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Entrevista
a Guillermo Saccomanno
Un campo
para la batalla
Por Amalia
Gieschen
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Guillermo Saccomanno está dispuesto
a ser entrevistado. Tiene poco tiempo. Desde
hace quince años vive en Villa Gesell
y viaja a la Ciudad de Buenos Aires para
hacer todo lo que tiene que hacer en tres
días, durante los cuales se aloja
en su apretado departamento del barrio de
Retiro. Viene dos veces por mes para dictar
un reconocido taller de literatura junto
al escritor Juan Forn.
En principio, le envío un cuestionario
por mail, pero luego nos decidimos por una
entrevista tradicional. “Si te escribo,
tengo que hacer una monografía”,
aduce. Recién arribado a la megalópolis,
me deja grabado en el contestador un mensaje
conciso y agitado; quedamos en vernos a
las cinco de la tarde de un miércoles.
Como llego quince minutos antes de lo acordado,
decido dar vueltas a la manzana y memorizar
las preguntas que me inspiró la lectura
que hice -de un tirón que duró
diez horas- de su novela, La Lengua del
Malón, obra cuyo lenguaje pone sobre
el tapete el ignorado dolor de los que fueron
obligados a cerrar la boca. Menos cinco
presiono el timbre. Sigo tocando hasta las
y diez. Silencio.
De pronto, recuerdo que es un hombre a toda
máquina. Imagino que no está
adentro esperándome. Que está
afuera, que vendrá cuando pueda.
Así es.
Véanlo cruzar a mitad de cuadra (pipa
en mano, anteojos oscuros) y despachar a
un amigo a los abrazos. Todo de jean, a
primera vista no parece ni tener cincuenta
y cinco años ni ser un escritor.
No es lánguido, no viste de negro,
ni tiene cara de atormentado. Tiene, en
cambio, un aire a James Dean y Roberto Arlt.
Pero se trata de Guillermo Saccomanno, Premio
Nacional de Literatura. Algunas palabras
en el ascensor sirven de preludio. Una calcomanía
adherida a la puerta de su departamento
nos da la bienvenida: Call Me Ishmael,
nos pide. Además de esta frase (que
es la que inicia Moby Dick) muchos videos,
muchos libros, dan cuenta de que el escritor
existe.
Me siento en el sillón y enciendo
el grabador. Ataco:
- ¿Existe una literatura
nacional?
- Existe la literatura argentina más
allá de las concepciones que puedan
tener Jorge Luis Borges o Adolfo Bioy Casares
o Arlt. Actualmente hay una diversidad de
poéticas interesantísima.
A partir del asentamiento de la democracia,
en los últimos años la literatura
argentina está atravesando un período
muy rico, de temas y variaciones muy fértiles,
y esto sorprende a editores europeos. Los
argentinos estamos editando en el Viejo
Mundo. Ojo, el reconocimiento de la literatura
nacional no pasa por Europa, pasa por el
lector argentino. Pero pensá que
acá tenés a José Pablo
a Feinmann, Eduardo Belgrano Rawson, Abelardo
Castillo, Juan Forn, Rodrigo Fresán,
Andrés Rivera, Juan Sasturain. Si
armamos una lista, nos quedamos cortos.
Editores en ferias internacionales comentaban
que Argentina tuvo una primera generación,
una segunda y una tercera. Acá lo
que pasa es que en la dictadura que va del
´76 al ´83, se produjo un corte,
libros quemados, vidas tronchadas, escritores
desaparecidos. No hay que confundir la calidad
literaria con el fenómeno editorial.
Hay que separar lo que es el mercado y lo
que es la calidad literaria. No siempre
lo que se vende es la mejor literatura,
igual es un momento en el que se está
escribiendo mucho.
- ¿La literatura tiene poder
para modificar la historia?
- Las ficciones contribuyen a cambiar la
realidad, pero este cambio es casi siempre
imperceptible de entrada. Los cambios que
puede producir un cuento o una novela no
son visibles de entrada. En todo caso, su
efecto es posterior y cuando se produce
actúa como por acumulación.
