Fabián Polosecki
ha sido el iniciador en la televisión argentina de
un modo muy singular de acercarse a las historias
urbanas. Creó dos memorables ciclos de programas durante
la década del '90: "El otro lado" y "El
visitante"; ambos emitidos por el canal oficial,
"ATC" en ese entonces. Las vivencias cotidianas,
las historias de vida y los saberes de la gente cómun
eran los temas que servían como excusa para que las
personas se pensaran como protagonistas. A diez años
de su suicidio, la "mirada Polosecki" sigue
vigente en la producción televisiva cuando se tiene
la intención de acceder a las perspectivas de los
sujetos.
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Aquí abordamos
una: la que tiene que ver con el rostro humano
de este buscador de historias ajenas. Ignacio
Portela y Hugo Montero son periodistas e integran
el consejo de redacción de la publicación
"Sudestada".
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Ambos se lanzaron
hace algunos años a una reconstrucción de la vida
profesional e íntima de Fabián Polosecki, que prontamente
será letra de un libro. Ahora, un repaso de esa búsqueda
en la versión de Ignacio Portela.
¿Por
qué un libro sobre Fabián Polosecki?
Lo del libro
tiene sus raíces cuando arrancó la revista "Sudestada"
con Hugo Montero, compañero y coautor del libro. Nos
conocimos en la facultad, y entre tantas coincidencias
que teníamos, una de las más fuertes era haber visto,
cuando teníamos 15 o 16 años, los programas de Polo.
Esa manera de contar historias nos había impulsado
al periodismo. Desde la revista, entre las tapas y
notas planeadas, siempre aparecía la idea de hacer
una sobre Polo. En el segundo número salió
una producción sobre lo que conocíamos "de afuera",
lo que habíamos visto y leído sobre él, sin tanta
información. Nos contactamos ahí con Viviana Gallardo,
su ex-mujer, quien nos facilitó una serie de videos,
algunos que conocíamos y que parecían "perdidos"
luego de seis años de esas emisiones, y cuatro o cinco
de su suicidio. Y ante tanto truchaje de la
t.v., nos dijimos: "hay que revalorar lo que
hizo este tipo, sacarlo a la luz". Comenzamos
a adquirir entonces más material, en especial, cintas
que pasamos a VHS. Ahora se está digitalizando todo
ese material, pero durante diez años fue un material
oculto, que sólo se accedía por intermedio de Vivi,
siempre bien predispuesta con nosotros. Recolectamos
las notas publicadas en esa época, los videos de Polo
hablando sobre su programa, y creímos que lo interesante
podía ser contar su historia. Además de su paso por
la televisión, referir también toda la etapa anterior;
es decir, su huellas por los diarios "Página
12", "Sur" y la revista "Fierro".
Así, logramos juntar más de cuarenta entrevistas,
un prólogo de Pablo De Santis, y el libro entonces
está práctimente listo. Estamos a la espera de alguna
editorial.
¿Qué
cosas descubriste en esa indagación sobre la vida
de Polosecki?
Muchas. Reviendo
los programas se perciben aquellos fragmentos que
cada uno guarda y que emocionan realmente. Uno aprende
de eso: cómo entrevistar a la gente. Algo fundamental
que se aprende viendo a Polo. La idea de aprender
a escuchar y, a partir de esa escucha, y de respetar
lo que dice el otro, interesarse. No esperar las verdades
que uno quiere escuchar de alguien que tiene un discurso
armado. No. El azar de la entrevista, el manejo de
los tiempos son aspectos fundamentales del oficio
de Polosecki como entrevistador. Después, también
está el respeto y el trato especial hacia los entrevistados.
Hoy hay gente que para registrar una historia de vida
quizá está quince minutos con una persona, a quien
accedió por un número de teléfono y del que nunca
más volverá a ver. Y a partir de eso se arman notas.
En las que realizaba Polosecki, una edición filmada
de diez minutos implicaba una o dos horas de charla,
previa investigación de los realizadores. Después
él iba, hacía la nota y era toda una movida de doce
horas diarias. Por ejemplo, hicieron un programa con
los que pertenecían a los "Titanes en el Ring".
