Buscaba
razones para publicar una entrevista concedida
en diciembre del 2003. Charla demasiado
vieja para los vertiginosos tiempos del
periodismo, pero atemporal para los tiempos
de quienes sufren como poetas o como lectores
de poesía, una marginación que es también,
y ya casi, atemporal. Los tiempos cambian,
es cierto, pero una entrevista insiste
en el mismo tema ignorado: por qué los
poetas son ignorados. Quizá por revolucionarios,
quizá porque hay una mala concepción de
lo que es la poesía. Es posible que algunos
camanduleros la prejuzguen como cursilería-reflejo-sentimental.
Los tiempos cambian, es cierto, pero el
poeta Víctor Redondo sigue siendo el director
de la Sociedad de Escritoras y Escritores
de la Argentina (SEA), y los poetas sobreviven
donde los dejan sobrevivir, en los subsuelos
de la medianoche, quizá después de disfrazarse
de oficinistas durante las doce horas
que duró el día. Parece que no, que está
parada la movida poética. Por ejemplo,
los cafés de lectura de la SEA están suspendidos
hace rato. Pocos saben que es muy fácil
adherir a la SEA, pocos saben que está
en planes de conseguir una oficina en
Plaza Once, en el mismo edificio del ferrocarril,
con dos salas, una dedicada a actos donde
entrarán 100 sillas y habrá una tarima;
que sus miembros están muy entusiasmados,
y que ahí sí insistirá su café. Entonces,
hay que publicar esta entrevista llena
de arrugas. Algunas cosas no han cambiado
tanto.
-
¿La poesía es, como dice Eduardo Galeano,
un género marginal?
-
¿Galeano dice que la poesía es un género
marginal?
-
Sí, al menos en el 88, en ocasión de un
homenaje a Juan Gelman.
-
Depende, marginal a qué. Si el centro
es el mercado y el consumo, efectivamente la poesía es marginal. Sí nos
referimos a la creación artística, la
poesía no sólo no es marginal, sino que
además la poesía es el centro de todo.
La creación poética es la búsqueda
de la belleza y del sentido en
su estado más nuclear y profundo. Las
otras artes o formas literarias se caracterizan
como buenas cuando logran contener algo
de poesía, no sólo en las palabras sino
también en el sentido o en la manera de
tratar el asunto. Lo poético recorre toda
la creación artística. No se puede decir
que la narrativa recorra toda la actividad
artística. Yo creo que ahí hemos sintetizado
en relación a qué
es lo marginal. Si es el mercado
el centro, es marginal. Si es la creación
artística, la poesía es el centro de la
creación artística. ;
-
Galeano, si mal no recuerdo, se refería
a la cantidad de lectores que puede llegar
a haber para un libro de poesía en comparación
con otro tipo de libros.
-
Supongo que Galeano se estaba refiriendo
a eso, porque sino no se podría entender
que a la poesía que tiene exponentes como
Shakespeare, Quevedo, Rilke o Rimbaud,
se le endilgue que es un arte marginal.
Sería imposible de concebir que dijera
una cosa tan descabellada.
- La cantidad de lectores baja considerablemente
de la dictadura militar a
la actualidad. Eso es lo que puede
deducirse al haber una menor tirada de
libros, si se compara nuestro presente
con los años 60. Es más, en esa década
los autores latinoamericanos publicaban
en Buenos Aires. Hoy publican en España.
¿Hubo un plan sistemático de desaparición
de lectores?
-
La cantidad de lectores baja porque también
la época va en contra de la poesía. La
poesía no se lleva bien con el pensamiento
superficial y veloz, la poesía exige una
mínima concentración; exige también un
cierto grado de cultura. Es decir, para
poder apreciar en su verdadera magnitud
a la gran poesía, es necesario tener un
cierto entrenamiento. Claro, todo esto
va en contra de la época. No quiere decir
que en el futuro la poesía no vaya a resurgir,
pero para que la poesía vuelva a tener
un rol predominante tendrían que darse
muchos cambios en la sociedad. Muchísima
juventud se sigue volcando a la poesía.
Si estuviera anclada en personajes que
tienen ya una edad muy avanzada, sería
un arte en franco camino hacia la muerte.
La juventud sin embargo se agregó, hizo
suya la poesía, la edita. Edita revistas,
edita sus libros, organiza recitales.
- Digamos que lo hacemos, pero todo a pulmón,
casi nos quedamos sin aire.
-
Por supuesto, a pulmón, como todo lo que
hacemos los poetas. Es en ese sentido
que la poesía tiene asegurada su permanencia.
La poesía es como una especie de antorcha
que se van pasando las generaciones, y
es cierto que está recluida en ambientes
relativamente pequeños en relación con
las otras formas artísticas. Sin embargo
sigue viva, y no nos preocupa a nosotros
tanto la cantidad sino que se siga considerando
a la poesía con amor, con estudio y con
entrega.
