Hace
tiempo, la pobreza se convirtió en una
medida económica y los intentos por reducir
sus consecuencias también parecen ser
variantes económicas. La nota que sigue
explora la posibilidad de una instancia
previa a la pobreza económica llamada
pobreza del estado de ser.
Todo el mundo afirma que la pobreza es una condición
económica. Dicen que es pobre el que no
tiene plata. Esto es cierto, parcialmente
cierto. Porque parece existir un estado
previo a la pobreza económica, que es
la pobreza como estado de ser. Y aunque
esbozar algo tan abstracto como el estado
de ser presente muchas dificultades, especialmente
porque el estado de ser es todo lo que
somos, nos embarcamos en la aventura de
explorar el tema.
Los matones de un barrio fueron denunciados por sus
matonerías. Al enterarse de la denuncia
en su contra, los matones fueron al barrio
empezaron a apedrear las casas y a gritarle
a la gente que eran unos buchones y cobardes
que no salían a dar la cara. Claro, los
matones esperaban que como siempre, nadie
saliera a “hacerse cargo” de la atrocidad
que habían cometido al denunciarlos. Esperaban,
como siempre, agarrar “algún gil” para
romperle la nariz. Pero esta vez, uno
a uno, los seres del barrio fueron saliendo
de sus casas con palos y piedras. Y esos
seres se convirtieron en EL BARRIO que
castigaba a los matones. No los mataron,
porque EL BARRIO no es matón, es gente
que fue avasallada hasta que la hicieron
salir de sus casillas. Porque hace ya
mucho tiempo que nadie los defiende. Sus
barrios son tierra de nadie. La policía,
que ahora demuestra que tampoco vigila
las zonas de clase media, hace mucho que
se olvidó de los barrios periféricos como
un sitio al que deba proteger. Muy por
el contrario, hace mucho tiempo que en
los barrios periféricos a los únicos que
protegen es a los delincuentes. A sus
delincuentes. Y esta vez los policías
también dicen que los delincuentes se
salvaron porque llegaron ellos, porque
sino hubiesen sido linchados. Pero si
el barrio hubiese querido matar a los
delincuentes, nadie lo hubiese evitado,
y menos que menos, la ineficientísima
policía.
Esta pequeña anécdota –que se basa en un hecho muy
reciente- muestra hasta qué límites la
mafia domina este lugar hace muchos años.
Y también muestra que la gente está harta
de hacer ojos ciegos a la delincuencia
oficial. Y también muestra que la gente
no quiere manchar sus manos de sangre,
la gente quiere que la dejen de humillar.
No voy a ser tan torpe de continuar mi argumentación
con hechos antagónicos que muestren a
tipos con una situación económica absolutamente
holgada que salen a matar chorros porque
les birlaron el grabador, pero ahora que
lo pienso no estaría mal: ¿Por qué existe
tanta gente que tiene dinero, educación,
oportunidades e inserción social y sin
embargo no respeta a sus prójimos?
¿Por qué hay sujetos que cuentan la plata por millones,
especulan, pagan sueldos miserables, evaden
impuestos, corrompen funcionarios y se
enriquecen con prebendas?
Sé que existen tipos que niegan un aumento a un empleado
y al rato gastan el doble en una cena.
¿Esto no revela un pobre estado de ser?
Y si quienes no padecen apremios económicos, con sus
innumerables posibilidades de instrucción
e inserción social, presentan al mundo
comportamientos pobres ¿Por qué se les
exigen cambios a los pobres que sólo cuentan
en su haber con su pobreza?
Pero no sólo quienes tienen mejores posibilidades económicas
y educativas le exigen a los pobres que
cambien pobreza por mayor pobreza, además
les exigen que no se quejen, porque los
pobres que se quejan se convierten en
delincuentes. ¿Son seres realmente educados
quienes se dicen educados? ¿Se puede maldecir
la pobreza y al mismo tiempo decirse educado?
