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Entrevista a un vendedor de drogas

Tirando la línea

Por Conrado Yasenza


Son las seis de la tarde de un sábado nublado y frío del mes de Septiembre. La cita fue acordada en un bar de Barracas. Llego unos diez minutos antes de las seis y decido entrar al bar. Me tomo unos segundos para mirar y elegir la mesa donde sentarme. Siempre me gustaron las mesas que se encuentran junto a las ventanas, pero para esta entrevista elijo una mesa chica, discreta, hacia el fondo del bar y junto a la puerta de acceso a los baños. Me despego de mi sobretodo viejo y tomo asiento, inclinando un poco la silla. Pido café y ginebra. Espero. Son las seis y cuarto y todavía él no ha arribado a la cita. Más adelante me hablará de la espera, y yo comprenderé que forma parte de una especie de goce; de la necesidad por establecer quién es el que impone las reglas del juego. Por fin, lo observo entrar envuelto en una espléndida parca. Me reconoce y se acerca hacia la mesa. Se sienta cómodamente, amplio en su ansiedad. Prende un cigarrillo y llama al mozo. Pide whisky, “importado por favor”, y me invita a comenzar la charla.

- ¿Vivís en familia?

- A nivel familia, no me puedo quejar: tengo una mujer hermosa y un hijo al que le puse el nombre del personaje de una película muy famosa, que tiene que ver con la mafia siciliana. Pero el nombre no te lo puedo decir, sino vamos todos en cana...

- Está bien. Entonces vamos al tema: me interesaría saber cómo te hiciste “puntero”.

- No voy a echarle la culpa a la marginalidad. Si bien, hubo marginación fue a nivel trabajo. En una época tuve dos trabajos, que puedo calificarlos como mis primeros amores a nivel trabajo, porque me sentí reivindicado a nivel social, me dieron independencia y dinero para moverme. Tuve esa oportunidad  y estoy muy agradecido. Pero también, me hizo nadar en un mar de incertidumbre porque, llegado un momento, los contratos de trabajo que estuvieron en vigencia durante el gobierno del Sr. Alfonsín, se empezaron a cortar. Esa fue una patada muy gruesa para mí. Desde ese momento me quedé sin laburo. Yo estuve trabajando en el Correo Central, como mensajero de brigada, es decir adiestrado para llevar correspondencia controlada; un alcahuete de los jefes, no un simple carterito. Yo me levantaba a las cuatro de la mañana y a las seis marcaba tarjeta. Salía al mediodía del Correo, me iba a mi casa, comía, dormía dos o tres horas y me volvía a ir porque a las cinco entraba en Nestlé. Salía a las diez de la noche. Tenía una vida a full.

- ¿Cuál es tu situación actual?

- Mirá, ahora soy como el jefe del barrio... trabajo día y noche, y además tengo discípulos que se encargan, a veces, de hacerme más liviano el trabajo, porque hay mucho hinchapelotas. Qué te puedo decir, mi situación actual es la misma: soy un trabajador más pero independiente, y un poco distinto. (sonríe y me mira con displicencia).

- ¿Cómo empezaste a consumir drogas?

- Bueno, la sociedad actual está muy corrompida y si uno está en un bajón económico, por ahí entras. Primero le das al alcohol, después un porrito y así seguís hasta que conocés los códigos de la historia y te ponés a vender. Querés dejar de ser el que paga para curtir y transformarte en el tipo al que hay que pagarle para curtir. Ahí, entra en el juego la merca. Empezás tomando (R: aspirando), como una joda. Como yo soy un tipo muy querido y conocido, me llegaron a decir: “Te la dejamos a vos y la distribuís”. Eso fue una mano para decirme a mí mismo: “ahora voy a tener para drogarme”, porque pagarla, al no trabajar, no podía.

- ¿Gente del barrio te propuso distribuirla?

- No, son personas que no viven en el barrio, pero que conocen muy bien las posibilidades de consumo... tipos influyentes, con poder y llegada al barrio... tipos que mueven gente y contactos a todo nivel.

- ¿Me podés dar un ejemplo?

- Y, por ejemplo, gente vinculada a algún puntero político, tipos que a su vez tienen contactos con la cana..... ¿está?.

- ¿Te hiciste dealer para conseguir dinero y poder sostenerte, o sólo porque te querías drogar?

- Una vez que caés en este pozo estúpido, tenés que ser muy inteligente o tenés que tener mucha voluntad para salir. Por ahí, el hecho de tener una familia que te cobije o te ayude, y no una familia que te recrimine, puede ayudar. Hay muchos pibes que están esperando que los padres se duerman para sacarles una  videocassetera, un televisor, un equipo de audio, para venderlo y comprarse merca o faso. A eso le decimos caer en fisura. Ya te digo, a mí me conoce gente buena y mala; gente pesada, porque yo no soy estúpido, sé con quién me relaciono. Bueno, la gente me busca porque saben tengo merca,  que estoy tirando cocaína.

- Te transformaste, entonces, en el dealer del barrio...

- Sí, capito del barrio. Pero te diría que las estrellas en el barro de la mediocridad son los que me la traen. Yo vengo a ser un capito, nada más, porque si no, sin gastar un peso yo tendría que ser el capo y manejar el tema.

- ¿Tenés antecedentes penales?

