las contradicciones insalvables entre las clases antagónicas organizan la cultura como campo de exterminio. En el marco del capitalismo, el exterminio es global: recursos naturales, poblaciones, personas, empresas pequeñas y medianas, fábricas, esperanzas, amores, el arte, la política. Nada puede sacar los pies del plato exterminador. Los tres libros hablan de eso todo el tiempo y todos los espacios. El Edipo después de El Edipo, La Marca social en la clínica actual, Del Diván al Piquete. Una trilogía que recorre una y otra vez la espiral de los diferentes modos de cultura del malestar. Que naturalmente incluye todos los frentes para las pírricas victorias y todos los contrafrentes para las anunciadas derrotas. La pregunta que me sostenía en un vuelo dentro del vuelo hacia La Habana era: ¿cómo se organiza la cultura del malestar en el socialismo? Si uno de los aforismos del psicoanálisis implicado es “hay que hablar de la soga en la casa del ahorcado”, ¿cuál seria el dispositivo teórico y político que propiciara la construcción de los analizadores que dieran cuenta del inconsciente político del sujeto social histórico en la Revolución Cubana? Estarán de acuerdo que estas preguntas no eran compatibles con un viaje tranquilo. Recordé cuando en el año 1994 asistí a una función de Fresa y Chocolate en el cine frente al hotel Habana Libre. Además de las escenas del filme, otra escena se desarrollaba en el público cubano que miraba fascinado la película. ¿El psicoanálisis implicado sería la fresa que intentaba confrontar con el chocolate de las teorías neoconductistas y neuroquímicas?  En ese año 1994, realizamos al finalizar el Encuentro de Psicología y Marxismo una reunión de lo que aspiraba a ser el acto de lanzamiento del II Encuentro “El Espacio Institucional”. Numerosos colegas participaron y recuerdo que a mi criterio el personaje homosexual era heteropolítico, y el personaje heterosexual era homopolítico. Quise enfatizar que el esquematismo, el dogmatismo, el burocratismo, eran atributos de lo político reproduciéndose a si mismo. Y cuando comencé el Taller Teórico Vivencial en la Sección de Psicoanálisis, asocié que los modos superyoicos de producción de subjetividad que el psicoanálisis implicado describe, se organizan justamente como la primacía de lo dogmático y lo burocrático en la cultura. Trabajar vivencialmente la vida cotidiana desde escenas multiplicadas por los integrantes del seminario, permitió poner en la superficie vincular las ansiedades, temores, frustraciones, contradicciones, alegrías, esperanzas, convicciones, que acompañan la cotidianeidad. En realidad, seguía dentro de lo que Fidel había enunciado: “dentro de la revolución todo; fuera de la revolución, nada”. Pues bien: ese todo era lo que desde el psicoanálisis implicado intentaba poner en la superficie. Un todo que es nada menos que el sujeto implicado en su tiempo histórico. Que no necesita un diván para asociar, pero si un grupo de reflexión para poder operar. Desde ya: un grupo operativo. Que permita la apropiación subjetiva de aquello que una clase teórica facilita como decantados conceptuales. Los modos superyoicos no se organizan igual en una sociedad capitalista que en una Revolución que ha resistido bloqueos y sabotajes. Que ha podido reprimir al represor imperial. Pero que no puede, al menos espontáneamente no puede, impedir que se construyan inadecuados y distorsivos bloqueos internos.  Pienso que el hombre nuevo es una lucha permanente que exige la deconstrucción también permanente del hombre viejo que una y otra vez renace, cual ave fénix, de cenizas reaccionarias. Como el psicoanálisis implicado se define como el “psicoanálisis de la plaza” en oposición al “psicoanálisis del palacio”, entiendo que en una cultura socialista, anticapitalista y antiimperialista, como es la sociedad cubana, una parte sustancial de la travesía esta realizada. Pero debo insistir, por mi propia fidelidad con la experiencia que recientemente pude compartir con tantos compañeros y amigos cubanos, y siguiendo a la letra la advertencia freudiana: “lo que heredaste de tus padres, lucha por obtenerlo”. Si sigue siendo verdadera la advertencia que la psicóloga Monica Sorin realizara “solidario no se nace”, me permito agregar que tampoco revolucionario. Y que sostener la lucha de la clase de los deseos contra la clase de los mandatos, es también fundante para que la creatividad de la fresa no retroceda ante la consistencia del chocolate.

Al regreso, una convicción que siempre tuve y que le debo a Marie Langer  se apoyó en cimientos mas firmes y mas profundos: “esta vez no renunciaremos ni al marxismo ni al psicoanálisis”[4]. Es cierto, querida Mimi: no lo haremos.

Octubre de 2005


Dr. Alfredo Grande con la Dra. Reina Rodriguez Mesa presidenta del Comité Científico del Congreso Nacional de Psiquiatría y II Simposio Regional Caribe Apal.


[1] Seminario de Psicoanálisis Implicado (Buenos Aires-Mar del Plata) Taller de Investigación en la Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. Seminario sobre la Intervención Clínica en ATICO.

[2] Silva, Ricardo. Una década de Psicoanálisis Implicado. Publicado en la Edición en CD.

[3] Aunque no creo que León me considere un discípulo, yo si lo considero mi maestro. Los años que estudié con él, menos de los necesarios, fueron los que prepararon lo mejor de mis escritos. Freud y los límites del individualismo burgués es tan necesario de leer como los textos de Freud,

[4] En Cuestionamos 1, editado por Granica (1972)


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