*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*





 
 

PENSAR CROMAGNON ...

escribe Alfredo Grande

No tengo la seguridad de una tierra prometida pero sí la convicción de una lucha compartida.

Ilustración: Óleo "Tristeza" Antonio Santos:


Acá estamos. Consternados. Rabiosos. Así decía Benedetti al enterarse que habían asesinado al Che. Acá estamos. Consternados. Rabiosos. No podemos ni queremos estar de otra manera. El dolor y la bronca son las dos hermanas que, en esta travesía institucional por áridas tierras y oscuras noches, nos acompañan, una de cada mano. Consternados. Rabiosos. Así caminamos. Juntos. Con miradas que acarician. Con abrazos que nos miran. Con silencios que nos hablan. Con palabras que nos miman. Consternados. Rabiosos. Cada cual tiene el derecho, como Ignacio Silone escribe en Fontamara, de contar la historia a su manera. Con la convicción que el pasado es apenas un futuro que viaja en los recuerdos. Y seguimos caminando. Por las calles. Y cada uno de nosotros, en la soledad mas acompañada que jamás ha tenido. En la noche más luminosa que ha vivido. En el silencio más musical que jamás hubiera escuchado. Porque algo de la más lacerante intimidad rehusará por siempre jamás ser transmitida. Jirones de intimidad que han quedado para siempre en un horror de humo y de llamas. Dolor con nombres. El dolor que más duele, y que será para siempre el dolor que no vamos a anestesiar, ni vamos a dominar, ni mucho menos resilenciar. Por que en ese dolor estará también latiendo la vida. Algunos podrán encontrar cobijo en la máxima de Epicuro: “de los dioses nada hay que temer: de la muerte nada hay que temer; podemos soportar el dolor; podemos alcanzar la felicidad”. Podemos soportar todo nuestro dolor, porque nuestro dolor está siendo soportado, sostenido, acompasado, acariciado, por aquellos que también sienten dolores tan parecidos al nuestro que seguramente es el mismo dolor. Quizá podamos llegar a aceptar que hayan muerto. Pero será absolutamente insoportable sentir que no están vivos. Por eso debo disculparme por contradecirte, viejo Epicuro. No podremos alcanzar la felicidad. Ha dejado de estar a nuestro alcance. Por momentos, fugaces, efímeros, y que sin embargo parecerán eternos, recuperamos algo muy parecido a lo que alguna vez llamamos alegría. Vendrá de la mano de la justicia, de la reparación, de apretar una mano que descubrimos apretando la nuestra. Será una efímera y será una eterna alegría. Aquellos que en la noche de humo y llamas no quisieron dormir, ahora tampoco quieren despertar. No quieren despertar de la pesadilla, porque se niegan a vivir en una realidad que se disfraza de cordero, pero nos muerde como lobo. Se niega, nos negamos a vivir la realidad burocratizada de los funcionarios que transforman cada careo en un cacareo de cinismo y crueldad infinita. Cuando la normalidad es apenas la perversión dominante, despertarse de la pesadilla tiene el rostro de un referéndum inspirado en la doctrina del lavado de las manos. Despiertos, alertas, pensando Cromañón, sosteniendo la pesadilla en la que se ha transformado la vida cotidiana. El trauma del desgarro ha sido tan devastador, que no hay sutura todavía para las heridas. En apenas cuatro meses, tan pequeños, tan breves, tan cercanos cuatro meses, nada puede decantar. Todo sigue siendo el mismo fatídico momento, cuando las muertes dejaron detenidos los relojes de la noche del 30 de diciembre. Con el trauma colectivo pueden hacerse algunas cosas, pero nunca negarlo. El trauma no es 30.000 desaparecidos, sino un desaparecido 30.000 veces. Como señalara Memoria Activa. El Estado tiene mil caretas para ocultar el verdadero rostro del depredador. Pero lo sabemos. Ni la bengala. Ni el rock and roll. Y la corrupción no es solamente robar. Corromper es profanar. Es violar. Es abusar. Es mentir, es engañar, es borrar con el codo de la cobardía lo que se escribió con la mano de la infamia. Es indultar la culpabilidad del victimario y es aumentar la culpa de la víctima. Estamos en un punto de no retorno. No puede y no debe haber vuelta atrás. Ahora todos sabemos donde están