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Empobrecimiento
lícito
Por Alfredo
Grande
(Especial
para La Tecl@ Eñe)
Gráfica:
"Entierro" Oscar Panizza
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En estos días está siendo
juzgada la ex funcionaria multifunción
Maria Julia Alzogaray, que supo ser nuestra
venus de las pieles. El delito en cuestión
es el denominado “enriquecimiento
ilícito”, eufemismo que describe
el acto de robar más de lo necesario.
Naturalmente, esto debe ser probado, es
decir, comprobado de forma fehaciente, más
allá de toda duda razonable, aunque
es evidente que ni siquiera a un obsesivo
grave le puede quedar duda alguna. Parece
que el delito en cuestión goza de
cierta popularidad, por lo tanto la venus
prendió el ventilador y comenzó
a ensuciar sin el menor esfuerzo. Lo cual
es costumbre. Porque el mayor esfuerzo sería
que intentara nadar en las cristalinas aguas
del Riachuelo que en su gestión como
secretaria de medio ambiente (aunque ella
viva en muchísimos ambientes más)
logró sanear. El nauseabundo olor
que todavía algunos huelen es a no
dudar “riachuelo residual”,
(como la Entel residual, recuerdan?) es
decir, pequeños bolsones de podredumbre
que la privatización no puede corregir.
Después de todo, la mano del mercado
es invisible pero no mágica. La otra
mano, la de la mafia, parece que se la soltaron,
y MJA se derrumbó. No gran cosa,
suponemos, porque liberal mala nunca muere.
La cuestión es que toda la fanfarria
con el juicio en cuestión de la agraciada
y desgraciada funcionaria, encubre una cuestión
que a mi criterio es fundante. No se trata
de juzgar el delito en la función
pública, sino de comenzar a pensar
que la función pública está
organizada como un delito. Los crímenes
de lesa humanidad que la dictadura cívico
militar perfeccionó, han sido continuados
por los robos, las estafas, las malversaciones,
las asociaciones ilícitas, los contrabandos,
los retornos, los cohechos, los sobornos,
los asesinatos, todos y cada uno de ellos
de lesa humanidad. Porque con todos y cada
uno de ellos la humanidad ha sido vulnerada,
castigada, humillada. ¿Quién
recuerda a la leche Jongiano o los guardapolvos
más caros que diseñados por
Armani?. La democracia post dictadura sacó
las más altas calificaciones en riesgo
país y las más bajas en transparencia.
El riesgo país quedó minimizado
por el default, cuando el riesgo dejó
de ser tal para convertirse en la certeza
de la catástrofe del “buen
inversor”. La convertibilidad murió
contenta porque no batió a ningún
enemigo aunque al desplomarse sepultó
a muchos amigos. Los platos rotos los siguieron
pagando los que no los rompieron y especialmente,
los que ni siquiera los usaron, porque hace
mucho que ni platos usan. La nueva cultura
tributaria, todo un hallazgo publicitario,
seguirá gravando al consumo, especialmente
al consumo de las necesidades básicas
que por lo tanto seguirán insatisfechas,
mientras las multi mandan ganancias para
las ruletas financieras de los burdeles
del capitalismo internacional (también
denominados bolsas de valores). La publicidad,
el opio de los pueblos, nos convence que
el gas no aumentará a menos que pretendamos
usarlo. Si podemos mover las manos entumecidas
pagaremos el mismo valor de hace un año.
En el peor de los casos, los niños
podrán jugar al muñeco de
nieve con el abuelo congelado. Algo así
como un “scoring”, donde paga
menos seguro cuando convence a la compañía
que usted no lo necesita. Este criterio
podría enunciarse como que el mejor
servicio público es aquel que no
se usa. Un sátrapa a cargo de no
sé que cargo en los ferrocarriles,
dijo que el problema de la gente colgada
es cultural. El miserable supone que los
sufridos usuarios de los servicios de trenes
son todos émulos de “de la
guarda” y andan haciendo acrobacias
como una manifestación de nuestra
idiosincrasia diaguita. Creo que desde las
diferentes áreas de administración
pública y pública privada
el delito es la regla, no la excepción.
Los funcionarios deberían jurar sobre
el código penal, abierto en los artículos
de los delitos más frecuentes. Los
abusos de autoridad son tan frecuentes que
bien podrían denominarse adicciones
a la autoridad, es decir, al ejercicio absoluto
del poder. Esto sí que es transversal,
porque no importa que cargo se ocupe, siempre
la tendencia es expansiva. Y como el ser
nacional es reverencial a las jerarquías,
cuando los mandatos finalizan el saqueo
ya ha sido consumado. Vaciamiento que le
dicen. De dinero y de ideas. Ya casi no
quedan ideas, y las muy pocas que circulan
exigen una maquinaria publicitaria permanente.
“Haga patria: apague la hornalla”.
Preferible por su transparencia a las proclamas
sobre la garrafa social. “Garrafas
del mundo: uníos”. El problema
de fondo es que la muerte sigue siendo la
constante de ajuste. Diferentes formas de
la muerte real, diferentes formas de la
muerte simbólica. El denominador
común es el “empobrecimiento
lícito”. Se ha gobernado durante
20 años para sostener el empobrecimiento
de los trabajadores, a los cuales además
se los judicializa. Propongo judicializar
todos los actos de gobierno desde el 10
de diciembre de 1983. Para los anteriores
hasta el Presidente pidió perdón,
así que pasemos a los gobiernos republicanos.
Las pruebas son abrumadoras, y el saqueo
tiene diferentes formas de la memoria. Mas
allá de los aportes de la publicidad,
todas las formas de empobrecer lícitamente
al pueblo deben ser consideradas como delitos
de lesa humanidad. No prescriben. Y la democracia
que quiera ser forma y esencia tendrá
que juzgarlos y condenarlos. Porque tampoco
puede haber para tanto delito ni olvido
ni perdón.
Buenos Aires. Mayo de 2004.
Por Alfredo Grande