Año III - número 11 - Diciembre 2003 - Buenos Aires Argentina
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Editorial

La ciudad de las filtraciones
Por Conrado Yasenza

Entrevistas

Doris Halpin - Perfiles de Ricardo Carpani
Por Marcelo Luna

El Damero

Seminario: "Neoliberalismo y cultura, perplejidades del nuev siglo"
Breve historia de la tortura en la Argentina - II Parte
Por Marcelo Benítez
El cuerpo de sílice.
Por Alfredo Grande
Cooperativismo: Asociación libre y auténtica.
Por Rubén Fernández Lisso
Capitalismo y desocupación: "Los lunes al sol"
Por Marcelo Benítez

Ajo y Limones

Héctor Yánover.
Por Amalia Inés Gieschen Zarrabeitia.
Poemas
Por Héctor Yánover
Leonardo Martínez Poeta Catamarqueño
El Tango: escrito en el cuerpo.
Lic. Mirta Vazquez
Burguesía y gangsterismo en el deporte. El atrofiado hipertrofiado.
de Dante Panzeri
Nuestra América.
de José Martí

Dossier

Joseph Goebbels
Genio del mal II
Por Marcelo Rebón

El ojo plástico

Carpani

Batea

Libros: "Estúpidos Hombres Blancos" Autor: Michel Moore Por Rubén Fernández Lisso
Libros: "La mestiza de Pizarro" Autor Alberto Vargas Llosa Por Carola Chaparro

Galerías


María Cristina Fresca:

María Cristina Fresca


Jorge Manuel Varela:

Jorge Manuel Varela


Marcelo Manuel Benítez:

Galería Marcelo Manuel Benítez


Kenti

Kenti


 

 

 

 

 

 

       El Damero
El cuerpo de sílice

De la zona erógena a la zona suicida

Escribe Alfredo Grande 
(especial para LA TECLA Ñ)

En los buenos viejos tiempos, que no sabíamos que eran buenos y mucho menos que podían llegar a viejos, las charlas iniciales de los levantes empezaban con una pregunta cliché: “¿trabajás o estudiás?”.  En demasiado poco tiempo, la pregunta será: “¿carbono o sílice?”. Es decir, células y tejidos o chips y microcircuitos. Dos mundos diferentes y sin embargo dos mundos superpuestos. Tenemos el dudoso privilegio de participar de la transición, por lo tanto no dejamos de sorprendernos. Sorpresa que muchas veces es rechazo, no pocas horror, y muchas veces, aunque pocas confesada, fascinación.

