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Poemas de Jacobo Fijman

El cristo amarillo


Ofrecemos aquí una selección de poemas de Jacobo Fijman, poeta nacido en Besarabia – Rumania – en 1898, y fallecido en Buenos Aires en 1970, tras pasar casi veinte años recluido en el Hospital Neuropsiquiátrico Borda. Fue también violinista, pintor e integrante, junto a Macedonio Fernández, Eduardo Mallea, Oliverio Girondo y Raúl González Tuñón, entre otros, de la mítica revista Martín Fierro. Injustamente olvidado en su tiempo y mal recordado en la actualidad, vaya esta caprichosa selección como un sincero acto de justicia que “equilibre tantas de nuestras maldades”.

De Molino rojo


Canto del cisne

Demencia:
el camino más alto y más desierto

Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.

Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.

Se erizan los cabellos del espanto.

La mucha luz alaba su inocencia.

El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.

Cuerdas de los silencios más eternos.

Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.

¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?

Se acerca Dios en pilchas de loquero
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

¡Piedad!


Mortaja

Por dentro;
atrás el rostro.
¡El pasado aniquila!

¡Es en vano que encuentre una herradura
en el estanque turbio de mi imaginación!

El árbol ha cubierto de palomas
mi soledad; pero es en vano

Desnudo
siempre estoy como una llanura.

Para buscar un cerro
miro las multitudes.

Estoy siempre desnudo y blanco;
Lázaro vestido
de novio;
una mortaja viva
entre el ayer eterno
y el eterno mañana;
una mortaja viva
que llora en mi garganta.


EL “OTRO”


Tarde de invierno.
Se desperezan mis angustias
como los gatos;
se despiertan, se acuestan;
abren sus ojos turbios
y grises;
abren sus dedos finos
de humedad y silencios detallados.

Bien dormía mi ser como los niños,
y encendieron sus velas los absurdos!

Ahora el Otro está despierto;
se pasea a lo largo de mi gris corredor,
y suspira en mis agujeros,
y toca en mis paredes viejas
un sucio desaliento frío.

¡La esperanza juega a las cartas
con los absurdos!
Terminan la partida
tirándose pantuflas.

Es muy larga la noche del corazón.


Vísperas de angustia

Atmósferas de marasmo despedazan mis ademanes.
pasos furtivos
en los malditos huecos de mi ser;
desolaciones alteradas.

Azar; ideas fijas.

Revolotear de músicas celestes.
¿Vísperas de una nueva angustia?
Sospechas.
Soy de los que no vuelven, hermanos míos.

Atmósferas de marasmo
en torno del más fragante pino.

Amor, alégrame el camino.

¡Los fuegos fatuos!
¡Quebrantaré la vida por mi vida
por el imposible contacto de la eternidad!

Pasos furtivos
en el hueco de mi ser;
yo soy el prometido, el anunciado.

Revolotear de músicas celestes.


Molino

Los molinos de imágenes, caminos sin puntos de vista.

Ahora vivo detrás de mi mismo.

Ventanas sobre los astros.
¿Duermen los pastores?

Semblantes contraídos en cera derretida
sobre los muros.

Fogatas.
En pasos de alta voz riñe un humor de perros.
¡Aquí no hay un solo corazón alegre!

Leña húmeda de los crepúsculos eternos.
El dolor es un agua que no se pierde;
pero nosotros nos hemos perdido
como en un gran tonel
de contratiempos sordos, fijos, duros.
Rincones que se enfrían
como un cadáver, en la estancia.
Aurora
en que escupe la rabia más absurda.

Se ha torcido el puente, como una mueca.

Alcohol; salario de estrellas.
Murmuradores a granel.

Silencio entorpecido;
Ah, si ladrara un perro.

Se encaminan las quejas de los Nadie.
¿Duermen los pastores?

Señales; imágenes y muros.

Ruidos de establo;
y se abren más ventanas, pero blancas.

Inopinadamente...


Antigüedad

Oh los gozos profundos, los inviolados gozos,
Agua de soledad
Que guardan los caminos!

Alma, corazón,
Danza en los anillos
Del día que llega.
Danza en sus huertos.
Goza de sus vinos.

Las albas nuevas
Rompiendo límites mojan la Nada;
Cantan los puentes en el universo.

En las albas más nuevas humedezco mis ojos;
¡En los soles más nuevos humedezco mi boca!

Suenan los vientos
Las zarabandas
De sus tambores
Asperos, fuertes,
Libres, salvajes
Y puros.
El alma del mundo es como un pájaro herido
Que sangra en el amar.
Antigüedad del mundo, desolación del mundo;
¡Danza en mi corazón la más roja lujuria,
La más roja alegría,
La más roja esperanza!
¡Danza las danzas
Más sueltas y alocadas!

Sálvate, mundo mío,
Desatando infinitos.
Apaga tus fríos
Y enciende tus arenas
En la primavera
Y en el sol.

Pon en mi soledad los pies ligeros
De tus dichas.
Gira tus estaciones
Sobre las nuevas eras.

Iniciadas en angustias, en dolor y en espanto
Abro mis manos rojas de semillas.
¡Puedo ser un gran sueño; puedo ser el gran sueño de una raza!

Oh música sagrada: sobre los nuevos puentes
Danza tus retornos.

Cena

Cenas de mi soledad en hosco abatimiento;
eterna como dios, profunda de universo,
¡He sido el más ausente: el juntador de formas!

Cenas de mi soledad...
El sudario más frío es uno mismo.

¡Buscar y qué buscar!
¿Encrucijadas puras donde zapatean los truenos
en un constante mediodía?

Cenas de mi soledad en hosco abatimiento.
Pan y sal. Lamentos.
Piernas que saltan; salidas del cortejo;
Vacilación de luz que viene abajo.
¡Extremaunción de un armonioso herrero!

Ir; pero no ir nunca;
en algodón de olvido sumir todos mis días.
Anuncios que se deslizan;
canción de gallos en la mañana azul de mi esperanza
continuación de tiempos fundamentados en dolor.

Fui un desaparecido, el más ausente:
el juntador de formas.

Amanecer desentonado...

De Hecho de estampas.

POEMA V

Yo estaba muerto bajo los grandes soles, bajo los grandes soles fríos.

A través de mi llanto
oigo el agrio sudor de la precocidad.

Yo vuelvo sobre un musgo
y las ciudades crecen a la aventura hasta la noche del estupor.

Miseria.
Dios pesa.
Me llaman vientos de mar.
Van y vienen en grandes cambios; se largan en saltos irritados
que apagan mi temblor, que exasperan los sueños.

Jamás podré seguir.
Yo me veo colgado como un cristo amarillo sobre los vidrios pálidos del mundo.


POEMA XIV

Los muros están cubiertos de vísperas y estrellas blancas.
Las flautas hacen temblar a las flexibles viñas.

Oh, bodas, en tanta perfección de desnudez el gallo canta.
Aprieta mi adolescencia tus ojos negros.

Producción Conrado Yasenza

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