Ayer a la noche me paró
la policía. Caminábamos con un amigo. Los polis bajaron
del móvil con sus armas en la mano. Nos obligaron a
punta de pistola a poner las manos sobre el capó del
auto policial. Uno de los polis empezó a requisarnos
de armas. Pero no le bastaba con que no tuviéramos armas,
seguía revisando nuestros bolsillos. ¿Qué quería encontrar?
El porro o el papelito de merca que nos convirtiera
en delincuentes. ¿Hubiésemos sido delincuentes si hubiésemos
tenido un porro?
Vaya pregunta, porque admite
varias respuestas: para los polis hubiésemos sido delincuentes
punibles de prisión (ley 23.737). Además, nos convertiríamos
en enfermos toxicómanos que el estado obligará a recuperarse.
Pero no solo eso, también nos podríamos haber convertido
en víctimas de extorsión, o víctimas de robo (los polis
nunca dudan en robar a los delincuentes). Y, en definitiva,
en víctimas de un sistema jurídico viciado y vicioso:
la ley antidrogas proclamada por nuestros democráticos
legisladores un ya marchito día de la primavera, establece
que los poseedores de drogas, aunque sea en cantidad
ínfima, constituyen un peligro para la sociedad y deben
ser puestos a disposición de la justicia.
Hace poco escuché con mis
propios oídos al gobernador de la provincia de Buenos
Aires, Felipe Solá, expresar con ahínco algo así: “no
vamos a meter presos a los pibes que se fuman un porro”,
pero a juzgar por cómo me revisaron los polis parece
que lo escuché yo solo.
Un par de meses atrás,
un amigo viajaba con su cuñado hacia el Norte del país.
En Rafaela, provincia de Santa Fe, los paró un control
de ruta. Revisaron el vehículo, la carga y después empezaron
a revisar los bolsos personales. En el bolso de mi amigo
encontraron un paquete vacío de papeles para armar cigarrillos.
–Uh, miren, dijo un poli, éste es tuquero. Y empezó
una odisea de prepotencia, amenazas y humillaciones,
que incluyó a mi amigo admitiendo que tenía un porro
en el bolsillo de camisa, cuando vio que obligaban a
su cuñado a desvestirse para “revisarlo bien” (el cuñado
ni siquiera sabía que mi amigo tenía un porro). El final
llegó tres horas después, cuando mi amigo y su cuñado
juntaron 280 pesos que resultaron suficientes para que
el operativo de “seguridad vial” les permitiera continuar
los cientos de kilómetros que faltaban para llegar a
destino.
Qué pena que me dan éstas penas
Aunque más no sea, la senadora
Diana Conti presentó un proyecto de ley que modifica
los artículos 5, 14, 19 y 20 y deroga los artículos
17, 18, 21 y 22 de la Ley 23.737. El proyecto considera
que la penalización de la tenencia es una forma encubierta
de penalizar el consumo, violando así expresamente el
principio de reserva establecido por el artículo 19
de la Constitución Nacional.
El juez de la Cámara Federal
de Apelaciones de Paraná, Dr. Enrique García Vitor,
expresó que "la guerra a las drogas es una política
equivocada: tenemos que bajar el consumo de tóxicos
desde el sistema educativo. Hay países que no penalizan
la tenencia para consumo personal -como Uruguay- y cuando
uno va allí, advierte que no hay más consumo ni mafia
más grande que aquí. Si el sistema penal me tiene que
venir a contar lo que mi hijo hace, es una vergüenza
para mi calidad de padre".
Para el abogado José Stefanolo
(que nos resulta más que simpático) "la actitud
que toma un país en relación con la droga muestra que
tipo de país es. Creo que el tema tiene que estar en
la justicia civil, pero no en la penal, porque ahí no
se vive el infierno de la droga sino el infierno de
la cárcel".
Por su parte, el psiquiatra
Alfredo Grande expresa: "Si alguien utiliza una
droga y solo se perjudica a sí mismo, el remedio no
puede ser peor que la enfermedad. La estigmatización
es un ataque a la salud mental".
Y como no podía ser de
otra manera en este debate, pasamos al rinconcito del
tío Escohotado, un auténtico militante de la libertad:
“El caso más reciente
de legalización ocurrió en Holanda, donde desde el final
de los años 70 es prácticamente libre y pública la venta
de hachis y marihuana en coffee shops, diseminados por
todo el país. Las demás drogas ilícitas son nominalmente
perseguidas, aunque su oferta en aquel país sea superior
en variedad y calidad a la que se encuentra en cualquier
otro lugar del mundo. Cocaína, heroína, LSD o XTC son
productos encontrados fácilmente y ciertas instituciones
particulares -pero sustentadas con dinero público- como
Safer House y pequeños laboratorios ambulantes situados
en la puerta de las principales discotecas analizan
gratuitamente cualquier muestra traída por particulares,
determinando la naturaleza de la sustancia y su grado
de pureza. Mientras tanto, las autoridades holandesas
constataron que el número de usuarios nativos regulares
de hachís y marihuana no solo se mantiene estable desde
1984, sino que hasta disminuyó del 20% al 14%. Con relación
a los usuarios de drogas no legalizadas, este país tiene
el porcentaje más bajo de Europa de toxicómanos irrecuperables,
y también el más bajo número de sobredosis accidentales
o involuntarias. Por cada junkie de Amsterdam hay, por
ejemplo, 14 en Frankfurt y 13 en Milán.
