Sara Rosenberg es escritora,
dramaturga y pintora.
Licenciada en Dramaturgia y Dirección
de escena (RESAD), estudió también Bellas
Artes en la Universidad de Tucumán y más
tarde en la Universidad de Québec en Montreal.
Se especializó en escritura de guión cinematográfico
en la Escuela de cine de la Habana, Cuba,
y en dramaturgia en la Escuela de Arte
Dramático de Uta Hagen, New York.
Ha publicado tres novelas ("Un hilo
rojo" en 1998, "Cuaderno de
invierno" en el año 2000, ambas en
la Editorial Espasa Calpe, y "La
edad del barro", en 2003, en la editorial
Destino). Ha publicado cuentos en antologías
y periódicos nacionales (Ed. Lengua de
Trapo, Redes, EDAF) y obras de teatro
(Editorial de la RESAD, Fundamentos, y
AAT). Ha realizado también numerosas exposiciones
de arte visual, documentales y guiones
para cine. Ha trabajado como escenógrafa
y directora de arte para teatro, cine
y video.
La tarde no tiene flanco protegido
ni palabra que no se me desmorone.
En ese hueco se instala la tormenta
Llega el agua y lame, inunda
y pasa.
Vendarás el cadáver con toda
la dulzura
que te queda y si te falta, usarás
la suya.
Desearás no dolerte, ni dañar
la piel
que mansa recubre todavía la
forma.
Hoy vas a ser sabia. Mirarás
al muerto.
Cantarás su paso de sombra amanecida.
Presentirás cerca la tuya al
mismo tiempo.
Compartirás arena que no descansa
nunca.
Y sin llorar tendrás hocico más
que boca.
Respirarás hondo, después que
haya pasado.
Desde entonces, sólo en tu memoria,
sola
lo elegirás cada vez que quieras
estar cerca.
El aire se volverá palabra y
también canto.
5 enero
del 2000.
La herida cicatriza hasta la
costra
y protege del instante con dureza.
No más el temblor de la inquietud.
Ahora los pájaros siguen su curva
sin dejar rastro sobre el azul
vacío
y desaparecen en la nube helada.
Antes, antes los saludabas con
la mano
herían la mañana cada vez que
partían
traían en las plumas bosques,
polen
y temblabas contemplando lo incierto
Antes, antes el movimiento era
promesa
de cataclismo en la armonía del
que ve
¿Qué pájaro se ha caído de tu
vuelo?
Si consiguiera acallar la cuerda
grave
que me despierta en la madrugada
y trae la frágil certeza de lo
posible
hasta el reducto en lo que todo
falta.
Abrir los ojos es comprometido
despiertas al destino y a los
otros
no saben cuán complicados son
aparecen como si fuera natural
en conjuntos de gestos semejantes,
emiten una impune serie de sonidos.
Desconocen el pavor de las especies
que sólo recuerdan la estampida
y aún más lejos, el polvo, la
nada.
¿Por qué siempre una se estará
yendo?
Aún cuando construya cada día
su morada
la vista de gatos y de sillas
o de almohadas
esconde una maleta preparada
con lo inútil
para salvarse, para esperar el
rayo que parta,
disgregue, amontone, recomponga,
arrastre
y recuerde,
este último verbo, el
único con casa.
Hería el sol por la tarde con su sombra.
Acerca la oreja y escucha el líquido,
dijo,
Adentro está girando y mareado llegará
hasta el otoño para perderse
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