Este es el poder de la literatura. En la
medida en que un texto puede cambiar a un
lector, y esto es demasiado pedir, su función,
el abrir nuevas perspectivas, ya está.
- Leer entonces no sólo
es parte del placer, se lee también
para que la ficción incida en la
realidad.
- La literatura cumple una función
de entretenimiento, de diversión,
de goce, pero creo que la buena literatura
además de proporcionar un rato de
entretenimiento también te cuestiona
la realidad y te sirve para iluminar zonas
de la realidad que de otro modo no se ven.
Uno puede tomar Madame Bovary y leer una
espléndida novela sentimental y al
mismo tiempo una crítica a la pequeña
burguesía. Funciona en dos planos.
Como placer y también como cuestionamiento
social.
- Las familias de tus novelas viven
en constante tensión con lo real,
son muy distintas a las familias de –por
ejemplo- Gabriel García Márquez,
que viven en tensión con el mito.
- Cuando escribí El buen Dolor, revisé
experiencias familiares e intenté
contar la relación conflictiva de
un hijo con su padre. Esto inequívocamente
me llevaba a una versión ficcional
de mi propia “novela familiar”,
en términos freudianos, de la mitología
que uno se inventa. Pero en ningún
momento pensé en términos
de García Márquez. Lo que
ocurre es que cuando por lo general alguien
se sienta a escribir una novela familiar
siempre los antecedentes te empujan. Uno
cree que su familia pueden ser los Buendía
pero la familia de uno no son los Buendía.
Eso le sirvió a García Márquez,
pero no a mí. En La lengua del malón
todos los personajes tienen familia. Pero
es otro tipo de familia, que está
apoyada no sólo en lo histórico-social
sino fuertemente en lo literario. Lo que
intenté ahí es hacer un recorrido
de la historia de nuestra literatura. Que
estas personas tengan una conducta totalmente
outsider en la medida en que eligen lo otro,
es decir, no sólo en términos
de elección sexual sino que además
vivan desgarrados por la relación
de la literatura con la realidad, la relación
de la literatura con el poder, es una clave,
como el peronismo. Que los personajes sean
todos provincianos también es clave.
Provienen del interior, de la barbarie.
- Nacidos de familias marginales.
- En algunos aspectos, sí. Por ejemplo,
los padres judíos de Lía no
es que sean marginales per se, sino que
no tienen integración en una sociedad
que es autoritaria como ésta. Si
hubiera habido un nivel de integración
no hubieran atentado contra la AMIA y la
Embajada de Israel. Argentina es un país
bastante xenófobo y facho. Esto tiene
que ver con la falta de integración.
Es decir, en Los gauchos judíos,
Alberto Gerchunoff construye un mito que
no es creíble. Si vos recorres el
interior, te das cuenta que un paisano de
un pueblo odia al paisano de otro pueblo.
Entonces, ¿de qué integración
hablamos?
- Con La Lengua del
Malón vas al origen de nuestra
historia literaria, reconstruís El
Matadero de Esteban Echeverría.
- Yo tomo una idea de David Viñas
que dice que la literatura argentina nace
y se desarrolla en torno a una metáfora
mayor que es la violación. Pone como
ejemplo El Matadero. Lo que hice con “La
lengua...” fue, como dije, hacer a
partir de esta teoría, un recorrido
por nuestra historia literaria ratificando
que nuestra literatura está ligada
a la violencia, pero no sólo a la
violencia en términos de contar un
asesinato, contar una masacre. Violencia
es también cuestionamiento de los
géneros, es decir, cuando Osvaldo
Soriano escribe Triste solitario y final
está pateando el tablero, está
cambiando el canon. Creo que Manuel Puig
también está haciendo lo mismo
cuando toma elementos del folletismo, de
la novela popular y el cine. Como dice por
ahí el palestino Edward Said, “la
cultura es un campo de batalla” y
los libros dialogan con otros libros. Habría
que ver cual es el diálogo posible
entre Borges y Arlt, para poner dos figuras
canónicas.