Imposible saber como será la subjetividad de la neohumanidad de sílice. Pero si podemos aventurar como será la subjetividad de la humanidad residual enfrentada a una especie más evolucionada. Quizá el homo sapiens sapiens sufrirá la derrota que alguna vez infligiera al homo sapiens neanderthalensis. Asoma una nueva sociedad de clases. La clase de los programadores y la clase de los ejecutores. La primera hará una alianza estratégica con la neohumanidad de sílice. Por momentos, ambas humanidades harán perfecta simbiosis. Los programas irán construyendo un nuevo principio de realidad. La polaridad “realidad material – realidad psíquica”  perderá todo sentido. La nueva materialidad será cogitans, y lo extensa de la res quedará reducida a soportes invisibles de procesos sensoriales. Programas que borrarán todo indicador que permita discriminar la realidad de la alucinación. La realidad virtual quedará reemplazada por una virtualidad real. La metáfora de MATRIX señala este pasaje, postulando una hipotética zona libre de conflictos virtuales. (la ciudad de Zyon). Lo apasionante de este momento es que todavía la MATRIX se está construyendo. INTERNET, la red de redes mundial, será considerada en la escala evolutiva algo así como el paramecio en relación a los mamíferos. Entonces, como arqueólogos del no saber, del no lugar, del no pensamiento, intentaremos buscar alguna clave de estas formas de racionalidad residual. El concepto freudiano de masas artificiales pienso que es adecuado para poder realizar algún trazado aunque sea precario, al estilo neanderthal. La multiplicidad en el uno que Freud describe, desaloja la ilusión de que la cantidad posibilita territorios de singularidad. La masa artificial borra de varios plumazos toda singularidad posible. Desde mandamientos mosaicos a mandatos microsoftianos. Ser uno con el todo. El todo es la concepción amplificada del superyo, que desde la herencia del complejo de Edipo se extiende a todos los instituidos burocratizados del planeta. Reproducción y recreación de lo mismo, aunque lo mismo sostiene una indefinida mutabilidad. Un gatopardismo a escala electrónica que jamás hubiera podido imaginar Lampedusa. Desde el mariobros al counterstrike lo mismo y sus indefinidas metamorfosis. En este mundo el hambre no cuenta.  El placer tampoco. La organización pulsional de la autoconservación y de la sexualidad exigen un dispositivo vincular. Lo vincular es tributario de la química del carbono. Obsoleto. En la dimensión de la sílice lo vincular es reemplazado por la net. Pichon Riviere por Bill Gates. El baile del club de barrio por el Messenger. El llamado telefónico por el mail. De lo que se trata en la actualidad no es representar nuevamente el encuentro. Representaciones visuales y auditivas que vuelven a presentar aquello que alguna vez estuvo. El recuerdo, no la alucinación. En la net la representación ocupa el lugar de la presentación. Por lo tanto podemos hablar de restitución virtual. En los buenos viejos tiempos, la palabra en lugar de la cosa construía el pensamiento concreto. Una trama simbólica ausente permitía enunciar formas psicóticas de personalidad. La cosa en su dimensión vincular era restituida por la palabra que solamente debía evocarla. La palabra y la imagen de la net son restituciones globalizadas de multiplicidad de cosas que con prisa y sin pausa se van extinguiendo. No habrá emociones, apenas emoticones para dar cuenta de algo análogo a los afectos. Las distancias serán reemplazadas por tiempos para bajar los mensajes y se podrá chatear con la vecina del quinto piso o con una esquimal sin que ese lejano indicador de proximidades tenga la menor importancia. No habrá un mundo a la medida del hombre. Ni siquiera habrá medidas, con la única excepción de la velocidad de comunicación.  El cuerpo erógeno será sostenido por una gracia melancólica heredera de la química del carbono. Algo de proteínas, hidratos, vitamina E y C. Una microsonda naso gástrica será suficiente, ante la cual las parrilladas serán provocaciones de pornografía alimentaria. La sexualidad volverá a ser un recurso antiestress y la reproducción se habrá autonomizado completamente de esa tediosa costumbre denominada coito. Por supuesto, los ultraconservadores de la historia harán encíclicas para que el hombre vuelva a la medida del hombre de la edad media. Ellos seguirán prefiriendo la matrix religiosa y harán el anatema de las relaciones sexuales promoviendo la castidad. Una forma de extinción como cualquiera. Quizá la más aburrida. Mientras tanto, dos raras subespecies del homo sapiens sapiens, la denominada progre y la denominada  revolú seguirán luchando entre ellas para dirimir las últimas imágenes de las supremacías del carbono. Mientras tanto, el mundo de sílice simplemente se extenderá. Un ministro de economía será considerado como su anticipación más lograda. Un comisario de la bonaerense, también. Los modos de producción de subjetividad superyoica tendrán en la net el soporte tecnológico más perfecto. ¿Destruir computadoras?. No se trata del perro, sino de la rabia. Destruir a los programadores del Imperio. Aunque no dejo de pensar que ya es tarde. De todos modos, como presentante de la humanidad residual del carbono, escribiré donde pueda que “aunque no creo poder llegar a la victoria, no por eso dejaré de dar pelea”.

Y siempre será preferible morir de pie que morir de rodillas.

Diciembre de 2003. Humanidad residual del carbono.


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