Cuando vio a las humildes mariposas del
bañado
Con sus alas
clavadas y quemadas
En el altar
de todos los días,
Más que clamar
a los dioses por justicia
O derramar nuevas
lagrimas sobre los valles agotados del lamento
Quiso ser justo
Las puertas
de cristal del paraíso están cerradas
Ni siquiera
piedad tendrán las mariposas, se dijo
En un tiempo
donde los cielos son una tierra sin luz, baldía
Y las flores
del amor se pudren antes de nacer
En los bordes
de las tumbas…
Quiso ser justo
y ningún ángel ciego le entregó su espada
Ningún héroe
antiguo le susurró secretos; ningún viento
Cálido y venturoso
acaricio las velas de su navío…
A mordiscones,
entre gritos de pecho desnudo y gomas quemadas
para
el vuelo de los cuervos
Apenas empuñando
un palo y el pañuelo palestino
Debajo de los
ojos que ardían
En el grueso
mar de las desdichas
Inició su odisea…
Mientras su
vida navegaba sobre la cresta de las olas
Supo que hay
una ciudad en las colinas de la riqueza
Donde los cuerpos
devoran a los cuerpos como si fueran de oro…
Y que otra ciudad
crece y crece en las espaldas de la basura
Y allí las almas
lloran a las almas como si fueran el pan de dios…
Quiso ser justo
y recorrió la muralla que separa las ciudades
Supo que las
murallas de piedras son pasiones tristes
Y la última
piedra es el silencio
Supo que las
bocas del silencio jamás besan
Y que el pecado
de la pobreza se paga con la muerte…
Una noche de
tormenta con furiosos destellos azules
Soñó que la
diosa justicia – Temis, la madre
de las parcas, la llamaban – ,
Se alzaba desde
el fondo de las aguas y se escurría
Como un pez
de sol entre sus sábanas frías…
Se arrimó al
fuego, buscaba un abrazo. Ella se negó, con risas.
Sintió el desprecio
como si fuera un gato de porcelana
Solo puedes
mirarme y desearme. Mi dueño es la ley,
y el dueño de
la ley es el poder, que tiene un dueño…
la muerte, que
violó a mi madre, para que
yo naciera,
dijo ella, y su voz de infante
pareció la seda
del alba
cuando la rasga
un relámpago…
Y se fue de
su vida como se fue del sueño
Desnuda y ajena,
igual que cuando llegó…
A caballo de
la eternidad…
Abrió sus ojos
de la oscuridad de una cueva de diamantes…
Detrás de los
pinos tardíos el desierto se movía
Más rápido que
el viento y tan frágil
Como una bailarina
Y más lejos,
donde la mirada se termina entre crespones de niebla
Pudo leer el
anuncio del alba: ya llega la estrella matutina…
La justicia
se ofende con las pasiones, dijo, casi a gritos
hechizado por
la luz, aún sin decidirse
entre el rojo
y los celestes que abundaban…
Acaso el terror
le haya secado los labios, dijo, más calmo
La justicia
cierra su culo sobre la riqueza
y se pavonea
con aires de ninfa, dijo, y se rió
como ríen los
muchachos en el barrio…
Vio mil potros
sudorosos al galope por las pampas y pensó
otra vez en la justicia…
Su belleza huele
a cadáver pero ella no lo sabe…
Nació muerta
en un tiempo de esclavos, dijo al fin,
con tristeza
y agotó su cigarrillo
como quien agota
la paciencia en los filos del aire…
Quiso ser justo.
Volvió a su navío. A su viaje
Entre las aguas
de la miseria y los barros
Del dolor que
se eterniza y se muestra
Al desnudo
y tan natural como la noche más noche
Donde ni siquiera
brilla el consuelo de la luna…
Quiso ser justo.