- ¿Existe un diálogo
posible entre ambos?
- No sé. Pienso que son dos miradas
diferentes de la realidad, pero que a uno
lo obligan a una toma de partido, yo no
creo en la objetividad. A mí me puede
deslumbrar la construcción de la
prosa de Borges, pero de Arlt me siento
mucho más cerca.
- ¿Hay algo de guión
de cómic en tus obras?
- Cuando escribo, escribo con toda la experiencia
literaria que he adquirido en distintos
géneros. A mí me parece que
la experiencia que yo gané escribiendo
cómics es tan válida como
la de haber pasado unos años en la
carrera de Letras en los ´70. Son
experiencias fructíferas para la
narración, la entrega y la imaginación.
Con esta novela a veces me preguntaba: “¿Y
este conflicto, este nudo dramático,
cómo sigue, cómo lo soluciono?”.
Entonces apelaba al cómic. ¿Y
por qué no pensarlo entonces como
ficción, como cómic, como
novela? ¿Por qué atarse y
pensar que la literatura es un género
allá arriba, inaccesible, que no
tiene nada que ver con otros géneros?.
La literatura está atravesada por
una variedad de discursos, que pueden parecerle
espúreos a los finos de la crítica:
desde el discurso de la cumbia, hasta el
discurso de la policial o el discurso del
melodrama. La teoría literaria es
teoría política.
- Se puede decir entonces, que
la historia es una excusa para contar otra
historia.
- Siempre hay una historia que fluye debajo
de la historia visible. El iceberg funciona
en la medida en que dominás su parte
oculta bajo la superficie. El día
en que supe que tenía un profesor
de literatura con un texto inédito,
pensé que tenía la novela.
Pero recién cuando pude escuchar
su voz, sus razones, el por qué de
haber mantenido todos estos años
escondido un manuscrito, ahí, al
escucharlo, pude escribir la verdadera novela.
“¿Cómo surgió
el libro La lengua del Malón,
y cómo encontré el tono rabioso
del relato?” Bueno, no sé si
el tono es rabioso. El tono apela al melodrama,
al policial y al Western. Supe que tenía
un tono cuando encontré una voz,
la voz del profesor Gómez. Esa era
la voz que me servía para contar
la historia. Era una voz que me permitía
contar la novela pero que al mismo tiempo
funcionaba como teoría literaria.
Porque la teoría literaria para el
profesor Gómez, no es una discusión
retórica, es política. Y el
profesor Gómez, como política,
elige la narración. Es un profesor
de literatura que discute su historia personal
y la de su amiga Lía exhumando el
texto ninguneado, inconcluso y clandestino
que escribió la novia de Lía.
Gómez explica por qué ese
texto está clandestino y por qué
su amiga y la novia tienen ciertos tipos
de comportamiento.
El placer de la cautiva, de Leopoldo
Brizuela, me llegó cuando estaba
escribiendo mi novela. En algún momento
de la elaboración de La lengua
del Malón, cambié mails
con Brizuela. A mí deslumbró
El placer..., porque teníamos afinidades.
Estoy muy interesado en la indagación
que Brizuela hace de nuestra historia y
de la violencia de nuestra literatura. Él
resignifica la historia de Ceferino Namuncurá,
del mito de la cautiva, de Ezequiel Martínez
Estrada. Con Leopoldo tuvimos una comunicación
de mail va-viene. Le mandé capítulos
y él me envió fotocopias de
materiales sobre la conquista del desierto,
sobre cautivas, sobre fortines. Realmente
bárbaro. (N. de R.: Vaya a saber
uno por qué a esta altura de la entrevista
le llama la atención la palabra integración,
aunque no referida a generaciones, sino
a los grupos de Florida y Boedo). No
creo que exista integración. Florida
y Boedo son grupos literarios antagónicos
que se complementan. La figura de Arlt sigue
siendo la de un maldito en nuestra literatura.
