Año IV - número 16 - Marzo 2005
Buenos Aires - Argentina
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Número 16
Marzo de 2005
Editorial
* Regreso triunfal de Torquemada. Por Conrado Yasenza
Entrevistas
* Andrés Rivera.
Por Marcelo Luna
* Horacio González.
Por Conrado
Yasenza
El Damero
* La culpa de los Inocentes.
Por Alfredo Grande
* Qué hacemos con el culo del hombre.
Por Marcelo Benítez
* Lógicas de la muerte.
Por Claudio Barbará
Ajo y Limones
* Una reunión profética.
Por Rubén Fernández Lisso
* Todo lo humano me es ajeno.
Por Rubén Fernández Lisso
Zona literaria y misceláneas
* La Nueva Canción Chilena: La banda sonora de la Revolución.
Por José Ignacio Silva
* La Metáfora Viral en William Burroughs. Postmodernidad, compulsión y Literatura conspirativa.
Por Prof. Adolfo Vásquez Rocca
Cuentos
* Cuentos breves e inéditos de Juan José Hernández
* Cuentos de Carola Chaparro
Poesía
* Selección de Poemas de Miguel Ángel Bustos.
Por Conrado Yasenza.
* Selección de Poemas de Emiliano Bustos (Hijo de M A).
Por Amalia Gieschen.
* Poemas de Sara Rosenberg
El Ojo Plástico
* Reflexiones en torno a la muestra Retrospectiva 1954-2004. Entrevista a León Ferrari.
Por Conrado Yasenza
* Fotografías de Sara Rosenberg
Libros
* La ciudad de los sueños. Narrativa Completa. de Juan José Hernández.
Por Conrado Yasenza
* Sombras nada más. de Vicente Zito Lema.
Por Conrado Yasenza
* El pensamiento alternativo en la Argentina del siglo XX.
por Marcelo Luna
* PALABRA VIVA. Textos de escritoras y escritores desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado. Argentina 1974-1983.
SEA - Sociedad de Escritores y Escritoras Argentinos.
Teatro
* "Miopes. Nadie leyó la letra chica del contrato" de Alfredo Grande.
Por Marcelo Benítez
 

Literatura y dramaturgia en el mundo deVicente Zito Lema

Cosmogonía de una vida

 


La aparición del libro de Vicente Zito Lema, El Bronce que Sonríe, El Mito, El Hombre y La Parca, de Ediciones Continente, constituye en sí un hecho cultural. Bajo esta concepción, “El bronce que Sonríe: Paraísos azulados”, es un texto que aborda la reflexión crítica acerca de la literatura de Zito Lema.

El Bronce que Sonríe: Paraísos azulados
Por Conrado Yasenza

Escribir sobre la literatura de Vicente Zito Lema es siempre sumergirse en la profundidad azul de la síntesis dialéctica la cual tiene como fin la búsqueda de la verdad a través del dolor y la belleza. Zito Lema nos convoca, y nos interpela, mediante un nuevo acto creativo en el que el autor ofrece, a través de la obra, el sueño de la pasión que engendra delirios, fantasmas e ilusiones. El Bronce que Sonríe es un libro cuya poética se sustenta en la potencia que genera la gran metáfora alienante que puede llegar a ser la Argentina representada como hospicio, y cuando me refiero al “Hospicio”y la locura, presiento que es allí donde se evidencia la más aguda representación de la realidad y de los ocultamientos que de ella realiza el Poder. Ocultamientos que proponen nuevos espacios a recorrer. Pero debe el lector estar advertido: no todos los que ingresan a la liturgia de los senderos forjados por la diosa Temis pueden salir indemnes, ya que por allí transitan las criaturas que han sido despojadas de su derecho a ser; deambulan por los azules y oscuros senderos provistas de sus dramas y sus angustias pero también susurrándonos sus deseos de redención.
Vuelvo al acto en sí, a la creación como una manera de sofocar el piélago de orfandad al que hemos sido confinados por un sistema que se nutre de nuestra vitalidad. Por eso la redención en el deseo: el deseo de recuperar la alegría de crearnos una vida que nos devuelva a la vida al sentirnos amalgamados en la existencia de otros que sufren y gozan. Existencias paganas que vibran al compás de los sueños aún no realizados y de los frustrados también. Un acto que nos arroja hacia los márgenes abismales de una literatura corpórea; una literatura que ofrenda al lector el cuerpo mismo del proceso creativo. Un acto tan apasionante como infrecuente dentro del campo de las letras contemporáneas. Acto sacramental que se ofrece para que el arte muera y nazca en él.
Y en este acto de creación entra en escena El mito y La Parca. El mito Gardeliano – que es en definitiva el sueño de salvación del Palangana, un hombre a quien le han quitado sus más profundos anhelos y deseos para confinarlo en esa gran cloaca útil al concepto social de sanidad (un perverso incinerador de culpas) – que constituye el deseo de identificación con un ser capaz de tender un puente hacia el futuro o de vincularlo con alguna forma de fuerza superior que le permita enfrentar las eternas lógicas de la muerte imperantes en nuestra historia colectiva, y de ese modo liberarse del horror individual y social.

