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El Tango:
Escrito en
el Cuerpo
Por Mirta
Vázquez de Teitelbaum
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Espacio y lugar
La palabra milonga quiere decir palabra.
De allí, de las milongas, que por extensión
eran también el centro de reunión
de baile de los negros, de la parodia del baile
de esas milongas nace el tango.
Con una coreografía propia hecha por
varones que copiaban el movimiento de los bailarines
exagerando la cadencia y el balanceo propias
del bailongo.
El lugar geográfico de sus orígenes
es el límite entre la ciudad y el campo,
entre la vida moderna y las costumbres arraigadas
de las casas bajas, los arrabales.
Este espacio imaginario le da su topografía:
es una danza (así nace, como baile) liminal,
que surge entre dos mundos. Híbrido se
lo llamará luego por la mezcla de ritmos
que lo componen.
Pero su mezcla no es solamente musical: la habanera,
el fandango, el tanguillo andaluz, el candombe.
Es también topográfica. En su
ritmo resuenan los tambores de África,
la languidez de Cuba, el picadito alegre de
España, por que no, la dulce nostalgia
de algunos valsecitos criollos.
La palabra milonga quiere decir, en dialecto
africano, palabra. Pero no es por ella que nace
el tango.
El tango nace como danza, música, sonido
y ritmo, melodía y compás, movimiento,
cadencia y silencio. Los cortes y quebradas
le darán su impronta a los cuerpos entrelazados
de los bailarines en un espacio delimitado que
luego se llamará pista.
Al comienzo ese espacio es la calle, la vereda,
el piringundín, la glorieta.
El espacio y el lugar no son sinónimos.
Lacan, en sus Escritos, nos presenta el espacio
en dos dimensiones: imaginaria y simbólica.
El lugar, como se usa decir ahora, equivale
a una posición de enunciación,
responde a lo que habla en el sujeto. Añado
la dimensión de lo real, lalengua, aquello
que modela los cuerpos con su particular modo
de goce.
El tango inventó al porteño, le
concedió su gracia, el "canyengue
en las caderas", su particular forma de
pararse y de mirar. El porteño creó
una lengua: el lunfardo. El espacio deja de
ser geográfico para trasmutarse en una
topología. Borges lo define así:
"A mí se me hace cuento que empezó
Buenos Aires, la juzgo tan eterna como el agua
o el aire".
Miller, por su parte, nos indica que, en general,
hacemos una espacialización del tiempo.
Tendemos a pensar "la distancia que separa
una era de otra", o, pensando en el pasado,
lo sentimos "lejano" o "cercano"
a nuestra vida cotidiana. De modo que en cierta
medida espacio y tiempo se confunden.
Esta introducción intenta delimitar un
punto de arranque, aunque sabemos que los orígenes
del tango se pierden por 1880, a fines del siglo
XIX. Ese inicio nos lo muestra "burlón
y compadrito", como lo calificara muchos
años después Discépolo.
En cuanto a su espacio geográfico inicial
no hay mejor descripción que la que Borges
nos diera en su poema titulado Arrabal.
El espacio de los
cuerpos en el baile
Según Sergio Pujol una de las características
del Buenos Aires de fines del siglo XIX y principios
del XX era que ¡sobraban hombres! Parece
que la inmigración masiva virilizó
la ciudad y faltaban mujeres. Eran otros tiempos
El caso es que esto no explica demasiado la
maldición que recae sobre su danza y
menos aún sobre aquellos o aquellas que
se atrevían a bailarlo en público.
Hasta los años 20 las chicas de buena
familia no lo bailaban más que con algunos
familiares y sólo por curiosidad
Comencemos por los cuerpos.
El Tango es un baile de pareja heterosexual,
cuya primera figura es el abrazo. Dos cuerpos,
entonces, abrazados no auguran nada virginal.
Más bien, es, por excelencia, la imagen
de un encuentro amoroso entre un hombre y una
mujer.
Como señala Pujol en su libro no es la
primera danza donde se toman de la mano, de
la cintura y el hombro, respectivamente, mujeres
y hombres para bailar. Pero acá hay un
plus
Los cuerpos de enfrentan, la mujer se ubica
algo ladeada para que el hombre la pueda manejar
mejor, llevarla con su mano indicándole
el movimiento, marcarla también con su
pierna y su torso para hacerle hacer los pasos
que él desea. Es el varón quien
dicta la coreografía que le marcará
a su dama. Ella sabrá dejarse llevar.
Su cuerpo, aunque en su eje, debe ser "dócil
a la marca" para captar lo que el hombre
le propone y seguirlo hasta el final. La figura
de los bailarines danzando, cuando "se
llevan bien", confunde al espectador: son
dos en uno, y, por momentos, se ofrece a la
mirada del otro un entrevero tal que no es posible
saber a quien pertenece cada parte del cuerpo
en movimiento.
La marca alude a la dominación: el dueño
marca su propiedad, su hacienda, por ejemplo.
Pero la marca es también la particularidad,
el modo en que alguien deja una impronta en
el otro. La bailarina, entonces, deja de ser
la hija de, la hermana, la novia o la esposa
de para ofrecer su cuerpo al varón que
sepa transmitirle la cadencia de su paso durante
el breve lapso que dura la pieza.
El tango se camina, es una caminada particular,
porque la figura que surge es en espejo. Si
el hombre avanza, la mujer retrocede, si la
hace girar hacia la derecha su movimiento es
hacia la izquierda.
El hombre, entonces, escucha la música,
sigue el compás con su cuerpo, camina
el espacio acorde a las convenciones del caso
y anticipa el movimiento en un signo sutil que
le transmite a la mujer, sin palabras. Ella
está atenta a la marca, su cuerpo sensibilizado
para responder a lo que el varón sugiere
y juntos crean la coreografía de la danza.
Cada vez, uno por uno
El espacio de los cuerpos se sostiene en ciertas