- Yo tengo tres prontuarios por robo a mano armada. Estuve a los quince años en un Colegio del Menor y me sacaron mis viejos. Cuando yo vi que mis amigos tenían plata para salir y yo no, me junté tres o cuatro locos, entramos a meter chumbo y dimos vuelta todo Avellaneda. Así, empecé a caer en cana. Me eduqué en la Facultad de Olmos, como le dicen. Supe lo que es estar solo, encerrado. Aprendí. Hace muchos años que no robo, y no quiero volver a eso. No es porque me falten huevos. Yo tengo dos como cualquiera, pero si lo tuviera que volver a hacer sería por una necesidad límite, onda familia. Robar por robar, no más.

- ¿Alguna vez sentiste miedo?

- Sí, una vez que me di más de 60 de jeringa, que es un buen viaje, un viaje fatídico, y el corazón me latía muy fuerte. Tuve miedo. Hay un cuento que dice así: Un chico cuenta que tuvo una entrevista con el Diablo, y éste le propuso que si él mataba a la madre o le pegaba a la hermana o tomaba mucho vino, él le iba a dar todo lo de esta Tierra. Este chico inexperto, dijo que no podía matar a la madre porque sería una actitud inadaptada, y pegarle a la hermana mucho menos, porque sería la conducta de un cobarde. Decidió tomar vino. Y tomó tanto vino que sin darse cuenta mató a la madre, le pegó a la hermana y el Diablo se rió de él. Con eso te digo todo. 

“AHORA ME ALCANZA PARA EL CAFE AL COGNAC Y EL WHISKY IMPORTADO”

- ¿Pudiste hacer dinero con la venta de drogas?

- Yo, antes, estaba sin empleo. Ahora, me alcanza para el café al coñac o el whisky importado... (se ríe socarronamente).

- ¿Sufrís presiones de los que te dan la droga para la venta?

- No, porque yo sé cómo moverme... Hay reglas que conozco y cumplo... pero dejémoslo ahí, ¿eh?...

- ¿Vendés todo tipo de drogas?

- Sí, me dan lo que quiera, pero yo me dediqué a la cocaína. Aparte están las tranzas. Viene un fisurado y me deja una campera de doscientos pesos por dos papeles, que salen veinte pesos cada uno. Entonces, yo hice un flor de negocio. Pero, ese tipo, así como viene se va por el mundo de la fisura. Otra cosa muy frecuente es que a los papeles los corten con sal de frutas, con bayaspirina, y esos papeles son una mierda. Uno conoce a la gente del pico, no podes darle cualquier cosa. A los guachitos que la toman, sí se la podés cortar...

- ¿Viene a verte gente importante?

- Sí, gente que tiene negocios, empresarios, concejales. La buena cocaína es consumida por gente de guita. Y a esos personajes, aunque la tomen (R: aspiren) no se las corto ni loco. Esos son lo buenos clientes a los que no les podés fallar.

- ¿Pensás, en algún momento, que podes hacer daño?

- No, no hago daño, es una historia más del mercado. Si no me la compran a mí, se la compran a otro. Lo bueno es poner límites ¿sabés?. El flaquito se toma dos pelpas, y si quiere comprar el tercero no se lo vendo y le corto la cara. Hay que comprometerse. La gente quiere todo de arriba, no quiere ponerse límites. Dos porros no hacen mal, ocho te tiran abajo. 

- ¿Qué opinás de la legalización de las drogas?

- Ah, ahí me iría mal. Si no se prohíbe, el consumo bajaría. Los estúpidos que toman cocaína por moda la cambiarían por otra droga que no joda tanto. Si la droga no fuera un fin en sí misma se buscarían otras metas.

- ¿Cómo manejás a tus nuevos contactos?

- Es instinto o palpito. La gente que uno no conoce, la palpita. Es el riesgo de este laburo, pero tengo como un esquema... mirá, te cuento: primero está el tema de la referencia, ahí está todo. Segundo: cómo habla. Si habla mucho, poco; si batatea lo dejo hablar y lo estudio. Tercero: qué propone. Que me vengan con caballos regalados no, todo esto es mercado, las cosas tienen un valor, nadie te regala nada acá. Si hay incoherencia o locura, despachada la onda, se corta al toque. En esto hay parámetros y hay que respetarlos también. 

“LA GENTE SE REGALA POR MERCA”

- ¿Te sentís poderoso ?

- Poder te da. La gente por la merca se regala. Sentís, algunas veces, que manejás gente y tiempo, porque las personas no se valoran y se arrastran. Hay que verlos esperar un poco para sentir algo de placer. Pero está en vos aprovechar el arrastre y la humillación. Este es un mundo de hijos de puta y, sí, siento que tengo cierto poder sin ser más o menos hijo de puta que cualquiera. 

 “sI los que tienen poder tiran basura y yo tiro basura, quién puede juzgarme”

-¿Cómo resumirías un día de tu vida?

-En este país es especial porque va contra el mundo. Mi vida es tensión. Mucho compromiso y mucho beneficio también. Enfocar todo sobre la actividad de un dealer es desgastante. Hay que ir depurando la historia. Lo que pasa es que, hoy en día, la mayor parte de la gente que labura es explotada, y yo no quiero que me exploten... Además, si los que tienen poder tiran basura y yo tiro basura, quién puede juzgarme, si todos con el silencio legitiman la situación.

POR CONRADO YASENZAã

Septiembre de 2005.-


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