Allí estaban las fábricas cerradas,
Las escuelas
caídas como hojas del peor invierno, ayer doradas,
Y los hospitales
con sus madres y sus niños en colas infinitas
Que poco alivian
los rezos y las maldiciones
Allí estaban
la prostitución y el pegamento
para las criaturas
que cruzan la puerta del infierno
Allí, bajo las
ramas raquíticas y las ochavas mojadas
se veían los
colchones de jirones, de fantasmas,
para que los
viejos entre toses y gargajos
amarillos tengan
el último de los sueños negros…
Quiso ser justo
y abrió su corazón a todas las lluvias…
Con la inocencia
del recién nacido
Era el fervor
de quien decide mover el mundo
Día tras día…
hora por hora…
Hasta lograr
con sus manos el milagro…
Quiso ser justo
allí donde lo justo escasea como los lirios en el
potrero
Eligió por puerto
un barrio donde sólo abundan los caminos
Que llevan al
cementerio
Trabajó duro
en la bloquera (lo más duro fue organizarla)
Trabajó duro
levantando la salita de salud y la biblioteca
Trabajó duro
moviendo las conciencias
En el pueblerio
duro del sur
Quiso ser justo:
o sea que su acción diera sentido
a la idea primigenia
de la vida,
la que mueve
las almas y los sueños;
o sea darle
finalidad de bien común
a la reproducción
material de la existencia,
para que el
gozo de lo creado
detrás de la
necesidad,
en pos de la
belleza,
no lo pervierta
el valor de cambio,
tampoco lo espante
la usura;
Y más aún: que
la igualdad en las dichas
de la vida resulte
la más dicha,
en el viaje
de los cuerpos amorosos
que trepan a
sus navíos…
Quiso ser justo
y cuando el hambre no tuvo respuesta
Recogió piedras
para acompañar las palabras – y las palabras
fueron más limpias
y más sonoras –
Y cortó las
calles, las rutas y los puentes
para no cortar
el dulce hilo
de la vida
Y sonrió con
la bella arrogancia del justo: no somos
elefantes para
morir en soledad, dijo
Aunque cierren
los ojos y nos desprecien, aquí estamos…
Aunque nos declaren
la guerra seguimos en el viaje, dijo
Y junto a sus
compañeros del barrio que cuidaban su navío
Alzó sus manos
con palos hacia el cielo
Como si fueran
la corona triunfante de la tierra…
Esa mañana como
nunca la gente del reclamo a flor de piel estaba allí
con tantas cicatrices
como mil colores
Sobre los cuerpos
sin artificio
También como
nunca las fuerzas del poder los esperaban,
Arteros en lo
suyo,
Preparados para
una guerra en el espacio
Quiso ser justo
entre los justos
Rabioso, con
toda la espuma del amanecer
Amenazante,
listo para pisotear la cabeza del monstruo
Otra vez la
historia se obstinó en mostrar
Que las armas
en manos del poder
Pueden más que
los corazones desarmados…
Quiso ser justo
entre los justos
Ayudó como pudo
en el desorden de la retirada
Cuidó a los
más desesperados
Dio aliento
al que sufría las heridas (eran balas de goma
y después de
plomo)
Siguió siendo
justo con ojos desencajados
Por los gases
y las visiones del dolor
Ardía, era muy
joven, no había bebido los alegres vinos
en la noche
de bodas,
Sintió que vivía
las vísperas del adiós
Estaba marcado
y lo perseguían
Apenas tuvo
tiempo de tomar la mano del compañero en agonías
No es bueno
que muera en soledad…
Es necesario
que alguien sostenga su mirada…
Es justo morir
a su lado, acaso dijo…
… Dio su espalda
a la partida de asesinos
Los tiros fueron
muchos y sintió que una nube de brazos
lo subían otra
vez a su navío
Y mientras los
vientos y las aguas lo llevaban del este hacia el
oeste
Vio como las
rojas y amarillas, humildes mariposas del bañado
Nunca antes
tan brillantes
Rompían con
sus alas
Las puertas
de cristal del paraíso…
En una chacra del Neuquén, otoño de 2005
Vicente
Zito Lema