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Ricardo
Carpani y
nuestra
América profunda
Por
Daniel Rizza
Autoretrato.1982. Serie
Tango. Grafito sobre papel.70 X 50 cm
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¿Qué nos dice un artista? Es un hecho
que siempre es mucho más que lo que dicen
sus palabras. En el caso de Ricardo Carpani
nos interesa no sólo su obra plástica,
sino también sus escritos acerca de la
relación entre arte y política.
En especial su compromiso con la realidad que
le tocó vivir y, en definitiva, lo que
ésta tríada de elementos nos enseña
(en el sentido profundo de mostrarnos para que
tomemos conciencia) acerca de nosotros mismos.
El objetivo de este trabajo es poner en palabras
algo de lo que en Carpani se elabora
y expone como antiguos problemas del ser argentino
y latinoamericano. Para esto pondremos a dialogar
parte de su obra en la línea de comprender
cuánto hay de «Nuestra América»,
profunda y mestiza, jugando en nosotros mismos
y a nuestro alrededor, tal como expresara el
poeta José Martí en 1891: «el
deber urgente de nuestra América es enseñarse
cómo es; una en alma e intento.»
"Quiénes
somos, de dónde venimos, adónde
vamos"
En
la búsqueda de un estilo de pensar con
identidad mestiza
Para comenzar con nuestro análisis,
extractamos dos elementos que ofician de denominadores
comunes a la serie de obras pintadas por Carpani
a partir de 1990, llamada "Porteños
en la jungla". Dichos elementos son la
selva y el personaje urbano. Ya desde
el comienzo podemos advertir que la oposición
se presta a un «juego pendular»: extremos de
la serie de categorías polares donde
«el porteño», como arquetipo de lo urbano,
a primera vista está alineado en el orden
del ser junto a la categoría
de lo racional y la pequeña historia,
mientras que «la selva» pertenece al orden del
estar, esto es lo irracional y
la gran historia.
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Quiénes somos,
de dónde venimos, adónde
vamos, 1991. Acrílico sobre papel.
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¿Cuál es «la selva»? En apariencia,
desde un análisis superficial, se podría
decir que Carpani nos muestra una metáfora:
la selva de cemento en la que vive el hombre
porteño. Sin embargo, sospechamos que
esa «selva» tiene algo de literalidad, en el
sentido de que hay una «jungla verdadera» que
acecha con sus mitos, que está brotando
desde la más profunda realidad del suelo,
en los resquicios del asfalto y el hormigón,
a la vuelta de la esquina. Esta espesura, tal
como nos la muestra el artista, toma un carácter
totémico, pues en ella debemos responder
quién regula nuestras acciones y nuestra
moral. Es la residencia de nuestros miedos pero,
también, territorio de nuestra voluntad.
En otras palabras, el tótem es quien
nos da de comer y quien nos devora.
¿Dónde
estará la parada del '60?, 1992.
Acrílico sobre tela
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¿Y quién es el habitante de
esta «selva»? Siempre de gris, el hombre
urbano nos muestra su mestizaje:
su aparente indiferencia es un meditar
permanente, un estar en vilo, a medias
creyendo. Un «ser-deseando-ser-alguien»,
en la espera y fumando mientras tanto,
entre el ser y el estar,
entre afirmar y negar, mostrando que
puede vestir "a la europea" pero que,
a la par, sus rasgos delatan una identidad
amerindia. Es el conflicto entre esas
dos culturas que se superponen. "La
vida –nos dice Rodolfo Kusch-
es un péndulo que va de un lado
al otro, y nosotros en el medio, siempre
tensos, sin encontrar otro sentido fuera
de ese vaivén". El protagonista
de los cuadros de Carpani toma
distancia del saber, ignora y permanentemente
se formula preguntas: «¿Qué
hace un tipo como yo en un lugar como
éste?», «¿Dónde
estará la parada del '60?»,
son otros títulos que integran
la serie.
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Las respuestas que se da desde el saber del
dominio y la solución no lo convencen
o, en todo caso, la realidad no le responde
de manera causal. Vuelve a preguntarse y no
está seguro de que su saber de salvación
lo ayude al fin y produzca un vuelco en su suerte:
¿serán efectivos sus rituales y su invocación
a los ídolos? El resultado es, entonces,
nuestra conflictiva identidad mestiza, que por
un momento se ha detenido en el costado del
estar, del dejarse estar y mirar
el vacío esperando comprender que alrededor
ha crecido, devorador, nuestro propio pasado.
Que no somos más que la piedra que el
tiempo ha modelado y, por fin, inexorablemente,
una parte del suelo.
"¿Qué
hace un tipo como yo en un lugar como éste?"
El
pensar seminal
El personaje se pregunta. La selva ha crecido
a su alrededor, ha brotado sin que el hombre
haya intervenido, él mismo ignora por
qué, pero de alguna manera sabe que hay
allí algún tipo de salvación.
