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Libros
"El
inventor de juegos"
de Pablo
de Santis
Editorial Alfaguara
Por Carola
Chaparro
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Seguramente no muchos adultos (sobre todo los
que aún conservan algo de juventud
en el cuerpo o en la mente) pudieron sustraerse
al frenesí del pequeño mago
Harry Potter. Pero de ahí a admitirlo
hay un gran salto, porque en nada se parece
a la saga maravillosa de Tolkien (una cosa
es un anillo capaz de unirlos a todos y
otra es un malvado mago que aspire a dominar
el mundo; de Sauron a Voldemor hay demasiados
pasos). Sin criticar ni a unos ni a otros
(porque esto no es un nuevo enfrentamiento
de partes al mejor estilo Beatles-Stones),
la literatura denominada “para jóvenes”
tiene un nuevo lugar en las librerías,
mucho más importante del que se le
asignó en tiempos pasados.
En esa línea juvenil-adolescente
se encuadra el último libro de Pablo
De Santis, “El inventor de juegos”,
bien escrito, atrapante y lúdico
por donde se lo lea. Cuenta la historia
de Iván Dragó, un chico que
participa de un concurso que consiste en
crear nuevos juegos. Todo empieza cuando
Iván se gana una vieja edición
de la historieta “Las aventuras de
Víctor Jade” y encuentra un
cupón para participar del concurso
de invención de juegos auspiciado
por La Compañía de Sueños
Profundos. El único detalle fuera
de lo común es que no se anuncia
cuál es el premio.
Los antecedentes de Iván, como nieto
del famoso inventor de juegos Nicolás
Dragó, de la ciudad de Zyl, le dan
una buena oportunidad. La sorpresa (y el
desencanto) de Iván es comprobar
que el galardón que ha obtenido es
un simple tatuaje, pero con una cualidad
mágica: ser indeleble.
La vida de Iván sufre algunos cambios
drásticos cuando sus padres desaparecen
en un viaje en globo y tiene que irse a
vivir con su tía, cambiar de colegio
y ganar un enemigo: Krebs, un odioso compañero
de escuela. Más tarde llegará
a Zyl para vivir con su abuelo, y allí
encontrará la verdad de su destino:
enfrentarse cara a cara con el culpable
de la decadencia de esa ciudad, Morodian,
el típico malvado resentido que culpa
de su falta de talento a todos los demás.
Y regresa para vengarse. Solamente la valentía
y el ingenio de Iván Dragó
podrían detenerlo. Pero para saber
cómo termina, habrá que ponerse,
una vez más, en el rol de lector.
Por Carola Chaparro