los asesinos y quienes fueron los asesinados. Nadie, pero nadie, podrá decir que por algo será. No fue por nada y fue por todo. El Estado está desnudo. No hay nada para encubrir la muerte. El Estado desnudo no puede ampararse en ninguna doctrina, en ninguna seguridad, en ninguna forma de entender lo nacional. El Estado está desnudo. Y es un monstruo. Es un cadáver, y no solamente político. Es un cadáver ético. Es un zombie desnudo y asesino. Odia la vida, odia la belleza, odia la juventud, odia la alegría. También odia la salud, la educación, el trabajo. Para estudiar, rodea a los jóvenes de ratas. O los encierra en aulas que se derrumban. O contamina el aire con radiaciones de antenas mortales. O justamente cuando el agua es la reserva mas preciada, contamina el riachuelo y contamina a los vecinos. Al Estado desnudo no lo vamos a vestir, no lo vamos a maquillar, no lo vamos a recauchutar, no lo vamos a ver serio solamente porque un vampiro no se ríe. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Seguirá desnudo, mostrando su forma macabra a quien pueda sostener su mirada de Medusa sabiendo que a los que luchan por sus ideas, por sus amores, por sus pasiones, nada ni nadie puede convertirlos en estatuas de sal. Pero no podremos, al menos en la historia de una generación, dejar de estar consternados. Rabiosos. Es muy difícil escribir esto solo, en la soledad de esta larga noche. Nuevamente me acompaña Benedetti. “Si cada hora vino con su muerte, si el tiempo era una cueva de ladrones. los aires ya no eran buenos aires, la vida nada mas que un blanco móvil, usted preguntará porque pensamos?” Perdóname, querido Mario. Se me coló Jorge (Garaventa), y entonces hay que preguntarse también porque pensamos. “Pensamos porque los sobrevivientes y nuestros muertos quieren que pensemos.” Pensar es luchar, y solo saben los que luchan. Pensar es resistir, y estamos vivos porque resistimos al represor pero no resistimos nuestro deseo. Pensar es pelear y pensar es construir las armas para la batalla cultural. Cultura de la vida o cultura de la muerte. Árboles o venenos. Música o gritos. Pensar es pensar lo que antes no se había pensado. Pensar es crear. Pero si el único héroe es el héroe colectivo, como escribiera Oesterheld, también el único pensador es el pensador colectivo. Quizá anónimo, pero siempre implicado. Aquel que sabe que los demás prolongan su libertad y su deseo hasta el infinito. Como enseñó Rosa (Luxemburgo). Y como también saben y viven todos los familiares, todos los sobrevivientes, todos los compañeros y amigos que estamos acá.
Martín Luther King tuvo un sueño. Que ninguna diferencia pudiera ser invocada para ninguna masacre. Yo tengo otro sueño. Pero en este momento la palabra propia comienza a abandonarme. Y antes de abandonarme a mi propia consternación, a mi propia rabia, tomo por última vez la palabra de un poeta, el querido Pablo (Milanés), para cambiarla muy poquito y así poder compartir mi sueño con ustedes...”yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue la ciudad ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada, me detendré a llorar por los ausentes, y unido al que hizo mucho y poco, al que quiere la patria liberada, dispararé sin temor con mis palabras, mas temprano que tarde, sin reposo, retornarán los libros, las canciones que quemaron las manos asesinas, renacerá mi pueblo de sus ruinas y pagarán su culpa los traidores”.

Por la victimas. Por los sobrevivientes. Por los familiares.

Ahora y siempre.

Ciudad de los Malos Desaires. Mayo de 2005

Alfredo Grande


Agradecemos su opinión sobre esta publicación

Por favor, seleccione la Nota sobre la que va a opinar:
Apellido y Nombre:
Código Postal y Localidad:
País:
Email:
Ocupación:
Su opinión sobre esta nota o sobre nuestra publicación:

Muchas gracias por su contacto

  

 

|© La Tecl@ Eñe - Ideas, cultura y otras historias - Todos los derechos reservados|
Registro de la Propiedad Intelectual 358757 - Queda hecho el depósito que marca la ley.
Copyright ©2001- 2005

Propietarios y Directores: Marcelo Luna - Conrado Yasenza - José Antonio Borré
Buenos Aires - Argentina