Año III - número 13 - Mayo 2004 - Buenos Aires Argentina
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Editorial

Los falsarios y la risa
Por Conrado Yasenza

Entrevistas

Gullermo Saccomanno
Por Amalia Gieschen

El Damero

De un escenario político sin política
Por Claudio Barbará
Empobrecimiento lícito
Por Alfredo Grande
Séneca y el infortunio del hombre sin poder
Por Marcelo Manuel Benítez
Fabricantes de Dios
Por Mery Castillo-Amigo
Las mujeres de Buenos Aires
Por Mirta Vázquez

Ajo y Limones
Zona literaria y miscelánea

La poesía en Julio Cortázar
Por Juan José Hernández
El Gaucho en la Tinta Segunda entrega
Por Marcelo Luna
Escuelita de destrucción de ideas
Por Rubén Fernández Lisso
Detrás de la pantalla, Hombres y mujeres del dobleje en acción
Por Carola Chaparro
Un cuento perfecto: "Esse est percipi" - Una de las crónicas de Bustos Domeq
Por Daniel Bruné
El Porteño
Por Variya

Poesía y Cuentos

El ventilador
Poema inédito
Juan José Hernández
Poemas de Rubén Fernández Lisso
Poemas de Conrado Yasenza
Cuento:
"La antesala del fin"
Por Diego Quinteros

El ojo plástico

Antonio Santos

Batea

Libros:
"Sea su propio jefe"
Autor:
Por Carola Chaparro
Libros:
"La noche más polar"
Autor:
Por Amalia Gieschen

Galerías


María Cristina Fresca:

María Cristina Fresca


Jorge Manuel Varela:

Jorge Manuel Varela


Marcelo Manuel Benítez:

Galería Marcelo Manuel Benítez


Kenti

Kenti


       El Damero

Las mujeres de Buenos Aires

Has recorrido un largo camino muchacha...

Por Mirta Vázquez(*)


