En
la medida que un ser humano puede ser objeto de conocimiento,
y ese conocimiento compartido, señalamos luego de
más de un año de entrevistas, lo que más nos ha impresionado
de Jacobo Fijman. Su humor; corrosivo. En el estricto
sentido de humor surrealista
Su autenticidad de poeta: que trasciende
hasta en sus menores gestos. Que le ha determinado
estas formas de vida. Estos castigos sobre su persona.
Y su bondad; más allá del olvido de quienes fueron
sus amigos y compañeros de generación; más allá
de los policías que lo castigaron; más allá de los
jueces que lo privaron de su libertad, más allá
de los psiquiatras que le descargaron sus odios
y su propia enfermedad; más allá de los que supieron
de su situación y nada hicieron, la enorme bondad
de Jacobo Fijman, equilibrando tantas de nuestras
maldades, perdonándonos.
Vicente Zito Lema.
*Vicente Zito Lema es el principal
difusor de la obra de Fijman. Este reportaje fue
publicado en la revista Talismán en mayo
de 1969, un año antes de la muerte del poeta.
¿Cuáles
son sus relaciones con los colores; y en especial con
el blanco, el negro y el rojo?
Los
colores centrales son el violeta y el verde. Y los
periféricos son el rojo, el amarillo, el anaranjado
y el azul. Yo siento preferencia por el blanco y el
negro. Me gustaba ir vestido todo de negro y con guantes
blancos. Estos son los primeros colores nombrados
en el Génesis. Separó Dios la luz de las tinieblas...
Amo el blanco. En el palacio los reos
iban vestidos de blanco...
El negro es melancolía. Yo vestía de
negro porque no tenía por quién enlutarme.
En cuanto al rojo. Ah. El accidente
del aire fácilmente conjuga con el fuego. Pero el
secreto es saber cuál es el accidente.
¿Cómo
siente la poesía?
Es
un estado de ánimo, antes de la reflexión.
En cuanto a lo demás, me remito a la obra poética
de Aristóteles. Esto es un secreto de estado.
Yo he tenido una infancia poética. Desde
niño me llamaban el poeta.
¿Qué autores han tenido mayor influencia
en su formación literaria?
En mi infancia toda la obra de Sherlock
Holmes; que me sirvió después para hacerle una crítica
a Dostoievsky, quien alardeaba de sus novelas psicológicas.
Este trabajo se publicó en el diario Crítica,
en 1927; también Lamartine, con su novela Graziella.
Después de leerla, me declaré a una muchacha que tenía
20 años. Era muy hermosa. Yo un niño. También Pushkin,
un negro comprado por un embajador de Pedro el Grande,
de él leí La hija del Capitán; y Víctor Hugo,
que me fue recomendado por un espiritista. Recuerdo
también los cuentos de Callejas.
Ya de grande, ningún escritor ha tenido
en mí una influencia decisiva. Aunque he leído muchísimo;
especialmente a Santo Tomás de Aquino, y a todos los
maestros de la patrística latina y de la patrística
griega.
¿Cuál es su símbolo?
La palabra; que es símbolo. Y la cruz,
el símbolo de San Atanasio.
¿Hay soberbia en el ejercicio del
poder?
Sería una soberbia notable. Pero habría
que juntar el poder temporal y el poder espiritual.
Yo me considero un aristócrata; en el
concepto de virtud.
¿Hay equilibrio entre su poesía
y al que le cortan la lengua por no mentir?
Sí. En primer lugar, por aquello “de que
al principio fue el verbo”.
Y quise dar con ello.
¿Qué valor le asiste a un asesinato?
Los asesinatos tienen el valor de que el
asesino va al infierno.
Es pecado de segundo modo. Primer modo
es pensarlo. Segundo, el clavarle la cuchillada. En
general, la decapitación es el más fácil de los métodos
para matar. Y el más espantoso el estrangulamiento.
Pero yo deploro los asesinatos.
Ni aún justifico la muerte en las cruzadas.
A los herejes simplemente habría que tenerlos encerrados.
¿Qué significan los títulos de
cada uno de sus libros?
Molino Rojo recuerda la demencia, el vértigo.
Yo buscaba un título para esa obra que
significara mis estados. Y reparé en un molinito viejo
que tenía en la cocina. De color rojo. Para moler
pimienta. Y vi en ese objeto todo lo que mi poesía
quería expresar.
Estrella de la Mañana, en cambio, se
refiere a los estados místicos que yo había adquirido
en esos años. Ya había sido bautizado, convirtiéndome
a la religión católica, y quise expresar con ese título
la encarnación del verbo.