Al contrario,
¿qué efectos produjo la ilegalización de algo que antes
era legal? Cuando el mate, por razones teológicas, fue
prohibido en Paraguay, su consumo entre la población
nativa y entre los españoles alcanzó proporciones nunca
vistas ni antes ni después. Cuando ciertas pomadas y
pociones pasaron a ser pruebas de tratos con Satanás,
usando como puente la voluptuosidad, cerca de trescientos
mil europeos (en un continente que en la época contaba
aproximadamente con tres millones) terminaron siendo
condenados a la hoguera como brujos, sin que tres siglos
de Inquisición los hiciesen enmendarse. Cuando Murad
III y Murad IV decretaron penas de descuartizamiento
para quien tuviese relaciones con el tabaco, el comercio
de este bien en Asia menor experimentó un vigoroso impulso.
Tampoco funcionó en Rusia la prohibición del café, aunque
varios zares hayan castigado su uso y comercio con mutilación
de nariz y de orejas, así como no funcionara dos siglos
antes en Egipto, donde se arrancaban los dientes del
bebedor. Sobre el tabaco es suficiente decir que, en
algunas regiones alemanas, el fumador llegó a ser castigado
con pena capital. Ya en nuestra época, cuando se ilegalizaron
los opiáceos naturales y la cocaína, su consumo se mantuvo
bajo mientras hubo una oferta de drogas equivalentes
en la farmacia; pero explotó cuando se restringió la
disponibilidad de sus análogos sintéticos, y hoy alimenta
un fabuloso negocio de tráfico.”
Un poco más de Escohotado:
“En resumen, la historia enseña que ninguna
droga desapareció o dejó de ser consumida durante el
transcurso de su prohibición. Enseña también que, mientras
subsista una prohibición, habrá una tendencia mucho
mayor a consumos irracionales. Teniendo en cuenta lo
vivido en diferentes épocas y países, se instaura un
sistema de autocontrol inmediatamente después que cesara
el sistema de heterocontrol o tutela oficial. La experiencia
muestra que disponer libremente de una droga (incluso
promovida con mentiras, como sucedió prácticamente con
todas en su lanzamiento) no crea conflictos sociales
e individuales comparables a los que provocó y provoca
su prohibición. Ni siquiera es sustentable, históricamente,
que la disponibilidad de una droga aumente el número
de consumidores; la Ley Seca evidenció que los alcohólicos
no disminuyeron (excepto en el caso de los mendigos)
y que sólo pararon de beber -o redujeron su consumo-
parte de los bebedores moderados, esto es, los que no
necesitaban un régimen de abstinencia forzada para controlarse”
La poli está de la cabeza
Los informes de prensa
de la comisaría 45 de Devoto expresan lo siguiente:
- El día 07 de Abril horas 20:30 personal de la brigada
en Quevedo y J. P. Varela observa a una persona
del sexo masculino a quien al identificarlo se
le secuestró de entre sus pertenencias picadura
de marihuana.
Extraño,
muy extraño, que al identificar a una persona se le
secuestre picadura de marihuana. La verdad es que no
lo identificaron sino que lo revisaron. ¿Es legal revisar
a una persona por pura sospecha?
- El día 08 de Abril horas 20:00 personal de la brigada
recorriendo sobre la calle Llavallol al 3500 le
fue dable observar a una personal del sexo masculino
secuestrándosele de picadura de marihuana.
La brigada recorría las
calles, no solo observaba a una persona de sexo masculino,
sino que además de observarla la requisaron y le secuestraron
marihuana.
Pero no solo de información
de prensa viven los polis, las noticias que aparecen
en todos los periódicos, a diario, demuestran que la
relación entre los funcionarios que ejercen poder de
policía y los narcotraficantes es más que fluida.
Algunos ejemplos
recientes:
El lunes pasado el Tribunal
Oral Federal Nº 1 había ordenado abrir causas a dos
comandantes de Gendarmería Nacional y a dos oficiales
de Drogas Peligrosas de la provincia tras un juicio
oral por drogas, debido a irregularidades en la investigación.
Los cuestionados fueron el comisario mayor Alberto Antegiovanni,
que era jefe de Inteligencia de Drogas Peligrosas, y
el comisario Carlos Rodríguez, que ocupó el mismo cargo
en Rosario.
Como un caldero en ebullición,
el caso de los policías descubiertos cuando en forma
irregular llevaban 116 kilos de cocaína en un vehículo,
sumó ayer más temperatura. El juez federal de Orán,
Raúl Reynoso, citó a declarar bajo apercibimiento de
detención al jefe y subjefe de la Delegación Salta de
la Policía Federal, comisario Carlos Díaz y subcomisario
Guillermo Osler.
En el caso ya hay cuatro
policías federales detenidos en Jujuy, por incumplir
una orden de Reynoso para que llevaran los 116 kilos
a Orán.
Para qué continuar. Si
un amigo me lo explicó clarito: los tipos prohíben las
drogas y como son ilegales se venden caras. Vos vas
y le comprás a los tipos la droga cara, después te agarra
un poli y si no está agreta, solamente te afana todo
lo que tenés o podés juntar, te quita la droga y encima
te humilla. Después el poli, si curte se la queda y
si no la devuelve a las pistas. Entonces, vos vas y
compras de nuevo la misma droga más cara, porque según
el dealer “la cana está pesada”.
Claro que si el poli está
agreta, por tener un porro podés terminar en Olmos.
Entonces uno se pregunta,
perplejo: ¿Por qué hay que pagar fortunas a tipos que
venden marihuana ilegal, fomentando el narcotráfico,
si la planta puede crecer en mi jardín más fácil que
un rosal?
Fuentes:http://www.punksunidos.com.ar/punksunidas/salud/txt/54.htm
http://www.intercambios.org.ar/resumenconfnac.htm
|