Vos fijate qué cosa curiosa, que
a Arlt ideológicamente se lo pega
a Boedo, pero él tenía una
relación con Ricardo Güiraldes.
La primera edición de El gato rabioso
se la dedica a Güiraldes. Las dos grandes
novelas de iniciación argentina,
que son por un lado Don segundo sombra y,
por el otro, El juguete Rabioso, las dos
se publican en 1926, esto no es casual.
No sé hasta qué punto Arlt
tiene tanto que ver con Boedo y no con otro
tipo de marca literaria, que se toca con
la literatura policial de su época,
la de folletín, y con los rusos mal
traducidos en las ediciones baratas de Saturnino
Calleja. Arlt es uno de los escritores más
lúcidos y corrosivos de nuestra literatura,
de un altísimo voltaje.
- En un programa que se emitió
por Radio Nacional el año pasado,
los conductores se preguntaban si la figura
del Arlt con faltas de ortografía
y lector de pocos autores no es un mito.
¿Arlt es un personaje que se inventó
a sí mismo?
- A mí Arlt como personaje no me
interesa, el escritor como personaje no
me interesa. Me interesa el escritor, el
personaje es harto aburrido. A mí
lo que me importa son los textos. Hay toda
una figura mítica en torno a Roberto
Arlt. De hecho, Raúl Larra lo llama
Roberto Arlt, el torturado en su biografía.
Pero me parece más allá de
eso hay algo mucho más importante:
su literatura.
- Sin embargo su biografía
contextualiza sus obras.
- No quiero hacer una toma de partido por
el realismo, porque no creo que Arlt sea
una persona exclusivamente realista. Si
vos leés muchos cuentos y relatos
de Alrt, sus personajes están como
poseídos; también tienen gestos
que son transformados para que excedan el
realismo. El realismo, en todo caso, pasa
por Boedo. Arlt le pasa por encima al realismo
de Boedo y por momentos está muy
cerca del expresionismo. Su escritura es
desgarrada, tortuosa, exacerba los rasgos,
carga la atmósfera y describe la
ciudad. Uno de los rasgos más importantes
de Arlt es que la ciudad se empieza a mirar
desde su literatura.(N. de R.:
“¿Con las ideas no se come?”,
intento. “Yo creo que sí, con
las ideas se come”, responde. Ya está
más que exacerbado por mi insistencia
en el tema) ¡Pero tenés
que entender! A ver, a ver... ¡Si
yo creyese en la literatura no escribiría
novelas! Lo que dicen los personajes no
es lo que dice el autor. Yo no soy el profesor
Gómez en un aspecto y en otro sí.
- ¿En qué aspecto
sí sos Gómez?
- Yo tomo su discurso y me lo apropio.
- ¿Cuál es el rol
que le toca a la nueva generación
ante el discurso explicativo de Gómez?
- Ah, no sé, que la nueva generación
se las arregle sola como me las arreglé
yo.
- Por algo contás lo que
pasó.
- No. Para hablar de los ´70 como
quería, me tenía que remontar
al ’55. Para poder explicarme la violencia
de los sesenta, tuve que retroceder al peronismo,
porque es el momento donde la clase trabajadora
adquiere un nivel de prosperidad y nivel
universitario. Todas las reivindicaciones
de la clase trabajadora caen en el ´55
y esto explica que la clase media, o los
jóvenes de clase media que pertenecían
a familias gorilas, se vuelquen al movimiento
peronista. Si no entendés esto, no
entendés lo que vino después.
No retrocediendo hacia el asesinato de Pedro
Eugenio Aramburu, sino al derrocamiento
de Juan Domingo Perón; retrocediendo
a la masacre cometida por los golpistas
de la Revolución Libertadora durante
los bombardeos de junio del ´55. Ahí
hay un genocidio que está tapado
en la historia de nuestra historia. (N.
de R.: Periodista caprichosa e
incisiva. Saccomano se acomoda en la silla,
alza la voz, defendiéndose o acometiendo,
quién sabe) La nueva generación
es problema de ellos. No creo en las generaciones;
hablar de generación es absurdo.
