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Ley 23.737

La ley de la extorsión

Por Rubén Fernández Lisso

Foto: http://www.eldebate.com.ar/


Ayer a la noche me paró la policía. Caminábamos con un amigo. Los polis bajaron del móvil con sus armas en la mano. Nos obligaron a punta de pistola a poner las manos sobre el capó del auto policial. Uno de los polis empezó a requisarnos de armas. Pero no le bastaba con que no tuviéramos armas, seguía revisando nuestros bolsillos. ¿Qué quería encontrar? El porro o el papelito de merca que nos convirtiera en delincuentes. ¿Hubiésemos sido delincuentes si hubiésemos tenido un porro?

Vaya pregunta, porque admite varias respuestas: para los polis hubiésemos sido delincuentes punibles de prisión (ley 23.737). Además, nos convertiríamos en enfermos toxicómanos que el estado obligará a recuperarse. Pero no solo eso, también nos podríamos haber convertido en víctimas de extorsión, o víctimas de robo (los polis nunca dudan en robar a los delincuentes). Y, en definitiva, en víctimas de un sistema jurídico viciado y vicioso: la ley antidrogas proclamada por nuestros democráticos legisladores un ya marchito día de la primavera, establece que los poseedores de drogas, aunque sea en cantidad ínfima, constituyen un peligro para la sociedad y deben ser puestos a disposición de la justicia.

Hace poco escuché con mis propios oídos al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, expresar con ahínco algo así: “no vamos a meter presos a los pibes que se fuman un porro”, pero a juzgar por cómo me revisaron los polis parece que lo escuché yo solo.

Un par de meses atrás, un amigo viajaba con su cuñado hacia el Norte del país. En Rafaela, provincia de Santa Fe, los paró un control de ruta. Revisaron el vehículo, la carga y después empezaron a revisar los bolsos personales. En el bolso de mi amigo encontraron un paquete vacío de papeles para armar cigarrillos. –Uh, miren, dijo un poli, éste es tuquero. Y empezó una odisea de prepotencia, amenazas y humillaciones, que incluyó a mi amigo admitiendo que tenía un porro en el bolsillo de camisa, cuando vio que obligaban a su cuñado a desvestirse para “revisarlo bien” (el cuñado ni siquiera sabía que mi amigo tenía un porro). El final llegó tres horas después, cuando mi amigo y su cuñado juntaron 280 pesos que resultaron suficientes para que el operativo de “seguridad vial” les permitiera continuar los cientos de kilómetros que faltaban para llegar a destino.

Qué pena que me dan éstas penas

Aunque más no sea, la senadora Diana Conti presentó un proyecto de ley que modifica los artículos 5, 14, 19 y 20 y deroga los artículos 17, 18, 21 y 22 de la Ley 23.737. El proyecto considera que la penalización de la tenencia es una forma encubierta de penalizar el consumo, violando así expresamente el principio de reserva establecido por el artículo 19 de la Constitución Nacional.

El juez de la Cámara Federal de Apelaciones de Paraná, Dr. Enrique García Vitor, expresó que "la guerra a las drogas es una política equivocada: tenemos que bajar el consumo de tóxicos desde el sistema educativo. Hay países que no penalizan la tenencia para consumo personal -como Uruguay- y cuando uno va allí, advierte que no hay más consumo ni mafia más grande que aquí. Si el sistema penal me tiene que venir a contar lo que mi hijo hace, es una vergüenza para mi calidad de padre".

Para el abogado José Stefanolo (que nos resulta más que simpático) "la actitud que toma un país en relación con la droga muestra que tipo de país es. Creo que el tema tiene que estar en la justicia civil, pero no en la penal, porque ahí no se vive el infierno de la droga sino el infierno de la cárcel".

Por su parte, el psiquiatra Alfredo Grande expresa: "Si alguien utiliza una droga y solo se perjudica a sí mismo, el remedio no puede ser peor que la enfermedad. La estigmatización es un ataque a la salud mental".

Y como no podía ser de otra manera en este debate, pasamos al rinconcito del tío Escohotado, un auténtico militante de la libertad: “El caso más reciente de legalización ocurrió en Holanda, donde desde el final de los años 70 es prácticamente libre y pública la venta de hachis y marihuana en coffee shops, diseminados por todo el país. Las demás drogas ilícitas son nominalmente perseguidas, aunque su oferta en aquel país sea superior en variedad y calidad a la que se encuentra en cualquier otro lugar del mundo. Cocaína, heroína, LSD o XTC son productos encontrados fácilmente y ciertas instituciones particulares -pero sustentadas con dinero público- como Safer House y pequeños laboratorios ambulantes situados en la puerta de las principales discotecas analizan gratuitamente cualquier muestra traída por particulares, determinando la naturaleza de la sustancia y su grado de pureza. Mientras tanto, las autoridades holandesas constataron que el número de usuarios nativos regulares de hachís y marihuana no solo se mantiene estable desde 1984, sino que hasta disminuyó del 20% al 14%. Con relación a los usuarios de drogas no legalizadas, este país tiene el porcentaje más bajo de Europa de toxicómanos irrecuperables, y también el más bajo número de sobredosis accidentales o involuntarias. Por cada junkie de Amsterdam hay, por ejemplo, 14 en Frankfurt y 13 en Milán.