¿Es creíble un tipo que habla mal de los
piqueteros y después veranea en Punta
del Este?
Y así como la holgura económica no garantiza seres
humanos con un estado de ser constructivo,
la pobreza económica no implica pobreza
del estado de ser.
Recuerdan la noche de la caída de De la Rúa. Recuerdan
que esa noche se temió al Gran Malón que
arrasaría con saqueos. Los ricos se encerraron
en sus barrios privados temiendo lo peor.
La policía bonaerense orquestó un simulacro
de disparos y confusión (por lo menos
en la zona Sur), realzado con unos premeditados
saqueos que tuvieron zona liberada. Esa
noche, los pobres se armaron precariamente
y se juntaron en las esquinas donde prendieron
fogatas (nadie los protege desde hace
mucho tiempo) porque decían que desde
las villas iban a llegar los más pobres
para saquearlos.
Tanto esa noche, como la incesante presión para que
se criminalice la protesta social, revelan
con claridad que hay una íntima y firme
creencia popular: los más pobres son un
malón. Y supongo que la relación entre
malón y malo no necesita mucho análisis.
Finalmente, el Gran Malón solo existió en la imaginación
de una sociedad en estado de indefensión,
y los únicos que saquearon todo a gusto
y placer fueron los bancos y los aliados
al gobierno corrupto. El Gran Malón fue
la última gran fantasía de una sociedad
sumergida, junto a los tres poderes del
estado, en la podredumbre. Una sociedad
con estado de ser muy precario.
Pero así parece ser esta no-sociedad que se
construyó encima del despojo, de la violación,
de la carnicería genocida. La invasión
española fue un tremendo estrago. La invasión
criolla fue un tremendo estrago. La invasión
militar fue un tremendo estrago. La invasión
inglesa fue un tremendo estrago. La invasión
neoliberal fue un tremendo estrago. ¿Dejaremos
de ser algún día los restos del estrago?
Cada palabra que escribo me convence más de que la
pobreza surge como una consecuencia del
empobrecimiento del estado de ser y recién
después comienza a afectar la condición
económica. Sin embargo, mi estupidez no
es tanta como para no ver las penurias
de la gente cuando su medida económica
se llama pobreza. Ni para dejarme engañar
por los viejos que dicen que antes se
vivía mejor. Puede que haya habido más
trabajo, pero esta tierra siempre fue
de división y de saqueo. Nunca existió
la oportunidad del respeto. Nunca salimos
del estado de temor porque hay muchas
injusticias sin reparar, hay mucha mierda
tapada, hay mucha irresponsabilidad.
¿En qué estado de ser se encuentra el tipo que roba,
el tipo que le quita a otro algo por la
fuerza? ¿En qué estado de ser se encuentra
el tipo que despoja a alguien por medio
del engaño? Como mínimo, el otro no le
importa, lo que no parece ser un estado
muy constructivo. Y para conformar una
sociedad es fundamental que nos importe
el otro.
Y el tipo que secuestra ¿le cuenta a su mamá y a sus
hijos lo bien que le fue con la última
víctima?
¿En qué estado está el patovica que caga a palos a
un pendejo hasta deformarle la cara?
¿Cómo vive un policía que extorsiona o mata o roba?
Vivimos en un lugar pobre porque nuestro estado de
ser es pobre.
Decimos que somos una sociedad, pero no estamos asociados.
Decimos que somos libres, pero hay cada vez más rejas.
Decimos que queremos paz, pero somos violentos.
¿Por qué abusamos del indefenso?
¿Por qué esa madre castiga despiadadamente a su niño?
Nuestra tierra es bella.
Pero nosotros somos sus expoliadores.
Por
Rubén Daniel Fernández Lisso
PD: A Diego le pusieron un chaleco de fuerza. Además
lo tienen encerrado contra su voluntad
¿Se puede hacer eso con una persona?
Parece que sí, especialmente si están de acuerdo tu
doctor, tu mujer y tus hijos.
Hasta la próxima.