Qué edad tenía Arthur Rimbaud
cuando escribe El barco ebrio.
Diecisiete años. El criterio de generación
puede ser un criterio operativo para ciertos
críticos, pero no es un concepto
general.
- Pero el escritor forma parte
de un nosotros que vive en una época
determinada...
- Yo cuando escribo estoy sólo con
mi alma. No sé qué hacen mis
contemporáneos. Cuando uno escribe
está en una condición de extrema
soledad. No me preocupa lo que están
escribiendo los otros, sino lo que estoy
escribiendo yo. No tiene que ver con generación,
tiene que ver con contexto y lo que uno
vivió históricamente. Es como
pensar que el ser joven o el ser viejo tiene
algún significado, pero no tiene
ninguno. Thomas Mann escribe Doctor
Fausto a los 24 años... entonces
¿dónde lo metés, en
la generación de los 24 años
o en la generación de los que escriben
bien y los que escriben mal? Me parece que
va por ahí más que nada. (N.
de R.: El Doctor Fausto fue publicada cuando
Thomas Mann contaba 73 años de vida,
en 1947. Él lo sabe, todo es producto
de la exasperación y no viene al
caso).
- En una entrevista reciente, publicada
en una revista de música, afirmás
que formás parte de una generación
que quiso cambiar radicalmente la realidad.
- Yo formo parte de una generación,
la de los ´70, que ha sido diezmada,
destruida, sometida. Me considero que pertenezco
a ese período histórico, como
persona, pero no en términos de literatura.
No funciona en cánones literarios
la cuestión de generaciones, si no
habría que entrar en el ranking de
los cuarenta principales, los que están
arriba o abajo en la lista del tiempo. No
va por ahí.
- Puede ser, algunos críticos
dicen que literariamente Unamuno es posterior
a Borges y no al revés.
- Los textos dialogan con otros textos.
Se resignifican cuando -como dice Borges-
uno inventa su propia historia. No en términos
generacionales. La literatura ya estaba,
no es un invento nuevo. Entonces aquellos
textos que a uno lo marcan y lo orientan
en una dirección determinada son
los textos con los cuales está formada
una biblioteca y con los que uno construye
su literatura. Pero no entra en estamentos
generacionales, si vos pensás a Franz
Kafka, ¿en qué generación
entra? Hay que tener cuidado con esto de
decir que están los jóvenes
y los veteranos. No hay jóvenes y
veteranos, hay textos que soportan el paso
del tiempo y textos que no soportan ni diez
minutos. Pensar en generaciones es pensar
en juventud, y ese es un concepto marketinero.
Vos fijate, en 1983 se esperaba que el movimiento
testimonial de la dictadura perdurase. Y
los textos fuertes, al final, fueron los
de Andrés Rivera, Fogwill, José
Pablo Feinmann, Osvaldo Soriano, Tomás
Eloy Martínez, Miguel Bonasso, que
son todos escritores veteranos. Es decir,
hay que esperar a que surja la colección
de Editorial Planeta, Biblioteca del Sur,
para que aparezcan otro tipo de autores.
Ahora me toca a mí. “El libro
inconcluso de Delia, es una metáfora
de las ilusiones truncas que fueron la impronta
de su época?” Pero la respuesta
no se escuchará en el grabador. Vaya
a saber por qué infortunios electrónicos,
lo demás es silencio. Saccomanno
me quedará trunco y seguramente necesario.
Quizá pueda terminar esta entrevista
recordando a Guillermo calificar a Buenos
Aires como “una ciudad en la que tenés
todo a tu alcance, pero en la que finalmente
no tenés nada”, o definir el
mar, del cual su casa dista media cuadra,
como un espacio de silencio que le permite
leer y escribir. Saccomanno se esfuma con
su lengua de malón detrás
de este ascensor que me saca un peso de
encima.
Por Amalia Gieschen