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León
Ferrari
ENCLAVES
Centro
de Experimentación del Teatro
Colón
1 al 7 de julio
del 2004 Zona C, León Ferrari:
Armonías
no figurativas
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En 1980 realicé en San Pablo, Brasil,
varias performances con un grupo de instrumentos
(entonces llamados Berimbau) similares a
los que ahora construyó, mejorándolos
notablemente, Nicolás Salonia.
En el evento Enclaves, organizado por el
CETC, Centro de Experimentación del
Teatro Colón, se repite aquella experiencia,
enriquecida por la participación
de la bailarina y coreógrafa Gabriela
Prado, la música Carmen Baliero,
la soprano Adriana Martínez, Maitén
Zamorano Ferrari (yoga), el violoncello
de Martín Devoto y el clarinete de
Martín Moore.
A continuación un texto escrito en
San Pablo en 1979.
Berimbau:
artefacto para dibujar sonidos.
El Berimbau, que toma su nombre del homónimo
con el que comparte el timbre de la voz,
es un instrumento destinado a crear hechos
o sumas de hechos musicales, visuales y
táctiles. Utiliza el principio del
péndulo invertido y se construye
con algunas centenas de barras verticales,
presas en su extremo inferior y formando
una suerte de prisma de caras ondulantes.
En los últimos dos años se
construyeron seis piezas de diferente tamaño,
desde la primera, 50 cm de altura que se
llama “Mujer” (porque gime cuando
la acarician), hasta la última de
4 metros de altura que fue expuesta en la
muestra de Escultura Lúdica en el
Museo de Arte de San Pablo en 1980.
Como instrumento musical, el artefacto permite
multiplicar notas tonos, timbres, e intensidades
modificando la altura, flexibilidad, dureza,
elasticidad, diámetro, calidad, del
acero de sus barras. Por otro lado el choque
de dos barras vecinas, o alternadas, o de
tres barras de un lado, con una del lado
opuesto, o de una de cada esquina, o de
todas las de un lado, o de una de las gruesas
con una fina del lado opuesto, o de diez
finas apretadas con una mano, o con dos
manos, o de dos de las medianas con una
de las finas y dos de las gruesas del mismo
lado, o de lados contiguos, u opuestos,
o dos finas del norte con una gruesa del
sur, una fina del norte con una fina del
oeste con dos medianas del este, o todas
las finas del sur golpeadas una por una
con una gruesa del norte o del este o del
oeste, por ejemplo, permiten obtener un
grupo de sonidos que podemos llamar gobernados
o primarios, que tendrán diferentes
matices según el lugar donde se produce
el choque. Será diferente si se golpea
el extremo de una barra fina con el extremo
de una gruesa o los dos tercios de una mediana
con los cuatro quintos de una fina o simplemente
de nuevo con el extremo de la fina o de
la gruesa o de la mediana o de otra todavía
más fina, o con el extremo de una
gruesa a la que se le haya cortado diez
o veinte o cincuenta centímetros
para cambiar un do por un si un re un mi
o un fa.
Esos sonidos gobernados o primarios se pueden
mezclar con sonidos libres o secundarios
que se producen cuando la barra se suelta
libremente luego de haberla doblado, oscila
y golpea a otra en su movimiento de ir y
volver o de volver a ir o de volver a volver
a volver. La sensibilidad de cada uno permitirá
controlar en mayor o menor grado esos sonidos
libres teniendo en cuenta que cada uno de
los péndulos invertidos dará
un número de oscilaciones que dependerá
de la fuerza inicial aplicada, y que una
misma barra puede producir uno o dos o tres
o cuatro o ningún sonido libre, y
que en cada choque la oscilación
cambia el rumbo y hace que la barra golpee
una vez contra otra barra, gruesa por ejemplo,
la siguiente con una fina, o con ninguna,
la siguiente con ninguna o con una mediana
y así sucesivamente.
