La reedición de la narrativa completa del escritor,
poeta y ensayista, Juan José Hernández realizada
por Adriana Hidalgo editora, resulta un
acontecimiento cultural de trascendencia,
ya que al acceder a este libro el lector
ingresa en un universo en el cual la palabra,
el lenguaje y la historia se conciben a
partir de sutiles climas que nos sitúan
ante la incomparable experiencia que implica
el “arte de la narración”.
El volumen esta compuesto por la novela que da origen
al título del libro, La Ciudad de los Sueños,
y se completa con la totalidad de los cuentos
escritos por el autor. En cuanto a la novela,
esta fue escrita durante la llamada Revolución
Libertadora, una época en la cual abordar
historias que, de alguna manera, reflejaran
la migración interna que el país había experimentado
durante la primera presidencia de Perón,
generaba cierto recelo en la complaciente
burguesía porteña. Así flota en la atmósfera
esta tensión de época que se sintetizó a
través de un recordado título del diario
La Prensa: el Aluvión Zoológico, metáfora
del odio racista hacia los provincianos
que “invadieron” la Ciudad de Buenos Aires.
En la novela subyace como plafón argumentativo
cierta intencionalidad política, basada
en el enfrentamiento de clases vivido durante
la primera presidencia de Perón. En La ciudad
de los sueños, el personaje que no se nombra
y que gravita fuertemente es Eva Perón.
La novela finaliza cuando Eva llega a Tucumán
para coronar a la primera Reina de la Zafra.
Existe además, y para acrecentar la dimensión
ideológica y narrativa de la novela, un
ingrediente que resultó “irritativo” para
el sector de los grandes diarios porteños:
la recreación paródica del lenguaje de la
clase alta, que pone al descubierto la frivolidad
y el egoísmo de ese grupo social.
Este aspecto no es menor ya que en el momento de la
publicación de la novela, se generó una
fuerte polémica en torno a la elaboración
ideológica dentro del desarrollo narrativo
de las historias de ficción. El crítico
uruguayo Emir Rodríguez Monegal argumentó,
desde una publicación literaria parisina,
que una novela se hacía con palabras y no
con ideas. Por otro lado, y desde otro posicionamiento,
Paco Urondo escribió en el diario La Opinión:
“Recrea atmósferas sutiles, una novela admirable”.
Los cuentos que componen el volumen confirman a Juan
José Hernández como, además de un eximio
orfebre del lenguaje, como un implacable
conocedor de las reglas del cuento: capacidad
para captar la atención del lector a través
del entramado de situaciones y personajes
presentados en la relativa brevedad del
texto, un profundo conocimiento de la noción
de complicidad, además de la capacidad para
propiciar la irrupción de lo sorprendente
y, hasta en algunos casos, lo abominable,
lo cruento y lo caricatural. En este sentido
es paradigmático el cuento “El Inocente”,
conectado a cierta raíz temática desarrollada
por Horacio Quiroga. En él se mezclan,
en deliciosa combinación, puerilidad, inocencia
y la fatal crueldad de la naturaleza. O
los rasgos esperpénticos de, por ejemplo,
la jorobada lesbiana de “El disfraz”,
o la sietemesina de “La señorita
Estrella”.
En suma, la aparición de la obra narrativa completa
de Juan José Hernández constituye, además
de un acto de justicia poética, una oportunidad
insoslayable para, quienes hemos leído su
obra, volver a disfrutarla; y para aquellos
que no tenían referencias de este sutil
y elegante escritor, elogiado por Julio
Cortázar, Jorge Luis Borges y José Bianco,
entre otros escritores, conforma la posibilidad
de adentrarse en el maravilloso universo
narrativo y ficcional de un escritor irreverente.
Por
Conrado Yasenza