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Pasión por la justicia

(Pensando en Darío Santillán)

por Vicente Zito Lema


Cuando vio a las humildes mariposas del bañado

Con sus alas clavadas y quemadas

En el altar de todos los días,

Más que clamar a los dioses por justicia

O derramar nuevas lagrimas sobre los valles agotados del lamento

Quiso ser justo

Las puertas de cristal del paraíso están cerradas

Ni siquiera piedad tendrán las mariposas, se dijo

En un tiempo donde los cielos son una tierra sin luz, baldía

Y las flores del amor se pudren antes de nacer

En los bordes de las tumbas…

Quiso ser justo y ningún ángel ciego le entregó su espada

Ningún héroe antiguo le susurró secretos; ningún viento

Cálido y venturoso acaricio las velas de su navío…

A mordiscones, entre gritos de pecho desnudo y gomas quemadas

         para el vuelo de los cuervos

Apenas empuñando un palo y el pañuelo palestino

Debajo de los ojos que ardían

En el grueso mar de las desdichas

Inició su odisea…

Mientras su vida navegaba sobre la cresta de las olas

Supo que hay una ciudad en las colinas de la riqueza

Donde los cuerpos devoran a los cuerpos como si fueran de oro…

Y que otra ciudad crece y crece en las espaldas de la basura

Y allí las almas lloran a las almas como si fueran el pan de dios…

Quiso ser justo y recorrió la muralla que separa las ciudades

Supo que las murallas de piedras son pasiones tristes

Y la última piedra es el silencio

Supo que las bocas del silencio jamás besan

Y que el pecado de la pobreza se paga con la muerte…

Una noche de tormenta con furiosos destellos azules

Soñó que la diosa justicia – Temis, la madre

                   de las parcas, la llamaban – ,

Se alzaba desde el fondo de las aguas y se escurría

Como un pez de sol entre sus sábanas frías…

Se arrimó al fuego, buscaba un abrazo. Ella se negó, con risas.

Sintió el desprecio como si fuera un gato de porcelana

Solo puedes mirarme y desearme. Mi dueño es la ley,

y el dueño de la ley es el poder, que tiene un dueño…

la muerte, que violó a mi madre, para que

yo naciera, dijo ella, y su voz de infante

pareció la seda del alba

cuando la rasga un relámpago…

Y se fue de su vida como se fue del sueño

Desnuda y ajena, igual que cuando llegó…

A caballo de la eternidad…

Abrió sus ojos de la oscuridad de una cueva de diamantes…

Detrás de los pinos tardíos el desierto se movía

Más rápido que el viento y tan frágil

Como una bailarina

Y más lejos,  donde la mirada se termina entre crespones de niebla

Pudo leer el anuncio del alba: ya llega la estrella matutina…

La justicia se ofende con las pasiones, dijo, casi a gritos

hechizado por la luz, aún sin decidirse

entre el rojo y los celestes  que abundaban…

Acaso el terror le haya secado los labios, dijo, más calmo

La justicia cierra su culo sobre la riqueza

y se pavonea con aires de ninfa, dijo, y se rió

como ríen los muchachos en el barrio…

Vio mil potros sudorosos al galope por las pampas y pensó

             otra vez en la justicia…

Su belleza huele a cadáver pero ella no lo sabe…

Nació muerta en un tiempo de esclavos, dijo al fin,

con tristeza y agotó su cigarrillo

como quien agota la paciencia en los filos del aire…

Quiso ser justo. Volvió a su navío. A su viaje

Entre las aguas de la miseria y los barros

Del dolor que se eterniza y se muestra

Al desnudo  y tan natural como la noche más noche

Donde ni siquiera brilla el consuelo de la luna…

Quiso ser justo. Allí estaban las fábricas cerradas,

 Las escuelas caídas como hojas del peor invierno, ayer doradas,

Y los hospitales con sus madres y sus niños en colas infinitas

Que poco alivian los rezos y las maldiciones

Allí estaban la prostitución y el pegamento

para las criaturas que cruzan la puerta del infierno

Allí, bajo las ramas raquíticas y las ochavas mojadas

se veían los colchones de jirones, de fantasmas,

para que los viejos entre toses y gargajos

amarillos tengan el último de los sueños negros…

Quiso ser justo y abrió su corazón a todas las lluvias…

Con la inocencia del recién nacido

Era el fervor de quien decide mover el mundo

Día tras día… hora por hora…

Hasta lograr con sus manos el milagro…

Quiso ser justo allí donde lo justo escasea como los lirios en el potrero

Eligió por puerto un barrio donde sólo abundan los caminos

Que llevan al cementerio

Trabajó duro en la bloquera (lo más duro fue organizarla)

Trabajó duro levantando la salita de salud y la biblioteca

Trabajó duro moviendo las conciencias

En el pueblerio duro del sur

Quiso ser justo: o sea que su acción diera sentido

a la idea primigenia de la vida,

la que mueve las almas y los sueños;

o sea darle finalidad de bien común

a la reproducción material de la existencia,

para que el gozo de lo creado

detrás de la necesidad,

en pos de la belleza,

no lo pervierta el valor de cambio,

tampoco lo espante la usura;

Y más aún: que la igualdad en las dichas

de la vida resulte la más dicha,

en el viaje de los cuerpos amorosos

que trepan a sus navíos…

Quiso ser justo y cuando el hambre no tuvo respuesta

Recogió piedras para acompañar las palabras – y las palabras

fueron más limpias y más sonoras –

Y cortó las calles, las rutas y los puentes

para no cortar

el dulce hilo de la vida

Y sonrió con la bella arrogancia del justo: no somos

elefantes para morir en soledad, dijo

Aunque cierren los ojos y nos desprecien, aquí estamos…

Aunque nos declaren la guerra seguimos en el viaje, dijo

Y junto a sus compañeros del barrio que cuidaban su navío

Alzó sus manos con palos hacia el cielo

Como si fueran la corona triunfante de la tierra…

Esa mañana como nunca la gente del reclamo a flor de piel estaba allí

con tantas cicatrices como mil colores

Sobre los cuerpos sin artificio

También como nunca las fuerzas del poder los esperaban,

Arteros en lo suyo,

Preparados para una guerra en el espacio

Quiso ser justo entre los justos

Rabioso, con toda la espuma del amanecer

Amenazante, listo para pisotear la cabeza del monstruo

Otra vez la historia se obstinó en mostrar

Que las armas en manos del poder

Pueden más que los corazones desarmados…

Quiso ser justo entre los justos

Ayudó como pudo en el desorden de la retirada

Cuidó a los más desesperados

Dio aliento al que sufría las heridas (eran balas de goma

y después de plomo)

Siguió siendo justo con ojos desencajados

Por los gases y las visiones del dolor

Ardía, era muy joven, no había bebido los alegres vinos

en la noche de bodas,

Sintió que vivía las vísperas del adiós

Estaba marcado y lo perseguían

Apenas tuvo tiempo de tomar la mano del compañero en agonías

No es bueno que muera en soledad…

Es necesario que alguien sostenga su mirada…

Es justo morir a su lado, acaso dijo…

… Dio su espalda a la partida de asesinos

Los tiros fueron muchos y sintió que una nube de brazos

lo subían otra vez a su navío

Y mientras los vientos y las aguas lo llevaban del este hacia el oeste

Vio como las rojas y amarillas, humildes mariposas del bañado

Nunca antes tan brillantes

Rompían con sus alas

Las puertas de cristal del paraíso…

En una chacra del Neuquén, otoño de 2005

Vicente Zito Lema


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