-
Los poetas no tienen difusión en los grandes
medios. Se hace difícil conocerlos sino
es mediante el boca en boca. ¿Considera
que actualmente los poetas están disgregados
o congregados ?
-
Los poetas están disgregados porque todo
está disgregado. Es muy difícil un lugar
donde se unan todos, pero la poesía esta
vivísima no sólo en la Argentina sino
en todo el mundo. La cantidad de revistas
es infernal. Yo estuve en un festival
en El Salvador donde había poetas de toda
Centroamérica, y uno ahí se da cuenta
de lo que es la poesía. La poesía
en general no trasciende y muy
de cuando en cuando el público lector
de algún diario puede llegar a enterarse
de la poesía de este lado del mostrador,
de los que la hacen, que somos los únicos
que estamos en conocimiento del fervor
que existe en todos lados, por nombrar
lo más cercano posible, Uruguay, Chile.
La poesía está cultivada por muchísima
gente, se edita muchísimo, pero no sale
del ámbito relativamente de quinientas
personas que puedan leer una tirada de
más o menos de quinientos ejemplares.
Si por cada libro hay dos lectores, el libro puede tener 1500 lectores
más o menos. Para nosotros es una cifra
fabulosa.
-
¿Si los poetas están marginados, como
tales, son testigos privilegiados de la
sociedad?
-
No necesariamente. Hay mucha gente que
está marginada no por el sistema sino
por su propia inteligencia. Hay mucha
gente tonta, a la que le encanta sentirse
marginada pero cuya poesía realmente es
muy floja. No entiendo bien la pregunta.
-
Yo imaginaba que al estar en los márgenes
un poeta puede contemplar a la sociedad
desde otra perspectiva, como la misma
sociedad no puede contemplarse a sí misma.
-
Bueno estar en el margen no privilegia
necesariamente. Sí permite tener menos
pelos en la lengua para juzgar la situación
actual, porque uno tiene menos compromisos,
porque al no estar entongado en
las redes del poder uno se puede permitir
analizar con más crudeza la función de
los funcionarios de la cultura de un país.
En ese sentido, puede hablar más y mejor,
con lo cual se acentúa la marginación.
A ese hombre lo van a escuchar cada vez
menos, porque es alguien que se puso directamente
de la vereda que enfrenta a la del poder.
-
En 1979 se fundó la revista Ultimo Reino.
¿Cómo sobrevivió a la dictadura?
-
En realidad, el primer número salió a
fines de 1979, en diciembre del 79. Fue
una de las primeras revistas que inició
lo que después fue un boom tanto de revistas
como de grupos y recitales. Nosotros fuimos
uno de los primeros que iniciamos ciclos
de lectura de poesía. No existía tanto
la costumbre de la reunión, había recitales
aislados. Había que tomar los recitales
como un lugar donde los poetas puedan
expresarse más allá del papel impreso,
cosa bastante complicada entonces. Muchísimos
grupos surgieron en esa época, cuando
la dictadura había bajado un poco el nivel
de represión. Empezamos a salir todos
de nuestros agujeros
y a encontrarnos.
En ese sentido, los poetas estuvieron
a la vanguardia de ese reagrupamiento.
En principio, no se juntaron los cuentistas
a organizar ciclos de lectura, no se juntaron
los narradores. No estoy hablando mal
de ellos, ojo. Fueron los poetas los primeros
que empezaron a unirse, en 1980. Eran
reuniones que parecían semiclandestinas,
porque se juntaban ochenta personas en
una casa para leerse entre ellos y discutir
entre ellos.
-
¿Con miedo?
-
Sí claro, temíamos que se escuchara nuestra
voz desde la calle. Salíamos en grupos
pequeños, no salíamos todos juntos. El
primer número de la revista Último
Reino contaba con 24 páginas, con
dos ganchitos. No era precisamente una
revista que uno pudiera decir: "¡oh,
qué revista!". Sin embargo nació
en un medio que la estaba necesitando.
Así, en el segundo número fueron 32 las
páginas, luego 40 y, al encontrar eco,
tuvimos el incentivo como para volcar
en la revista tiempo, trabajo y dinero.
Nunca se recuperaba el valor de la revista,
nunca se recuperaba la inversión, pero
era nuestra manera de vivir. No vivíamos
de la venta de la revista, vivíamos para
sacar la revista.
-
Y ahora
está la editorial, una de las más importantes
de América Latina en el rubro poesía.
-
La editorial sigue tiene más o menos 500
títulos editados. Sí, es una de las más
conocidas, pero la revista ya se hizo
muy difícil de publicar. Es caro mantenerla.
Los poetas no están en condiciones de
comprarla. Por lo tanto, el dinero que
había que perder para darnos el gusto
de seguir saliendo era demasiado, así
que desgraciadamente ya no la pudimos
seguir sacando.
