La influencia de mi padre
en mi propia poesía aceleró y determinó
lecturas, y, probablemente, acortó caminos.
En mi primer libro hay elementos que me
emparentan con ciertos elementos de su poesía
(puede ser lo fantástico, lo misterioso,
así como también el fragmento), y, por lo
demás, yo siempre establecí una relación
de familiaridad, presente en citas de su
obra en mis tres libros. De todos modos,
las comparaciones serían inexactas, en uno
y otro sentido. Cuando alguien piensa en
la obra de Miguel Ángel Bustos piensa en
sus cinco libros, y particularmente en el
último tramo de su obra, el más pleno y
maduro. Yo estoy buscando.
En cuanto a su marginalidad,
creo que tiene varios aspectos. El elemento
herético, su condición de poeta “maldito”,
su adhesión a lecturas religiosas o a cosmogonías
(orientales, precolombinas), muchas veces
plasmadas en su obra, lo ubican en un espacio
de difícil clasificación dentro del panorama
de la poesía argentina, en buena medida
atenta a Occidente. Y, por otro lado, hay
que mencionar la marginación inherente a
su condición de desaparecido, condición
que le otorga una segunda incomodidad, de
carácter netamente “político”. Esta última
operó sobre su obra durante años, y por
motivos lógicos. Hoy no es decisiva aunque
rescoldos de ella mantienen su “encendido”.
Por Emiliano Bustos
Acerca de Emiliano Bustos
Emiliano Bustos nació en
Buenos Aires en mayo de 1972. Estudió dibujo
con Hermenegildo Sábat y teatro con Alejandra
Boero. Participó como actor de la obra "El
tren de las cuatro y treinta",
representada en varias oportunidades durante
1993/94 en el auditorio de la Facultad de
Psicología de Buenos Aires, en el marco
del cierre de la investigación -llevada
a cabo por el Movimiento Solidario de Salud
Mental, y apoyada por organismos Internacionales
de Derechos humanos- sobre las "consecuencias
psicosociales en niños y jóvenes latinoamericanos,
afectados directos por la violencia institucionalizada
y la guerra" en cuatro países: Argentina,
Chile, Guatemala y El Salvador.
Poemas suyos fueron incluidos
en un volumen colectivo titulado El lenguaje
de un gesto (1993), que formó parte, asimismo,
e la investigación mencionada. Publicó Trizas
al cielo (1997), mediante un subsidio a
la creación de la Fundación Antorchas, Falada
(2001) y 56 poemas (2005); de este último
dijo el poeta Leonidas Lamborghini: "Textos
en los que la desesperación, lo trágico
dan toda la vuelta hasta generar su propia,
amarga, risa; esa catarsis de nuestra contemporaneidad
que estos poemas de Emiliano Bustos expresan
de un modo extraordinario, admirable".
En 1998 le fue otorgada la beca de la Fundación
Antorchas para participar de un Taller Pluridisciplinario
de Experimentación Escénica, coordinado
por el director teatral Rubén Szchumacher,
del cual participaron escritores, artistas
visuales, músicos y directores teatrales.
Desde 2001 realiza investigaciones literarias
("Literatura y censura en el período
1976/1983"; "Poesía argentina
desde los ochenta hasta la actualidad")
como becario del Centro Cultural de la Cooperación
de Buenos Aires. Poemas y artículos suyos
fueron publicados en revistas de Buenos
Aires, como Diario de Poesía, Hablar de
Poesía y Tres Puntos.
Producción Amalia
Gieschen y Conrado Yasenza
Selección de Poemas
Amalia Gieschen
Poemas
Auténticos ejércitos miman la recaída
de los pararrayos en la noche de rayos.
Mi tos: la única señal de acceso
a esta empalizada de tréboles y tigres.
levitan esas fieras entre hojas
de una isla así.
Con cada rugido
los barcos se alejarán más y más.
poema a la intemperie
Ayer me di cuenta:
quiero desprenderme de un lugar sagrado.
Bajó de un pequeño formato la información,
embebida en la marea
de tantas noticias espirituales,
que lucran en la inmensa luz,
en el circo de la monotonía,
segundos y hasta minutos de tiraje creativo.
¡Qué extraña risa!
Hoy me río del increíble amuleto
que deja de escribir este poema.
Sí triste
En cada mesa me sentaba,
cortando mis manos con el borde,
mi mano derecha casi siemrpe.
Ese lujo de dibujar sobre mi carne.
El papel de la muerte lo hago yo,
y cada día es más claro lo mío
En el lugar de mi corazón
pondría un finísimo ala-delta
sin poder de vuelo:
su dulcísimo deseo: asaltar a la rata,
que es lo único que ve.
Memoria de la alegría
Ruidos de patos,
pensamientos de garza,
paz de oso,
claridad de cuervo,
chasquido de pantera.
Hago fondo en el tocado de hormigas del búho.
Como si en el fondo de todos mis sueños
gritara un tiburón desde los montes,
rasgando las ovejas.
Sus dentelladas, llora por ver las palabras.
Como yo,
trocando desnudo voces para la rata.
Papiro de la vanguardia
Las rayas negras y amarillas
de la abeja que me atacó,
fueron caminadas siglos atrás
por trenes y trenes de la Malasia.
No son rayas,
son durmientes,
y no es un tren,
es licor,
y no es atrás,
es suspenso.
Zancos
El paisaje de la cama:
anulación de la finca que se iba de boca ante la soledad.
Te veo desde aquí
y sos un remache de entes maternos y en celo.
Veo desde aquí
la demencia aquella del títere de juncos
montado en sus zancos de peyote,
que en el fin de sus días
terminó piloteando una locomotora plana.
Entiendo mi finca,
me tengo que enfermar para hacer crecer los cercos,
y eso no va a pasar.
Es mi región; mi cama, mi atuendo,
tu saco de lana, tu libro de mutaciones,
escupen un cargo para que
no nos falte nada.
56
A Isidoro Blaisten
Finalmente, si la palabra
es el atuendo, carente de otra química,
tengo la mía por muy vista en vasos de buen
tono, en ochavas lánguidas, desbaldosadas
contagiosas; si la palabra es el atuendo,
la mía se tiñe de zonceras, que el humano
lodo no se elige, aunque a riesgo de bucear
-que por desterrado me tienen-, navego lejos
de la costa (no ven mi cabecita, tontería
fosforescente, resto boqueador), y me hundo,que
una letra no es concordia si no estuvo muy
distante. Finalmente, en el halo elegido,
lejos ya de la primera juventud -y acaso
en la última-, vox populi de sayos olvidados,
botarate dispar, fatigo mis semblanzas volando
de la litera al rebuzno, e igualo lo posible,
instalo la puntada sin hilo, el agujero
que deja ver el abandono de la casa. Si
la palabra es el atuendo, que otro le mortifiquen
el clima con adversidades fragmentarias,
que otros, que ya son muchos, consignande
la esclerótica porción el otariante canto;
que erradicada la rabia letea en el murciélago.
Y mucho más que ojo, desde luego, que cuidado,
por supuesto. Que alguien puede decir (y
no le faltará justicia), guarda con el cerdo
que te abanica lírico, que te desprecia
anacrónico, que su rumbo es El juguete rabioso,
el chiche espumoso que doblegado a tiempo
tematiza lo estrambótico; siempre es justo
y necesario arrojar con sensata celeridad
al que mal huele, por limítrofe, por ciego,
porsordo; por lo que sea. Finalmente, si
la palabra es el atuendo, el mío es sal,
rayón y gato; respectivamente sediento,
marcado y bueno para la noche.
Por Amelia Gieschen