En cuanto a Hecho de Estampas, yo trataba
de volver a la filosofía escolástica. Y volver fundamentalmente
a Aristóteles. Y en una visita al museo del Louvre
quedé impresionado por los maestros clásicos, por
su pintura religiosa. Cuando luego vi unas estampas
de esos cuadros religiosos, las asocié a mis poemas.
De ahí Hecho de Estampas.
¿ En qué medida la enfermedad mental
puede influir en una obra artística?
Corelli, el músico, escribió una sonata,
“La Locura”, después de estudiar esas enfermedades.
Después de tocar la sonata, él salía
a la calle, a conocer a la gente.
Y veía que todos estaban locos.
Yo he estudiado psiquiatría.
Y sé que los ciegos y sordomudos son
dementes.
En cuanto a mi obra, los médicos dicen
que no hay en ella signos de enfermedad.
Y yo lo creo; ya que no hay en mi poesía
nada en contra de la gramática. En Artaud, la enfermedad
influyó en contra de su obra.
Pero él no podía alejarse de la locura.
Porque era la locura de Satán. Si Artaud hubiera estado
sano, estudiaría la escolástica.
Hay que estudiar.
El Conde de Lautréamont era un loco.
Yo leía su obra y supe de su vida estando en Uruguay.
Era un hombre pésimo. Se dedicaba a los vicios. Y
hacía poesía con ello. Era un monstruo. Sólo en él
había locura. Nerval en cambio era bueno. Pero se
ahorcó de un farol. Le gustaban las manzanas. Lautréamont
y Artaud me angustian. Su psicología es la de los
vagos. Yo estaba atraído a ser como ellos, pero me
salvé con la misa y los libros santos.
El sufrimiento de los viciosos no es
noble. Es muy alejado al de los mártires.
¿Cómo se relaciona el hecho de
ser usted violinista con su poesía?
En la medida. Mi poesía es toda medida.
De una manera que la acerca a lo musical. En Molino
Rojo hay una gran influencia de la sonata de Corelli
“La Locura”. Esta sonata tiene dos formas de ejecución.
“El Loco” y “La Locura”; según sea un hombre o una
mujer el ejecutante. En Hecho de Estampas, hay
influencia de los cantos gregorianos. Y en Estrella
de la Mañana la medición sigue la del latín eclesiástico.
¿Cuál es su visión de la realidad?
La realidad es el ente. Y el ideal de realidad
Dios. Ente increado. No hay nada más real y más evidente
que Dios.
¿Cuáles son las cosas a las que
tiene mayor afecto?
No es muy fuerte mi afecto con los objetos.
Además prácticamente no tengo nada. Alguna ropa, unos
libros, una pipa... Pero hay casas hasta donde un
cuadro de Modigliani está fuera de lugar. Y amo entonces
la mesa y el mantel
¿Piensa que su obra se identifica
con alguna corriente poética?
No. Está fuera de cualquier escuela literaria.
Nunca seguí a nadie. Aunque espontáneamente me considero
un surrealista.
Los surrealistas son auténticos poetas;
pero blasfeman y son satánicos. En Francia conocí
a varios de ellos. Aunque ya sus caras no las recuerdo
bien. Una noche nos presentamos; estaban Breton, Eluard,
Desnos, venían a darme una recepción. Pero alguien
o algo hizo que se apagara la luz. Y no nos pudimos
dar ni las manos.
A Artaud lo conocí en un café, La Coupole,
donde tomamos un vaso de vino blanco. Estuvimos a
punto de pelearnos. Yo me identificaba con dios y
Artaud con el Diablo. Sin embargo le tengo aprecio.
Un poeta tiene que estar al servicio
de Dios. Y sino que esté al servicio del Demonio.
¿Por qué dejó de publicar su poesía?
En primer lugar porque la publicación de
mis obras me las tenía que pagar yo. Y apenas tenía
para comer... Además me propuse cambiar de vida. Y
me dedique exclusivamente a la filosofía escolástica
y a todos los poetas que aparecen en la patrística.
Pero fundamentalmente, por miedo a perderme en la
literatura y alejarme de Dios.
¿Se considera un santo?
No sólo me considero, lo soy. Pero mejor
no decirlo porque no lo entenderían.
Para los médicos eso es enfermedad.
Y ellos no saben lo que es un santo. Sólo tratan a
los demás como enfermos. Se guían por los síntomas.
Y otras obligaciones no tienen.
En esta sociedad está prohibido ser
santo. Aún por la Iglesia.
