Fábula
Abrumado por el tabaco y la cultura
y convertido en un engaño por su propia
clase
estaba esperando
la revolución
por la desnuda,
terrible acción de los otros en la calle.
Pero detrás
de los cristales
a cubierto
del viento social donde toda culpa
entra en crisis
con sus razones podridas,
resolvió que
el cambio acontecía en las pequeñas mutaciones
permanentes
del cielo y el polvo,
en el giro
de la cuchara en la taza de té,
en las decepciones
periódicas del hígado,
en la muerte
de papá y de las moscas.
Inventó un
poema con todo eso
y el resultado
es una estafa a la vieja forma,
una lejanía
cada vez más vergonzante
de un nuevo
lenguaje que puede estallar en cualquier
momento
De
Las Condiciones de la Época, 1967
Apuntes
de Época
Frecuencia
de tiroteos
En las inmediaciones
de nuestro cuerpo.
Las noches
llegan como amenazas secretas.
Explosiones,
aullidos de ambulancias y neumáticos,
pasos que
se precipitan.
Espasmos de
una agitación avanzada.
La vieja época
pierde el
ritmo cardíaco, boquea
en el estanque
seco de su propia historia.
Detrás de
las puertas
cerradas a
doble llave, pasador y moral sin dientes
todo el mundo
conteniendo el aliento.
Timbales y
música a volumen crítico.
El baile de
los muchachos
del otro lado
de la pared.
Desde aquí
no hay mucho que explicar:
acumulo muecas,
examino ideologías
pero en conjunto
ignoro
si son libres
o felices,
qué heroísmo
reclaman, qué sueños conciben.
A veces hay
un accidente en el tocadiscos
y entonces
los muchachos
con puños
y pies golpean las paredes
para escapar
de estos tiempos difíciles y oscuros.
De Señales de una causa personal,
1977
Por
Alguna Razón
Compré café,
cigarrillos, fósforos.
Fumé, bebí
y fiel a mi
retórica particular
puse los pies
sobre la mesa.
Cincuenta
anos y una certeza de condenado.
Como casi
todo el mundo fracasé sin hacer ruido;
Bostezando
al caer la noche murmuré mis decepciones,
escupí sobre
mi sombra antes de ir a la cama.
Esta fue toda
la respuesta que pude ofrecer a un mundo
que reclamaba
de mí un estilo que posiblemente no me
correspondía.
O puede ser
que se trate de otra cosa. Quizás
hubo un proyecto
distinto para mí
en alguna
probable lotería
y mi número
no salió.
Quizá nadie
resuelva un destino estrictamente privado.
Quizás la
marea histórica lo resuelva por uno y
por todos.
Me queda esto.
Una porción
de vida que me cansó de antemano,
Un poema paralizado
en mitad de camino
hacia una
conclusión desconocida;
un resto de
café en la taza
que por alguna
razón
nunca me atreví
a apurar hasta el fondo.
De Señales de una causa personal,
1977
Zona
Bancaria
A mediodía, la cruda misión de la materia
silba en la
zona de oro.
La divinidad
está aquí por una especie
de delegación
sombría,
pero la maquinaria
bancaria trabaja para el cielo.
Qué propicio
el tumulto
de las operaciones
bursátiles, qué oportunidad tangible
para una conversión
a lo sobrenatural.
Pues, ¿cómo
no creer en el demonio,
mi paso de
animal herido por esta tierra,
mientras huyo
del templo corrido a latigazos,
la mercancía
equivocada de la creación
dejando mi
dinero
en manos de
los oscuros príncipes de nuestro tiempo?
De
Principios de incertidumbre, 1980
Tiroteo
en la noche
Una caliente contracción en el indefenso
espacio
y los fogonazos
en la oscuridad
nos arrojan
a una épica impura.
Cada cosa
es un blanco paralizado
bajo el ojo
instantáneo del cazador. No es ésta
nuestra última
cena, pero en las habitaciones
la época introduce
más muertos
de los que
merecemos. En el silencio que sigue
no hay ninguna
explicación
sino una brusca
asfixia en medio de la comida.
La mesa familiar
es ahora
un centro
fracturado. Nadie quiere la historia
en su plato
de sopa, el síncope
detrás de
la puerta. Pero el error
nos acerca
a un combate donde arder a fondo:
ningún crimen
es una verdad aislada.
La noche nos
incluye y hay todavía un último disparo
distanciado
e irónico: allá afuera
alguien se
ha tomado su tiempo
para liberar
nuestro juicio atascado.
Lo que ha
sucedido busca equilibrio
en el cerebro.
Un escalofrío en la vajilla
le pertenece
y su bala final
ha definido
la situación: un sitio para nosotros
en la ardiente
comunidad de la cacería.
De
Cabeza Final, 1991
Perplejidades
al Amanecer
I
Un minuto de fe para buscar a tientas
la camisa
más despierta. Una especie
de convicción
para sentirme apto.
En la oscuridad
menguante, el dormitorio
huele a existencia
en bruto,
a ropa fría,
a zapatos caídos
con toda la
neura encima. Esto insiste
en tener algo
que ver contigo.
Desde la calle
los ruidos
ciegos y la jadeante
respiración
de la materia manufacturada
suben con
sus propias razones para vivir.
He allí lo
espumoso, la tierra triunfante
que apenas
me concierne. Pero la camisa
ya pierde
su inocencia, reclama relaciones
y el perpetuo
fracaso de la identidad
en el amanecer
de este día laborable.
II
Desamparo ideológico del lunes:
en la madrugada invernal ha concluido
el aplazamiento. Perplejo
y desdichado a su manera, el pie
con que bajamos de la cama se detiene
a medio camino. En ese titubeo prenatal
también vacilan
el resto del cuerpo
y el ser en general con su condena.
La realidad privada paraliza su regreso
al viejo desastre, a la recurrente
y oscura oportunidad. ¿Qué clase de verdad
hay en esa negación? ¿Qué mano de la
época
pone las opciones individuales en punto
muerto?
En el cerebro cerrado circula
un gemido que nos detiene al borde
de la respiración universal del día.
Y entre la historia a punto de caer
en la taza de café y la vuelta del rostro
a la dorada aniquilación personal
comienza el lunes en todo el país
De Cabeza Final, 1991
Poética
La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.
Usted, al despertar esta mañana,
vio cosas, aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil, una taza azul.
Vio cada cosa solitaria
y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano, otro par de ojos, otra flauta?
No agregue. No distorsione.
No cambie
la música de lugar.
Poesía es la que se está viendo.
De Señales de una causa personal,
1977