La selva trae noticias desde el fondo de los
tiempos, no obstante no hay novedad: es tan
sólo el suelo que se manifiesta. La selva
es la «América Profunda». El personaje
manifiesta su extrañeza pero sin sentirse
un extraño en ese lugar. La pregunta
es casi una ironía de su parte –muy porteña-,
pues sabe que de alguna manera él pertenece
a ese sitio y conoce sus relatos. Entonces somos
nosotros mismos quienes estamos ahí,
merced al guiño de la frase hecha (¿quién
no ha pensado alguna vez en la pregunta que
da título a la obra?). Formamos parte
de la selva, y también del relato: ¿cómo
ignorarlo?.
¿Qué hace
un tipo como yo en un lugar como éste?,
1990. Acrílico sobre tela.
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Ya no somos meros espectadores de la obra de
arte: Carpani ha despertado nuestro pensar
indígena, somos en ella,
participamos de esta obra tanto como participamos
de los rituales cotidianos (como leer el diario
buscando novedades). Mientras tanto, la selva
no es hostil. ¿Cómo pensar entonces que
lo que nos muestra Carpani es la jungla
de cemento? Sospechamos que el sentido de esta
selva se aleja de la consabida metáfora.
Hay algo más detrás de ella, aunque
apenas hemos dado con la extremidad conciente
de conceptos imponderables y, por ahora, innombrables.
Puertas
abiertas, profundas raíces
Lo que nos dice un artista
es mucho más de lo que encierran sus
palabras. Lo que nos deja Carpani es
una puerta abierta hacia un pensar distinto,
con profundas raíces en «Nuestra América»,
con toda la incertidumbre de lo que está
por hacerse, y opuesto al pensar absoluto impuesto
desde las vanguardias estéticas de los
"países centrales" o, mejor dicho, desde
los colonizadores-imperio-neoliberales y sus
socios locales, o cualquier otra postura que
pretenda presentarse e instalarse desde un supuesto
«valor universal», prescindiendo del sostén
que da el suelo. Mas allá de sus intenciones,
ha dejado un lugar para pensar el ser latinoamericano
en un pensar total. Por una parte, a través
de sus escritos, donde manifiesta un potencial,
un está–por-hacerse el sueño
de la revolución latinoamericana expresado
en palabra que, al decir de Heidegger, es la
residencia del ser, lo pensable del ser. Por
otra parte, nos muestra que además de
lo pensable, está la verdad que se cumple
en lo impensable del ser, allí donde
el lugar de la expresión lo ocupa el
silencio original de lo humano -el arte es un
accceso a ello-: la palabra grande de un pueblo
que sabe que, esperando, crece.
Poner
el cuerpo en las ideas (biografía de
bolsillo)
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"Prefiero un arte
viejo que participe activamente en
la creación de un hombre nuevo,
antes que un arte nuevo que no modifica
la situación del hombre viejo."
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Sus obras contienen una ética militante
desde una estética original. No expresan
solamente una visión plástica;
en ellas también anida un credo. Al contrario
de los escépticos, la guía de
lo que pemanece es «creer para ver». Por eso
la fuerza de las figuras de Ricardo Carpani
están asociadas a imágenes de
resistencia y rebelión obrera, en murales
y afiches que expresan lo pulsional y lo pasional
de ser protagonista: poner el cuerpo en las
ideas.
Había nacido un 11 de febrero del año
1930 en el partido de Tigre (provincia de Buenos
Aires, Argentina). Sus primeros años,
sin embargo, transcurrieron en la localidad
de Capilla del Señor. Cursó sus
estudios primarios y secundarios en Capital
Federal, adonde se había trasladado con
sus padres a partir de 1936. Era aficionado
a hacer copias a partir de su enorme habilidad
para dibujar. Luego ingresó en la facultad
de derecho de la Universidad de Buenos Aires,
abandonándola poco después. Para
eludir el servicio militar obligatorio viajó,
a los veinte años, a Europa, radicándose
en París y trabajando como modelo en
una academia (la Grande Chaumière). Posó
desnudo y podría conjeturarse que comenzó
a imbuirse en la figura anatómica, en
especial de los músculos. Descubrió
su vocación y se concentró en
pintar sistemáticamente.
Carpani. Amantes,
1956. Grafito sobre papel.
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En 1952 regresó
a Buenos Aires decidido a profundizar
su actividad artística ingresando
en el taller de Emilio Pettoruti. Expuso
por primera vez en 1957, junto a Juan
Manuel Sánchez y M. Mollari.
Amantes (en grafito sobre papel)
data de 1956, y en él ya aparecen
elementos de la estética carpiana
en la seguridad constructiva de las
figuras humanas. Huelga, de esta
misma época, también participa
en ello: hombres, manos apretadas, armonía
de claros y oscuros que dan cohesión
a los cuerpos.
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Huelga, 1958. Óleo sobre tela.