Como armaban de cuatro los programas, tenían cuatro
investigadores periodísticos, y cada uno se encargaba
de un personaje para conseguir todo sobre su historia,
haciendo varias entrevistas previas para saber indicarle
a Polo qué puntos tocar y cuáles no. Y con
esa base, se decidía el montaje. Y vos vés un programa
de Polo y pareciera que las personas sólo le
hablaran a él, como si no hubiera nadie más registrando
el testimonio. Es decir, lograba una intimidad envidiable,
mágica diría, pero que era el resultado de un trabajo
serio y de respeto por el testimonio que se ofrecía.
¿Qué
influencias tuvo Polosecki acerca de este modo de
acceder a los saberes de sus personajes?
En los comienzos
del ciclo jugó con la idea de un personaje: Polo,
de campera negra, interpretaba a un tipo que habían
echado del laburo y que se dedicaba a juntar
historias. Él era un fanático de las historietas,
y un arduo lector de policiales. De ahí provino esa
estética propia. Porque Polo llevó situaciones,
textos y gráfica, toda esa imaginación de lo policial
que existe en los cuentos de Conrad por ejemplo, a
un formato completamente distinto como el televisivo.
Rompió así con todo lo que existía en cuanto al trato
de lo suburbano. Estamos hablando de los años '93,
'94 y '95, es decir, los años del cóctel entre menemismo,
cultura light y Miami. Polo entonces
se metía con los "Titanes en el Ring" que
habían quedado en la lona, con las prostitutas, y
con "Costita", un personaje que buscaba
oro entre la mierda de Buenos Aires.
Y
todo desde el canal oficial, como el viejo ATC.
Cuestión paradójica,
y bajo la gestión de Gerardo Sofovich. Ahora éste
personaje se autotitula el gestor de lo de Polo...
Fue algo rarísimo que le hayan dado ese lugar, porque
si bien relativamente lo veía poca gente, llegó a
medir 6 y 7 puntos de rating, que para el canal
oficial era mucho. Y sí: el poder muchas veces ofrece
esos espacios. Hay quienes acceden a alguna cuota
de presencia en la televisión, se desbandan, y empiezan
a hacer otras cosas. Arrancan con buenas intenciones
y terminan siendo malos productos. Es que hay gente
que está buscando en definitiva eso: tener rating,
popularidad. Polo manejaba los costos del programa,
de pagar a la gente aún en situaciones en que pudiera
no conformarla del todo porque, en definitiva, era
una suerte de patrón en un momento, ya que bancaba
el proyecto con la productora que tenía. Él en ningún
momento dejó de hacer lo suyo para realizar cosas
más "vendibles". Al contrario, los programas
tienen una línea narrativa e ideológica muy coherente
y muy valorada.
¿Cómo
fue la elaboración del libro que escribieron con Hugo
Montero?
La idea surgió
hace cuatro años con la familia de Polo, pero
la decisión de escribirlo hace dos, con las entrevistas.
Arrancamos mirando detenidamente los programas. Después
pasamos a las notas que había escrito, buscando si
había antecedentes de lo realizado después en la tele.
Él había estado en el "El Tajo
Revista" donde hizo también una cobertura
excelente del "Caso Bulacio". A partir de
las entrevistas que fuimos recolectando, dividimos
el libro cronológicamente por la etapas de su vida.
Jugamos con esos testimonios y también con lo ficcional.
Intentamos realizar un libro que no fuera muy "duro",
únicamente de testimonios, sino que buscamos ficcionalizar
algunas partes. Es decir, poner testimonios y poder
contar un poco las cosas que "se saben".
Así fuimos retratándolo desde que nació: a los cinco
años su madre lo sorprendía con la gitana de la vuelta
de su casa preguntándole por qué tenían el pañuelo
de una manera o de otra, o quién estaba casada y quién
no. Fuimos construyendo, así, la personalidad de Polo:
de qué hablaba, qué sentía, cómo fue su laburo
en "Radiolandia", su paso por la militancia
política. Él era un cuadro de la F.J.C. (Federación
Juvenil Comunista), y en un momento tuvo la oportunidad
de ser un militante rentado. Se negó porque consideraba
que no iba a servir dentro de eso, y se abrió. Sin
embargo, siguió profesando ideas, convicciones, por
fuera del Partido, y demostró que a pesar de no estar
militando orgánicamente, hacía un producto que tenía
mucho que ver con aquellas certezas que lo habían
llevado a militar.