-
¿Y cómo es la distribución de los libros?
Cuesta conseguirlos.
-
La distribución de libros de poesía es
prácticamente el mayor problema que tenemos.
Nosotros inventamos otro circuito de distribución
que no es pasa por el circuito distribuidora-librería-cliente,
sino que los libros se distribuyen a través
de los recitales, de los encuentros informales.
Así pudimos suplir la ausencia de una
venta en librerías. El distribuidor no
quiere libros de poesía. El librero tampoco,
porque les ocupa lugar y los hace trabajar
y no les da ningún rédito, o les da un
rédito tan mínimo que ni siquiera vale
la pena molestarse. Así que tuvimos que
inventar nuestro propio sistema. Lo
que llega a las librerías debe ser el
5% de la poesía contemporánea argentina.
-
Si por escritores malditos nos referimos
a aquellos que se marginan rompiendo los
cánones literarios de su tiempo, ¿podríamos
encuadrar en esa categoría a los artistas
desaparecidos?
-No,
por el hecho de ser desaparecidos no pasan
a engrosar esa cofradía. El malditismo
se aplica no sólo a la vida del escritor,
una vida que uno la asocia con cosas furibundas
y tremendas y marginales, sino también
en su literatura. Puede ser un escritor
muy atildado con una escritura totalmente
maldita, maldita en el sentido de que
rompe con todos los cánones concebidos
por el resto de los escritores de esa
época. Muy pocos podrían llegar a entrar
dentro de la categoría de malditos. Uno
de ellos, por ejemplo, sería Miguel Ángel
Bustos, un escritor desaparecido, un grandísimo
poeta cuya obra se encuadra perfectamente
dentro de los términos del maditismo.
Pero hay otro poeta desparecido como Roberto
Santoro que escribía una poesía contestataria,
ingeniosa, coloquial y rebelde, pero no
maldita. La mayoría no se encuadraría
dentro del malditismo. Ahora, en realidad,
los malditos son los que los hicieron
desaparecer.
-
¿A los exiliados dónde los encuadrarías?
-
El exilio es otra forma de desaparición.
Ahí entra en juego no sólo la dictadura,
que los obligó a exiliarse porque sino
los mataban o corrían serio peligro de
muerte. También entra la seudo-democracia
en la que vivimos. Muchísimos de ellos
quisieron volver y el país no les da la
posibilidad de, económicamente, vivir.
Entonces, son doblemente exiliados. Primero
por los dictadores y después por esta
democracia capitalista berreta que no
les permite volver. Tuvieron que quedarse
en el extranjero.
-
Por ejemplo, Luis Luchi.
-
Y si, Luis Luchi es uno, claro. Luis Luchi
era un hombre más porteño que la Cancha
de Boca que tuvo que quedarse en Barcelona
20 años y nunca perdió su escritura porteña
más allá de que viviera en España. El
sería un ejemplo, pero hay muchos ejemplos.
Muchos amigos han querido volver y no
pueden.
-
En contraposición con los últimos años
de la década del 70, los 60 fueron épocas de una movilización cultural
y política intensa que englobaba a toda
a una sociedad.
-
Vengo de una familia de trabajadores.
Mi padre se dedicaba a vender telas, mi
madre era docente, vivíamos en Floresta.
En el Colegio Nacional Buenos Aires me
encontré con un mundo totalmente nuevo.
Yo comienzo el colegio en 1966 y a los
tres meses de empezar se produce el golpe
de Juan Carlos Onganía. Rápidamente me
vi envuelto en la vida política nacional.
Ya con trece años me di cuenta, o empecé
a darme cuenta, de lo que era este país.
Tres años después, en el 69, viene el
Cordobazo y esos dos sucesos marcaron
toda mi concepción política. Soy un hombre
de izquierda desde siempre, desde esa
época. Empecé a los 16 años a participar
en las marchas y en las movilizaciones
y hoy, que tengo 51, sigo participando.
-
Estaba pensando en que quizá podría ocurrir
algo similar con los chicos que vivieron
el 20 de diciembre del 2001.
-
Por supuesto, el 20 de diciembre fue una
inyección de energía para muchísima gente.
No importa que ahora se hayan pinchado
las asambleas. Lo importante es que en
el pueblo se dio una vieja forma de organización,
al margen de los viejos partidos tradicionales,
partidos de punteros. Y, cuando se repita
una situación similar (las condiciones
están dadas), ya rápidamente se van a
repetir las mismas formas de organización.
Todo lo que fue el movimiento piquetero,
que ha crecido muchísimo en su conciencia
política. Esa es, al menos, mi esperanza.
Desde
Gabriel Celaya: Poesía como instrumento
para cambiar el mundo. Poesía como arma
cargada de futuro. Poesía política. Poesía
revolucionaria. Poesía urgente.
Por
Amalia Gieschen