Vicente Zito Lema participa de la idea de que el mito no es esencialmente, en el sentido de esencia y apariencia - división de la realidad elaborada por Aristóteles - algo que implica el ocultamiento de la verdad profunda de los sujetos, y por ello mismo, la destrucción de la realidad y la vida, sino como una herramienta más para introducirse en el sentimiento de los sectores más relegados de nuestro país.

El mito Gardeliano, quizá emparentado al mito del Conde Lautremont: éste, rodeado de oscuridades, iluminó con la palabra, con la poesía. Gardel puso luz con su canto allí donde las sombras se debaten nuestra existencia.

Por otro lado, La Parca y sus tres representaciones: La Parca Madre, La Parca Música y La Parca Novia. La Madre que da la vida pero que también es muerte, ya que para Zito Lema la “muerte es la madre de Dios”, es quien lo engendra y engendra el mundo, para luego devorar todo lo que él contiene, incluyéndonos, por supuesto, a nosotros, los simples y complejos mortales.

La muerte novia que es el amor o la muerte amorosa, figura crucial para el autor y para estos tiempos en donde el terror impera y nos atraviesa, provocando la imposibilidad de unión entre cuerpo y alma. Futuro incierto para un país en el que el terror ha calado hondo produciendo hombres y mujeres privados del amor profundo. Finalmente, la Muerte Música, el espacio de máximo esplendor donde se conjuga la poesía y la música, el dolor y el impulso de muerte de aquella madre que nos da la vida para devorarnos luego.

Decía entonces al comenzar, un acto creativo tan apasionante como infrecuente. Y por qué infrecuente. Bien, porque la estructura social dentro de la cual nos desarrollamos e intentamos vivir, ha limitado en modo alarmante la posibilidad de crear, de jugar, de generar nuevos hombres capaces de sentir; incapaces de subvertir el ordenamiento social que nos han impuesto y que, durante más de diez años, hemos aceptado de alguna u otra manera. Entonces sociedades habitadas por sujetos sin plena conciencia del terror que los ha tomado y paralizado, conforman sociedades muertas – o casi. Las sociedades muertas lo son en tanto alienadas, pero Vicente Zito Lema no descarta la posibilidad de recuperar la conciencia quebrada - El mito gardeliano que redime al Palangana en sueños – y en esa posibilidad de transformación descansa, para el autor, la vida. Paradójicamente, ese remanso donde la vida descansa, Zito Lema lo ubica en el Hospicio: El hospicio, otra vez, como metáfora de la sociedad, una sociedad jaqueada por la muerte, pero no definitivamente. Para Vicente Zito Lema la sociedad “está loca pero no muerta”.

El Bronce que Sonríe es, además, un libro novedoso por el marco que Zito Lema inventa para situar su trabajo y su vida: La Antropología Teatral Poética. La invención de un género mediante el cual expone los procesos creativos e investigativos que derivan en la producción de una obra. Como diría Freud: la única posibilidad de entender una obra de arte es poniendo al espectador en la piel del creador y transitar todos los procesos e instancias de vida que impulsaron al autor a crear esa obra. Esto es básicamente la Antropología Teatral Poética: un género en el cual confluyen formas poéticas, formas de la ciencia y el periodismo – el libro cuenta con entrevistas realizadas al Palangana, las cuales fueron publicadas en la revista Crisis, y a otras internas del Hospital Moyano -; un espacio interdisciplinario donde se conjugan las pasiones y razones que crean, además de obras, infiernos y paraísos.

El bronce que sonríe es un acontecimiento artístico que circula por fiordos marginales a la dramaturgia contemporánea de la Argentina.

Por Conrado Yasenza©
Escritor y periodista


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