A fines de los años 60 o comienzos de los setenta una propaganda de cigarrillos rezaba: “has recorrido un largo camino, muchacha...” indicando que las mujeres de entonces habían conquistado un lugar en el mundo de los hombres.
Gran parte de la generación de mujeres nacida alrededor de mediados del siglo XX fue considerada privilegiada porque tuvo educación primaria completa, estudios secundarios y hasta la posibilidad de acceder a la universidad.
Tanto la propaganda como el discurso corriente del que era eco pregonaban la imagen de un progreso imparable que iba a cambiar para siempre la condición femenina.
Derechos cívicos, acceso a cargos de dirección o reconocimientos múltiples en el campo intelectual tuvieron como virtud el cambio de eje de un discurso al que, hasta fines de los años 50, se lo podía tildar de “machista”.
El acceso masivo a la preparación específica para entrar al mundo del trabajo empresarial modificó, efectivamente, el lugar social de las mujeres en nuestro país. Agremiadas las mujeres de Buenos Aires plantearon sus problemas y sus discrepancias con el discurso establecido hasta entonces. Fueron capaces de armar instituciones y también de transformarse ellas mismas en una institución como lo fueron “las madres “ durante la dictadura.
Así, en casi 50 años, las letras de los tangos que describen a mujeres perdidas o traidoras dejan de tener vigencia. Para describir el cambio social acaecido en nuestro país al nivel de poesía popular surgen los autores del rock nacional.
Pensar que tales cambios no ofrecen mas que una descripción fenoménica de las costumbres sociales es desatender lo que define al inconsciente estructurado como un lenguaje.
Es fácil deducir que cualquiera nacido en estos tiempos estará tomado por un discurso diferente a los de comienzos o mediados del siglo XX.
No es posible saber cual será el discurso por venir. Sin embargo podemos realizar algunas inferencias a partir del presente.
Las jóvenes generaciones inventan formas de acercamiento sexual distintas a las anteriores. Es decir que también en esto hay usos y costumbres que marcan una sociedad y definen una época.
Sabemos, a la vez, que la posición sexuada de un sujeto determina el modo en que seduce a su pareja.
Durante los años 50 y 60 en Buenos Aires una mujer se tornaba deseable si se ajustaba a un tipo o modelo que estaba, principalmente, dictaminada por otras del mundo del espectáculo. El ideal estaba encarnado en actrices, bailarinas, vedettes, periodistas o escritoras. No importaba solo la belleza sino también la inteligencia o, lo que se llamaba en su momento, “la personalidad”.
La mascarada abarcaba tanto la ingenuidad más llana como la intelectualidad más refinada. Desde Brigitte Bardot o Simone de Beauvier pasando por Twiggy, María Callas o Marta Minujin las mujeres se habían dispuesto a recorrer el camino que las llevaría a su liberación.
Surge la moda unisex lo que, junto con las llamadas “relaciones prematrimoniales”, revelaban los deseos que intentaban soslayar: respectivamente la solución a la envidia del pene y el casamiento prometido.
Posteriormente la confusión reinante en los años 70 dividió a las mujeres entre “concientizadas” políticamente y madres ejemplares. Esta últimas, por supuesto, eran las que le dedicaban “calidad” y no-cantidad de tiempo a sus hijos. Había que trabajar.
Los ideales de décadas anteriores se habían desplazado pero seguían marcando el rumbo. Mientras tanto la consigna general era: siempre sexy.
¿A que se referían con esto? ¿Cuál era el semblante adecuado para atraer al varón indefinidamente? Por supuesto no parecerse a la madre. Pero ¿cómo lograrlo?
Por esos años a algunos hombres se les planteaba el deber de la militancia antes que “la pareja”, término con el que se definía todo tipo de elección. Así hubo parejas heterosexuales, homosexuales, transexuales y sin sexo como la tan mentada “pareja analítica”.
El psicoanálisis tuvo su lugar en Buenos Aires como la práctica más difundida para resolver éstos problemas. Algunos se transformaron en dilemas y encontraron su tope real: el Proceso que introdujo la muerte legalizada en Argentina.
Me parece que a partir de ese corte histórico surge otro decir que coloca a hombres y mujeres en discursos que oscilan entre la tolerancia al goce sexual diferente al propio (swingers, relaciones bisexuales, orgías) hasta la negación de la verdad que el psicoanálisis revela: no hay una relación al sexo de manera proporcional o simétrica entre hombres y mujeres. Un sexo, en su goce particular, es exiliado del otro en tanto no es posible situar el goce femenino. La proliferación de revistas sobre el tema sumada a las terapias alternativas al psicoanálisis que pretenden enseñar a las mujeres cómo vivir plenamente su sexualidad así lo indica.
No seamos escépticos: como dije anteriormente no sabemos nada del porvenir. Pero... Esta nueva forma de creencia, la de la existencia de una mujer finalmente liberada del yugo de la represión sexual y de los hombres, ¿qué otra cosa podría sostener sino la ilusión de que podría existir La Mujer? Autónoma, sin amos, dueña de su propio deseo. Un sueño como tal irrealizable pero alimentado por los gadgets que ofrece la época actual.
Mientras tanto el goce femenino subsiste y tan misteriosamente para ellas como para ellos. Determina en cada uno su modo de relacionarse con lo que Lacan denomino el Otro sexo. Es el enigma de lo femenino en términos de Freud. Inasible, como Lacan lo plantea no termina de condescender a lo que el discurso le propone.
Será por eso que las mujeres son difíciles de educar. En los años por venir se podrán ver los frutos de la educación formal a la que hoy tienen acceso miles de niñas y adolescentes. Nada más y nada menos que esos serán los largos caminos recorridos. ¿Modificará en algo la relación al Otro sexo?

Por Mirta Vázquez
Lic. en Psicología y Psicoanalista. Miembro de la APBA (Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. Miembro de la EOL (Escuela de la Orientación Lacaniana) y de la AMP (Asociación Mundial de psicoanálisis).


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