¿Y
qué persona fue apareciendo tras el exitoso personaje
de Polosecki?
Fue muy rápido
el éxito que obtuvo por lo que nos cuentan todos.
Entrevistamos a gente que laburó con él. Viviana Gallardo
no quiso charlar especialmente, por las circunstancias
dolorosas que vivió, a pesar que la conocemos hace
cinco años, le cuesta hablar mucho de Polo
por el dolor de su suicidio. En la última etapa de
su vida vaya a saberse en qué estaba pensando. Logramos
hablar con su primer mujer, con quien convivió cuando
arrancaron los programas, Martina Miravalles, que
también nos contó un poco eso: el salto de ir, caminar
por la calle tranquilo y que después la gente lo empiece
a saludar. La imagen que queda de Polo con
sus programas es la del pibe con su campera, solitario
y triste. Mucha gente se encargó de decir que no.
Que tenía un aspecto alegre, jodón, le gustaba cocinar,
juntarse con amigos, andar por los bares de la calle
Corrientes de charla en charla. Y, en ese sentido,
es como ir descubriendo otro personaje dentro del
que uno tenía imaginado.
Y
el misterio del suicidio...
A la mayoría
lo tomó por sorpresa lo del suicidio, porque cualquiera
puede estar atravesando una crisis y nadie va a decir
que por eso una persona se quita la vida. Él había
hecho un programa sobre trenes. Y, según nos contó
su hermano, Polo había cortado una edición
porque le parecía que era un verdadero "manual
para el suicida". Y fue en ese lugar donde, supuestamente,
se quitó la vida. En Santos Lugares, sí. Justamente,
un maquinista le había contado sobre una curva en
especial, el lugar donde menos posibilidades tenía
un tren para frenar. Eso era lo que se había quitado
de la edición. Pero igualmente quedó el misterio.
¿Hay
una herencia en la manera de trabajar de Polosecki
en la actualidad?
Lo que la
televisión tomó fue una mala copia. Los programas
como el de Juan Castro o el de Gastón Pauls perdieron
el eje acerca de quién es la figura. Tanto Castro
como Pauls son "estrellas" a la hora de
entrevistar: es "Juan Castro que entró a la
villa", o "Gastón Pauls hablando con travestis".
Como si los travestis o los villeros no fueran quienes
tuvieran cosas para decir. Se cambia el eje de la
mirada entonces. Es muy triste ver que le hayan copiado
los mismos temas, el formato de voz en off,
hasta la imagen de Pauls caminando pareciera imitarlo.
Cosas muy tristes, truchas, de golpe bajo.
Poco laburo y ganas de figurar principalmente:
Polo fue al cementerio y, de la misma manera
que Pauls, sintió el olor aberrante de la cremación.
Pero Polosecki no se filmó vomitando y poniendo cara
de asco. Cambia, entonces, la idea de hacer una nota.
No se ha logrado en la tele captar aquella mirada.
Esos mismos temas que hoy día son cotidianos, no cuentan
con la mirada de respeto hacia el otro, creo. Es que
cuando querés hacer un programa periodístico, y no
venís del palo, sino de que te aplaudan en
las tablas, es muy difícil que Pauls se sienta como
un ser común y corriente. Lo de Polo eran diálogos
entre dos personas que realmente sentían curiosidad,
uno en preguntar y el otro en contar cosas. Nunca
una situación de horizontalidad, porque cuando uno
es el que pregunta y el otro responde hay lógicas
del lenguaje, pero se intentaba que sea lo más sincero
posible. Y eso se logra después de un verdadero laburo.
Que arriba de un taxi una puta te cuente en cinco
minutos todo lo que hizo son flashes, impactos. Punto.
Y resulta un recorte muy puto de la realidad,
en definitiva.
¿Se
enseña en la universidades sobre este modo de indagar
la realidad?