¿Cuál es el significado de esa
imagen que tanto reitera en sus poemas: “la noche
de los corderos”?
Hay tres noches. La primera noche corresponde
a los sentidos.
La segunda noche a los sentidos internos.
Y la tercer noche es la del intelecto.
Pero el viador debe ser sincero.
Yo soy un muerto. Pero vivo en Cristo.
Los corderos significan la unidad divina.
Cuando eran sacrificados en el Templo judío, debían
tener un año, para representar la unidad.
¿Quién te enseñó la física? Los egipcios.
¿Quién te enseñó la magia? Los caldeos.
¿Pero quién te enseñó el misterio de
la unidad divina? El pueblo de Israel.
¿Tiene miedo a la muerte?
Ningún miedo. El que hace la vía ya no
tiene miedo. Además ya lo he dicho; me considero un
muerto. Un muerto en vida. Vivo en Cristo.
Todas las enfermedades ya están en potencia.
Simplemente se hacen visibles ene el momento de morir.
¿La Biblia es un texto poético?
La Biblia es un libro de Dios. Y no tiene
fondo.
Aunque realmente el Apocalipsis es un
poema terrible.
¿Para qué escribe?
Lo hago para que mis actos se ordenen a
Dios. Buscando la verdad y no la oscuridad. Y escribo
para Dios y para mi perfección.
Y Dios sencillamente lo aprueba.
Y esto dicho en lengua baja. Para que
todos me entiendan.
¿Para qué pinta?
Entre mi pintura y mi poesía hay una misma
mano. Las mismas concepciones. De niño me dijeron
que sería un gran pintor. Y entonces quemé todo. Ahora
lo hago para perfeccionar mis sentidos, externos e
interiores. Sólo de esa forma es válido pintar y escribir.
Y hasta que los que se dicen pintores
y escritores no lo entiendan, deberían dejar esas
cosas. Porque están mintiendo. El arte tiene que volver
a ser un acto de sinceridad.
¿Cómo ve esta ciudad?
Esta es una ciudad que no es buena. Es
realmente mala. Corrupta. Llena de gente depravada.
Hay una falta absoluta de moralidad. Es una ciudad
hipócrita. Hasta parece que fuera la hipocresía su
estado natural.
¿Qué motivó su conversión de judío
a católico?
No es conversión de judío a católico. Es
simplemente la aceptación de la religión católica,
apostólica y romana.
Porque lo de judío no se pierde.
Esta conversión es una concepción de
la gracia. Porque Dios seguramente ha encontrado méritos
para convertirme. Para concederme ese conocimiento
y esa fe.
¿Ha sufrido castigos?
Sí. Pero no me quejo. ¿Quién se podría
quejar luego de la pasión de Cristo? Hace ya de esto
muchos años. Yo era joven. Una tarde estaba como extasiado,
y un Apolonio, entrerriano, me llamó y me dijo: vamos
a caminar. Nos pusimos a caminar, y cuando llegamos
a una esquina de la Comisaría 4°, no recuerdo cuál
era, o cuál es ahora, mi amigo me empujó contra el
vigilante. Vaya a saberse si era por una broma o qué
sería... Y entonces el vigilante me dio un golpe con
esa vara que llevan. En la sien izquierda; y otro
en la sien derecha. Luego me llevaron al interior
de la Comisaría, me estiraron en el suelo, y me golpearon
con las varas. Me golpearon en las rodillas, en las
manos, en la cabeza. Es completamente milagrosos el
estado mío, de que aún esté vivo. Después me desnudaron,
me pusieron en un calabozo. Por la mañana, ellos deben
haber avisado a mis padres, que todavía vivían. Y
me sacaron de la Comisaría. Eso fue todo.
Eso, y que les dije que era el Cristo
Rojo. Lo sentía como una cosa cierta. Acaso no enseña
San Pablo, “ ser como otro Cristo”. Y mi intención
era presentarme como un Cristo revolucionario. Por
eso lo de Rojo. Mi grito “yo soy el Cristo Rojo” fue
mi única respuesta a los golpes. Y me quedé quieto
contra la pared...
¿Porqué está internado en este
sitio?
Según los médicos debido a que estoy enfermo.
Trastornos mentales. Yo creo sin embargo que la mayoría
de la gente padece de trastornos mentales, incluso
los propios médicos.¿O acaso la mayoría de los que
están en los almacenes y en las tiendas es gente de
razón?¡ Ninguna! Y los médicos por ejemplo, el que
más o el que menos padece de psicosis.¿Y es que alguien
sabe lo que es el alma, lo que es el intelecto?
