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Libros:
"Irak.
El imperio empantanado"
Autor:
Juan Gelman
Por Amalia
Gieschen |
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El imperio
embostado
Los
pies del imperio “son de barro” y la resistencia,
una conjura para los necios. Todo lo que
esta humilde servidora del lector reseñe
a razón de Juan –diría Cortázar- es poco.
Lo mucho escancia al leer sus libros.
En 1915, James Bryce argumentó sobre la
veracidad -dinero mediante- de las denuncias
–falsas- de Whitewall. Más tarde, Martín
Heidegger sustentó filosóficamente al nazismo.
En 2003, un Mario Vargas Llosa subvencionado
por España, aliada a Estados Unidos, diseñó
en el Diario de Irak la invasión
estadounidense a Medio Oriente como una
“guerra” y un “mal menor”.
Las palabras no son inocentes ni las contradicciones
errores. Pueden infiltrarse en el inconsciente
de una sociedad que termine apoyando crímenes
a cambio de una buena justificación. Algunas
palabras se corporizan en injusticias contra
las cuales han resistido e insistido los
latinoamericanos Eduardo Galeano, Mario
Benedetti, el asesinado Rodolfo Walsh y
Juan Gelman, entre otros. El autor de Valer
la pena ha editado Afganistán. Iraq.
El imperio empantanado, libro que recopila
sus artículos publicados en Página/12 desde
el domingo posterior al 11 de septiembre
de 2001, hasta noviembre del 2003. Son testimonios
de un poeta francotirador en quien el periodismo
cobra forma de poesía, de moral de las palabras,
de eco humano en ese vacío “lleno de mierda
vieja”, según reza su poema Sucede.
Es cierto, estos artículos fueron escritos
durante el fragor de los acontecimientos,
aunque el concepto que los inspira no es
mera reacción. Luchar por la verdad afgana-iraquí
es recapitular la búsqueda por la verdad
en Argentina, en Panamá o en Vietnam, es
desandar resignación y silencio. Sus palabras
develan palabras –omisiones, eufemismos-
del establishment yanki, asestando un golpe
al corazón del imperio. Compendio de historia, reflejo del pasado. Notas entrelazadas en una
teoría: el presidente George W. Bush (Franklin
Roosevelt) sabía de antemano que atacarían
en Nueva York (Pearl Harbor). No evitó el
atentado al World Trade Center ni al Pentágono,
ni las muertes, porque servirían de excusa
para lo que se cometería con o sin agresión:
la colonización de Oriente .
La historia se retrotrae y repite cuando
Bush defiende sus intereses económicos blandiendo
un racismo contraproducente. Casualmente
– o no-quienes bogaron por la “paz”
(Francia, Alemania, Rusia), o tenían
contratos petrolíferos o eran acreedores
de deudas públicas iraquíes que con el derrocamiento
de Saddam Hussein probablemente no cobraron.
Gelman demuestra que autócrata de Baaz
y dictador Jorge Rafael Videla tienen en
común al entrenador intolerante (Bush) que
subestima la resistencia, perora democracia
aún moldeando la libertad de expresión a
su gusto, que se guía por el “divide y reinarás”,
goza de inmunidad (impunidad) internacional,
cercena los derechos civiles de los estadounidenses
y produce, literalmente, sus propios desaparecidos.
Si el historiador de arte Sir Kenneth Clark
aduce que los imperios necesitan expandirse
antes de morir por cansancio de grandeza
y pérdida de moral, es interpretable el
delirio olímpico de los capitalistas por
conquistar Marte como un manotazo agónico
antes de ahogarse en su mierda.
Por Amalia Gieschen