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Las mujeres
de Buenos Aires
Has recorrido
un largo camino muchacha...
Por Mirta
Vázquez(*)
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A fines de los años 60 o comienzos
de los setenta una propaganda de cigarrillos
rezaba: “has recorrido un largo
camino, muchacha...” indicando
que las mujeres de entonces habían
conquistado un lugar en el mundo de los
hombres.
Gran parte de la generación de mujeres
nacida alrededor de mediados del siglo XX
fue considerada privilegiada porque tuvo
educación primaria completa, estudios
secundarios y hasta la posibilidad de acceder
a la universidad.
Tanto la propaganda como el discurso corriente
del que era eco pregonaban la imagen de
un progreso imparable que iba a cambiar
para siempre la condición femenina.
Derechos cívicos, acceso a cargos
de dirección o reconocimientos múltiples
en el campo intelectual tuvieron como virtud
el cambio de eje de un discurso al que,
hasta fines de los años 50, se lo
podía tildar de “machista”.
El acceso masivo a la preparación
específica para entrar al mundo del
trabajo empresarial modificó, efectivamente,
el lugar social de las mujeres en nuestro
país. Agremiadas las mujeres de Buenos
Aires plantearon sus problemas y sus discrepancias
con el discurso establecido hasta entonces.
Fueron capaces de armar instituciones y
también de transformarse ellas mismas
en una institución como lo fueron
“las madres “ durante la dictadura.
Así, en casi 50 años, las
letras de los tangos que describen a mujeres
perdidas o traidoras dejan de tener vigencia.
Para describir el cambio social acaecido
en nuestro país al nivel de poesía
popular surgen los autores del rock nacional.
Pensar que tales cambios no ofrecen mas
que una descripción fenoménica
de las costumbres sociales es desatender
lo que define al inconsciente estructurado
como un lenguaje.
Es fácil deducir que cualquiera nacido
en estos tiempos estará tomado por
un discurso diferente a los de comienzos
o mediados del siglo XX.
No es posible saber cual será el
discurso por venir. Sin embargo podemos
realizar algunas inferencias a partir del
presente.
Las jóvenes generaciones inventan
formas de acercamiento sexual distintas
a las anteriores. Es decir que también
en esto hay usos y costumbres que marcan
una sociedad y definen una época.
Sabemos, a la vez, que la posición
sexuada de un sujeto determina el modo en
que seduce a su pareja.
Durante los años 50 y 60 en Buenos
Aires una mujer se tornaba deseable si se
ajustaba a un tipo o modelo que estaba,
principalmente, dictaminada por otras del
mundo del espectáculo. El ideal estaba
encarnado en actrices, bailarinas, vedettes,
periodistas o escritoras. No importaba solo
la belleza sino también la inteligencia
o, lo que se llamaba en su momento, “la
personalidad”.
La mascarada abarcaba tanto la ingenuidad
más llana como la intelectualidad
más refinada. Desde Brigitte Bardot
o Simone de Beauvier pasando por Twiggy,
María Callas o Marta Minujin las
mujeres se habían dispuesto a recorrer
el camino que las llevaría a su liberación.
Surge la moda unisex lo que, junto con las
llamadas “relaciones prematrimoniales”,
revelaban los deseos que intentaban soslayar:
respectivamente la solución a la
envidia del pene y el casamiento prometido.
Posteriormente la confusión reinante
en los años 70 dividió a las
mujeres entre “concientizadas”
políticamente y madres ejemplares.
Esta últimas, por supuesto, eran
las que le dedicaban “calidad”
y no-cantidad de tiempo a sus hijos. Había
que trabajar.
Los ideales de décadas anteriores
se habían desplazado pero seguían
marcando el rumbo. Mientras tanto la consigna
general era: siempre sexy.
¿A que se referían con esto?
¿Cuál era el semblante adecuado
para atraer al varón indefinidamente?
Por supuesto no parecerse a la madre. Pero
¿cómo lograrlo?
Por esos años a algunos hombres se
les planteaba el deber de la militancia
antes que “la pareja”, término
con el que se definía todo tipo de
elección. Así hubo parejas
heterosexuales, homosexuales, transexuales
y sin sexo como la tan mentada “pareja
analítica”.
El psicoanálisis tuvo su lugar en
Buenos Aires como la práctica más
difundida para resolver éstos problemas.
Algunos se transformaron en dilemas y encontraron
su tope real: el Proceso que introdujo la
muerte legalizada en Argentina.
Me parece que a partir de ese corte histórico
surge otro decir que coloca a hombres y
mujeres en discursos que oscilan entre la
tolerancia al goce sexual diferente al propio
(swingers, relaciones bisexuales, orgías)
hasta la negación de la verdad que
el psicoanálisis revela: no hay una
relación al sexo de manera proporcional
o simétrica entre hombres y mujeres.
Un sexo, en su goce particular, es exiliado
del otro en tanto no es posible situar el
goce femenino. La proliferación de
revistas sobre el tema sumada a las terapias
alternativas al psicoanálisis que
pretenden enseñar a las mujeres cómo
vivir plenamente su sexualidad así
lo indica.
No seamos escépticos: como dije anteriormente
no sabemos nada del porvenir. Pero... Esta
nueva forma de creencia, la de la existencia
de una mujer finalmente liberada del yugo
de la represión sexual y de los hombres,
¿qué otra cosa podría
sostener sino la ilusión de que podría
existir La Mujer? Autónoma, sin amos,
dueña de su propio deseo. Un sueño
como tal irrealizable pero alimentado por
los gadgets que ofrece la época actual.
Mientras tanto el goce femenino subsiste
y tan misteriosamente para ellas como para
ellos. Determina en cada uno su modo de
relacionarse con lo que Lacan denomino el
Otro sexo. Es el enigma de lo femenino en
términos de Freud. Inasible, como
Lacan lo plantea no termina de condescender
a lo que el discurso le propone.
Será por eso que las mujeres son
difíciles de educar. En los años
por venir se podrán ver los frutos
de la educación formal a la que hoy
tienen acceso miles de niñas y adolescentes.
Nada más y nada menos que esos serán
los largos caminos recorridos. ¿Modificará
en algo la relación al Otro sexo?
Por Mirta Vázquez
Lic. en Psicología y Psicoanalista.
Miembro de la APBA (Asociación de
Psicólogos de Buenos Aires. Miembro
de la EOL (Escuela de la Orientación
Lacaniana) y de la AMP (Asociación
Mundial de psicoanálisis).