Pero así como hay muchos delincuentes
que han cometido delitos, y trabajan y no los tocan
para nada, también una persona por más loca que fuera,
si trabaja no la internan.
Cuando a mí me internaron, hacía más
de una semana que estaba en la calle, sin comer, sin
dormir. Me llevaron en ese estado desfalleciente a
Villa Devoto, me tuvieron dos días, y luego me trajeron
aquí.
Eso fue en el año 1942. Me aplicaron
el electroshock. Se ve que querían sacarme la enfermedad
del cuerpo. Pero yo no me quejo. De qué tendría que
quejarme. Los médicos son buenos. Hacen lo que pueden.
Recetan, dan consejos...
Y además, si me fuera de acá, ¿adónde
iría? No tengo nada. No tengo a nadie.
¿Cómo ubica su obra en relación
al momento social y cultural en que fue escrita?
Molino
Rojo aparece en el momento en que se está preparando la revolución
contra Irigoyen. Las hijas de Ortiz fueron mis discípulas,
en las clases que yo tenía como profesor de francés.
Culturalmente no existía nada. Sólo
el movimiento Martín Fierro. Era una época de pobreza
atroz. Yo vivía simplemente por casualidad. Mi casa
estaba cerca de la de Gardel, quien me quiso sobornar
para que hablara bien de él.
Una vez me balearon desde la Escuela
Militar. Pienso si mi internación no habrá sido una
medida divina para que no me mataran. Amaba el ruido
de las balas más que la novena sinfonía.
Molino Rojo tenía un título que
atrapaba a los anarquistas y socialistas. Reaccionaban
instantáneos ante el color rojo.
Se notaba en la ciudad un estado de
demencia general. Y en Molino Rojo desde luego,
hay una intención que empieza por la demencia; uno
de esos poemas dice: “Demencia, el camino más alto
y más desierto...”
Cuando escribí Hecho de Estampas,
estaba en París. Allí había guerra entre los monárquicos
y los otros partidos. En el fondo todos eran unos
vagos. Y creo que por entonces y en esa ciudad, estaba
prácticamente prohibido ser católico.
Estrella de la Mañana corresponde
a la época más oscura que yo he conocido en este país.
La gente era perseguida de la manera que ha sido establecida
en el Apocalipsis.
¿Cuál es esa demencia que se invoca
en su poesía?
Es la demencia en sentido total. Hay formas
que obedecen a los nervios centrales. Y otras a los
nervios periféricos.
Y puede ser también un castigo.
El que va a nacer elige ser bueno o
malo. Eso también pasa hasta con las vacas.
Ahora bien, la mayoría de los dementes
tiene la médula desviada. Cualquier enfermedad, aún
el cáncer, es estado de locura.
Los médicos tendrían que seguir realmente
las enseñanzas de Hipócrates, que hasta curaba con
el fuego.
Y hay incluso gente que se alegra de
estar loca.
La demencia debe ser vista desde un
punto de referencia moral. Y a esa pobre gente que
está en este hospicio, habría que darle buena comida;
la comida es mala. Enseñarles a sentarse en la mesa,
a no robar, a no blasfemar. Y cambiar fundamentalmente
la higiene. En mi poesía invocaba la locura. Aquí
se conoce la locura.
Ya estaban anunciados mis sufrimientos.
Yo soy el Jacobo Fijman que aparece
en los textos de Notredamus. Y ese día vi como un
puñal.
Y me dije: “quién sabe lo que van a
creer de mí; quién sabe lo que van a hacer de mí”.
Pero yo nunca he querido ser dictador.
Ni matar a nadie.
Soy un santo.
¿Se
siente un enfermo mental?
No. Rotundamente. No.
En primer lugar porque tengo intelecto agente y paciente.
Y mis obras prueban que no sólo soy hombre de razón,
sino de razón de gracia. A pesar de este sitio, que
como cualquiera se dará cuenta, no es el más adecuado
para trabajar, he continuado en mi tarea, escribir poesía.
Y es mi razón la que hace que entienda fácilmente las
cosas sobrenaturales. Los médicos no entienden esas
cosas. Se portan fácilmente bien. Pero no pueden ser
lo que no son. Simplemente toman la temperatura de
la piel. Dan pastillas, inyecciones, como si se tratara
de un almacén. Y olvidan que en el fondo es una cuestión
moral. Y es que no conozco a nadie que pueda entender
la mente. Sin embargo no los odio. Hacen lo que pueden.
Lo terrible es que nos traen para que uno no se muera
por la calle. Y luego todos nos morimos aquí.