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En 1959 funda el «Movimiento
Espartaco» junto a Juana Elena Diz, Pascual
Di Bianco, Juan Manuel Sánchez, Esperilie
Bute, y Carlos Sessano. Carpani redactó
el manifiesto del movimiento -que se publicó
en la revista "Política" que editara
por entonces por Jorge Abelardo Ramos-, y pronunció
conferencias en Buenos Aires y el interior del
país, pero se desvinculó en 1961
para seguir y profundizar su tarea plástica
cada vez más comprometida con las luchas
del movimiento obrero. En Desocupados (1964)
los trazos aparecen más estilizados y
la preocupación en los rostros se concentra
en los ojos que serán, más adelante,
el eje de varias composiciones. Realizó
también numerosos murales en locales
sindicales, a la vez que en los temas pasionales,
como Amantes (1964), las enérgicas
imágenes van adquiriendo tonos cálidos.

Desocupados, 1964. Óleo sobre tela
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Amantes, 1964. Óleo sobre tela.
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Su concepción estética
se inserta en la corriente del muralismo latinoamericano
( junto a los mexicanos, Portinari, Guayasamín
y Spilimbergo, entre otros) oponiéndose
a la tendencia abstractizante de la época,
a las vanguardias, así como también
al «realismo socialista». Su actividad ligada
a los sindicatos le permite concretar la idea
de una imagen al servicio de las luchas concretas
de los trabajadores argentinos, con un sentido
latinoamericano y revolucionario. En 1966 y
1969 viajó a Europa donde participó
de muestras colectivas. En 1972 viajó
al Chile socialista de Salvador Allende y a
Cuba para sendos encuentros de artistas plásticos,
y en 1974 nuevamente a Europa, de donde ya no
puede regresar: en Argentina se derechiza el
tercer gobierno peronista, por lo que debió
comenzar un largo exilio de 10 años.
Durante éste, Carpani «barroquiza»
sus producciones: se sobrecargan los dibujos,
donde es notable una minuciosa precisión
en las contexturas corporales y en las articulaciones
de las manos y dedos, al tiempo que incorpora
caballos en las obras (Hombre con caballo,
1976).
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Hombre con caballo, 1976. Acrílico
sobre tela.
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1984 lo tuvo de regreso en
el país, abriendo una nueva etapa de
vida artística. Las 40 (1985),
de la Serie Tango, expresa la potencialidad
alcanzada en los gestos y en la temática
porteña, que desarrollará ampliamente
en los '90 a través de las composiciones
que analizamos más arriba, y también
en la Serie Tango Pasión.

Las 40, 1985. Acrílico sobre papel
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 Tango
Pasión, 1992. Acrílico
sobre papel
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Como colofón artístico,
citamos al Martín Fierro que condensa
varios estudios previos de Carpani: el
gaucho, de poncho colorado, aparece tocando
la guitarra mientras se suceden distintas secuencias
del poema de Hernández como los duelos,
la huida al desierto, la muerte de Cruz, la
mujer cautiva con la que regresa, etc. La plasticidad
alcanzada parece estar en su cénit: el
nervio riguroso que anima a las figuras exalta
el refinamiento de los colores, dentro de las
pautas establecidas de la línea. La obra
está instalada en la Casa Rosada del
gobierno argentino.
Mural para la Casa Rosada, 1989/1990. Acrílico
sobre tela
Ricardo Carpani fue
declarado ciudadano ilustre de la ciudad de
Buenos Aires en 1996. Murió en ella al
año siguiente. La Fundación
Ricardo Carpani, dirigida por su compañera
Doris Halpin, continúa dando a conocer
la obra y el pensamiento de este gran artista
argentino.
Bibliografía
FERNANDEZ RETAMAR,ROBERTO:
CALIBAN, Apuntes sobre la cultura de nuestra
america. Ed. La Pléyade, Buenos Aires,
s/f.
HABER, ABRAHAM Y OTROS. LA
PINTURA ARGENTINA. Cuadernos De Arte Centro
Editor de América Latina, Buenos Aires,
1985.
KUSCH RODOLFO: INDIOS, PORTEÑOS
Y DIOSES, Secretaría de Cultura de
la Nación /Editorial Biblos, Buenos Aires,
1994.
KUSCH, RODOLFO: ESBOZO DE
UNA ANTROPOLOGIA FILOSÓFICA AMERICANA.
Editorial Castañeda, Buenos Aires, 1978.
MARTÍ, JOSÉ:
NUESTRA AMÉRICA (1891), en "Obras
Escogidas", Editorial de Ciencias Sociales,
La Habana, 1992.
VINCENT, MANUEL Y SQUIRRU MANUEL,
CARPANI, Ollero y Ramos Editores, Madrid,
1994.
RICARDO CARPANI: ARTE Y
REVOLUCIÓN EN AMERICA LATINA, Editorial
Coyoacán. Buenos Aires, 1961.
SOCIEDAD ARGENTINA DE ARTISTAS
PLÁSTICOS (SAAP), número especial
Ricardo Carpani, abril de 1999.