Quienes necesiten alimento visual conjugarán
música con el dibujo que trazan en
el aire las varas usadas ahora como líneas
móviles, como plumas cargadas con
tinta china sonora, que en cada instante
podemos imaginar cristalizadas en un laberinto
estático de cuya suma resulta la
continua transformación de un laberinto
en otro o en otro y otro más, teniendo
el músico dibujante la posibilidad
de generar centenas de curvas de los más
diversos tipos, algunas contenidas en alguno
de los infinitos planos que atraviesan el
instrumento desde los puntos más
imprevisibles y otras espaciales que continuarán
transformándose en otras y otras
como si estuviesen vivas o como si la vida
de quien está tocando se extendiese
al acero de esas líneas estremecidas.
Cuáles son las leyes que vinculan
un dibujo con la música resultante
o la música con las rayas y choques
y cruces que ella requiere? Es una de las
preguntas que este instrumento se propone
contestar. Qué tipo de estética
visual originará determinada estética
sonora?
El artefacto es también generador
de sensaciones táctiles. Al tomar
una de las barras más gruesas, o
una de las medianas, y sacudirla, se sentirá
como una respuesta del acero y el temblor
del dolor del choque. Y si se mueve un grupo
de barras finas sus vibraciones, que se
contagian y corrigen recíprocamente,
se transforman en una caricia que podemos
regalar a la mujer querida que nos acompaña.
Los pájaros que añoran aquél
nunca mas repetido ni igualado instante
de felicidad cuando el viento rompió
la jaula, podrán entrar en esa jaula
abierta, fingir el llanto que los años
disolvieron y escapar como aquella vez,
escapar, escapar de nuevo. O para quien
tenga la prisión constantemente en
sus pesadillas sentirá el consuelo,
la esperanza que dan las rejas flexibles
que ceden al menor esfuerzo, que se separan,
se abren como una mujer seducida, duras
pero sumisas complacientes, y se transforman
de carceleros en cómplices de la
libertad.
Pero si es música lo que se busca
el instrumento puede ser usado como soporte
de 100 batutas, cuando necesitemos dirigir
simultáneamente una multitud de orquestas.
O cuando se trate de una sola orquesta cuyos
músicos requieren una batuta para
cada uno. Y puede convertirse de pronto
en el motivo central si todos los músicos,
o la mitad, o una parte, abandonan por un
instante sus violines y trombones para tomar
una o cuatro o seis barras, gruesas o finas
y finas o gruesas, y producir entre todos
bailando una suma de suaves murmullos un
adagio o un huracán sonoro visual
con los mástiles, los brazos, los
dedos del instrumento bailando sus propios
alaridos.
Clavado en una plaza o en un campo liso,
tan alto como los pinos ausentes, el artefacto
tendrá en la madrugada al aire como
músico compositor. Comenzará
quieto a moverse lento, a jugar al encuentro
fingido en dibujos silenciosos contra el
cielo y en su sombra escurridiza en el suelo
contra el sol, y el primer roce casi callado
de dos lanzas del norte o del sur nos dirá
sin mirarlo qué viento está
llegando desde el sur o desde el norte y
se enredará el cañaveral con
sus sombras con sus gritos en un lenguaje
como el de las banderas en el mar pero donde
algunos mástiles transmitirán
los significados fríos y otros, los
delgados, los tonos timbres matices las
pasiones que los desmienten o multiplican.
Badajos para campanas, baquetas para tambores,
agujas para tejer garúas, peines
para rastrear dibujos perdidos en el aire,
cuchillas para cortar delgadas o entrecortadas
rebanadas transparentes sábanas que
abriguen o flameen como invisibles banderas
perseguidas. O desarmarlo, destrozarlo,
cortarlo en pedazos afilados templados:
navajas, dardos, flechas, floretes, sables,
arpones, lanzas, jabalinas.
León Ferrari
Sao Paulo, Septiembre 1979
Traducción del portugués:
Julieta Zamorano Ferrari