 Al contrario, ¿qué efectos produjo la ilegalización de algo que antes era legal? Cuando el mate, por razones teológicas, fue prohibido en Paraguay, su consumo entre la población nativa y entre los españoles alcanzó proporciones nunca vistas ni antes ni después. Cuando ciertas pomadas y pociones pasaron a ser pruebas de tratos con Satanás, usando como puente la voluptuosidad, cerca de trescientos mil europeos (en un continente que en la época contaba aproximadamente con tres millones) terminaron siendo condenados a la hoguera como brujos, sin que tres siglos de Inquisición los hiciesen enmendarse. Cuando Murad III y Murad IV decretaron penas de descuartizamiento para quien tuviese relaciones con el tabaco, el comercio de este bien en Asia menor experimentó un vigoroso impulso. Tampoco funcionó en Rusia la prohibición del café, aunque varios zares hayan castigado su uso y comercio con mutilación de nariz y de orejas, así como no funcionara dos siglos antes en Egipto, donde se arrancaban los dientes del bebedor. Sobre el tabaco es suficiente decir que, en algunas regiones alemanas, el fumador llegó a ser castigado con pena capital. Ya en nuestra época, cuando se ilegalizaron los opiáceos naturales y la cocaína, su consumo se mantuvo bajo mientras hubo una oferta de drogas equivalentes en la farmacia; pero explotó cuando se restringió la disponibilidad de sus análogos sintéticos, y hoy alimenta un fabuloso negocio de tráfico.

Un poco más de Escohotado: “En resumen, la historia enseña que ninguna droga desapareció o dejó de ser consumida durante el transcurso de su prohibición. Enseña también que, mientras subsista una prohibición, habrá una tendencia mucho mayor a consumos irracionales. Teniendo en cuenta lo vivido en diferentes épocas y países, se instaura un sistema de autocontrol inmediatamente después que cesara el sistema de heterocontrol o tutela oficial. La experiencia muestra que disponer libremente de una droga (incluso promovida con mentiras, como sucedió prácticamente con todas en su lanzamiento) no crea conflictos sociales e individuales comparables a los que provocó y provoca su prohibición. Ni siquiera es sustentable, históricamente, que la disponibilidad de una droga aumente el número de consumidores; la Ley Seca evidenció que los alcohólicos no disminuyeron (excepto en el caso de los mendigos) y que sólo pararon de beber -o redujeron su consumo- parte de los bebedores moderados, esto es, los que no necesitaban un régimen de abstinencia forzada para controlarse”

La poli está de la cabeza

Los informes de prensa de la comisaría 45 de Devoto expresan lo siguiente:

  • El día 07 de Abril horas 20:30 personal de la brigada en Quevedo y J. P. Varela observa a una persona del sexo masculino a quien al identificarlo se le secuestró de entre sus pertenencias picadura de marihuana.

Extraño, muy extraño, que al identificar a una persona se le secuestre picadura de marihuana. La verdad es que no lo identificaron sino que lo revisaron. ¿Es legal revisar a una persona por pura sospecha?
 

  • El día 08 de Abril horas 20:00 personal de la brigada recorriendo sobre la calle Llavallol al 3500 le fue dable observar a una personal del sexo masculino secuestrándosele de picadura de marihuana.
 

La brigada recorría las calles, no solo observaba a una persona de sexo masculino, sino que además de observarla la requisaron y le secuestraron marihuana.

Pero no solo de información de prensa viven los polis, las noticias que aparecen en todos los periódicos, a diario, demuestran que la relación entre los funcionarios que ejercen poder de policía y los narcotraficantes es más que fluida.

Algunos ejemplos recientes:

El lunes pasado el Tribunal Oral Federal Nº 1 había ordenado abrir causas a dos comandantes de Gendarmería Nacional y a dos oficiales de Drogas Peligrosas de la provincia tras un juicio oral por drogas, debido a irregularidades en la investigación. Los cuestionados fueron el comisario mayor Alberto Antegiovanni, que era jefe de Inteligencia de Drogas Peligrosas, y el comisario Carlos Rodríguez, que ocupó el mismo cargo en Rosario.

Como un caldero en ebullición, el caso de los policías descubiertos cuando en forma irregular llevaban 116 kilos de cocaína en un vehículo, sumó ayer más temperatura. El juez federal de Orán, Raúl Reynoso, citó a declarar bajo apercibimiento de detención al jefe y subjefe de la Delegación Salta de la Policía Federal, comisario Carlos Díaz y subcomisario Guillermo Osler.

En el caso ya hay cuatro policías federales detenidos en Jujuy, por incumplir una orden de Reynoso para que llevaran los 116 kilos a Orán.

Para qué continuar. Si un amigo me lo explicó clarito: los tipos prohíben las drogas y como son ilegales se venden caras. Vos vas y le comprás a los tipos la droga cara, después te agarra un poli y si no está agreta, solamente te afana todo lo que tenés o podés juntar, te quita la droga y encima te humilla. Después el poli, si curte se la queda y si no la devuelve a las pistas. Entonces, vos vas y compras de nuevo la misma droga más cara, porque según el dealer “la cana está pesada”.

Claro que si el poli está agreta, por tener un porro podés terminar en Olmos.

Entonces uno se pregunta, perplejo: ¿Por qué hay que pagar fortunas a tipos que venden marihuana ilegal, fomentando el narcotráfico, si la planta puede crecer en mi jardín más fácil que un rosal?

Fuentes:http://www.punksunidos.com.ar/punksunidas/salud/txt/54.htm
http://www.intercambios.org.ar/resumenconfnac.htm


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