-Decime, ¿no es aquélla la menor de las
Aparicio?
-No, mamá: es la del medio. La menor se casó
y vive en Buenos Aires.
-La casaron, querrás decir.
-Pero mamá…
-Es la verdad. La casaron de apuro. Y encima
por la iglesia y vestida de blanco. Qué
papelón. ¿Así que la del medio?
-Creo que se llama Delia.
-Claro, como su madre, que de joven era una preciosura. Nada que ver con esa especie
de lauchita…Allá va la profesora de piano.
Francamente, hay que tener coraje. ¿Qué
lleva en la capelina.? ¿Margaritas? Si
la memoria no me falla, ha de andar por
los cincuenta largos.
-No los aparenta.
-Por favor, A la legua se le nota el pelo teñido.
Como te de decía, la madre, ¡qué mujer
preciosa!. Una sirena. Mi primo Luisito
le arrastraba el ala, pero al hablar con
ella se desilusionó. Era tartamuda. ¡Qué
ganas de comer un helado! Decile a la
Rosa que baje a comprarme uno en la granja.
-Hoy es su día franco, mamá.
-Me había olvidado. Ahora ésas tienen unos humos…En
mi época sólo salían para la novena.
¿Te he dicho que pienso echarla antes
de fin de mes?
-Hacés mal. No te será fácil conseguir otra.
-No me importa. La Rosa es una derrochona. ¡Seis
cucharadas de azúcar para endulzar
un simple jarro de mate cocido...!.
Mirá, mirá quien va por enfrente.
¿No te parece raro?
-No veo qué hay de raro. Es viernes, y Lolita
tiene clase en la Alianza.
-Qué raro.
-¿Por qué raro?
-No te hagás la tonta. El sinvergüenza del marido
la engaña con su propia sobrina, y ella
tan oronda y sonriente.
-Quizá la pobre no sabe nada, mamá.
-¿Cómo que no sabe? ¿Y el anónimo?