Son las seis
de la tarde de un sábado nublado y frío del mes de Septiembre.
La cita fue acordada en un bar de Barracas. Llego unos
diez minutos antes de las seis y decido entrar al bar.
Me tomo unos segundos para mirar y elegir la mesa donde
sentarme. Siempre me gustaron las mesas que se encuentran
junto a las ventanas, pero para esta entrevista elijo
una mesa chica, discreta, hacia el fondo del bar y junto
a la puerta de acceso a los baños. Me despego de mi sobretodo
viejo y tomo asiento, inclinando un poco la silla. Pido
café y ginebra. Espero. Son las seis y cuarto y todavía
él no ha arribado a la cita. Más adelante me hablará de
la espera, y yo comprenderé que forma parte de una especie
de goce; de la necesidad por establecer quién es el que
impone las reglas del juego. Por fin, lo observo entrar
envuelto en una espléndida parca. Me reconoce y se acerca
hacia la mesa. Se sienta cómodamente, amplio en su ansiedad.
Prende un cigarrillo y llama al mozo. Pide whisky, “importado
por favor”, y me invita a comenzar la charla.
- ¿Vivís en
familia?
- A nivel familia,
no me puedo quejar: tengo una mujer hermosa y un hijo
al que le puse el nombre del personaje de una película
muy famosa, que tiene que ver con la mafia siciliana.
Pero el nombre no te lo
puedo decir, sino vamos todos en cana...
- Está bien.
Entonces vamos al tema: me interesaría saber cómo te hiciste
“puntero”.
- No voy a echarle
la culpa a la marginalidad. Si bien, hubo marginación
fue a nivel trabajo. En una época tuve dos trabajos, que
puedo calificarlos como mis primeros amores a nivel trabajo,
porque me sentí reivindicado a nivel social, me dieron
independencia y dinero para moverme. Tuve esa oportunidad
y estoy muy agradecido. Pero también, me hizo nadar en
un mar de incertidumbre porque, llegado un momento, los
contratos de trabajo que estuvieron en vigencia durante
el gobierno del Sr. Alfonsín, se empezaron a cortar. Esa
fue una patada muy gruesa para mí. Desde ese momento me
quedé sin laburo. Yo estuve trabajando en el Correo Central,
como mensajero de brigada, es decir adiestrado para llevar
correspondencia controlada; un alcahuete de los jefes,
no un simple carterito. Yo me levantaba a las cuatro de
la mañana y a las seis marcaba tarjeta. Salía al mediodía
del Correo, me iba a mi casa, comía, dormía dos o tres
horas y me volvía a ir porque a las cinco entraba en Nestlé.
Salía a las diez de la noche. Tenía una vida a full.
- ¿Cuál es
tu situación actual?
- Mirá, ahora
soy como el jefe del barrio... trabajo día y noche, y
además tengo discípulos que se encargan, a veces,
de hacerme más liviano el trabajo, porque hay mucho hinchapelotas.
Qué te puedo decir, mi situación actual es la misma: soy
un trabajador más pero independiente, y un poco distinto.
(sonríe y me mira con displicencia).
- ¿Cómo empezaste
a consumir drogas?
- Bueno, la sociedad
actual está muy corrompida y si uno está en un bajón económico,
por ahí entras. Primero le das al alcohol, después un
porrito y así seguís hasta que conocés los códigos de
la historia y te ponés a vender. Querés dejar de ser el
que paga para curtir y transformarte en el tipo al que
hay que pagarle para curtir. Ahí, entra en el juego la
merca. Empezás tomando (R: aspirando), como una joda.
Como yo soy un tipo muy querido y conocido, me llegaron
a decir: “Te la dejamos a vos y la distribuís”. Eso fue
una mano para decirme a mí mismo: “ahora voy a tener
para drogarme”, porque pagarla, al no trabajar, no
podía.
- ¿Gente del
barrio te propuso distribuirla?
- No, son
personas que no viven en el barrio, pero que conocen muy
bien las posibilidades de consumo... tipos influyentes,
con poder y llegada al barrio... tipos que mueven gente
y contactos a todo nivel.
- ¿Me podés
dar un ejemplo?
- Y, por
ejemplo, gente vinculada a algún puntero político, tipos
que a su vez tienen contactos con la cana..... ¿está?.
- ¿Te hiciste
dealer para conseguir dinero y poder sostenerte, o sólo
porque te querías drogar?
- Una vez que
caés en este pozo estúpido, tenés que ser muy inteligente
o tenés que tener mucha voluntad para salir. Por ahí,
el hecho de tener una familia que te cobije o te ayude,
y no una familia que te recrimine, puede ayudar. Hay muchos
pibes que están esperando que los padres se duerman para
sacarles una videocassetera, un televisor, un equipo
de audio, para venderlo y comprarse merca o faso. A eso
le decimos caer en fisura. Ya te digo, a mí me
conoce gente buena y mala; gente pesada, porque yo no
soy estúpido, sé con quién me relaciono. Bueno, la gente
me busca porque saben tengo merca, que estoy tirando cocaína.
- Te transformaste,
entonces, en el dealer del barrio...
- Sí, capito del
barrio. Pero te diría que las estrellas en el barro de
la mediocridad son los que me la traen. Yo vengo a ser
un capito, nada más, porque si no, sin gastar un peso
yo tendría que ser el capo y manejar el tema.
- ¿Tenés antecedentes
penales?