Hay una cátedra
en la Universidad de La Plata que se llama "Mirada
Polosecki". Es raro que a más de 10 años de que
se hayan emitido los programas, la gente siga enganchada
y queriendo conectarse con eso. Este año hicieron
una retrospectiva de sus programas en el teatro San
Martín de Buenos Aires durante cinco días, y la sala
de 300 personas estaba colmada, con gente afuera,
en su mayoría pibes. O sea, en el debate universitario
sigue estando el tema, porque sigue atrayendo esa
manera de contar las cosas. Está la herencia, no muy
oficializada pero quizá ahí resida el éxito y el misterio
de lo de Polo, lo capta la gente de las pequeñas
cosas que uno va viendo.
¿Y
en vos?
En mí, que
tengo 26, en captar las cosas como para aprender del
oficio, disfrutar, ver imágenes que te conmueven,
junto a momentos profundos sobre cómo para Polo
un vendedor ambulante era un sabio en su oficio. Justamente,
después de los dos ciclos, "El otro lado"
y "El Visitante", iba a seguirle "El
Aprendiz", donde él iba a hacer oficios, algo
complicado en imagen para mostrarlo, y tenía una idea
vaga aunque estaba algo armado. Es que él ha jugado
mucho con elementos que exceden al periodismo. Polo
reflejaba lo que es el saber popular. Se enganchaba
con los mitos de Buenos Aires. Había uno que realizó
en el barrio donde nació, Saavedra, que partía de
un mito acerca de un loro que cantaba la Marcha Peronista.
Con ese saber popular armó un programa con la gente
que le contaba de una manera, de otra.... O la historia
de los pibes de la esquina que se juntan a tomar.
Pibes que cuentan entonces sus vivencias, por qué
y qué significados tienen para ellos. No se busca
el impacto en esos trabajos, sino contar historias.
Parezca creíble o no, a favor o en contra, lo que
importa son las historias que se cuentan.
Osvaldo
Soriano contaba de las "verdades textuales"
que surgían de sus ficciones sobre relatos de fútbol,
que incluían nombres auténticos de personas, quienes
las asumían como realidades...
Es impresionante
lo que se logra con eso: creer y escuchar lo que a
uno le cuentan. Meterte en la historia, respetarlo
y escuchar lo que te dice. Armar historias a partir
de eso. No importa la veracidad, sino que lo se cuenta
el interlocutor lo siente, lo haya inventado o no.
El loro que cantaba la Marcha Peronista nunca existió,
pero lo fue buscando de casa en casa, de conocidos
del barrio, y armó eso con un mito. También estaba
"Costita". Alejandro Dolina había escrito
que debajo del arroyo Maldonado había un dragón. Bueno,
Polo armó un programa bárbaro con eso, y cada
uno contaba su historia. "Costita", uno
de los protagonistas, se pasaba ocho horas diarias
en las cloacas buscando oro entre la mierda... Polo
tenía una frase: que cada persona tiene algo bueno
para contar, y que el periodista debía saber cómo
sacársela. Una tarea muy jodida de cumplir cuando
uno tiene la intención de escuchar todas las historias.
Entrevistar tres o cuatro personas por día, imagináte
las que son al año. Cuatro vidas nuevas por día, cuatro
mambos que te entran en la cabeza, de las que no es
fácil olvidarse.
¿Qué
pregunta buscan responder con este libro?
Si hay alguien
que hizo las cosas bien, grossas, por qué no
sacarlos a la luz, y por qué otros usurpan esa memoria
o copian mal, y no se sepa que hubo previamente alguien
que lo hizo bien. A nosotros nos cambió la mirada
para encarar la nota, y ¿por qué permanece ausente?
¿Por qué no vuelven a emitir en el canal oficial,
o por qué no guardaron sus programas? ¿Por qué Pauls
y otros lo nombran tan tímidamente y nadie se quiere
hacer cargo de ese legado? Sacar a la luz la vida
de alguien que - usando una frase común - cambió la
manera de hacer la televisión en Argentina, y dar
una mano a la familia para que los programas comiencen
a circular nuevamente, ya que forman parte del imaginario
colectivo cuya vigencia es estupenda.
14/04/2005.
Por
Marcelo Luna.