- Yo tengo tres prontuarios por robo a mano
armada. Estuve a los quince años en un Colegio del Menor
y me sacaron mis viejos. Cuando yo vi que mis amigos tenían
plata para salir y yo no, me junté tres o cuatro locos,
entramos a meter chumbo y dimos vuelta todo Avellaneda.
Así, empecé a caer en cana. Me eduqué en la Facultad de
Olmos, como le dicen. Supe lo que es estar solo, encerrado.
Aprendí. Hace muchos años que no robo, y no quiero volver
a eso. No es porque me falten huevos. Yo tengo dos como
cualquiera, pero si lo tuviera que volver a hacer sería
por una necesidad límite, onda familia. Robar por robar,
no más.
- ¿Alguna vez
sentiste miedo?
- Sí, una vez
que me di más de 60 de jeringa, que es un buen viaje,
un viaje fatídico, y el corazón me latía muy fuerte.
Tuve miedo. Hay un cuento que dice así: Un chico cuenta
que tuvo una entrevista con el Diablo, y éste le propuso
que si él mataba a la madre o le pegaba a la hermana o
tomaba mucho vino, él le iba a dar todo lo de esta Tierra.
Este chico inexperto, dijo que no podía matar a la madre
porque sería una actitud inadaptada, y pegarle a la hermana
mucho menos, porque sería la conducta de un cobarde. Decidió
tomar vino. Y tomó tanto vino que sin darse cuenta mató
a la madre, le pegó a la hermana y el Diablo se rió de
él. Con eso te digo todo.
“AHORA ME ALCANZA PARA EL CAFE AL COGNAC Y EL WHISKY
IMPORTADO”
- ¿Pudiste
hacer dinero con la venta de drogas?
- Yo, antes, estaba
sin empleo. Ahora, me alcanza para el café al coñac o
el whisky importado... (se ríe socarronamente).
- ¿Sufrís presiones
de los que te dan la droga para la venta?
- No, porque yo
sé cómo moverme... Hay reglas que conozco y cumplo...
pero dejémoslo ahí, ¿eh?...
- ¿Vendés todo
tipo de drogas?
- Sí, me dan lo
que quiera, pero yo me dediqué a la cocaína. Aparte están
las tranzas. Viene un fisurado y me deja una campera de
doscientos pesos por dos papeles, que salen veinte pesos
cada uno. Entonces, yo hice un flor de negocio. Pero,
ese tipo, así como viene se va por el mundo de la fisura.
Otra cosa muy frecuente es que a los papeles los corten
con sal de frutas, con bayaspirina, y esos papeles son
una mierda. Uno conoce a la gente del pico, no podes darle
cualquier cosa. A los guachitos que la toman, sí se la
podés cortar...
- ¿Viene a
verte gente importante?
- Sí, gente que
tiene negocios, empresarios, concejales. La buena cocaína
es consumida por gente de guita. Y a esos personajes,
aunque la tomen (R: aspiren) no se las corto ni loco.
Esos son lo buenos clientes a los que no les podés fallar.
- ¿Pensás,
en algún momento, que podes hacer daño?
- No, no
hago daño, es una historia más del mercado. Si no me la
compran a mí, se la compran a otro. Lo bueno es poner
límites ¿sabés?. El flaquito se toma dos pelpas, y si
quiere comprar el tercero no se lo vendo y le corto la
cara. Hay que comprometerse. La gente quiere todo de arriba,
no quiere ponerse límites. Dos porros no hacen mal, ocho
te tiran abajo.
- ¿Qué opinás
de la legalización de las drogas?
- Ah, ahí me iría
mal. Si no se prohíbe, el consumo bajaría. Los estúpidos
que toman cocaína por moda la cambiarían por otra droga
que no joda tanto. Si la droga no fuera un fin en sí misma
se buscarían otras metas.
- ¿Cómo manejás
a tus nuevos contactos?
- Es instinto
o palpito. La gente que uno no conoce, la palpita. Es
el riesgo de este laburo, pero tengo como un esquema...
mirá, te cuento: primero está el tema de la referencia,
ahí está todo. Segundo: cómo habla. Si habla mucho, poco;
si batatea lo dejo hablar y lo estudio. Tercero:
qué propone. Que me vengan con caballos regalados no,
todo esto es mercado, las cosas tienen un valor, nadie
te regala nada acá. Si hay incoherencia o locura, despachada
la onda, se corta al toque. En esto hay parámetros y hay
que respetarlos también.
“LA GENTE SE REGALA POR MERCA”
- ¿Te sentís
poderoso ?
- Poder te da.
La gente por la merca se regala. Sentís, algunas veces,
que manejás gente y tiempo, porque las personas no se
valoran y se arrastran. Hay que verlos esperar un poco
para sentir algo de placer. Pero está en vos aprovechar
el arrastre y la humillación. Este es un mundo de hijos
de puta y, sí, siento que tengo cierto poder sin ser más
o menos hijo de puta que cualquiera.
“sI los que tienen poder
tiran basura y yo tiro basura, quién puede juzgarme”
-¿Cómo resumirías
un día de tu vida?
-En este país
es especial porque va contra el mundo. Mi vida es tensión.
Mucho compromiso y mucho beneficio también. Enfocar todo
sobre la actividad de un dealer es desgastante. Hay que
ir depurando la historia. Lo que pasa es que, hoy en día,
la mayor parte de la gente que labura es explotada, y
yo no quiero que me exploten... Además, si los que tienen
poder tiran basura y yo tiro basura, quién puede juzgarme,
si todos con el silencio legitiman la situación.
POR CONRADO YASENZAã
Septiembre de 2005.-